Sadam Husein, el genocida del Kurdistán


Tres mujeres atraviesan la fosa común donde fueron enterrados 512 kurdos sin identificar desaparecidos en julio de 1983 y hallados en octubre de 2005

Saddam Hussein será juzgado a partir del 21 de agosto por las matanzas de la población Kurda iraquí en 1983 y 1988, que se saldaron con 180.000 muertos y desaparecidos (muchos de los cuerpos nunca han sido encontrados), miles de pueblos destruidos y más de 200.000 familias deportadas.
Las victimas del geneocidio esperan justicia, aunque haya pasado tanto tiempo.
Occidente se dedicó estonces a mirar para otro lado mientras le vendía al dictador iraquí armas, incluidas las químicas, para su limpieza étnica.
El juicio por geneocidio se suma al proceso en marcha por la matanza de chiíes en la aldea de Dujail.


Desde hace más de ocho meses, el ex dictador iraquí Sadam Husein se enfrenta a su primer juicio por la matanza de 148 chiitas en represalia por un atentado que sufrió mientras cruzaba la aldea de Dujail en julio de 1982.

El antiguo mandatario ha escuchado testimonios estremecedores de los supervivientes y el fiscal ha pedido la pena de muerte contra él y tres de sus colaboradores. Pero la matanza de Dujail es apenas una milésima parte de la obra criminal que desarrolló uno de los principales asesinos del siglo XX en los 34 años que se mantuvo en el poder.

Husein y otros seis cargos de su régimen, incluido su primo Alí Hassan al Mejid, conocido como "Alí el Químico", volverán a sentarse en el banquillo a partir del 21 de agosto y serán acusados de genocidio por los crímenes contra la población kurda perpetrados en la década de los 80, según informó en el mes de abril el Tribunal Especial iraquí, que fue creado por la coalición invasora encabezada por EE UU tras la captura del ex mandatario en diciembre de 2003.

Husein se enfrenta a los más altos cargos judiciales por las acciones llevadas a cabo por su Ejército y su aviación durante una larga campaña que duró varios años y que podría haber costado la vida a 180.000 kurdos, según organizaciones de derechos humanos.

La decisión del alto tribunal está basada, según sus portavoces, en un estudio pormenorizado de miles de documentos, testimonios de testigos y pruebas encontradas durante la exhumación de las fosas comunes. Alí el Químico será el principal acusado por los bombardeos con gases contra Halabja, una localidad kurda de 50.000 habitantes, en la que murieron entre 3.500 y 5.000 personas.

Años de represión

Después de años de represión brutal contra el pueblo kurdo, Sadam Husein ordenó en 1988 diseñar la operación Anfal, bautizada con el nombre de la octava sura (versículo) del Corán que permite eliminar a los infieles y confiscar sus propiedades como botín de guerra.

Las campañas de limpieza étnica, calcadas de las utilizadas por los nazis contra los judíos, tuvieron su punto culminante entre el 23 febrero y el 6 de septiembre de 1988, dos días antes de que se firmase la paz entre Iraq y el Irán del ayatolá Jomeini, que puso fin a una guerra que duró ocho largos años.

Larga lista de atrocidades

Sadam Husein y sus principales colaboradores se enfrentan a graves violaciones de los derechos humanos, según un impecable informe de la organización humanitaria Human Rights Watch, por ordenar ejecuciones masivas y desapariciones de decenas de miles de civiles, entre ellos un número elevado de niños y mujeres; por bombardear con armas químicas -incluyendo gas mostaza y nervioso- decenas de aldeas kurdas; por quemar, destruir y demoler más de 2.000 pueblos; por desplazar a decenas de miles de aldeanos a las designadas "áreas prohibidas"; por encarcelar en condiciones extremas a decenas de miles de mujeres, niños y ancianos sin ordenes judiciales, centenares de los cuales murieron de malnutrición y enfermedad; por destruir la economía rural kurda y sus infraestructuras con el objetivo de evitar el regreso de los desplazados y refugiados y por colonizar las tierras con población foránea de origen árabe.

Las cifras más conservadoras hablan de 50.000 kurdos desaparecidos o masacrados, pero es muy posible que la cifra real sea dos veces superior en un territorio apenas habitado por cinco millones de habitantes.

"El país prohibido"

Según un estudio pormenorizado realizado por Christine Gosden, de la facultad de Medicina de la ciudad británica de Liverpool, y recogido en el libro "Kurdistán, viaje al país prohibido", del periodista especializado Manuel Martorell, se han logrado identificar "3.669 pueblos y ciudades destruidos, además de 1.780 escuelas, 2.475 mezquitas, 280 clínicas y hospitales".

Las distintas campañas del Ejército iraquí también provocaron la deportación de 212.043 familias y el número total de desaparecidos sobrepasa la cifra de 180.000.Los supervivientes se refugiaron en los vecinos Irán y Turquía y sólo iniciaron el regreso tras la decisión de la ONU de declarar el Kurdistán iraquí como zona de exclusión aérea después del fin de la primera guerra de Golfo, en marzo de 1991.

Bineslawa es hoy una ciudad de 50.000 habitantes situada a una decena de kilómetros de Arbil, la capital del Kurdistán iraquí, a la que llegaron a principios de los años 90 miles de desplazados víctimas de la operación Anfal."Unidades blindadas del Ejército entraron una noche de abril de 1988 en Kader Keran, una aldea donde vivíamos 500 familias muy cerca de Kirkuk (reivindicada históricamente por los kurdos). La mayoría de los hombres se habían refugiado en las montañas y muchos se habían integrado en las unidades "pesmerghas" (guerrilleros kurdos)", recuerda Sowle Kerin, de 59 años, madre de seis hijos."Mi hijo Adil, de 22 años, fue detenido junto a todos los varones que aún quedaban en la aldea, incluidos algunos niños, y nunca más los volvimos a ver.

Las mujeres, los niños y los ancianos fuimos obligados a abandonarla antes de que fuese completamente destruida. Nos refugiamos en otra aldea que fue bombardeada unos meses después. Huimos a Irán para salvar nuestras vidas y regresamos en 1991", relata Sowle.

Sawla Salih, de 69 años y madre de siete hijos, uno de los cuales está desaparecido desde entonces, vivió algo parecido. "Todos los jóvenes que se encontraban en la aldea fueron capturados. Uno de ellos se había casado el día anterior. Conseguí huir con mis hijos más pequeños y durante los meses siguientes fuimos recorriendo un largo trecho con los militares pisándonos los talones", explica la anciana.

Menira Mohamed, de 39 años, estaba embarazada de su primer hijo y se había trasladado aquel abril de 1988 a la casa de sus padres en Kirkuk. Su esposo, Shahab Adbullah, de apenas 19 años, se había quedado en la aldea al cuidado de los animales. Los soldados se lo llevaron a un lugar desconocido.

"Nunca me he vuelto a casar a pesar de que era muy joven y llevo esperando 19 años noticias suyas. Pero he perdido la esperanza desde que el año pasado comenzaron a aparecer las fosas comunes repletas de cadáveres kurdos en el sur del país", confiesa la mujer. Warda Abdulah, hermana de Shabah, se enteró con siete meses de retraso de su desaparición.

Las víctimas de la operación Anfal están siguiendo con gran interés el juicio de Sadam por la matanza de los chiitas de Dujail. Están impacientes porque comience el juicio por el genocidio kurdo y sueñan con que sea condenado a la pena capital. "Lo odio tanto que yo misma lo mataría", asegura Sowla. Y añade: "Lo pasearía por todas las aldeas destruidas para que todos vieran de cerca quién es el asesino de nuestro pueblo". Las últimas palabras se le atragantan, esconde la cara entre las manos y comienza a llorar. "El juicio se convertirá en una acontecimiento para la historia y la memoria de nuestro pueblo. Contaremos a nuestros hijos y nietos que quien nos aplastó sin piedad durante décadas fue finalmente detenido, juzgado y condenado", explica más tranquila Sawla.

"Mi marido desapareció… mi hijo desapareció…. mi hermano desapareció…" La misma canción fúnebre en todas las casas afectadas por el exterminio realizado ante los ojos del mundo y silenciado por razones estratégicas durante años.Aunque sea difícil de creer hubo un tiempo en que Sadam mantuvo relaciones estrechas con las principales potencias occidentales entre las que destacaron EE UU, Alemania, Francia, el Reino Unido y España.

Matanza Química

Cuando el joven Tahsin Alí Faraj miró aquel 16 de marzo de 1988 al cielo y vio los cuatro aviones que se aproximaban a Halabja, una localidad Kurda de 50.000 habitantes, decidió esconderse en el refugio de su casa. Eran las nueve de la mañana y estaba a punto de producirle una de las hecatombes sufridas por la población civil desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. "Las paredes del refugio comenzaron a moverse por las intensidad de los bombardeos", recuerda hoy el doctor Ali Faraj, de 32 años, encargado del hospital de Halabja.

Pero pronto se hizo el silencio aunque los aviones seguían merodeando el cielo abierto. Media hora después, los aviones volvieron a planear buscando sus objetivos. Dos días antes, el pueblo había sido ocupado por soldados iraníes que combatían contra Irak desde hacía ocho años. "Nos sorprendió no escuchar más explosiones. Desconocíamos que estábamos siendo víctimas de un ataque químico", relata Ali Faraj.

Los soldados iraníes se colocaron las máscaras antigás porque conocían los efectos de aquellas bombas cargadas con cianuro y gas mostaza que les habían lanzado en batallas anteriores. Dos horas después, Ali Faraj y doce miembros de su familia decidieron salir de Halabja en un viejo Land Rover. Tuvieron suerte: eligieron una carretera hacia el norte en dirección a Irán y evitaron el gas que se desplazaba hacia el este empujado por la brisa y mataba la vida que iba encontrando a su paso.
Las victimas fueron enterradas en grandes fosas comunes y rodeadas por muros que los niños utilizaban para hacer equilibrios o chutar al balón de fútbol. Los habitantes siguen recordando la tragedia de 1988. Cada familia explica la historia a los más pequeños, y los aniversarios se celebran con gran consternación.

En las escuelas, el futuro se apuntaba con la memoria del pasado.

El valle de Barzan, casa por casa

La operación Anfal fue un despliegue espectacular por el número de tropas implicadas. Pero años antes, Sadam Husein ya había practicado el terror en el valle de Barzan, uno de esos lugares donde belleza y dolor se superponen.

Los guerrilleros kurdos del Partido Democrático de Kurdistán, del hoy presidente de la región autónoma, Mahmud Barzani, originario de esta región, lanzaban continuos ataques contra el Ejército iraquí. Ocho miembros de la familia Barzani habían sido ahorcados en Bagdad en 1983. El ex dictador ordenó una operación de castigo en toda la región.Miles de soldados cerraron todas las salidas del valle la noche del 31 de julio de 1983, entraron en las aldeas y registraron casa por casa. Todos los varones mayores de 12 años fueron detenidos en el gran operativo y trasladados en camiones al sur del país. Allí fueron fusilados y enterrados en fosas comunes clandestinas. Muchas mujeres, viudas para siempre, fueron deportadas.

Unos 8.000 varones, incluidos 315 niños, sufrieron la deportación forzosa y una muerte atroz. Las familias de Barzan fueron diezmadas. No es raro encontrar a madres como Bayez Brahim, Hama Hakim, Kahma Hakeem y Lala Muhamed, que perdieron a siete, cinco o cuatro hijos varones, además del esposo y todos los hermanos. No es raro encontrar a mujeres u hombres que sufrieron la pérdida de una treintena de familiares.Como Josen Jabar, que hoy reza en la fosa común donde están enterrados sin identificar los restos de 512 desaparecidos encontrados en octubre de 2005. Como el propio Barzani, que perdió a 36 familiares. Sólo en dos aldeas minúsculas, Barzan y Bele, hubo 192 y 162 desaparecidos, respectivamente.

Kamel Taher se salvó porque estaba haciendo el servicio militar. Pero su padre y sus tres hermanos fueron cazados por las fuerzas especiales de Sadam Husein. Y también todos sus sobrinos varones, incluidos los hijos de sus hermanas. Y los primos hermanos y los primos lejanos. Y los hermanos de su padre y su madre. Y los hermanos de sus tías. La cascada de muertes se detuvo cuando alcanzó los 70 individuos.

La tragedia del valle de Barzan puede compararse a la de Srebrenica, símbolo de la guerra de Bosnia, aunque tuviese lugar 12 años antes y pasase desapercibida.La voluntad de la comunidad internacional ha hecho que casi un tercio de los desaparecidos de Srebrenica ya haya sido identificado. En el valle de Barzan, la inmensa mayoría de las víctimas sigue en paradero desconocido mientras los restos encontrados aguardan un lugar definitivo para el descanso eterno.

Gervasio Sánchez,

Publicación impresa del Magazine. 09-07-2006

SADDAM COMETIO LAS MASACRES CON ARMAS DE OCCIDENTE

No hay duda de que Saddam Hussein es el máximo responsable del genocidio Kurdo.


Pero el próximo juicio debería aclarar el comportamiento de las grandes potencias occidentales y crear una precedencia jurídica para que nunca mas se pueda armar a un dictador con armas convencionales o químicas que le permitan eliminar a su propio pueblo.

El año que el valle de Barzan vio desaparecer a casi todos sus varones, Donald Rumsfeld, hoy secretario de Defensa estadounidense, viajó a Bagdad por orden del entonces presidente Reagan para firmar varios contratos rentables para las compañías armamentísticas estadounidenses y muy ventajosos para el carnicero iraquí.

También los franceses vendieron tecnología militar y aviones de combate.

Los alemanes facilitaron equipos y productos que permitieron la fabricación de armas químicas.

La URSS desembarco miles de carros de combate.

La guerra entre Irán e Irak, dos colosos con las arcas repletas gracias a las ventas del petróleo, atrajo a vendedores de armas de decenas de países. Países medianos como España prepararon estrategias clandestinas e ilegales para hacer llegar armas españolas, de empresas gubernamentales o subvencionadas, a los dos países en guerra, violando de paso la constitución.

El gobierno de Felipe González fue pillado in fraganti al demostrarse periodísticamente que barcos españoles cargados de armas partían de nuestros puertos y cambiaban la hoja de ruta en aguas internacionales.

El entonces ministro de Industria, Luis Maria Croissier, dijo en el congreso, a modo de excusa, que “España exportaba cinco o seis veces menos que Francia”

La tragedia Kurda también fue silenciada por los grandes
"medios de comunicación".

Hubo que esperar hasta mayo de 1992 para que apareciera un artículo en “Harper’s Magazine”, cuando Saddam Hussein ya había sustituido en el panteón de los demonios occidentales al imán Jomeini.

Más información sobre los negocios de la pacifista Europa: Francia, Alemania y Rusia y sobre las armas químicas.

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