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AL ZAWAHRI APARECIO EN NUEVO VIDEO

DUBAI, 15 (ANSA) - El número dos de la red Al Qaeda, Ayman al Zawahri, apareció hoy en un nuevo video donde habla de los ataques terroristas contra Estados Unidos del 11 de setiembre de 2001, informó el centro norteamericano de monitoreo sobre el terrorismo IntelCenter.

El último mensaje de Al Zawahri había sido un audio de 20 minutos difundido el 15 de agosto por Internet, donde exhortaba al pueblo turco a presionar al gobierno de Ankara para que corte sus vínculos con Israel y retire sus tropas de Afganistán.

Según IntelCenter, el dirigente de Al Qaeda dijo que después de nueve años de lucha jihadista en Afganistán "los cruzados tropiezan bajo los golpes asestados por los hijos devotos (del Islam, NDR), los mujaidines".
En el mensaje sonoro al Zawahri afirma que "las fuerzas de la jihad salieron victoriosas, mientras las de la invasión cruzada (Occidente, NDR) fueron debilitadas por las heridas y agotadas por la hemorragia de sus pérdidas humanas y financieras".

Durante los 14 minutos de alocución Al Zawahri -que se considera está oculto en las montañas de la frontera entre Pakistán y Afganistán- critica además al gobierno paquistaní por haber respondido de manera poco rápida a la emergencia de las inundaciones.

"La primera preocupación de la clase dirigente y del ejército de Pakistán es llenar con dólares sus cajas en bancos nacionales y extranjeros. Si dependiera de ellos Pakistán y su pueblo se irían al infierno", ataca Al Zawahri, que también acusa de corrupción y colusión con Occidente a Egipto y Turquía.

Entretanto hoy el comandante de las fuerzas internacionales en Afganistán, el general norteamericano David Petraeus, afirmó que los progresos en el país son tan lentos que resultan como "mirar crecer la hierba o secarse una pintura".

En una entrevista con la red ABC, Petraeus agregó que sin embargo las fuerzas extranjeras "avanzan" contra los insurgentes, pero con dificultad.
"Considero -dijo- que sin duda los seis distritos de la provincia de Helmand, en el sur, son más seguros de lo que eran hace seis meses".
A fines del pasado agosto Petraeus había reconocido que los talibanes estaban extendiendo su presencia en Afganistán. Por otra parte Petraeus dijo que la amenaza del pastor Terry Jones de quemar copias del Corán dañó los intereses norteamericanos en Afganistán.

El general fue uno de los primeros en condenar con decisión el proyecto del pastor de Florida de quemar ejemplares del libro sagrado del Islam en el aniversario de los atentados del 11 de septiembre.

ANSA.Latina.com



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Armamento Nuclear Iraní, ni ahora, ni nunca (Videos)





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La verdad sobre la propaganda anti-israelí

Guerra de Gaza

Pallywood es un documental que muestra cómo los territorios palestinos se convierten en auténticos estudios de cine para fabricar la propaganda anti-israelí que vemos cada día en los medios.
En primicia en España, dentro de Documentalia, el nuevo espacio de documentales presentado por Fernando Díaz Villanueva en Libertad Digital Televisión.



Hamás continúa violando el alto el fuego

Varios ataques con misiles Grad y cohetes contra objetivos en el sur de Israel

El pasado sábado 17 de enero Israel decretó un alto el fuego unilateral; al día siguiente, el 18 de enero, la organización terrorista Hamás anunció el alto el fuego, también unilateral.

6 de febrero: Un cohete lanzado desde el norte de la franja de Gaza cayó entre dos edificios de una localidad en el Néguev occidental; otro cohete cayó al sur de Askelón.

8 de febrero: Un cohete cayó en un estacionamiento de una localidad en el Néguev occidental causando daños materiales; otro cohete cayó al sur de Askelón

13 de febrero: Dos cohetes cayeron en el Néguev occidental, uno de ellos en las cercanías de la zona industrial de Sderot. Cuatro bombas de mortero cayeron unos 3 kilómetros al sur del paso de Karni.

14 de febrero: Un misil Grad de 122 mm de largo alcance cayó en una zona abierta al sudoeste de Gan Yavné, a 40 km de la franja de Gaza; es el misil que ha llegado más lejos desde el fin de la operación militar israelí en Gaza. Disparos de armas ligeras y lanzamiento de dos morteros contra un barco de la Marina Israelí. Colocación y detonación de artefactos explosivos. Cayeron, además, tres cohetes Kassam en la región de Eshkol.

15 de febrero: Las Fuerzas de Defensa de Israel descubren más explosivos colocados al norte del paso de Kisufim.

16 de febrero: Seis cohetes lanzados desde Gaza impactan en varias zonas del Néguev occidental.

19 de febrero: Un misil Grad impactó en las proximidades de la ciudad israelí de Netivot. También se registró la caída de un Kassam en Sderot Por la mañana, bombas de mortero cayeron en la zona del Néguev occidental. Intento de activar un explosivo en el paso de Kerem Shalom.

El gobierno de Israel hace responsable a Hamás de cualquier ataque originado desde la franja de Gaza.
El gobierno de Israel anunció días atrás que cualquier violación de la tregua sería respondida duramente.
No dudamos que cualquier reacción israelí a estas violaciones de Hamás encontrará su espacio en los titulares de prensa.
Brindamos esta información para situar los acontecimientos en su contexto y poder establecer las relaciones causa-efecto.

Con anterioridad, Hamás había perpetrado varios ataques y mantenía su estrategia de rearme:

19 de enero: Un barco de la marina estadounidense interceptó un barco iraní cargado de armas para Hamás que se dirigía a Gaza. La detención se produjo en el marco del compromiso de Estados Unidos para poner fin al contrabando de armas; Estados Unidos solicitó la ayuda de Egipto para realizar el registro completo de la embarcación.

20 de enero: Hamás lanzó 8 bombas de mortero desde el campo de refugiados de Al-Mawzi en el centro de la franja de Gaza; dos de los proyectiles cayeron en la propia franja y los otros en el Néguev occidental (territorio israelí).

20 de enero: Dos incidentes de disparos de armas ligeras contra fuerzas israelíes presentes en el paso de Kisufim.

21 de enero: Los terroristas de Hamás han continuado (y continúan) con el tráfico de armas a través de los túneles que seguían operativos y han iniciado la reconstrucción de los demás túneles destinados al contrabando de armas.

27 de enero: Un soldado israelí murió al hacer explosión una bomba al paso de una patrulla que circulaba por territorio israelí en las cercanías del paso fronterizo de Kisufim entre Israel y Gaza. A continuación, hombres armados dispararon contra los soldados israelíes, que respondieron con fuego. La primera medida adoptada por Israel tras este incidente fue el cierre de los pasos fronterizos.

28 y 29 de enero: Dos nuevos lanzamientos de cohetes Kassan contra territorio israelí desde la franja de Gaza. El primero fue lanzado el 28 de enero por la noche, impactando en la región de Eshkol; el segundo fue disparado el día 29 cayendo en las proximidades de la ciudad de Sderot.

1 de febrero: Tres israelíes (un civil y dos militares) resultaron heridos como consecuencia del lanzamiento de una docena de cohetes Kassam y bombas de mortero contra territorio israelí efectuados desde la franja de Gaza. Como respuesta, el ejército de Israel atacó un aserie de objetivos en Gaza (túneles destinados al contrabando de armas y un puesto de Hamás).

3 de febrero: Un misil tipo Grad lanzado desde Gaza impactó en la ciudad israelí de Ashkelón, a 13 kilómetros de la Franja. El ataque no provocó victimas aunque sí daños materiales.

Como premio a estas acciones terroristas de Hamas, por su provocación, y por su exenta voluntad para llegar a un acuerdo con Israel y firmar la paz, nuestro ministro “tonto útil” Morotinos anuncia una donación de 180 millones a la ANP para reconstruir Gaza

El ministro de Asuntos Exteriores y de Cooperación, Miguel Angel Moratinos, ha anunciado que España dará 180 millones de euros para la Autoridad Nacional Palestina, que se desembolsará entre este año y el siguiente.

CRETINO, ¡¡¡NO CON EL DINERO DE MIS IMPUESTOS!!!

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Entrevista a Gilles Kepel (Ataque a Irak)

"Para EE UU, el ataque a Irak es una forma de responder al 11-S"

El investigador francés Gilles Kepel cree que el plan de George W. Bush para atacar Irak esconde el deseo de cambiar completamente la estructura de alianzas y de poder en Oriente Próximo; pero no está seguro de que no se trate de la visita de un elefante a una cacharrería. Para Kepel, la apuesta de Estados Unidos es ambiciosa, pero también muy arriesgada

Gilles Kepel es uno de los más prestigiosos estudiosos europeos del mundo musulmán y, sobre todo, de Oriente Próximo. Sus trabajos sobre el islamismo radical -como La Yihad (Península)- intentan describir, más allá de los tópicos y de los choques de civilizaciones, los orígenes y la evolución de un fenómeno que, como quedó demostrado el 11-S, puede alcanzar un poder de terror inmenso y marcar la agenda mundial. Esta entrevista fue realizada el lunes en Madrid, y, como no podía ser de otra forma, estuvo centrada en la crisis iraquí.

¿Cree usted que el 11-S ha significado un cambio total de la política de Estados Unidos, una nueva forma de concebir sus relaciones en Oriente Próximo?

- La voluntad actual de EE UU de atacar Irak, sea cual sea la decisión de Naciones Unidas, sólo es comprensible si nos remitimos al 11-S. Tras los ataques, la Administración de EE UU llegó a la conclusión de que el sistema de alianzas en Oriente Próximo, creado tras la II Guerra Mundial, ya no funcionaba.
La alianza privilegiada con Arabia Saudí, forjada en 1945, ya no funciona porque de los 19 piratas del aire, 15 eran saudíes. Para EE UU, todo el sistema de Oriente Próximo aparece como patológico.
Las decisiones tomadas justo después del 11-S -perseguir a la red Al Qaeda, desalojar a los talibanes del poder- son medidas de cirugía; pero, para ellos, es importante buscar las causas.
Estiman que si la organización general de Oriente Próximo no es transformada en profundidad se producirán otros fenómenos terroristas del mismo orden y la seguridad de Israel nunca estará realmente garantizada.

Para ellos, el ataque contra Irak es una forma de responder al 11-S y de cerrar algo que se abrió en 1979, cuando se produce la revolución islámica en Irán.
EE UU reaccionó de dos maneras: por un lado, animó a Sadam Husein a luchar contra Irán, entre 1980 y 1988. Le arman, le dan dinero, le aconsejan. Por otra parte, está la yihad (guerra santa) en Afganistán, que pretende convertir en un Vietnam para la URSS, y, además, es una forma de proporcionar una alternativa a la propaganda iraní, que quiere lanzar al islam contra EE UU.
En 1989 podemos creer que esta guerra por persona interpuesta ha sido un éxito: Irán firma un armisticio con Sadam en 1988, en febrero de 1989 el Ejército Rojo deja Afganistán. Se puede pensar que, 10 años después de la Revolución iraní, el peligro está controlado, que una especie de orden americano saudí reina en la región.

Pero EE UU ha alimentado una serpiente que va a morderle. Sadam Husein, que fue animado a hacer la guerra, está arruinado, y, ante las constantes reclamaciones económicas kuwaitíes, acaba por invadir este país en 1990 y esta invasión va a dar a los militantes de la yihad, formados en los campos de Afganistán y Pakistán, la voluntad de romper con Arabia Saudí.

Los noventa son la expresión del conflicto no arreglado de los ochenta: Irak arruinado, que ataca Kuwait, se convierte en un problema mayor y los yihadistas se enfrentan a EE UU y Arabia Saudí.
Todo esto acabará en el estallido del 11-S de 2001. Cuando EE UU dice que hay una relación entre Bin Laden y Sadam no convence a nadie, salvo a Aznar y Blair.
No hay lazos concretos fuertes, pero, desde el punto vista estadounidense, tiene un sentido relacionar a los dos: para ellos, suprimir a Sadam significa terminar el trabajo que no concluyeron en 1991, y quiere decir crear un orden nuevo en Oriente Próximo cuya dinámica significaría acabar con los factores económicos y sociales que provocaron el 11-S.
La ofensiva estadounidense, en la mente de los neoconservadores, significa acabar un proceso que comenzó con la Revolución iraní, es cerrar una caja de Pandora.

La guerra puede ser fácil; pero no la posguerra. ¿Existe la posibilidad de que Irak se convierta en un Afganistán para Estados Unidos?

- Sí, en un nuevo Vietnam. La cuestión de Irak es la de un Estado que puede parecer tan balcanizado como la antigua Yugoslavia. Desde 1920, la única forma en la que se ha conseguido hacer funcionar un Irak independiente es dando el poder a la minoría suní por encima de los kurdos y los shiíes.
Pero Irak, definido desde el exterior, es una entidad muy antigua; es Mesopotamia, es un país que ha sido siempre la zona disputada entre el Este y el Oeste; es una zona muy rica, única en Oriente Próximo, con tres elementos esenciales: el agua, con el Tigris y el Eúfrates; el petróleo, con las segundas reservas probadas tras Arabia Saudí, muy poco explotadas por el momento, y una clase media muy formada hasta el embargo posterior a la primera guerra del Golfo.

En Oriente Próximo había un dicho que decía: Egipto escribe, Líbano imprime e Irak lee. La apuesta estadounidense es que la población iraquí en su conjunto no puede más con el régimen de Sadam. El problema no es la guerra, porque Irak lleva 20 años en guerra y la población quiere que pase algo para acabar con este sistema.
Los neoconservadores están convencidos de que, si hacen un ataque sobre Irak lo suficientemente fuerte, la población va a levantarse y acabar con Sadam. En el plano estratégico tiene sentido, pero, al mismo tiempo, Washington no tiene un crédito extraordinario en Irak porque en 1991 incitó a la población shií del sur a levantarse, y, como la Guardia Republicana no había sido destruida por el Ejército de EE UU, se produjeron masacres terribles.

La rebelión sólo ocurrirá tras un ataque devastador, y esto quiere decir que habrá muertos, víctimas, que Al Yazira emitirá imágenes y que los aliados de EE UU en la zona tendrán que lidiar con una situación muy difícil. De hecho, la dificultad en la que se encuentra EE UU es que todo el mundo piensa que tiene la capacidad militar suficiente para hacer lo que quiera en Irak o en cualquier otro lugar, pero el problema es que Washington puede hacer la guerra solo, pero no puede estar solo para hacer la paz, y ése es su gran fracaso diplomático.
Si Estados Unidos hace la guerra sin el apoyo de la ONU, va a encontrarse en una situación extremadamente complicada en la posguerra, no puede ocupar Irak solo. Tiene que haber árabes, europeos, porque es una situación extremadamente compleja de gestionar. Desde que empezó esta historia, da la impresión de que es el Pentágono quien gobierna. Pero las alianzas deben hacerse a través del Departamento de Estado y parece que sólo es el auxiliar del Pentágono.
En términos diplomáticos, no han logrado que sus aliados acepten su supremacia militar, aparte de Aznar y Blair. Lo único que le queda a EE UU es la apuesta de que la población iraquí va a recibir a las tropas con banderas de barras y estrellas. No es imposible, pero la parte diplomática de preparación de la guerra ha sido llevada a cabo de forma muy torpe.

P. Pero, aunque se produzca este apoyo, ¿no cree que una invasión de Irak producirá imágenes muy inquietantes para Oriente Próximo: los turcos entrando en el Kurdistán iraquí, los carros de combate de EE UU en Bagdad...?

-. Es algo muy difícil, porque el problema es que las relaciones internacionales están marcadas por la fuerza, pero tiene que existir también un elemento de confianza. Y el problema de hoy en Irak es la palabra de Estados Unidos. Países que han sido aliados de EE UU tienen la impresión de que van a ser abandonados. Si Arabia Saudí es abandonada, eso significará que nadie querrá aliarse.
Los kurdos viven hoy bajo el temor de que el Ejército turco invada el Kurdistán y recupere la vieja ambición otomana de 1925 de controlar el petróleo de Kirkuk. No sabemos dónde está la palabra de EE UU. Washington debería esperar que la operación militar sea tan eficaz que no habrá ninguna otra posibilidad más que capitular; pero veo muy mal cómo esta especie de mezcla va a ser gestionada.

En su libro La revancha de Dios, publicado en 1991, hablaba del resurgimiento no sólo del radicalismo islámico, sino también del cristiano y del judío. Eso es algo que ahora, bajo la presidencia de Bush, se toma en serio mucha gente.

- En los años noventa ese libro fue muy atacado porque se dijo que sólo tenía sentido en el mundo musulmán. Efectivamente, ahora todo el mundo está destacando la dimensión religiosa, de cristiano renacido, de la Administración de Bush; pero no estoy seguro de que sea un elemento fundamental en la toma de decisiones estadounidense: la economía es mucho más importante.
A pesar de su riqueza petrolífera, todos los indicadores económicos de Oriente Próximo están en rojo: el paro sube, los ingresos disminuyen, la demografía sigue explotando. Es la misma situación que el África subsahariana, pero con petróleo.
Pero esta región debe poder ser insertada en una especie de globalización virtual porque se necesita el petróleo. Hay que encontrar una forma de insertar a Oriente Próximo en las relaciones internacionales, bajo la dominación de EE UU. La principal amenaza es el terrorismo y la desestabilización.
Una operación en Irak permitiría llevar a las clases medias al poder, como en Turquía. En el fondo, Erdogan es lo que EE UU considera como mejor. Es una política compleja, cuyos determinantes son económicos. La dimensión religiosa es secundaria; es, sobre todo, retórica.

Se ha dicho una y otra vez, con la primera guerra del Golfo, los bombardeos en Afganistán, las dos Intifadas, que los régimenes árabes moderados, como Egipto, se encontraban en el filo de la navaja, al borde la explosión popular. Pero, al igual que en 1979 pocos anticiparon la caída del sha, ¿podrá ocurrir algún día una revolución de este tipo en otros países de la zona?

-. Es difícil hacer previsiones, pero con la guerra la tensión será muy fuerte. En Egipto, por ejemplo, el régimen de Mubarak está canalizando las manifestaciones populares: primero, en un estadio para la oposición, y luego, el partido en el poder organizó una protesta en la calle. Es un signo de que el Gobierno de Egipto tiene que hacer funambulismo, porque Estados Unidos recuerda constantemente que, sin los 2.000 millones de dólares anuales, no podrá sobrevivir.

La otra apuesta de EE UU es lograr que las clases medias tomen el poder en Irak y que cunda el ejemplo en todo Oriente Próximo. Con una nueva prosperidad, se frenará, entre otras cosas, la emigración masiva. Pero el problema está en que, para alcanzar este objetivo, Washington necesita el apoyo de los régimenes autoritarios: es necesario que Arabia Saudí proporcione mucho petróleo, y no podemos pedirles que hagan esto y, a la vez, anunciar que va a suprimirse la monarquía de los Saud y alzar a las clases medias.
Es una situación muy compleja, porque nos dicen que van a revisar las alianzas, pero son tributarios de las alianzas existentes.

Sin embargo, hay mucha gente en las clases medias de los países árabes, en el Magreb o en Oriente Próximo, que no tiene nada que ver con el wahabismo que predica Osama Bin Laden, pero que es profundamente antiamericana. ¿Se debe esto al conflicto israelopalestino?

- La lógica de los neoconservadores de Estados Unidos, que se encuentran muy cercanos a Israel, es pensar que estamos en el periodo que sigue al fracaso del proceso de paz. Desde el principio de la segunda Intifada, el sentimiento dominante es que Israel está en una situación crítica, aunque su superioridad militar sea apabullante. La idea que hay detrás de la intervención es que la prosperidad de un Irak proamericano, basado en las clases medias y en la riqueza del petróleo, creará un proceso que permitirá aligerar la presión que sufre Israel.
La Administración de Bush cree que Clinton gestionó el conflicto israel y palestino de una forma muy negativa, porque no vio la perspectiva en su conjunto. Se parece a la forma en que actuó Bush, padre: en 1991, tras la derrota de Sadam Husein, Shamir y Arafat fueron obligados a entrar en el proceso de negociaciones que arrancó en Madrid.

El sentimiento en el Pentágono es que, si hay una victoria rápida y espectacular, la moral de los árabes estará a cero. Como la primera Intifada, la segunda ha perjudicado mucho políticamente a Israel, pero también ha arruinado a los palestinos, que ahora están agotados y no tienen la capacidad de negociar nada.
Cuando Arafat lanzó la segunda Intifada, estoy seguro de que creía que la presión le ayudaría a negociar con Israel y, a la vez, le permitía demostrar a su población, que cada vez le veía con peores ojos, que seguía encarnando la resistencia. Al principio, la Intifada no era popular y estaba muy organizada.
Pero el resultado fue que Sharon logró tomar el poder y el primer ministro israelí estaba en la misma lógica que Arafat. Estados Unidos está convencido de que la solución a este conflicto no puede producirse ya en el marco israel o palestino y de que necesita un arreglo global que pasa por la eliminación de Sadam.

Durante una reciente visita a un país de la zona, un profesor me dijo: "Estados Unidos es muy buen estratega, pero no conoce los detalles". La estrategia estadounidense tiene una gran coherencia cuando es explicada, pero su aplicabilidad plantea numerosos problemas. En un viaje a Estados Unidos hablé de todo esto con varios halcones y me di cuenta de que el equipo que hay alrededor de Bush no le convertía en Bush II, sino en Reagan II. No tienen un conocimiento profundo de la situación real en Oriente Próximo. No conocen bien lo que ha ocurrido en esta zona en los últimos años.
La gente del Pentágono piensa en Oriente Próximo como en el fin de la URSS: es una lógica estratégicamente atractiva, pero las sociedades no tienen nada que ver. La sociedad soviética y comunista estaba agotada y se identificaba con Occidente. Pero creer que ocurre exactamente lo mismo con las clases medias árabes es una apuesta muy arriesgada.

Bernard Lewis prologó uno de sus primeros libros, Faraón y profeta. ¿Comparte usted la teoría que relata en ¿Qué ha fallado? sobre el momento en el que el mundo musulmán se quedó atrás con respecto a Occidente?

- La fuerza de la sociedad musulmana nació cuando vivió una hibridación cultural extraordinaria. Se hablaba la misma lengua desde España hasta India y había un espacio gigantesco de circulación cultural. Pero cuando el mundo musulmán se cerró sobre sí mismo comenzó a perder su creatividad científica e intelectual.
Pero creo que esta teoría no funciona porque se inscribe en una lógica similar a la de Huntington y su Choque de civilizaciones, es una teoría muy esencialista porque cree que el mundo musulmán es homogéneo. Pero son sociedades muy heterogéneas.
La personalidad de un joven egipcio se forja en las mezquitas, pero también en la MTV y en que su ambición es emigrar a Chicago. Creo que, más que preguntarse qué fue mal, el problema del mundo musulmán es que no sabe cómo integrarse en una modernidad de la que intenta controlar los instrumentos.

El fracaso de la 'yihad'

EL INVESTIGADOR FRANCÉS Gilles Kepel, de 47 años, profesor en el Instituto de Estudios Políticos de París, lleva casi un cuarto de siglo estudiando el mundo árabe y musulmán. En su último libro, Crónica de una guerra de Oriente (Península), recuerda este largo viaje, desde que era un modesto y mal alimentado becario en Damasco, que estudiaba árabe y empezaba a dejarse enredar por las fascinación del universo musulmán, hasta ahora, cuando da conferencias por todo el mundo (viajó a Madrid para pronunciar tres charlas en el Instituto Ortega y Gasset), y son estudiadas tanto por los especialistas como por los que quieren tener una primera visión de conjunto.

Sus libros Faraón y profeta, La revancha de Dios, Las políticas de Dios o La yihad, los primeros publicados por Mario Muchnik y el último por Península, son considerados obras de referencia y muchas veces han estado marcados por la polémica.
En La yihad, que salió a la calle poco después de los atentados del 11 de septiembre, planteaba una tesis arriesgada que le costó no pocos dardos: tras su auge en los setenta y ochenta, el islamismo radical había fracasado y se encontraba en decadencia.
A pesar de los ataques de Al Qaeda contra Washington y Nueva York, Kepel mantiene la vigencia de su teoría, aunque, eso sí, cree que con la nueva guerra en Irak las cosas pueden cambiar: el radicalismo fracasó porque no fue capaz de arrastrar a las masas musulmanas en su espiral de odio y violencia.

"El movimiento islamista, en los ochenta, supo aunar a grupos sociales muy diferentes, desde la juventud urbana empobrecida hasta las clases medias. Pero, en los noventa, estas clases medias se acercaron al poder, como ha ocurrido en Turquía con el partido de Erdogan, cuya mensaje islámico está muy diluido.
Por otro lado, hay grupos extremistas que se lanzaron primero a estrategias de guerrilla y luego al terrorismo, para intentar despertar a las masas al mostrar que el enemigo es débil y que una movilización general podría hacerle caer. Son organizaciones que participan de los mismos fantasmas que las Brigadas Rojas en Italia. De hecho, una brigadista que acaba de ser detenida en Italia dijo que había que aliarse con Al Qaeda: su objetivo era levantar a las masas proletarias; pero no lo lograron.

Creo que la guerra contra Irak es una apuesta de todo o nada. Si la operación de EE UU triunfa, desmoralizará a las masas y les indicará que la única solución es aliarse".

La civilización se salva del peligro islámico.


11 de SEPTIEMBRE

* 1609: en España se da la orden de expulsión contra los musulmanes no convertidos de Valencia; este será el inicio de la expulsión de todos los musulmanes de España.


El 11 de Septiembre 1697.

Batalla de Zenta. Las fuerzas austriacas consiguen una decisiva victoria al tomar por sorpresa al ejército turco mientras cruzaba el rio Tisa. Después de esta batalla el imperio otomano no puede avanzar y en 1699 termina la Gran Guerra Turca (1682-1699).

El 11 de Septiembre 1.683

Las tropas de Sobieski llegaron a Viena. Aunque los turcos les superaban en número (según cálculos de Sobieski, 76,000 vs 300,000), sabían que el futuro de Europa y de la cristiandad estaban en juego. El 12 de Septiembre, temprano en la mañana, Sobieski fue a Misa y se puso en manos de Dios.
La victoria salvó a Europa y frustró el plan de conquista islámica de Europa.


La batalla de Viena de 1683: La civilización se salva del peligro islámico.

El escenario político-militar en la segunda mitad del siglo XVII, el siglo terrible que trastornó y cambió para siempre a Europa, se presenta todo menos pacífico. La Guerra de los Treinta Años (1618-1648), iniciada como guerra de religión, prosiguió como conflicto entre la Casa reinante francesa de los Borbones y los Habsburgo para quitar a estos últimos la hegemonía sobre Alemania, derivada de la autoridad imperial. Para alcanzar este objetivo el primer ministro francés Armand du Plessis, cardenal duque de Richelieu (1585-1642), inaugurando una política fundamentada en el sólo interés nacional en detrimento de los intereses de la Europa católica, se alía con los príncipes protestantes.

Los Tratados de Westfalia de 1648 sancionan el debilitamiento definitivo del Sacro Imperio Romano en Alemania, asolada y dividida entre católicos y protestantes y fraccionada políticamente, y establece la hegemonía del rey de Francia Luis XIV (1638-1715). El papel predominante alcanzado en Europa empuja al Rey Sol a aspirar a la misma corona imperial y, con esta perspectiva, no duda en buscar la alianza con los otomanos, mostrándose indiferente a todo ideal cristiano y europeo. En las postrimerías del siglo la Europa cristiana está abatida y replegada en sí misma entre divisiones religiosas y luchas dinásticas, mientras la crisis económica y el descenso demográfico, consecuencias de la guerra, completan el cuadro y lo vuelven especialmente vulnerable.

La ofensiva turca

El imperio otomano, que ya había conquistado los países balcánicos hasta la llanura húngara, fue detenido el 1 de agosto de 1664 en su avance por los ejércitos imperiales guiados por Raimundo Montecuccoli (1609-1680) en la batalla de San Gotardo, en Hungría.

Poco tiempo después, empero, bajo la enérgica guía del Gran Visir Kara Mustafá (1634-1683), la ofensiva turca se reanuda, alentada inconscientemente por Luis XIV en su desaprensiva política anti-habsburgo, y se aprovecha de la debilidad en que se hallan Europa y el Imperio.

Sólo la República de Venecia entabla combate con los turcos a lo largo de la costa del Egeo y por cada metro de Grecia y Dalmacia, combatiendo orgullosamente en la que fue su última y gloriosa guerra como estado independiente, que culmina en la caída de Candia en 1669, defendida heroicamente por Francisco Morosini el Peloponesiaco (1618-1694).

Tras Creta, en 1672 la Podolia - parte de la actual Ucrania - es sustraída a Polonia y en enero de 1683, en Estambul, los estandartes de guerra son orientados hacia Hungría y un inmenso ejército se pone en marcha hacia el corazón de Europa, bajo la guía de Kara Mustafá y del sultán Mehmet IV (1642-1693), con la intención de crear una gran Turquía europea y musulmana con capital en Viena.

Las pocas fuerzas imperiales - apoyadas por milicias húngaras guiadas por el duque Carlos V de Lorena (1643-1690) - tratan inútilmente de resistir. El gran caudillo al servicio de los Habsburgo toma el mando a pesar de estar todavía convaleciente de una grave enfermedad que lo había llevado al umbral de la muerte, de la cual - se dice - lo salvaron las oraciones de un padre capuchino, el venerable Marco da Aviano (1631-1699). El religioso italiano, enviado por el Papa ante el Emperador e infatigable predicador de la cruzada anti-turca, aconseja que todas las insignias imperiales lleven la imagen de la Madre de Dios. Desde entonces las banderas militares austriacas mantendrán la efigie de la Virgen a lo largo de dos siglos y medio, hasta el momento en que Adolfo Hitler (1889-1945) las hizo retirar.

Las "campanas de los turcos"

El 8 de julio de 1683 el ejército otomano se desplaza de Hungría a Viena, llegando el 13 de julio e iniciando su sitio. Durante el recorrido fueron asoladas las regiones por las que pasó dicho ejército, que saqueó ciudades y aldeas, destruyendo iglesias y conventos, masacrando y esclavizando a las poblaciones cristianas.

El emperador Leopoldo I (1640-1705), tras haber confiado el mando militar al conde Ernst Rüdiger von Starhemberg (1638-1701), decide abandonar la ciudad y alcanzar Linz para organizar desde allí la resistencia de los pueblos germánicos contra el tremendo peligro que se cernía sobre ella.

En el imperio tocan a rebato las "campanas de los turcos", como ya había ocurrido en 1664 y en la centuria anterior, y comienza la movilización de los recursos imperiales, mientras el emperador teje febrilmente negociaciones para convocar a todos los príncipes, católicos y protestantes, iniciativa que fue torpedeada por Luis XIV y por Federico Guillermo de Brandenburgo (1620-1688), y solicita la inmediata intervención del ejército polaco, invocando el supremo interés de la salvación de la Cristiandad.

El Papa Inocencio XI

En este trance dramático da sus frutos la política europea y oriental alentada desde hacía años por la Santa Sede, sobre todo gracias al cardenal Benedetto Odescalchi (1611-1689), elegido Papa con el nombre de Inocencio XI en 1676 y beatificado en 1956 por el Papa Pío XII (1939-1958).

Custodio convencido del gran espíritu cruzado, el Pontífice, que como cardenal gobernador de Ferrara se había ganado el título de "padre de los pobres", promueve una política previsora orientada a crear un sistema de equilibrios entre los príncipes cristianos para encauzar su política exterior contra el imperio otomano. Sirviéndose de hábiles y decididos ejecutores, como los nuncios Obizzo Pallavicini (1632-1700) y Francisco Buonvisi (1626-1700), el venerable Marcos de Aviano y otros, la diplomacia pontificia media y concilia entre las diferencias europeas, logrando la paz entre Polonia y Austria, favoreciendo la aproximación con el Brandenburgo protestante y con la Rusia ortodoxa, e incluso defendiendo los intereses de los protestantes húngaros frente al episcopado local, dado que todas las divisiones de la Cristiandad tenían que desvanecerse frente a la defensa frente al Islam. No obstante los fracasos e incomprensiones, en el "año de los turcos", 1683, el Papa consigue ser el alma de la gran coalición cristiana, consiguiendo dinero en toda Europa para financiar a las tropas de los grandes y pequeños príncipes y pagando personalmente un destacamento de cosacos del ejército de Polonia.

El cerco

Mientras tanto, en Viena, invadida por los exiliados, se consuma el vía crucis del cerco, que la ciudad soporta heróicamente. 6.000 soldados y 5.000 hombres de la defensa cívica se oponen, aislados del resto del mundo, al inmenso ejército otomano, armado con 300 cañones. Todas las campanas de la ciudad son reducidas al silencio excepto la de San Esteban, llamada Angstern, "angustia", que con sus incesantes tañidos convoca a los defensores. Los asaltos contra los baluartes y los enfrentamientos cuerpo a cuerpo son diarios y cada día puede ser el último, mientras los socorros están todavía lejos. Inducido por el Papa y por el emperador, a la cabeza de un ejército, se desplaza a marchas forzadas hacia la ciudad sitiada el rey de Polonia Juan III Sobieski (1624-1696), que ya por dos veces había salvado Polonia de los turcos. Finalmente, el 31 de agosto se une con el duque Carlos de Lorena, que le otorga el mando supremo y, cuando se le reúnen todos los contingentes del imperio, el ejército cristiano se pone en marcha hacia Viena, donde la situación es extremadamente dramática. Los turcos han abierto brechas en las murallas y los defensores supervivientes, tras haber rechazado dieciocho ataques y realizado veinticuatro salidas, están exhaustos, mientras los jenízaros atacan, encendidos por sus predicadores y los jinetes tártaros recorren Austria y Moravia. El 11 de septiembre Viena vive con angustia la que parece su última noche y von Starhemberg envía a Carlos de Lorena su último mensaje desesperado: "No perdáis más tiempo, clementísimo Señor, no perdáis más tiempo".

La batalla

Al amanecer del 12 de septiembre de 1683 el venerable Marcos de Aviano, tras haber celebrado Misa ayudado por el rey de Polonia, bendice al ejército en Kalhenberg, cerca de Viena: 65.000 cristianos se enfrentan en una batalla campal contra 200.000 otomanos.

Están presentes con sus tropas los príncipes del Baden y de Sajonia, los Wittelsbach de Baviera, los señores de Turingia y de Holstein, los polacos y los húngaros, el general italiano conde Enea Silvio Caprara (1631-1701), además del joven príncipe Eugenio de Saboya (1663-1736), que recibe su bautismo de fuego.

La batalla dura todo el día y termina con una terrible carga al arma blanca, guiada por Sobieski en persona, que pone en fuga a los otomanos y concede la victoria al ejército cristiano: éste sufre solamente 2.000 pérdidas contra las más de 20.000 del adversario. El ejército otomano se da a la fuga en desorden, abandonando todo el botín y la artillería y tras haber masacrado a centenares de prisioneros y esclavos cristianos. El rey de Polonia envía al Papa las banderas capturadas acompañándolas con estas palabras: "Veni, vidi, Deus vincit". Todavía hoy, por decisión del Papa Inocencio XI, el 12 de septiembre está dedicado al Santísimo Nombre de María, en recuerdo y en agradecimiento por la victoria.

Al día siguiente el emperador entra en Viena, alegre y liberada, a la cabeza de los príncipes del Imperio y de las tropas confederadas y asiste al Te Deum en acción de gracias, oficiado en la catedral de San Esteban por el obispo de Viena-Neustadt, luego cardenal, el conde Leopoldo Carlos Kollonic (1631-1707), alma espiritual de la resistencia.

El retroceso del Islam

La victoria de Kalhenberg y la liberación de Viena son el punto de partida para la contraofensiva dirigida por los Habsburgo contra el imperio otomano en la Europa danubiana, que conduce, en los años siguientes, a la liberación de Hungría, de Transilvania y de Croacia, dando además la posibilidad a Dalmacia de seguir siendo veneciana. Es el momento en el que se manifiesta con mayor fuerza la grandeza de la vocación y de la misión de la Casa de Austria en la redención y la defensa de la Europa sur-oriental. Para realizarla moviliza bajo las insignias imperiales los recursos de alemanes, húngaros, checos, croatas, eslovacos e italianos, asociando venecianos y polacos, construyendo aquel imperio multiétnico y multirreligioso que dará a la Europa Oriental estabilidad y seguridad hasta 1918.

La gran alianza, que consigue tomar vida en el último momento merced al Papa Inocencio XI, recuerda la empresa y el milagro realizados un siglo antes gracias a la obra del Papa san Pio V (1504-1572) en Lepanto, el 7 de octubre de 1571. Por el giro impreso a la historia de Europa Oriental, la batalla de Viena puede ser comparada a la victoria de Poitiers en 732, cuando Carlos Martel (688-741) detiene el avance de los árabes. Y la alianza que en 1684 es ratificada con el nombre de Liga Santa registra un acuerdo único entre alemanes y polacos, entre imperio y emperador, entre católicos y protestantes, alentada e impulsada por la diplomacia y por el espíritu de sacrificio de un gran Papa, encaminado a la consecución del objetivo de la liberación de Europa de los turcos.

En aquel año se realiza una hermandad de armas cristiana que da lugar a la última gran cruzada que, tras la victoria y desaparecido el peligro, fue pronto olvidada, con lo que, tras Viena, en Europa las "campanas de los turcos" callan para siempre.

Para profundizar: ver un cuadro general de la situación europea en el siglo XVI en AA.VV., Storia d´Europa, tomo IV: L´Età Moderna. Secoli XVI-XVIII, Einaudi, Turín 1995; una historia de la Casa de Austria en Adam Wandruska, Gli Asburgo, trad. It., TEA, Milán 1993; para profundizar aspectos más específicos, Ekkehard Eickhoff, Venezia, Vienna e i Turchi. Bufera nel Sud-est europeo. 1645-1700, trad. It., Rusconi, Milán 1991; y en Jan Wladislaw Wos, La Polonia. Studi storici, introducción de Paolo Bellini, Giardini, Pisa 1992, capítulo VII: Giovanni III Sobieski e la battaglia di "Viena" (1683), págs. 153-177.

Renato Cirelli y T. Angel Espósito.