Mostrando las entradas con la etiqueta Turquía. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Turquía. Mostrar todas las entradas

La yihad encubierta de Turquía

Cualquiera que no sea partidario de la yihad global debería estar siguiendo de cerca los recientes sucesos en Turquía -- no sólo por lo que revelan de la dirección que está tomando el país, sino para comprender nada menos que la nueva dirección que está tomando el movimiento yihadista.

El Primer Ministró turco Recep Tayyip Erdogan, junto al Presidente Abdullah Gul y su partido "Justicia y Desarrollo (AKP) en el poder, llevan algún tiempo maniobrando para desmantelar el secularismo turco y transformar Turquía en un estado gobernado según la ley islámica. Pero como Primer Ministro, Erdogan no ha tomado parte en un ataque directo contra el secularismo turco. En su lugar, el partido y él han estado desgastando el secularismo constantemente, reintroduciendo provisiones de la ley islámica sección a sección, y profesando respetar el carácter secular del país.

En 2004 Erdogan tomaba medidas para criminalizar el adulterio, y a finales de 2005 el AKP prohibía la bebida alcohólica en los cafés y restaurantes de edificios públicos de Ankara. En mayo de 2008 entraba en vigor una nueva directiva que en la práctica ilegaliza la venta de alcohol en grandes cantidades en bares y restaurantes.

En los años 90, como alcalde de Estambul, Erdogan fue claro con su objetivo, expresando su oposición al secularismo en términos nada inciertos: "No se puede ser secular y musulmán al mismo tiempo. O se es secular, o se es musulmán. No se será ni musulmán ni secular... no es posible que una persona que dice ‘soy musulmán’ siga adelante y diga ‘también soy secular.’ ¿Y cuál es el motivo? Que Alá, el creador de los musulmanes, tiene poder y control absolutos."

Decir que Alá tiene "poder y control absoluto" es una declaración fundamentalmente política. Y desde su concepción, el islam ha sido un sistema político y social, no solamente un sistema religioso en la línea en que la mayor parte de los occidentales conciben la religión. El establecimiento de la ley islámica como el único sistema legítimo de gobierno es el objetivo que Erdogan comparte con Osama bin Laden y otros yihadistas de todo el mundo; solamente difieren en cuanto al mejor medio de lograr esto.

Mientras que Al-Qaeda y los demás grupos se han centrado en ataques violentos contra objetivos occidentales, Erdogan ha demostrado ser un maestro de la yihad encubierta: el lento, constante e implacable desgaste de las normas de la sociedad secular, continuamente hasta que la ley islámica esté completamente en vigor.

Este esfuerzo también está teniendo lugar en Occidente. En calidad de agente de la Hermandad Musulmana, Mohamed Akram lo decía en un memorando de 1991 que esbozaba la estrategia de la organización en Estados Unidos: "La Hermandad Musulmana tiene que comprender que su labor en América es una especie de gran yihad para eliminar y destruir a la civilización occidental desde dentro y sabotear su miserable existencia mediante sus manos y las manos de los fieles, de manera que sea eliminada y la religión de Alá salga victoriosa entre todas las demás religiones".
Akram explicaba que este sabotaje a la civilización occidental no tendría lugar a través de los ataques terroristas, sino mediante numerosas iniciativas no violentas llevadas a cabo por un amplio abanico de organizaciones islámicas.
Con el público concentrado en estar en guardia frente a los ataques terroristas, estos esfuerzos pasarían desapercibidos.

Y así es como han pasado en Turquía -- al menos hasta la semana pasada. En línea con su estrategia indirecta de ir paso a paso, durante años el gobierno ha intentado derogar la ley que prohíbe el pañuelo islámico en las universidades turcas. Pero el jueves, el Tribunal Constitucional de Turquía, la instancia jurídica más elevada de la nación, revocaba la nueva ley respaldada por el AKP que permite el pañuelo en las universidades, dictaminando que viola los pilares constitucionales que sustentan el secularismo turco.
Viendo la posibilidad de que el Tribunal Constitucional pueda prohibir incluso al propio Partido Justicia y Desarrollo con el motivo de que plantea una amenaza para el orden constitucional de Turquía, Erdogan cancelaba un viaje a Suiza y volvía a Ankara, donde su gabinete y él celebraban una reunión de emergencia el viernes. Si el partido es ilegalizado, Erdogan y Gul tendrán prohibido ocupar un cargo público.

Los tribunales y el ejército turco han intervenido para salvar el secularismo turco antes. Podrían intervenir ahora, y pronto de nuevo. Si Erdogan es obligado a abandonar la cartera, no se irá voluntariamente, y los analistas harían bien en estudiar su yihad encubierta en Turquía: hay grupos en Europa Occidental y Estados Unidos que buscan exactamente el mismo tipo de enfoque a pequeña escala y paso a paso que el AKP ha seguido con tanto éxito hasta la semana pasada.

Con noticia tras noticia apareciendo documentando la decadencia y la descomposición de Al-Qaeda, la yihad encubierta podría ser la tendencia del futuro en todo el mundo. Y bajo su dirección, al margen de cómo pueda cambiar su suerte política, estará Recep Tayyip Erdogan.

Robert Spencer
Fuente : Jihad Watch
Traducción: Diario de América

.

Turquía y el conflicto iraquí

Cada gran conflicto ha cerrado una era en Oriente Medio. El nacimiento del Estado de Israel cambió el mapa de la región. La crisis de Suez, en 1956, cuando británicos, franceses e israelíes se confabularon contra el Egipto de Naser por haber nacionalizado el canal, fue el canto del cisne imperial del Reino Unido. La guerra de 1967, con la aplastante victoria de Israel, arruinó al nacionalismo árabe laico. Afganistán fue el Vietnam de la Unión Soviética, derrotada en 1989 después de haber invadido el país diez años antes. Y el conflicto del Golfo, provocado por la invasión de Kuwait en 1990 por parte del Iraq de Sadam Husein, rompió la coalición de islamistas moderados y radicales que, con la ayuda estadounidense, derrotó a los soviéticos en Afganistán.

Ahora, tres años y medio después del derrocamiento de Sadam, sigue sin estar claro a qué escenario conducirá la guerra que se sigue librando en Iraq.

Sadam Husein ha sido ejecutado y el régimen baasista es historia, pero si el conflicto de Iraq forma parte de la denominada guerra global contra el terrorismo,los resultados son todo lo contrario: Iraq se ha convertido en una cantera de terroristas, sustituyendo al Afganistán de los talibanes, que dio refugio a Osama bin Laden, el líder de Al Qaeda que reivindicó los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, Washington y Pensilvania. Y el gran beneficiado, geopolíticamente, ha sido el régimen teocrático iraní, al que la Administración Bush sitúa en lo que denomina el eje del mal.

Iraq es ahora una pesadilla sin fin, como ha sentenciado el general Ricardo Sánchez, comandante de las tropas estadounidenses en Iraq entre junio del 2003 y el 2006. La situación puede resumirse así:
Existe un gobierno central, pero el país está dividido en tres partes, prácticamente como lo estaba durante el imperio otomano. Entonces, Iraq estaba dividido en tres provincias o vilayatos que los británicos unieron bajo el rey Faisal I. La guerra ha hecho ahora que los tres antiguos vilayatos vayan cada uno por su lado.

En el sur, los chiíes controlan la situación, aunque a su vez están enfrentados en distintas facciones.

En el centro, que es la región de predominio suní, las tropas estadounidenses y los civiles iraquíes sufren el terrorismo de los partidarios de Sadam y de los miembros de Al Qaeda.

Y en el norte, los kurdos, que son los principales aliados de Estados Unidos, disfrutan de una independencia de facto desde la guerra del Golfo de 1991.

En este escenario irrumpe ahora Turquía, gran aliado de Estados Unidos, que utiliza las bases en su territorio para aprovisionar sus tropas en Iraq. Pero Turquía, en conflicto con los kurdos que luchan por la independencia del Kurdistán turco, amenaza actualmente con intervenir en el Kurdistán iraquí, donde los kurdos del PKK hallan refugio.

Hasta ahora, el ejército turco se ha limitado a bombardear la región, pero la situación es crítica, capaz de desencadenar reacciones en cadena. El Kurdistán iraquí, donde existe una relativa tranquilidad, se podría desestabilizar, con lo que Estados Unidos perdería un bastión importante, y la acción turca dañaría también sus relaciones con Washington, ya en fase difícil después de que un comité del Congreso condenara a Turquía por lo que considera el genocidio armenio de 1915.

Un eventual ataque, además, dificultaría las relaciones con la Unión Europa, en la que Turquía desea ingresar. Ankara, por todo esto, deberá pensárselo dos veces antes de poner un pie en Irak.


Editorial, La Vanguardia
15 de octubre de 2007