LA GUERRA DE FRANCIA CONTRA AMERICA

Napoleón cabalga de nuevo, al mando de las tropas el Sr. Chirac

Toda la trama Francesa


GUERRA DE IRAK.
La respuesta de Europa bajo el mando del Sr. Chirac y toda la trama Francesa así como los motivos por los que se opuso a la guerra de Irak, quedan reflejados en este articulo que nos permite ver con una realidad subjetiva la oposición sistemática de Francia y los motivos que le inducen a proclamarse líder europeo del falso pacifismo, a pesar que era consecuente de la venta de armas de destrucción masiva no dudo en enfrentarse al resto de países Europeos contrarios a sus planes y amenazarlos con represalias si no acatan la decisión “de viajar en el mismo barco” solo para defensa de sus intereses personales.

Nada nuevo ni sorprendente si repasamos la historia y las guerras perpetradas por este país.
En estos momentos es justo reconocer sin pudor que Francia esta siendo la abanderada de los países Islámicos, y poniendo en peligro la paz Europea, solo nos cabe tener la esperanza que en las próximas y cercanas elecciones los franceses pasen factura al Sr. Chirac y sus ansias de expansión y grandeza dejen de ser un peligro para la identidad de Francia y Europa.

¿PORQUÉ ESPAÑA TRAICIONA A FRANCIA?

España se ha adentrado paulatinamente entre los países de mayor influencia económica en el escenario mundial. Recientemente Carlos Checa, estratega y asesor del presidente Clinton durante su último mandato, afirmaba refiriéndose a Aznar: "Juega Fuerte. Quiere que España supere su status de potencia regional iberoamericana para convertirse en uno de los grandes". En efecto, más allá de los deseos, aspiraciones y sueños de Aznar, la conclusión que cabe extraer de esta afirmación es que España es una potencia emergente que aspira a un hueco en la lucha por el reparto de las áreas de influencia económica.
Monmar

LA GUERRA DE FRANCIA CONTRA AMERICA

-El ex presidente francés François Mitterand a Georges-Marc Benamou (periodista) quien fue su persona de confianza. “Francia no lo sabe, pero estamos en guerra con América. Sí, una guerra permanente, una guerra vital, una guerra sin bajas, al menos, que salgan a la luz”.

Los americanos pensamos que siempre podríamos contar con Francia y resultó que era verdad. Podíamos contar con que los franceses son molestos, con que son altaneros y exigen respeto, con que dicen rechazar la colaboración antes de rendirse si se tercia. Este boceto nada halagüeño era el viejo retrato de Francia de antes de que las cosas fueran a peor.

Una semana después del 11 de septiembre, Francia dio a América buenos motivos para preocuparse. John Rossant, que escribe para Business Week desde París, se dio cuenta de esto dos semanas después de los ataques terroristas de 2.001 en Nueva York y en Washington. ”Miembros del gobierno de centro izquierda de Francia están empezando a hacer sonar las campanas”, escribió y citó al miembro del Partido Verde, Noel Mamère: “La realidad es que la política de América sólo podría acabar en la clase de terrorismo que hemos visto”.
Una vez más, para los franceses, incluso los violentos ataques contra América no podían ser culpa de nadie, sino de los propios americanos.

Alguna vez, desde que los Estados Unidos desahuciaron a Francia cuando estaba fusionada con los Nazis al final de la Segunda Guerra Mundial, los franceses habían seguido este comportamiento predecible y enloquecido para causar dificultades antes de alinearse. Pero, al retraerse en la guerra de Iraq, estaba claro que algo había cambiado dramáticamente. El comportamiento de los franceses estaba empezado a sonar como algo más que un comportamiento de chalados para fastidiar y los americanos empezaron a tener rezones para preguntarse ¿De qué lado está Francia?

La contestación se pudo encontrar en los medios de comunicación árabes que informaron atentamente sobre los hechos que sucedían y dieron a las noticias una forma de casi cuento mítico que cualquier árabe hubiera reconocido. Los relatos eran como este: “Las nubes de la guerra están oscureciendo el horizonte cercano. Mientras el mundo árabe fue puesto en una situación de miedo miserable, un armagedon de hordas invasoras prometía la catástrofe, sin que ningún ejército se les interpusiera en su camino”.

El resultado era una conclusión evidente; para los orgullosos y sensibles árabes, el choque parecía que iba a ser una cascada de humillaciones, incluso antes de que este empezara. Pero como el largo periodo para dar argumentos y debatir se hacia interminable, manteniendo momentáneamente el fantasma de la humillación, un hombre se levantó para liderar a la nación árabe, para hablar elocuente e inteligentemente en favor de la causa árabe y para evitar la peor catástrofe del milenio.
Al final, su misión fracasó y el espectáculo de los defensores de vanguardia cayendo valientemente en la cara del violento Occidente fue aliviado solo por el recuerdo de ese hombre, que tuvo el coraje de interponerse él mismo en medio de la inevitable conflagración.
Para los árabes su causa fue en vano, pero su desafío fue noble y orgulloso. A este hombre se le proclamó líder de la nación árabe, desde el Océano Atlántico hasta el Golfo Pérsico, un hombre que causó vergüenza con su inefectiva afectación que pretendió liderar a los desesperados árabes, pero que sólo fue irrelevante y gordo en su debilidad. ¿Quién era el salvador de los árabes? Jacques Chirac, el presidente de Francia.

Tan fuertes fueron los esfuerzos de Chirac para defender el régimen de Sadam Husein, que el periódico Babel de Irak lo recompensó con el ceremonioso título Munadhil al-Akbar: El Gran Luchador.

Un líder fundamentalista argelino, Abdallah Jaballah, alabó al Sr. Chirac como "el único y verdadero líder árabe de la actualidad." Imad al-Din Husayn, un columnista de Al Bayan, un periódico de propiedad estatal en Dubai, Emiratos Árabes Unidos, expuso la siguiente idea. "He llegado a la conclusión de que nombrar a Chirac como presidente de la Liga Árabe podría ser la solución de nuestros problemas," Husayn dijo, meditando sobre el nudo gordiano, que “Chirac lo podría cortar de un tajo a favor de los árabes.
Al contrario que sus homólogos árabes, al menos, Chirac haría un intento de defendernos de la máquina de guerra americana. Con la perspectiva del fracaso seguro de la invasión debido al acoso, muerte, carnicería, humillación que los árabes opondrían, todo en manos de las manos milagrosas y salvadoras occidentales "sería forjado por las manos de nuestro nuevo Saladino al-Chirac."

Saladino, hijo de un jefe kurdo del s. XII, nació en Tikrit, Iraq, cuando era aún joven, unió al mundo árabe con la fuerza de las armas, se convirtió en Sultán de Egipto y líder del Islam.
Expulsó a los cruzados de Jerusalén que desde entonces fue musulmán durante siglos. En el mundo árabe, es difícil que se le haga a alguien un cumplido así santificándolo con el nombre de Saladino. Según los árabes contemplaban el incierto futuro que ellos habían forjado, la Guerra que estaba a punto de empezar, por supuesto, pero también el inacabable conflicto palestino, vieron una sólo un personaje a nivel mundial que intentaba interponerse en el camino de los Estados Unidos: el presidente Jacques Chirac y su nación antiamericana: Francia.

El comportamiento de Chirac hace que nos hagamos una pregunta: ¿Por qué los árabes y los franceses actuaron conjuntamente para proteger a Sadam Husein?
Los franceses sabían que no estaban haciendo un favor al pueblo iraquí tratando de parar un ejército que derrocaría a Sadam. Según la Guerra se aproximaba en 2003, los franceses, otros europeos y los árabes habían tenido conocimiento de numerosos informes hechos por agencias internacionales de derechos humanos, incluidas las de las de las Naciones Unidas que dejaban bien claro lo letal que era el régimen de Sadam para el pueblo iraquí.

El Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas había informado en 1997 que en el Iraq de Sadam había una “alta incidencia de ejecuciones sumarias, arrestos y detenciones arbitrarias, torturas y malos tratos por parte de los servicios de seguridad y el ejército." El Comité informó que el régimen de Sadam aplicaba leyes retroactivas, permitiendo a los servicios de seguridad ejecutar y torturar a gente por hechos que habían sido declarados delitos después de su acción.
El Comité informó con especial repugnancia del Decreto Nº 109 de Agosto de 1994, por el cual se ordenaba que a delincuentes cuyas manos habían sido amputadas como castigo fueran marcados con una X en la frente para que se les distinguiera de los combatientes en la guerra de Irán.

En agosto de 2001, Amnistía Internacional publicó otro de sus voluminosos informes sobre la violación de los derechos humanos de Sadam.
El informe contaba una serie de relatos horripilantes de varios individuos que habían sido detenidos y torturados, algunos de ellos durante años. "Algunas de las víctimas han muerto y muchas han quedado con secuelas físicas y psíquicas permanentes, otros han quedado con los cuerpos mutilados".
Después del final de la Guerra, se encontraron gigantescas fosas comunes en Iraq donde habían sido enterrados los cuerpos de más de 300.000 hombres, mujeres y niños que fueron ejecutados. Pero la tragedia de verdad era que esas fosas no eran una sorpresa para nadie: árabes y occidentales conocían las prácticas asesinas de Sadam durante generaciones.

Los trabajadores extranjeros en Iraq volvían a casa en cajas y sus cuerpos mostraban signos de prolongadas torturas antes de morir. Por eso, la misma Francia había estado años tratando de convencer a Sadam para que cambiara sus modos para poder ayudarle a volver a la comunidad económica mundial.
Francia estaba especialmente entusiasmada con la rehabilitación de Sadam para que se pudieran levantar las sanciones de la ONU permitiendo al dictador una vez más vender petróleo iraquí en el mercado mundial.

Tanto árabes como europeos pueden haber sido fervorosamente escépticos sobre la posesión de armas de destrucción masiva, pero desde el principio, sabían íntimamente que es lo que Sadam estaba haciendo a su gente. Aún así, la perspectiva de que los americanos lanzaran una Guerra para deponer a Sadam era profundamente desagradable para los franceses. ¿Por qué? En parte, porque los franceses se habían convencido a sí mismos de que América era el mayor de los demonios.

Según la guerra se aproximaba, los sondeos de la opinión pública francesa revelaban un dramático antiamericanismo:
el 75% de la opinión pública se oponía a la acción militar de George W. Bush para acabar con el régimen de Sadam Husein, incluso cuando un número similar (73%) pensaban que Iraq estaría mejor sin Sadam. De acuerdo con los franceses, por lo tanto, Sadam debería ser depuesto, a no ser que fueran los americanos los que dieran un paso adelante para que esto sucediera. En ese caso, los iraquíes tendrían que sufrir hasta que otros pudieran deponerlo.

“Los franceses se oponen a los Estados Unidos, de una manera simplista, porque es el país más poderoso de la tierra” según observó Christopher Suellentrop en BusinessWeek. "Los franceses están tan preocupados por el predominio de América en lo militar, económico, cultural y tecnológico, que un ex Ministro de Asuntos Exteriores sintió la necesidad de acuñar un nuevo término para describirlo: hyperpuissance, o 'superpotencia'. ". Ese ministro de asuntos exteriores, que durante mucho tiempo, se autoproclamó antagonista de los Estados Unidos, se llamaba Hubert Vedrine. “Odio a los americanos” declaraba furiosamente en una entrevista en 1995. Acababa de publicar un libro “Las cartas de triunfo de Francia”, en el que argumentaba que Francia podría reanudar su posición de liderazgo en el mundo sin un poder militar superpoderoso, sino en razón a la inigualable cultura francesa, lengua y estilo de vida elegante.
Así resumió por qué los franceses temían tanto y estaban tan resentidos con los Estados Unidos: “La situación no tiene precedentes. ¿Qué imperio de la historia ha subyugado al mundo entero, incluyendo a sus enemigos?”

Lo que Francia temía, en otras palabras, era el poder americano. Los franceses han pasado mucho tiempo protestando contra George W. Bush en los últimos años, pero su oposición refleja contra América bastante antes de que llegara la administración Bush.
Como John Vinocur ha subrayado en el International Herald Tribune: “fue durante la presidencia de Clinton cuando Francia a través de su entones ministro de exteriores, Hubert Vedrine, definió al unilateralismo de América como el principal problema del mundo y la disposición de Francia a crear un clima de opinión mundial contra esto”. Así, Vinocur también informó, cuando Clinton estaba todavía en la Casa Blanca, que la personalidad política francesa, Bernard Kouchner, “describió el antiamericanismo como el motor de la política exterior francesa”.

Durante la administración Clinton, lo que molestaba a los franceses era la idea de que América estaba intentando unilateralmente expandir sus valores a través de su cultura popular y su poder económico, con los que dominaba la economía mundial. En otras palabras, el problema era la globalización. Cuando la administración Bush llegó en 2.001, sus quejas sobre el unilateralismo, se ampliaron para protestar por que nosotros estábamos incumpliendo tratados y mostrando una voluntad de ir a la guerra sin la aprobación de la ONU.

En un artículo en junio de 2.001 en el New Statesment (dos meses y tres semanas antes del 9/11), David Laway argumentaba que el antiglobalismo francés era incomprensible. Globalismo, el estilo de vida angloamericano que incluía la expansión empresarial, más alta productividad, pocos impuestos y bajo nivel de gasto del estado no eran buenos para Francia, explicaba Lawday.
Los franceses iban bien con un alto nivel de empleo público, altos niveles de impuestos, 35 horas de trabajo semanales y un sistema de vacaciones organizado por el gobierno que le daba a los trabajadores franceses 7 semanas de vacaciones al año.

“También se aceptaba que América se había equivocado de alguna manera, y que un gobierno fuerte, un sensato control de los mercados, un estado del bienestar fuerte, independencia cultural y con el freno pisado en las privatizaciones, éra el camino a seguir”, escribía adoptando el mismo aire de superioridad mostrado por los altos funcionarios a los que entrevistaba.

La cultura que George W. Bush llevó a Washington provocó el desprecio aún más pronunciado de los franceses. La Casa Blanca de Bush aprobaba la fe en Dios, la bajada de impuestos, la pena de muerte, la tenencia de armas, algo que los franceses veían como lascivia institucional; para los franceses todo esto se agravaba por que tenía la aceptación general.

Jacques Toubon, un ex ministro de cultura, despreciaba el nuevo perfil de la administración, según dijo a Lawday: “Es una parodia de los valores sociales americanos. Esto solo puede llevar a que sean cambiados” Los franceses estaban que no aguantaban por liderar el movimiento de cambio.

Según Bernard Guetta, un columnista de L´Express, escribía: “Francia tiene la ambición de crear una Unión Europea que sea un contrapeso a los Estados Unidos”. Era la primera vez que se producía la llamada. Tan pronto como 1997, Roger Cohen del New York Times había informado que “Francia se había propuesto a sí misma como la cosa más parecida a un serio rival ideológico en la última década del siglo XX.” El gallardo y cinematográfico ministro de exteriores francés, Dominique de Villepin, jugó en los dos lados del campo. Incluso cuando luchó por mantener una imagen creíble de amistad con los estados Unidos, ocultó cuidadosamente, en sus bien construidas declaraciones públicas, dónde estaban las luces y las sombras de la ambición francesa para enfrentarse al poder americano.

En noviembre de 2002, justo cuando los franceses estaban organizando a las naciones de Europa Occidental para oponerse a los Estados Unidos en el Consejo de Seguridad, Villepin declaró a un periodista marroquí: “ Estamos convencidos de que el mundo sólo puede gozar de estabilidad si Europa ejerce su influencia total”. Influencia total, desde luego, significa esfuerzos concertados para estorbar en el camino de los intereses americanos.

Durante el año siguiente, los franceses dejarían claro lo lejos que irían para oponerse a América. Como Victor Davis Hanson expuso en marzo de 2003 en National Review Online: “Mantener el mito de que Francia es realmente un aliado y un miembro de la OTAN es una tontería ya que su potencial nuclear no se necesita para disuadir a la Unión Soviética y los franceses están tratando de crear un eje europeo contra los Estados Unidos en un proceso de ruptura con América para salvar a un psicópata”: Sadam Husein.

El antiamericanismo no es algo nuevo para los franceses. Después de las primeras muestras de comprensión por los ataques del 11/S (Los titulares de Le Monde fueron “Todos nosotros somos americanos”) las viejas protestas sobre el unilateralismo americano pronto salieron a la superficie.

El desprecio a los Estados Unidos que durante años mantuvieron por motivo de la pena de muerte, el debate sobre el aborto, la decisión del presidente Bush de retirarse de los Acuerdos de Kyoto por anticuados y mal negociados, el tratado de misiles antibalísticos, el Tribunal Penal Internacional de la ONU, hacían que los franceses no fueran a cambiar de actitud por mucho tiempo.
Y el apoyo americano a Israel y a su primer ministro, Ariel Sharon, visto por muchos árabes amigos de Europa como un asesino y un criminal de guerra, hicieron que la situación empeorara.

Le Monde Diplomatique, un diario francés sobre política internacional y diplomacia, describió la actitud francesa después del 11/S de una manera sucinta: “Es algo demasiado malo para los americanos, pero ellos se lo han buscado”. En un informe posterior al 11/S, el Business Week llamó la atención sobre una oleada de llamadas indignadas a Radio France Internationale. “¿Qué tiene de especial que los americanos hayan muerto?” preguntaba un radioyente sobre las victimas del 11/S.
“Millones han muerto en África, pero ellos nunca dejan mensajes en los contestadores automáticos porque son demasiado pobres para tener teléfonos móviles”.

Los franceses lo hicieron lo mejor que pudieron para atraer la antipatía oficial hacia los Estados Unidos. Pero el trabajo no fue perfecto. Según informó John Vinocur del International Herald Tribune en abril de 2003, el ensayista francés y hombre de confianza de Chirac, Guy Sorman, estuvo presente en algunas de las reuniones más importantes después del 11/S. En noviembre de 2001, Sorman participó en una conversación con Chirac y un pequeño grupo de intelectuales en el Palacio del Eliseo, sede del presidente de la República Francesa. Desde el punto de vista de Sorman, Chirac era “el más antiamericanista de todos nosotros”.
Según Vinocur, Sorman describió al Presidente Chirac “considera que el liderazgo americano está desprovisto de sentido histórico, carente de paciencia, matices y meritos de peso, lo que Chirac presumiblemente considera que son sus cualidades”. ”Chirac esta persuadido de que está en lo cierto sobre América” declaró Sorman a Vinocour. “No presta atención a lo que hubiera dicho sobre esto en los días en que era estudiante y partidario de los Estados Unidos”, dijo Sorman, refiriéndose con constates referencias a los agradables veranos que Chirac pasó como alumno de una facultad americana y trabajando en la cervecera Bubweisser y en un restaurante de carretera en Howard Johnson. “Esta no es la cuestión.

Su visión es profunda, profunda dentro de él. Para Chirac, los americanos no entienden nada.” Este no era el hombre que el propio Chirac quisiera que vieran los americanos. Pero tres sucesos llevaron la visión francesa de los americanos a la vista de todos al inicio de 2002.
El primero fue cuando el Presidente Bush se dirigió a la nación con motivo del discurso sobre el Estado de la Unión el 29 de enero de 2002, en el cual identificó un “eje del mal” que incluía a Iraq. Después en ese mismo año, en septiembre de 2002, el Presidente Bush, se dirigió a la Asamblea General de la Naciones Unidas urgiéndola a hacer frente al “grave y creciente peligro” de Iraq o convertirse en una organización irrelevante. En ese momento, la ONU se levantó y tomó nota: los Estados Unidos estaban preparados para pasar a la acción que convertirían, de hecho, a la ONU en irrelevante.

Sólo cinco días después de ese discurso, llegó la gota que colmó el vaso para muchos europeos y para los franceses en particular. El Presidente Bush hizo pública la “Estrategia nacional de seguridad” de su administración, un documento oficial que diseñaba una nueva política militar de los Estados Unidos.
El documento contemplaba el caso de la “guerra preventiva”, una política militar que autorizaba realizar ataques primero contra las amenazas emergentes contra los Estados Unidos. Esta nueva política también prometía al mundo que los Estados Unidos no permitirían que ningún país, amigo o enemigo, desarrollara un poder militar que pudiera desafiar a los Estados Unidos.

Le Monde, el diario líder en Francia, reaccionó acusando a los americanos de adoptar “la concepción soviética de las relaciones internacional”; según su visión, “la seguridad [de América] es la inseguridad de todos los demás”. Las voces de la oposición francesa entraron en acción. ”Si me preguntas que será lo siguiente que ocurra, te puedo decir que no habrá Guerra”

National Rewiew citaba a un alto funcionario francés en noviembre de 2002, ”el Presidente Chirac se ha encargado personalmente del asunto de Iraq con la clara intención de evitar una guerra innecesaria que podría desestabilizar todo Oriente Medio” Eso fue lo que el periodista Amir Taheri llamó “la doctrina Chirac”: La guerra contra Iraq requeriría el permiso del Consejo de Seguridad de la ONU que miraría a sus propios inspectores de armas para tomar orientación.
Francia se empeñó en montañas de argumentos morales contra las guerras en general y aplicándolos a esta guerra en particular. Un alumno de la prestigiosa Ecole Nationale d'Administration (ENA), cuyos titulados, conocidos como enarcas, son casi reverenciados como ejemplos de administradores públicos sensatos (y rara vez desafiados), Villepin diseñó plan tras plan para permitir que los inspectores tuvieran más derechos y más recursos, en un esfuerzo para cumplir con el desarme de Iraq sin guerra.

“La guerra es siempre una muestra del fracaso” le dijo al Consejo de Seguridad en marzo de 2003. ¿Por qué nos habríamos de unir a la Guerra contra Iraq? Y también me gustaría preguntarles ¿por qué hacer cenizas los instrumentos que acaban de probar su eficacia? ¿Por qué optar por la división cuando nuestra unidad y nuestra resolución están llevando a Iraq a deshacerse de sus armas de destrucción masiva? ¿por qué recurrir a la fuerza a cualquier precio cuando podemos tener éxito de una manera pacífica?”

Para ser justos, Francia tiene causa legitimada históricamente para ser cautelosa ante la guerra. El recuerdo de más de un millón y medio de jóvenes masacrados durante el vano empate de la primera guerra mundial todavía enciende los debates sobre la guerra y la paz en Francia. Pero los actuales esfuerzos franceses para oponerse a los intereses americanos no está motivados por la simple oposición moral a la guerra y no sólo por el electorado políticamente complaciente, ferviente contra la guerra y pro árabe.

Para los franceses, un motivo mucho más importante era el dinero. Funcionarios franceses tenían la esperanza de aguantar el inicio de la guerra hasta que el calor del verano iraquí entorpeciera los planes americanos, lo que forzaría a los americanos a aplazar la guerra hasta después de las elecciones de 2004.
Esto hubiera dado bastante tiempo para apoyar a Sadam, limpiar su reputación, levantar las sanciones de la ONU y abrir camino a Francia para ayudar a Iraq a vender su petróleo en el mercado mundial.

Desde su elección en 2001, Jacques Chirac ha estado trabajando con entusiasmo para rehabilitar a Sadam Husein. En enero de 2002, más o menos cuando el Presidente Bush dijo que Iraq era un miembro del Eje del Mal, Chirac mandó a un enviado a negociar con Sadam.
Pierre Deaval, un burócrata cuya especialidad era la impresión y la falsificación, fue enviado a Iraq bajo un gran secreto. Durante casi un año, Deval pasó al menos diez días al mes en Bagdad, encontrándose con Tariq Aziz y ocasionalmente con Qusay Hussein, para tratar el modo en que Sadam podría conservar el poder.

Cuando la historia de Deval salió a la luz en noviembre de 2002, el Ministro de Exteriores francés trató de negarlo como era de esperar. “Ningún enviado francés comisionado para una misión así ha ido a Iraq” declaró un portavoz del ministro. Sin embargo, según el periódico con sede en Londres Asharq al-Awsat, Deval “ha estado visitando regularmente durante algún tiempo” para presionar hacia un cambio de “políticas internas y exteriores” y así evitar la acción militar de los USA contra el régimen de Sadam.

El periódico citó “fuentes francesas autorizadas” en su informe. ”Sadam Husein concedió la amnistía a prisioneros a petición del enviado” informó el periódico, proporcionando una explicación para la repentina y misteriosa liberación de prisioneros que se produjo el 20 de octubre de 2002. Evidentemente, Deval había estado presionando a Sadam para que liberase a los prisioneros políticos, incluso miles de delincuentes comunes, violadores y asesinos fueron liberados al mismo tiempo. Deval “habló abiertamente de la posibilidad de cambio sin guerra” y obtuvo “una respuesta más que esperanzadora” de las autoridades iraquíes, según informó el diario.
Sadam incluso invitó a Deval a estar presente en cuatro sesiones del consejo de ministros: “Una de las ideas que Deval propuso fue la formación de un gobierno de nueva generación de tecnócratas liderado por Qussay. [sic]”

El gobierno de Chirac propuso que una oficina de nueva creación e independiente del gobierno iraquí fuese encargada de la salvaguardia de los derechos humanos en Iraq, y que el hijo de Sadam, Qusay fuese presentado ante el mundo como “funcionario jefe de operaciones” de Iraq, mientras que Sadam era relegado a un status honorífico en la sombra. “Chirac está convencido de que puede convencer a Sadam a pronunciar las palabras adecuadas y a andar por la senda adecuada” según el columnista Amir Taheri escribió. Chirac tenía grandes esperanzas de que su plan de rehabilitación llegara a buen puerto y su emisario Deval trabajó duro para lograrlo.

Pero el mismo Sadam no estaba entusiasmado con la idea. Según las tropas americanas descubrieron después, el régimen de Sadam estaba llevando a cabo ejecuciones el día antes de la caída de Bagdad. Incluso cuando se estaba detrás de la idea de un régimen Husein de segunda generación, los líderes franceses eran perfectamente conscientes de la depravación moral de Sadam y de su familia.
En una entrevista con France Inter, en noviembre de 2002, justo cuando Francia estaba ayudando a orquestar una salida para los USA que patrocinaban la Resolución 1441 (que pedía que Iraq se desarmara o se “enfrentara a serias consecuencias”), Villepin admitió que “dada la actitud de Sadam Husein en los últimos años, creemos, a la luz de la experiencia, que podría usar armas químicas y biológicas” que poseía. Villepin añadió enfáticamente: Y quiero repetir aquí que también sospechamos que hay un elemento nuclear embrionario que Sadam puede poseer. No podemos correr ese riesgo”.

Los comentarios de Villepin no dejan lugar a dudas: Francia conocía los peligros del complejo industrial militar iraquí y reconoció los riesgos de permitir a Sadam Husein continuar con los proyectos como lo había hecho durante 11 años desde la Guerra del Golfo.
Al final, sin embargo, los franceses se declararon satisfechos con los inspectores de armas, diciendo que las inspecciones estaban funcionando. Aunque, como decía una editorial del BusinessWeek, la idea del siglo XX de controlar las amenazas externas con inspecciones y sanciones se ha vuelto obsoletas por el avance de la tecnología y las técnicas del terror: “La política de la guerra fría de contención estaba basada en que había estados racionales que actuaban para procurar su propia seguridad. El 11/S socava esta idea.

Los editorialistas del BusinessWeek añadieron: “Tan ilógica es la posición de Francia en la ONU que surge la pregunta de cuál es el verdadero propósito del país. Tristemente, la respuesta insistentemente parece que es nada más que antiamericanismo.” La determinación francesa de conservar el status quo en Iraq, entonces, fue hecha con pleno conocimiento de las condiciones terroríficas que sufrían los iraquíes bajo Sadam.

Para los franceses, hacer obstruccionismo a los Estados Unidos era lo más importante. En octubre de 2002, en la cumbre de países francófonos (les Francophones) que se celebró en Beirut (Líbano), Chirac dijo no a la pretensión de los americanos hacia la guerra. “Esto sólo se puede permitir en caso de legítima defensa o por la decisión de autoridades internacionales competentes”. Con “competentes” aparentemente, quiso decir que excluía a los Estados Unidos: “autoridades internacionales competentes” era el nombre en clave de la ONU, donde Francia tenía el poder para bloquear cualquier acción que los Estados Unidos quisieran emprender. (Algo que no mencionó fue la OTAN, donde Francia tiene mucha menos capacidad y los Estados Unidos mucha más)

Los esfuerzos por pasar por alto los crímenes de Sadam ocasionalmente dieron una vuelta absurda. Cuando Sadam Husein fue reelegido presidente de Iraq con el 100% de los votos, un periodista en el Ministerio de Exteriores francés preguntó traviesamente al portavoz: “Tiene Francia alguna reacción a los buenos resultados de Sadam Husein en el referéndum del martes?” El portavoz replicó secamente: “No, le dije ayer que no haría comentarios sobre este tema”.
Los franceses estaban trabajando a marchas forzadas para pasar por alto no sólo las elecciones amañadas, sino también la tortura, leyes con aplicación retroactiva para atrapar a inocentes y asesinar con la apariencia de la pena de muerte.

De nuevo, sus razones fueron parcialmente económicas. Francia tenía intereses en Iraq: Sadam era propietario de bancos franceses, petróleras y constructoras por un valor de $20.000 millones. (También poseía compañías en Rusia, Alemania, Arabia Saudita, y otros, por un valor estimado de $200.000 millones, mayormente en empresas armamentísticas cuyos productos Sadam usó en la guerra contra Irán al comienzo de los 80).

Los franceses habían organizado ya una feria comercial con la participación de 130 naciones en Bagdad y la compañía francesa TotalFinaElf estaba presionando para dominar el mercado del petróleo Iraquí una vez que las sanciones se levantaran.

Así mismo, el ministro del medioambiente francés fue el fundador de la Asociación Franco-Iraquí. A pesar de sus declaraciones públicas de amistad con América y la condena total de Sadam, Francia llevaba mucho tiempo repartiéndose el botín con Sadam. Y la suya no era una alianza sincera: Francia vio una oportunidad a largo plazo también en Iraq. Iraq, después de todo, tenía las reserves de petróleo más grandes del mundo, detrás de Arabia Saudita.

Si Francia quería asumir la posición a nivel mundial que quería, una posición desde la cual desafiar a los Estados Unidos, necesitaba tener su propia Arabia Saudita en Iraq. En una ocasión, Francia dio a conocer sus deseos a largo plazo.
El 17 de octubre de 2002, en una declaración que urgía al Consejo de Seguridad a “demostrar equidad mostrando que la guerra de Iraq no es inevitable si Iraq cumple con sus obligaciones total y escrupulosamente”, el embajador francés subrayó que si Iraq se animara a desarmarse, “estaríamos abiertos a levantar las sanciones de acuerdo con las resoluciones del Consejo de Seguridad”. Esta estrategia se abandonó porque Francia hizo otros pronunciamientos posteriores sobre la política sobre Iraq que indicaban los objetivos reales de Francia de poner a Sadam en un segundo plano en el negocio del petróleo.

Pero la razón profunda del obstruccionismo francés era su resentimiento por el poder militar americano, económico, cultural, y Francia deseaba establecer un mundo “multipolar” para reemplazar al actual poder “unipolar” de los Estados Unidos. En otras palabras, su política estaba motivada por sueños de grandeza para Francia, un deseo de asegurar la preeminencia a nivel mundial para un país que piensa que merece esa preeminencia más que de sobra. Éste era un sueño que los franceses habían alimentado por décadas, aunque no siempre con tanta obviedad.

Durante la Guerra Fría, incluso cuando toda Europa occidental dependía de la protección americana contra los Soviets, Francia usó lo que Leslie Gelb del Consejo de Relaciones Exteriores había denominado “una lanza larga” para expresar su desprecio por América.
Sus pinchazos a la dominación Americana eran a distancia; aunque molesta, no representaban una amenaza seria a la posición de Francia en la Alianza Atlántica. Esta vez, sin embargo, las lanzas largas se abandonaron en favor de dagas de corto alcance.
La estrategia era algo así como un tiovivo.

El primer paso era ayudar realmente a los Estados Unidos a lograr una resolución de la ONU para el desarme de Irak. Después de aparentar estar en el lado correcto, incluso atrayendo a un estado árabe, Siria, los franceses maniobraron para quitarle fuerza a la resolución y evitar que se hiciera efectiva por medios militares, evitando la guerra y pasándose a las líneas de sus amigos árabes. No se consideraba un cambio de régimen patrocinado por América; solo el desarme por los inspectores de la ONU.

El plan de los franceses era atar a los Estados Unidos en la ONU, una estrategia de atar y atontar que requería numerosas conversaciones sobre planes intrincados para realizar las inspecciones y un montón de almuerzos soberbios (con mucho vino) designados para seducir a otros miembros del Consejo de Seguridad y ganarlos para la causa francesa.

Funcionarios franceses ayudaron a los esfuerzos del Secretario de Estado Colin Powell para persuadir al Presidente Bush y a otros miembros de la administración que el desarme era un asunto que lo llevaba mejor la ONU.

El 8 de noviembre de 2002, el Consejo de Seguridad aprobó por unanimidad la Resolución 1441, que requería a Iraq para que admitiera inspectores de armas e inspecciones totales.
Pero Francia planeó parar el desarrollo en Iraq de la Resolución 1441: los franceses estaban seguros de que los Estados Unidos no irían más lejos.

”No habría una respuesta automática al recurso a la fuerza” según declaró Jacques Chirac el día anterior al voto en el Consejo de Seguridad. “Repito que el Consejo de Seguridad tiene que volver a reunirse para considerar cualquier posible violación por parte de Iraq de sus obligaciones”. La Administración Bush veía las cosas de una manera diferente.
La resolución prometía “serias consecuencias” si Iraq no cumplía totalmente y para el Presidente Bush (y el pueblo americano) la resolución carecía de significado si se vaciaba de contenido la amenaza de recurrir a la fuerza.

Durante todo este tiempo, por supuesto, los franceses habían estado maniobrando para salvar a Sadam Husein. La propuesta francesa de que la ONU emitiera dos resoluciones sobre Iraq tenía un propósito: frustrar el intento de los Estados Unidos de “cambiar el régimen”. Los franceses se hubieran contentado con el desarme de Iraq y nada más. Según el plan francés, Sadam sería obligado a entregar cualquier tipo de armas de destrucción masiva, pero Iraq quedaría bajo su control.

“El objetivo”, decía el Presidente Chirac cuando subía a bordo en un viaje a Oriente Medio mientras el debate en la ONU estaba que hervía, “es desarmar a Iraq, no es cambiar el régimen”. Chirac empezó a lanzar reprobaciones públicas a Sadam tan pronto como Iraq anunció que aceptaría que volviesen los inspectores de armas y el Consejo de Seguridad de la ONU emitía la Resolución 1441.
Iraq no debe cometer ningún error, advertía Chirac; debe de cooperar totalmente en las inspecciones que estaba previsto que comenzasen a mediados de 2002. “Iraq no debe cometer ningún error esta vez” decía Chirac. “Su total cooperación con la comunidad internacional es indispensable”. Pero el gamberrismo sistemático de Iraq con los requerimientos para que se desarmara continuaron hasta fines de 2002.

Los inspectores de armas reanudaron su trabajo a fines de noviembres y el 7 de diciembre, Iraq hizo público un informe de 12.000 páginas sobre sus actividades químicas, biológicas y nucleares, diciendo que no tenía armas prohibidas, pero rechazando explicar cómo fueron destruidas. Los franceses reconocieron inmediatamente que la declaración era tan inadecuada que evidenciaba ser un ardid y podía convertirse en el detonante para que los americanos fueran a la guerra.
“Solemnemente afirmo aquí que la guerra no es inevitable” decía Villepin a la Asamblea Nacional el 11 de diciembre de 2002, “así nuestra acción está basada en la primacía de la ley y los valores morales sobre la fuerza; nos guía la convicción de que una solución política pacífica es posible”. La administración Bush no iba a comprar esta mercancía.

Cuatro días antes de navidades, el Presidente Bush aprobó el despliegue de unos 200.000 soldados en la región del Golfo, para que estuvieran en la zona para marzo lo más tardar. Los primeros días de 2003, según los preparativos para la guerra continuaban, Francia endureció su posición en silencio. Incluso así Colin Powell pensó que tenía la promesa de Francia de no usar su poder de veto en el Consejo de Seguridad para bloquear una resolución sobre la guerra patrocinada por los US, que era exactamente lo que tenían previsto hacer.

Villepin tenía previsto convocar un encuentro de ministros de las Naciones Unidas en Nueva York el 20 de enero de 2003 contra el terrorismo. Era un encuentro al que Colin Powell tenía previsto no acudir, pero Villepin intercedió personalmente y persuadió a Powell para que acudiera. Después de todo, Villepin había colaborado para asegurar una aprobación por unanimidad de la Resolución 1441, sólo algunos meses antes; Powell era todavía partidario de mantener el apoyo francés, incluso tan molesto como era.
Como un gesto de cortesía hacía Villepin, que había reafirmado que Francia no usaría su derecho a veto contra los planes americanos sobre Iraq, Powell cambió su agenda.

El 20 de enero, en la sede central de la Naciones Unidas en Nueva York, la conferencia sobre el terrorismo rápidamente se convirtió en un debate sobre la guerra de Iraq y una emboscada. Alemania endureció su posición contra la guerra, y Villepin humilló a Powell públicamente insistiendo, en voz alta y con altanería, que no había razón para ir a la guerra mientras que los inspectores de armas estuvieran trabajando. Cogido con la guardia bajada y desprevenido, Powell se quedó perplejo al oír que Villepin amenazaba con el movimiento con que precisamente Powell pensó que no se haría: el veto francés.

Sólo una semana antes, Villepin había prometido que Francia haría frente a sus “responsabilidades”, si Iraq no cooperaba a desarmarse. Ahora, al final de la conferencia, declaró: “Nada [de lo que había sucedido] justifica hoy que contemplemos una acción militar”, y acusó a la administración Bush, y a Powell en particular, de “impaciencia” por comenzar la guerra.

Según Tony Allen-Mills y David Cracknell informaron en el Sunday Times de Londres, “Fuentes americanas dijeron que… Powell estaba “incandescente de rabia”, por lo que él consideró una traición de Francia para atraerle a una reunión y apuñalarlo públicamente por la espalda”.

¿Sintieron los franceses haber tratado a su aliado y protector durante mucho tiempo de una manera tan ruin? No. No mucho después de la emboscada en la ONU, los franceses pretendieron que ellos eran las verdaderas víctimas. “Lo que nos preocupa es que la francofobia se está convirtiendo en algo habitual y podría incitar a ataques físicos contra las personas” declaró el portavoz del ministerio de exteriores, François Rivaseau en un informativo en París.

Para entonces, el movimiento antiguerra se había desplazado desde el ministro de exteriores francés a las calles de América y Europa. El 10 de diciembre de 2002, el Día Mundial de los Derechos Humanos, los manifestantes contra la guerra recorrieron las calles de toda América.

El 15 de febrero de 2003, millones de personas tomaron la calles de Europa para protestar contra la guerra que se avecinaba y condenar a George W. Bush.

En la PBS's News Hour con Jim Lehrer, el comentarista David Brooks cuestionó la sensatez de los manifestantes. “Éste es un régimen que tiene equipos profesionales de violadores en su ejército que violaban a mujeres y enviaban las cintas de video a sus padres. Éste era un régimen que encarcelaba a las madres con sus hijos, ponía a estos en las celdas de enfrente y forzaba a las madres a ver como sus hijos morían de hambre. ¿Qué tenéis que decir en defensa de este régimen?”

En el Wall Street Journal, Mike González señaló que Villepin había puesto a funcionar el ventilador con sentimientos antingleses que databan de hacía siglos en su intento de bloquear el camino hacia la guerra. “Dijo a los legisladores que la batalla de Iraq era realmente la batalla contra el liberalismo anglosajón, según me dijo un miembro de la Asamblea [Nacional]”. Y González resaltó que la frase “fuerzas anglo-americanas” usada repetidamente en los informes de los medios franceses sobre la guerra de Iraq, venía directamente de la propaganda del Vichy pronazi durante la II Guerra Mundial.

Villepin subrayo repetidamente en una entrevista en L'Express: “No cometamos errores sobre esto: la opción, seguramente, está entre dos visiones del mundo”. La visión francesa y la visión americana. Como quiera que sea, Francia insistió en desafiar a América. ¿Pudiera ser, como Thomas Friedman del New York Times concluyó, que Francia se haya convertido en enemiga de América?

La inclinación francesa a abrazar cualquier causa que América condenara alcanzó tragicómicas proporciones en febrero de 2003, cuando Jacques Chirac le dio la bienvenida al rapaz y genocida Robert Mugabe de Zimbawe en una conferencia sobre África celebrada en Francia. Era algo ya visto una y otra vez:
Chirac una vez recibió al mismo Sadam Husein durante su visita a la Ciudad de la Luz poco después de que llegara al poder. (Sadam estaba en una visita de negocios: Chirac le estaba ayudando a arreglar la compra de la central nuclear de Osirak, que estuvo a punto de funcionar antes de que los israelíes (afortunadamente) la bombardearan preventivamente).

El dictador Mugabe dijo que se sentía “como en casa” en París, incluso cuando la policía francesa golpeó a gente que protestaba contra Mugabe en las calles de París. “El Presidente Chirac insistió en que acudiéramos al encuentro”, dijo Mugabe. “Él defiende firmemente sus principios. Necesitamos líderes de su estatura”. Chirac más tarde acordó que el protocolo no contemplara besar a Mugabe en las dos mejillas en la apertura de la conferencia, que Mugabe, su esposa y su séquito usaron como pretexto para irse de compras por París.

Los Estados Unidos no fueron el único país que se sintió escandalizado por la visita de Mugabe a París, pero Francia parecía estar especialmente entusiasmada en hacer desfilar su independencia de los Estados Unidos. El mismo mes, el 5 de febrero, Colin Powell compareció ante el Consejo de Seguridad de la Naciones Unidas para presentar el caso en nombre de América de que Sadam había incumplido la Resolución 1441.
Los franceses recibieron sus argumentos fríamente e insistieron en que las inspecciones estaban en marcha y continuarían. Desde el 14 de febrero, cuando los Estados Unidos pidieron una segunda resolución autorizando el uso de la fuerza contra Iraq, hasta el 14 de marzo, cuando los Estados Unidos se dieron cuenta de que no se emitiría, Chirac y Villepin pronunciaron discursos ante el Consejo de Seguridad contra la guerra y contra el unilateralismo americano y declararon en entrevistas que los inspectores estaban teniendo éxito. Sus actuaciones pudieran haber hinchado el orgullo de Francia; seguro que también hubieran alegrado al propio Sadam.

El 9 de marzo, Villepin pronunció un apasionado discurso ante el Consejo de Seguridad, delineando su propuesta para aumentar la autoridad y efectividad de los inspectores de armas. “Y digo esto en nombre de nuestra amistad hacia el pueblo americano” dijo, “en el nombre de nuestros valores comunes: libertad, justicia, tolerancia”. Francia le estaba proponiendo al pueblo americano llevar hasta Sadam Husein los valores comunes de libertad, justicia y tolerancia, virtudes que él había desterrado de su propio país desde hacía décadas.

Era un desafío absurdo y algo que no tuvo repercusión en el pueblo americano: los sondeos mostraban que una aplastante mayoría apoyaba a la decisión de la administración Bush para derrocar a Sadam.
Pero Villepin lo hizo bien en las tribunas de París, sin mencionar las de Berlín, Roma, El Cairo, Damasco y Gaza.
Los franceses estaban especialmente orgullosos de sus guerreros anti guerra.

El Journal du Dimanche proclamaba que “Francia había hablado, resistido, propuesto la ley y su voz había sido oída”. ”La arrogancia de muchas personas de la administración Bush, particularmente el Secretario de Defensa Donald Rumsfeld, había agitado sin duda una actitud de desafío entre los académicos franceses, que condujeron el debate en Francia”, según informó Pierre Taminiaux, un profesor asociado de francés en la Georgetown University. “Tanto la izquierda como la derecha francesa están unidas en su repugnancia hacia el hábito de la administración Bush de dar zancadas a nivel mundial sin la más mínima humildad”.

Los americanos que escucharon tales comentarios sólo pudieron parpadear sin acabar de creérselo. En el núcleo de la posición francesa estaba la noción de que el mundo podría confiar que Sadam Husein se desarmaría.

El Primer Ministro Raffarin declaró: “Como Dominique de Villepin dijo, tomémosle la palabra a Iraq”. Los franceses rechazaron los temores americanos sobre un malevolente régimen iraquí que planeaba complots contra los Estados Unidos. “Nosotros podríamos haber desarmado a Iraq de otra manera”, Raffarin insistía, aunque se mostraba desconcertado cuando se le presionaba para que dijera como se podría lograr, considerando el fracaso de doce años de coerción pacífica.
La visón francesa, aparentemente, era simple siempre y cuando se conservase el régimen de Sadam, la misión de los inspectores estaba funcionando.

En su informe “Carta desde París”, Douglas Davis de The Jerusalem Post observó: “Animado por la gran popularidad que le dio su mensaje en Francia, Chirac debe estar satisfecho por los sondeos del día anterior a la Guerra que decían que no solo una aplastante mayoría se oponía a la guerra, sino que un tercio de la opinión francesa tenía la esperanza de que Sadam obtuviera la victoria”.

Para el 20 de marzo, el día después del primer bombardeo de Bagdad, los sondeos de opinión mostraban que el
92% apoyaban a Chirac y a Villepin. Significativamente, el
62% decía que también creían que la posición de Francia a nivel mundial había mejorado como resultado de su posición en la crisis.
Entre los franceses, casi la mitad de los encuestados decía que creían que el principal objetivo de la guerra liderado por los USA era para controlar los campos petrolíferos iraquíes.
Otro 17% decía que Washington buscaba imponer su dominación en Oriente Medio.
Solo un 3% decía que pensaban que el objetivo era desarmar a Iraq de armas de destrucción masiva, uno de los múltiples justificaciones para la guerra.

Entrevistado por el diario francés Le Figaro el 24 de febrero, a Villepin se le preguntó: “¿Está usted preocupado por parecer que defiende a Sadam Husein?”. Totalmente no, respondió Villepin. “Estamos adheridos con decisión y responsablemente a los objetivos expuestos por las Naciones Unidas. Debemos saber cómo conseguir nuestros objetivos. Con las mejores de las intenciones, nos podríamos ver envueltos en objetivos contrarios a aquellos que buscamos. Una acción prematura, especialmente una operación militar supondría un peligro de desestabilización y un reavivamiento del terrorismo”. EL entrevistador no preguntó si Villepin realmente creía que un reavivamiento del terrorismo no estaba ya en marcha.
Un conflicto militar así, según decía Villepin, “correría el riesgo de agravar ciertos conflictos y por eso, al final, traer desunión a la comunidad internacional y traer la incertidumbre al mundo.

Nos encontraríamos en una situación donde el concepto de desarrollo de un modelo para futuras acciones a través de lo que estamos haciendo con las inspecciones sería destruido”. Aparentemente, Villepin tenía la esperanza de que el modelo de inspección de armas, un desastre inefectivo cuando era aplicado a Sadam, se pudiera extender también, a otras naciones gamberras. Pero no parecía que realmente importara a los franceses llevar a tales estados gamberros ante la justicia. Sus líderes parecían estar más preocupados por estorbar los planes de los americanos para la guerra.

“¿Es el propósito de la segunda resolución de la que se está tratando sancionar el fracaso de los inspecciones, cuando estamos viendo que están progresando, o es su propósito el obtener el apoyo de la comunidad internacional para un guión que parece haber sido escrito con antelación?”, Villepin preguntaba retóricamente. “Van a ser aplastados. Estamos en el comienzo de una guerra de cien años”, declaraba furiosamente Jacques Myard, un miembro del gobierno de Chirac, en un ataque de cólera dirigida contra los Estados Unidos.

Si los americanos no estaban seguros sobre si los franceses iban a ejercer su derecho a veto en las Naciones Unidas para derrotar la segunda resolución que autorizara la guerra, solo tendrían que haber oído la entrevista al Presidente Chirac en la televisión francesa el 10 de marzo. “Repito: Francia se opondrá a la resolución. Para que una resolución se pueda adoptar, debe de haber una mayoría de 9 miembros. Esta resolución no tendrá una mayoría de nueve miembros”.

Colin Powell y el embajador de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas, John Negroponte, estaban trabajando duro para conseguir esos votos. Entonces, ¿por qué estaba Chirac tan seguro de que no tendrían éxito?. Porque Villepin estaba volando a todo el mundo para organizar la oposición internacional contra los Estados Unidos.
Tenía un potente argumento: si Francia estaba amenazando con usar su derecho al veto, ¿por qué otras naciones del Consejo de Seguridad sacarían pecho y se pondrían de parte de la impopular América? Respuesta: No lo harían. ”En otras palabras, ¿Francia no necesitaría usar su derecho a veto?”, le preguntó el periodista a Chirac. “Con estos supuestos, es exactamente cierto”, respondió Chirac. El periodista presionó a Chirac. “Alguien, incluyendo algunos miembros del partido en el gobierno, han dicho que [ejercer el derecho a veto] sería disparar una bala en la espalda de nuestros aliados…” ”No se deje influenciar por la polémica” replicó Chirac, apartándose tímidamente de una imagen tan potente como era la traición. “Repito: la guerra es siempre la peor solución”

Es fascinante darse cuenta de que la nueva visión que tenía Chirac sobre el papel de su nación en la política internacional nada tenía que ver con la de su legendario antecesor, el general Charles de Gaulle. Fue de Gaulle quien dijo de las Naciones Unidas, “No hay que decir que, bajo ningunas circunstancias, Francia aceptará que una colección de estados más o menos totalitarios, antiguos dictadores y nuevos estados inventados… le dicten la ley”. Esa era exactamente la colección de países que Villepin estaba organizando para que apoyaran a Francia y se opusieran a América.

Tirando a la basura la estricta norma de de Gaulle sobre las Naciones Unidas, la Francia de Chirac y Villepin, por el contrario, lanzaron fuerte corriente de declaraciones, discursos, pronunciamientos y documentos que insistían en que las Naciones Unidas eran el primer legislador mundial, esa acción, tomada sin el consentimiento de la ONU era ilegal en todos los casos y Francia, naturalmente, obedecería cualquier ley hecha por la ONU.

Era un momento histórico fascinante: George W. Bush permaneció firme en la posición de de Gaulle y el actual liderazgo francés contrario a la posición de de Gaulle.
Fue Bush quien siguió el principio de de Gaulle de que “ninguna colección de estados totalitarios y antiguos padrinos de dictadores y nuevos estados inventados” iban a dictarle la ley a los Estados Unidos. Y fue Chirac quien puso de rodillas a Francia ante esa variopinta colección de países y exigió a los Estados Unidos que hicieran lo mismo.

Los americanos vieron la pintada en la pared. El 14 de marzo, los Estados Unidos retiraron su propuesta para la segunda resolución; tres días después, el Presidente Bush lanzó un ultimátum que daba a Sadam Husein y a sus hijos Uday y Qusay 48 horas para salir de Iraq.

El 19 de marzo, casi en el momento en que se cumplía el plazo dado en el ultimátum, los Estados Unidos intentaron un ataque a la cabeza en Bagdad, bombardeando una instalación donde la CIA creía que Sadam estaba durmiendo. El edificio fue destruido, pero pareció que Sadam escapó vivo.

El 20 de marzo, siete horas y media después de que se lanzaran las primeras bombas, Francia denunció la “Guerra ilegítima y peligrosa”. Esa tarde, el primer ministro británico, Tony Blair, voló a Bruselas para cenar con Chirac.
Los dos líderes europeos, uno proamericano y otro antiamericano, intercambiaron opiniones. Esto pudo no parecer muy bien a ninguno de los dos. Chirac había roto la confianza con una alianza que había salvado a Francia dos veces de los alemanes y había mantenido lejos a los soviets durante cuatro décadas. Y Blair, cuya solidaridad, con Bush lo puso en un tremendo riesgo político, sin duda se dio cuenta de que la mitad de su población herviría por la cólera a causa de su decisión.

Chirac dijo en una declaración escrita que “justo al final, Francia, junto a otros muchos países, luchó por convencer que el necesario desarme de Iraq se obtendría por medios pacíficos”. Prometió que Francia continuaría trabajando “en el marco de las Naciones Unidas, el único entorno adecuado para construir la paz, en Iraq y en cualquier otro sitio”.

En los primeros días de la guerra, mientras que los aviones estaban bombardeando Bagdad y vehículos blindados se dirigían hacia la capital Iraquí, Villepin fue a Inglaterra para participar en una mesa redonda en un instituto de relaciones internacionales. A pesar de todo el debate de la preguerra en Gran Bretaña, una vez que los ingleses entraron en batalla, la población se puso resueltamente de parte de sus soldados.

Así, cuando se le preguntó a Villepin que quién creía él que iba a ganar en la guerra de Iraq, la coalición angloamericana o los iraquíes, cayó en la trampa. Irritado, trató de esquivar la respuesta, pero fue presionado por el periodista inglés. “No voy a contestar”, dijo, porque usted no ha puesto atención a lo que he dicho anteriormente. Presionado repetidamente para que dijera de qué parte estaba realmente, Villepin continuó evitando dar cualquier apoyo a la coalición de fuerzas angloamericanas.
“Naturalmente deseo que se encuentre un modo de acabar este conflicto con el menor número de víctimas posible”.

Cuando el enfado de Inglaterra y de América forzó a lanzar una serie de preguntas al día siguiente, ¿aseguró el portavoz del ministro a los americanos que eso fue un malentendido? Ciertamente no. “Estamos escandalizados por la presentación que se hizo de las palabras del ministro. Sus comentarios estaban totalmente desprovistos de ambigüedad”, dijo Francois Rivasseau, portavoz de Villepin. “No es aceptable en estas circunstancias que la posición de Francia sea deformada o mal presentada”. ¿En qué podría haber estado pensando Villepin para haber tenido esa cobarde evasión? La audiencia francesa por un lado.

En ese momento inicial del conflicto de Iraq, un tercio de la opinión pública francesa decía a los encuestadores que querían que ganara Iraq y que perdiera América . Los dos tercios restantes eran menos propensos a ponerse contra los americanos, pero se oponían a la guerra vehementemente.

El 9 de abril, después de 18 días en el campo de batalla, los tanques americanos entraron en Bagdad. “Francia, como todas las democracias, expresa su satisfacción por la caída de la dictadura de Sadam Husein y desea una rápida y efectiva finalización de los combates”, dijo la oficina del Presidente Chirac en una declaración escrita. “Es necesario ahora que se creen las condiciones que devuelvan al pueblo iraquí su dignidad y su recobrada libertad.” Villepin secundó el movimiento: “Juntos, ahora debemos de construir la paz en Iraq y para Francia eso significa que las Naciones Unidas deben jugar un papel central” declaró el ministro de exteriores el 10 de abril.

La corresponsal de la BBC Emma Jane Kirby, en París, el día de la caída de Bagdad, informó que “muchos franceses, que creían que esta era una guerra ilegal y debida a un calentón, se han quedado atónitos por la bienvenida que se les dio a las fuerzas americanas el miércoles”. Y confirmó que el gobierno de Chirac había recogido el fruto maduro como recompensa por su posición contra la guerra.

“El diario izquierdista Liberation dijo que Chirac se había convertido en el “rey de la paz sin corona”. Incluso los árabes estaban extasiados por los movimientos al filo del precipicio de Saladino Al-Chirac, por el modo tan minucioso con el que su gobierno deseó alienarse con sus aliados en nombre de la “paz”.

El columnista Amir Taheri citó a un alto funcionario egipcio justo antes de la caída de Bagdad: “No podemos entender a Chirac. Es un misterio el por qué quiere salvar a Sadam arruinando las relaciones con Washington y con Londres”. Según Taheri, muchos árabes vieron el comportamiento de Chirac como un “intento desesperado” por sostener a Sadam.

”Iraq también ha desenterrado un mundo de frustración europea por su propia impotencia mientras que el poder americano parecía desbordarse”, escribía Frederick Kempe en el Wall Street Journal después del primer fin de semana en el que las tropas americanas sufrieron significativas pérdidas. “Percibo entre muchos europeos el deseo de ver que América fracasa, incluso una presumida autosatisfación por los sangrientos contratiempos del fin de semana”.

Pero los líderes franceses y muchos de sus vecinos occidentales –Bélgica, Alemania y Luxemburgo entre ellos- tienen sus propias preocupaciones militares. El debate sobre la guerra de Iraq tomó color por una verdad deslumbrante: ninguna de las naciones desplegadas en oposición a los Estados Unidos tenían la más mínima capacidad militar para significar ninguna disuasión seria contra la coalición, cualquier apoyo que hubieran ofrecido no merecía la pena por barato que hubiese sido. Ellos estaban absolutamente fuera de juego.

A finales de abril, las naciones mencionadas antes se reunieron en una mini cumbre en Bélgica para dar la impresión de estar discutiendo sus capacidades defensivas y planes futuros. La “Cumbre de Praline” como fue llamada intencionadamente, fue un intento transparente para dar al primer ministro belga (que era el anfitrión de la cumbre) unos pocos segundos a nivel mundial. Pero construir cualquier fuerza militar significativa, incluso un ejercito pequeño de intervención rápida de unos 60.000 soldados, hubiera requerido pellizcar al estado del bienestar europeo, una amenaza que sin duda hubiera provocado cientos de miles de manifestantes que se hubieran reunido en los mítines y en las urnas para echar a los líderes que hubieran sugerido eso.

A pesar de la ambición francesa por dominar a los Estados Unidos de Europa, nadie se cree que ningún país europeo, o incluso los Estados Unidos de Europa, pudiera reunir el presupuesto para desafiar a los USA militarmente.
América gastó más en defensa que el resto de los países de la OTAN juntos, $322.000 millones en 2001, que se elevarán a $600.000 en un futuro inmediato, mientras que Francia y Alemania sólo llegaron recientemente a $59.000 millones, de cinco a diez veces menos que sus aliados de la otra parte del Atlántico.

Al final, Alemania, Francia, Bélgica y Luxemburgo evitaron la cuestión de formar una fuerza militar conjunta y decidieron en su lugar construir un nuevo cuartel general para la defensa europea al margen del cuartel general de la OTAN en Bruselas. Otro gran salón de madera pulimentada y lámparas destellantes, dispuesto para albergar el desfile de dignatarios europeos que acuden a encuentros y toman la decisión de reunirse en nuevas cumbres.

[De Hating America de John Gibson. Harper Collins Publishers.
Usado con permiso].

Turquia «genocidio armenio»

Tropas del Imperio Otomano
El domingo 25 de abril de 1915 un despacho telegráfico originado en Londres y fechado un día antes, es decir el sábado 24, informaba sobre hechos ocurridos en la ciudad de Tabriz, por aquel entonces en poder de los turcos.

Decía escuetamente: «La policía turca cumpliendo órdenes de las autoridades disparó contra los armenios haciendo una verdadera matanza entre ellos». Por aquellos tiempos no existía la televisión y mucho menos Internet. El mundo vivía aislado y la noticia pasó prácticamente inadvertida en la prensa de Occidente.

Nadie sospechaba que con los hechos de Tabriz se iniciaba, aquel 24 de abril de 1915, una de las más crueles matanzas que registra la historia de la humanidad y la primera ocurrida en el siglo XX: el exterminio, entre los años 1915 y 1923, de 1.500.000 armenios, incluyendo ancianos y niños desprotegidos.

La historia de la humanidad registra innumerables casos de matanzas de seres humanos ocurridos en guerras, en violencias de origen étnico o religioso, en odios raciales o en luchas por el poder.
En definitiva, la historia del hombre desde sus orígenes es una sumatoria de actos de crueldad.

Pero el caso armenio es, más allá del horror que produce la muerte de un millón y medio de seres humanos, un hecho que -a casi nueve décadas de ocurrido- despierta muchos interrogantes.

¿Por qué motivo el genocidio armenio es ignorado por la comunidad internacional?
¿Por qué no se recuerda tamaña monstruosidad con la misma fuerza como se rememora, por ejemplo, la Shoa?
El genocidio armenio no pertenece a la historia de nuestros antepasados remotos. Ocurrió en nuestro tiempo.

Algún sobreviviente queda de la tragedia y, desde ya, hijos y nietos de las víctimas. Aunque parezca mentira en 1985 una comisión de las Naciones Unidas aceptó calificar el caso armenio como el de un genocidio.

El Parlamento francés fue el primer organismo representante de un país europeo importante que reconoció la existencia del «genocidio armenio» y lo aprobó ¡el 18 de enero de 2001! Pero el gobierno francés relativizó el pronunciamiento de sus diputados y llamó a la «prudencia».

La cautela del Ejecutivo ante la sanción del Parlamento tiene una explicación: Ankara amenazó con interrumpir el comercio con París que sumaba 2.700 millones de dólares por año. Quizás en los lazos económicos y de intereses comerciales que unen a Turquía con los países del Primer Mundo se explique el porqué del ocultamiento de la tragedia armenia.

Turquía nunca reconoció la matanza y ejerció toda su influencia cada vez que el tema fue tratado en los foros internacionales. Y lo que la comunidad internacional le reclama a Turquía es que admita que hubo un genocidio y que asuma su responsabilidad.

El Tribunal Permanente de los Pueblos, reunido en París en abril de 1984, aprobó una resolución que expresaba que «el genocidio de los armenios es un crimen internacional del cual el Estado turco debe asumir su responsabilidad».
Para ellos los asesinatos no fueron tales.
Desaparecieron y no existieron».

El genocidio armenio existió y se sabe quiénes fueron los responsables. Pero los responsables no lo reconocen y mucho menos se muestran dispuestos a pedir perdón, no admite, ni siquiera, haber cometido el crimen, es más, cree que fue un acto justificado por la historia.

No a la entrada de Turquia en la CE, mientras Turquia no reconozca el genocidio armenio.

Pocos historiadores ponen en duda la veracidad del Genocidio Armenio

El actual gobierno turco niega a los cuatro vientos que haya sido un Genocidio y presiona a Estados Unidos para que no lo haga.

La pregunta es por que?

Intuyo, comparándolo con el Genocidio ocasionado por los Nazis, que si es reconocido por toda la comunidad internacional Turquía debería recompensar al pueblo Armenio. Esa recompensa o indemnización probablemente sea de cientos de millones de euros.

Cuando uno no encuentra explicación a ciertas actitudes políticas es saludable apelar a viejos conceptos como el de "Materialismo Histórico".

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LAS ARMAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA

Son muchos los ciudadanos que con toda cognición se preguntan por las armas de destrucción masiva, no es de extrañar que muchos se sientan traicionados, ante la infructuosa búsqueda por parte de los inspectores de la ONU. Lo cierto es que las armas inexplicablemente nunca han aparecido, pero mas cierto es que las armas existían, con el agravante que los autores de armar al tirano Saddam, han sido (para vergüenza nuestra) los propios países occidentales.

Lo que nos preguntamos una parte de los ciudadanos convencidos que las armas estaban en poder de Saddam, es que ha sucedido, y sobre todo que peligrosos motivos existen para el mundo occidental cuando nuestros gobernantes han preferido aceptar la ausencia de las armas, y ser juzgados como auténticos farsantes, mintiéndonos premeditadamente al aceptar la ausencia de armas. Lo alarmante es que ha sucedido con las armas y donde se encuentran, esperemos que no nos llegue el día, que sean utilizadas con fines maquiavélicos, sembrando el terror en nuestra civilización, la civilización occidental infiel, y odiada por los terroristas.¿Alguien puede afirmar que sin la guerra estaríamos más seguros?

ARMAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA

Pero si hay armas que quedan en la memoria de los sufridores súbditos de su majestad Saddam, armas que occidente no ignora, pero sin el mas mínimo escrúpulo ha encubierto, como lo ocurrido con el informe de 12000 páginas presentado en diciembre de 2002 por Irak al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).Al llegar el informe al edificio de las Naciones Unidas en Nueva York, en lugar de ser entregado al Secretario General como correspondía, fue secuestrado - con el asentimiento del presidente colombiano del Consejo de Seguridad- por funcionarios estadounidenses, quienes adujeron que estaban mejor equipados que la Secretaría de la ONU para hacer las fotocopias).Antes de entregar copias a los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad, el informe fue "depurado" (¿por quién?) de algunas partes, con el pretexto de que la difusión de las mismas podía violar el Tratado de no proliferación nuclear.

En el momento del insólito secuestro del informe de Irak por funcionarios estadounidenses trascendió que el informe de Irak fue "depurado" de las partes que indicaban quienes proveyeron de armas y otros materiales "sensibles" a Irak: empresas de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Alemania, Rusia y China, entre otras. ES DECIR EMPRESAS DE TODOS LOS ESTADOS MIEMBROS PERMANENTES DEL CONSEJO DE SEGURIDAD, y de algunos otros Estados INCLUIDOS LOS FALSOS PACIFISTAS. Los diarios Tageszeitung de Alemania y The Independent de Gran Bretaña, publicaron el 18 de diciembre de 2002 extensas listas de las empresas involucradas en el comercio de armas con Irak, que figuraban en la parte censurada del informe.

El informe probablemente llegó íntegro a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, si los funcionarios estadounidenses no procedieron a una primera " depuración " cuando secuestraron el documento y llegó mutilado a los otros diez miembros del Consejo.
Los miembros permanentes tienen los privilegios y las prerrogativas conocidas pero no la de tener acceso exclusivo a la documentación completa sobre cuya base el Consejo de Seguridad tiene que adoptar decisiones con el voto TAMBIÉN de los miembros no permanentes.Que sepamos, ningún Estado denunció ni protestó por la censura del informe, realizada con la finalidad evidente de ENCUBRIR A QUIENES PROVEYERON DE ARMAS AL RÉGIMEN DE SADDAM HUSSEIN, INCLUYENDO PRODUCTOS DESTINADOS A LA FABRICACIÓN DE GASES ASFIXIANTES.No debe sorprender entonces el silencio de las grandes potencias cuando Saddam Hussein hizo gasear a 5000 kurdos en Hallabjah en octubre de 1988.
En mayo de 2003 Amnesty International publicó un informe de 73 páginas titulado " Catálogo de fracasos: Exportaciones de armas del G8 y violaciones de derechos humanos " (AI INDEX: IOR 30/003/2003, 19 Mayo 2003).
La parte referida a Irak se titula " ¿Quién armó a Irak? " y, entre otras cosas dice:
"A la sombra de los masivos preparativos militares encabezados por Estados Unidos contra Irak de finales de 2002 y principios de 2003, surgieron pruebas de que todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, así como varios Estados de Europa Oriental, habían suministrado armas y material afín al gobierno de Irak...

"Antes de la Guerra del Golfo de 1991, al menos 20 países fueron acusados de estar implicados en el desarrollo de la base tecnológica de diferentes programas de armas iraquíes, y concretamente del programa de armas químicas. (Cordesman, A. H., Weapons of Mass Destruction in the Middle East (Brassey’s: Londres, 1991), pp. 64-65). En diciembre de 2002, el gobierno iraquí entregó a la ONU un expediente de 12.000 páginas en el que figuraban los nombres de empresas británicas, francesas, rusas, estadounidenses y chinas como proveedores de tecnología armamentística a Irak....

Paises Implicados en la venta de armas

Diecisiete empresas británicas citadas como proveedores a Irak de tecnología armamentística nuclear, biológica, química, de mísiles y convencional serán sometidas a investigación y podrían ser enjuiciadas. Según el expediente, 24 firmas estadounidenses vendieron a Irak armas que incluían tecnología nuclear y de mísiles, y alrededor de "50 subsidiarias de empresas extranjeras hicieron sus negocios de armas con Irak desde Estados Unidos". Alemania aparecía como el mayor socio de Irak en el comercio de armas, con 80 empresas que vendieron tecnología armamentística a este país. Aunque la mayor parte del comercio finalizó en 1991, con el estallido de la Guerra del Golfo, Rusia, China y, según los informes, Portugal, vendieron armas a Irak después de 1991, contraviniendo las resoluciones de la ONU. ("Revealed: 17 British Firms Armed Saddam with his Weapons", The Sunday Herald, 23 de febrero de 2003; "Portugal sold arms to Iraq in violation of UN embargo: report", Agence France Presse, 27 de febrero de 2003). Según los informes, la ONU afirmó que la divulgación de los nombres de las empresas sería contraproducente...

"En agosto de 1991, los inspectores de armas de la UNSCOM (órgano de la ONU) elaboraron una lista de empresas que habían proporcionado tecnología a los programas de armas químicas y biológicas de Irak. La lista no se hizo pública, pero los gobiernos pueden obtener información sobre la implicación de las empresas de su país mediante una solicitud especial a la ONU. ("Made in the USA", LA Weekly, 21-27 de marzo de 2003. Los gobiernos de Alemania, Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Rusia y China deben divulgar la lista de empresas que suministraron tecnología a los programas de armas químicas, biológicas y de otra índole de Irak).

Algunas empresas alemanas han sido sometidas a investigaciones penales por presunta infracción del embargo de armas contra Irak. El Reino Unido y Estados Unidos han sido acusados de apoyar el programa de armas químicas y biológicas de Irak mediante la venta de productos químicos y de tecnología.
"Las empresas británicas vendieron miles de kilos de ingredientes básicos de gas nervioso y de gas mostaza a Irak e Irán el año pasado, confirmó ayer el Ministerio de Comercio [...] Las cifras del Ministerio muestran que se han exportado a Irak 2.000 kilos de difluoruro de metilfosfonilo. Este es el ingrediente básico del gas nervioso sarín [...] Empresas británicas vendieron asimismo 38.000 kilos de metilfosfonato de dimetilo y otros ingredientes del sarín a Irak." (Andrew Beitch, The Guardian, 6 de abril de 1984)....
"Se calcula que cuatro años después de la publicación de este artículo, en marzo de 1988, 5.000 personas fueron asesinadas deliberadamente y miles resultaron heridas como consecuencia de los ataques con armas químicas realizados por las fuerzas iraquíes contra la ciudad de Halabja, en el norte de Irak. La mayoría de las víctimas eran civiles, muchas de ellas mujeres y niños".

Por Alejandro TeitelbaumAbogado, diplomado en Relaciones Económicas Internacionales en París. Representante de la Asociación Americana de Juristas ante las Naciones Unidas.

Los amigos franceses de Saddam

“La resistencia iraquí persiste frente a la coalición” titulaba el diario Le Monde horas después de haber sido detenido Sadam Husein. El tono general de los medios franceses, tanto escritos como audiovisuales, ha sido semejante. No podía ser distinto, porque en Francia Sadam tenía y probablemente sigue teniendo muchos amigos, algunos de ellos relevantes y casi todos en la derecha gobernante o en la extrema derecha montaraz.

Por orden de antigüedad, el actual presidente de la República, Jacques Chirac, se lleva la palma. Fue Chirac quien en los momentos más gloriosos del “rais” iraquí le proporcionó creditos y tecnología para, por ejemplo, financiar y construir el reactor atómico “Ossirak” –que después los cazas israelíes destruyeron en evitación de males peores: nadie se lo agradeció en Occidente– o para aumentar su aviación de combate con Mirages de diversa talla, missiles anti-misiles, componentes para la industria militar química y todo tipo de pertrechos y recambios.

Mientras fue uno de nuestros principales clientes, lo tratamos como un amigo del alma: “ya está bien de hipocresía”, acaba de declarar Yves Bonnet, ex jefe de la “Piscina”, los servicios secretos galos. Bonnet viajó muchas veces a Bagdad con mensajes y regalos de sus amigos franceses para el sátrapa. Chirac fue también huésped de Sadam en varias ocasiones. Y éste devolvía las visitas asistiendo puntualmente al Salón Aéreo de Le Bourget, de compras: cazas, bombarderos, cohetes, sistemas de detección. helicópteros de combate. Apenas unos cuantos cientos de millones de dólares para cuidar a las amistades.

Otro amigo de Sadam era –y sigue siéndolo– Jean Marie Le Pen, el “duce” del neofascismo francés, dirigente máximo del Frente Nacional. En las dos guerras de Irak este individuo –que consideró apenas “un detalle” el holocausto de Hitler–, defendió el régimen “patriótico” (sic) de Sadam contra el imperialismo americano. Como muchos amigos españoles de la dictadura iraquí. Por cierto ¿dónde se han metido estos días? Ya saldrán.

Pero la fraterna amistad de Le Pen no llegó a la camaradería de Chirac. Cuando alguien reprochó recientemente a Marina, la hija –y presunta heredera del lider fascista– las amistades peligrosas de su padre, ésta respondió: nosotros (el Frente Nacional) nunca hermanamos a nuestro partido con el Baaz de Sadam ni invitamos a sus representantes anuestros Congresos. El RPR (el partido “gaullista” de Chirac), sí lo hizo. Y en variasocasiones.

La larga cofradía de los amigos de Sadam en Francia no concluye desde luego con el señor presidente. Pasqua (ex ministro del Interior), el diputado Marchiani (viajó a Bagdad días antes de iniciarse la guerra para, supuestamente evitarla) y varios otros dirigentes de la UMP (Unión de la Mayoría presidencial) así como el siempre pintoresco “repoublicano” (fue marxista-leninista, guevarista, socialdemócrata y,. ahora..”patriota) Jean Pierre Chevenement, forma parte de los amigos seguros del reciçen atrapado dictador. A fuer de sincero en el lobby iraquí había pocos socialistas: Mitterrand odiaba al sátrapa y le temía: nunca quiso nada con él, prefería a los ayatollahs iraníes.

Con tales padrinos y amistades no es de extrañar que el progresista “Le Monde” haga mohines cuando se anuncia el “despiojamiento” de Sadam en su escondrijo. Estos chicos siempre abrazando causas honorables.

Por Alberto Miguez.

La Gran Fiesta en Oriente Medio.

“El mito de América fue destruido junto con el World Trade Center”.

En Estocolmo, la gente estuvo en pie a las puertas de la Embajada de los Estados Unidos con las largas velas encendidas para expresar su dolor.
En Berlín, colocaron flores en la Embajada.
En el parlamento de Austria hondeaba una bandera negra."¡Todos somos Americanos!" reza el editorial del diario Le Monde no usualmente a favor de América.

Un periódico de Kenya recordó el atentado de Usama bin Ladin en ese país hace tres años y aseveró que "pocas naciones entenderán el pesar de América tan profundamente como la nación de Kenya". "Siento que mi corazón se rompe cuando lo veo en la televisión", dijo un Chino.

Y así fue por todo el mundo, mientras llegaban las noticias de los catastróficos acontecimientos al Este los Estados Unidos.
Los pueblos y gobiernos en la mayoría de lugares respondieron con la pena y la humanidad que uno esperaría en tal momento.

Hubo, sin embargo, una excepción importante y visible a esta solemnidad, y ésa estaba en Oriente Medio, en donde los acontecimientos del día incitaron una fiesta gigante.
"Estamos clavados", dijo un libanés.
"En blanco" comentaban los conductores egipcios de taxi mientras que miraban un reestreno del derrumbamiento del World Trade Center.
"Es hora de pagar" dijo uno de El Cairo.
Otros egipcios expresaron un deseo para George W. Bush hubiera sido enterrado en los edificios o manifestaron que éste era su momento más feliz desde la guerra de 1973.

Y así circundó la región. En El Líbano y el West Bank, los Palestinos dispararon sus armas al aire, una manera común de mostrar estar complacidos.
En Jordania, los Palestinos repartieron dulces en otra expresión de alegría.
Incluso fuera de Oriente Medio, bastantes Musulmanes dijeron que los Estados Unidos habían conseguido lo que se merecían. Los diarios Nigerianos divulgaron que la Islamic Youth Organisation en la provincia de Zamfara organizó un acto para celebrar los atentados. "Cualquier destrucción a la América esté haciendo frente, me hace feliz como Musulmán", rezaba una cita típica de Afganistán.
Un líder Paquistaní dijo que Washington estaba pagando sus políticas contra los Palestinos, Iraquíes, Bosnios, y otros Musulmanes, avisando después que "lo peor está todavía por venir".

Con seguridad, la mayoría de los gobiernos se comportaron de la mejor manera posible, rechazando esto y llorando por eso. Pero incluso aquí, había grietas.
En Siria, el mensaje de condolencia vino de una "fuente de información oficial anónima" más que (como es normalmente el caso) de. Presidente Bashshar al-Asad.
En Irán, el más suave de los análisis de los diarios retrató los aviones chocando como "El precio de América por su ayuda oculta al régimen Sionista".
El peor de ellos acusa a Israel de orquestar los atentados en realidad, en un supuesto intento de desviar la atención de la opinión mundial de su propio conflicto con los Palestinos.

Y después está Iraq donde los medios de comunicación controlados por el estado animaron a la violencia, comentando con satisfacción que "los vaqueros americanos están cosechando los frutos de sus crímenes contra la humanidad".

También anunció, con placer nada disimulado, que "el mito de América fue destruido junto con el World Trade Center".¿Porqué esta pegajosa rabia contra Occidente, y contra los Estados Unidos en concreto?. Porque dos ideologías extremistas mantienen un nexo en gran parte de Oriente Medio e incluso más allá.

Nacionalismo Palestino. Retratado a menudo como el poseedor de una meta relativamente benigna de crear un estado Palestino al costado de Israel, tiene realmente el bastante más virulento de destruir a Israel y de sustituirlo por un estado Palestino que se extienda "desde el río hasta el mar". La ondulante fuerza de Israel había apisonado el agarre de esta ideología de Palestinos y otros oradores árabes.

Se presentó con nuevas energías gracias al proceso de Oslo, que hizo que Israel pareciese debilitado y desmoralizado. En consecuencia, incluso la suave aprobación Americana de las políticas Israelíes hacia la violencia Palestina durante el último año ha engendrado una rara furia contra el gobierno de Estados Unidos, el pueblo Americano, y todo sus trabajo.

El placer ante muertes Americanas es el resultado natural.Islamismo. Éste es el cuerpo de ideas que toma la religión de Islam y le da base de ideología utópica radical junto a las líneas del fascismo y del Marxismo-Leninista.

Tiene ambiciones para sustituir al capitalismo y al liberalismo como el sistema reinante del mundo. El Islamismo es el responsable del odio anti-Americano que supura de lugares alejados del conflicto Árabe-Israelí, como Nigeria o Afganistán. Los que se adhieren a esta perspectiva no son, como era de esperar, conscientes de su agresividad sino que se ven rodeados por Occidente.
Por todo el mundo, los Islamistas se sienten intimidados por un Occidente arrogante e imperialista. En las palabras de un Egipcio, los americanos "nos tienen en la garganta".

Los Islamistas separan entre una larga lista de países - Argelia, Turquía, Egipto, y Malasia son los ejemplos principales - donde creen que los gobernantes locales Musulmanes hacen los negocios sucios con Occidente para suprimir su movimiento.
También tienen otra lista - Kachemira, Afganistán, y Sudán cotizan alto aquí - donde ven que Occidente suprime los mejores esfuerzos Islamistas para establecer una sociedad justa.

Cuandoquiera que los Musulmanes se mueven hacia un Estado Islámico emergente, explica un Islamista, "las traidoras manos del Occidente secular están siempre metidas en el mundo Musulmán para traer la derrota de las fuerzas Islámicas".
La solución descansa fundamentalmente sobre cambiar la naturaleza de los Estados Unidos, de modo que llegue a ser comprensiva con tales esfuerzos Islamistas.

Vale la pena observar que mientras los nacionalistas Palestinos y los Islamistas comparten un odio a todo lo Americano, sus metas son diferentes: los anteriores aspiran simplemente a un cambio en la política exterior del país, mientras que los últimos buscan cambiar la naturaleza misma del país. En el ínterior, sin embargo, ambos se complacen indecentemente del sufrimiento Americano.

Que los nacionalistas Palestinos y los islamistas hayan revelado de modo tan crudo su enemistad a los Estados Unidos da prueba clara de sus actitudes e intenciones.
Esto tiene un significado político obvia para los Occidentales: dignifica que sabemos quiénes son algunos de nuestros enemigos más devotos.

Los gobiernos Occidentales se habían engañado durante años con la idea de que podrían apaciguar a estos movimientos extremistas o sencillamente ignorarlos. Por lo menos ahora, tras tantos miles de vidas perdidas, sabemos lo amarga que es una mentira.

Por Daniel Pipes

Europa superpotencia moral

Europa se equivoca en la elección de sus adversarios

Mientras el anti-americanismo crece en Europa con sus raíces de culpabilidad, vergüenza y antisemitismo y que son fácilmente olvidadas, el rol de Estados Unidos permite a Europa los lujos de la paz y la diplomacia.

El anti-semitismo, anti-sionismo y anti-americanismo se han transformado en un enlace fanático hoy día en Europa. Esto surge de una especie de ceguera combinada con una extraña mezcla de alienación, culpabilidad y temor hacia ambos: Israel y Estados Unidos.

Millones de europeos se resisten a mirar a Israel como un país que está luchando por su supervivencia. Israel no puede soportar una guerra mayor ya que esto podría significar el fin del Estado Judío. Pero una enorme cantidad de europeos creen que en algo los israelíes están fundamentalmente equivocados: ellos nunca se comprometen, ellos prefieren soluciones de tipo militar para resolver problemas políticos.

Algo similar está detrás de la actitud europea hacia los Estados Unidos. Miren a Europa, dicen muchos europeos, nosotros hemos erradicado las guerras, el nacionalismo peligroso y las dictaduras; hemos logrado la pacificación de la Unión Europea; no hacemos la guerra, nosotros negociamos. No distraemos recursos en armamentos. El resto del planeta debería aprender de nosotros sin aterrorizarnos unos a otros.

Como sueco, en toda mi vida no he escuchado un pacifismo tan jactancioso: que Suecia, neutral, es una superpotencia moral. Ahora esta fanfarronada se ha vuelto una ideología europea. Nosotros somos un continente moral. A esto se le llama la "suequización" europea.

Sí, hoy Europa es un milagro para el continente donde dos grandes movimientos totalitarios -comunismo y nazismo-, han arrojado ríos de sangre.
Lo que Europa olvida es como aquellas ideologías fueron vencidas. Sin el ejército de los Estados Unidos, Europa no hubiera sido liberada en 1945.
Sin el Plan Marshall y la NATO, no hubieran podido resurgir económicamente.
Sin la política de contención bajo el paraguas de seguridad americano, el Ejército Rojo hubiera acabado con el sueño de libertad en Europa del Este, o hubiera traído la unidad europea bajo una bandera con estrellas rojas.

Los europeos del Oeste, también olvidan que algunas áreas del mundo, jamás han conocido la libertad. En muchos lugares, las cámaras de tortura son las reglas de juego, no los grotescos y vergonzosos errores de tropas enfermas de supervisión. Cualquier intento en esta clase de lugares de ir y comportarse en forma europea y negociar, sin el poder militar que se emplea para ejercer la diplomacia, sería patético.

En lugar de apoyar a aquellos que combaten el terrrorismo internacional, muchos europeos tratan de culpar , por la expansión del terrorismo , a Estados Unidos e Israel. Esta es una nueva ilusión europea. La España de nuestros días, apacigua a la Munich que surge de sus pensamientos.

Qué hubiera sucedido si España y Europa como un todo, hubieran reaccionado de un modo diferente a los atentados de Abril a los trenes de Madrid diciendo:"nosotros prometemos que a causa de esta matanza, redoblaremos los esfuerzos de estabilización en Iraq enviando nuevamente, muchas tropas, expertos, ingenieros, maestros, doctores y billones de euros para apoyar a las fuerzas aliadas y sus colaboradores iraquíes. El "triunfo terrorista" hubiera sido transformado en "triunfo de la guerra contra el terror".

Las imagenes que muchos europeos poseen de América e Israel, crean un clima político por alguna especie de horrible prejuicio. Ustedes tienen el Gran Satán y el Pequeño Satán. "América quiere dominar el mundo"-exactamente el argumento retórico antisemita hecho acerca de los judíos. En realidad, la retórica del moderno antisemitismo, pinta al objetivo de Israel como la dominación de Medio Oriente. Semejantes ideas se reflejan en la opinión pública, en la cual los europeos sostienen que Estados Unidos e Israel, son los verdaderos peligros para la paz del mundo.

El escritor británico Ian Buruma, sostiene que la furia de los europeos contra Estados Unidos e Israel, tiene que ver con la culpa y el temor. Las dos guerras mundiales , condujeron a tal catastrófica carnicería, que "nunca más" fue interpretado como "bienestar en casa, no intervención extranjera". El problema con este concepto , es que solamente podría sobrevivir bajo la protección del poderío americano.

El extremo antiamericanismo y antisionismo, están actualmente fusionados. El así llamado poster de paz :"Hitler tuvo dos hijos, Bush y Sharon", se mostró en carreras antibélicas europeas;combina una trivialidad de nazismo con demonización de ambas:las víctimas del nazismo y aquellas que vencieron al nazismo.

Mucho de esto proviene del subconciente culpable europeo relativo al Holocausto. Ahora las víctimas del Holocausto y sus hijos y nietos están haciendo supuestamente a los otros , lo que les hicieron a ellos. Para equilibrar víctimas y victimarios, nosotros nos lavamos la manos.

Este modelo de antiamericanismo y antisionismo, regresa una y otra vez:"el asqueroso israelí", "el asqueroso americano", parecen ser de la misma familia. "El asqueroso judío" se transforma en la parte instrumental de esta difamación cuando los así llamados neoconservadores son culpados por el militarismo americano y la brutalidad israelí y luego selectivamente nombrados: Wolfowitz, Perle, Abrams, Kristol, etc. Esta es una nueva versión del viejo mito de que los judíos dominan los Estados Unidos.

A comienzos de este año, el editor de Die Zeif, ha resaltado en esa edición, que como los judíos, los americanos son arrogantes y egoístas; que como los judíos, son esclavos de la religión fundamentalista que los vuelve santurrones y peligrosos. Como los judíos, los americanos son capitalistas "arrancadores" de dinero y por quienes el dinero efectivo tiene tan alto precio. "Los americanos e Israel son los intrusos, y como los judíos han estado siempre estorbando en el siglo 21", dice Joffe.

Los vínculos entre el antisemitismo, antisionismo y y antiamericanismo, son todos muy reales. A menos que los líderes de Europa condenen esto en forma conjunta, esa profana triple alianza envenenará las políticas del Medio Oriente como así también las relaciones transatlánticas.

Por Per Ahlmark de "The Australian"

El fin de 'Londonistán'



El minarete de una mezquita sobresale entre las las chimeneas de las casas de un barrio de Leeds (Inglaterra).

El 5 de agosto de 2005, Tony Blair anunció una serie de medidas antiterroristas que representan un cambio radical de la estrategia británica respecto al movimiento islamista, puesto en evidencia tras los atentados del 7 y el 21 de julio.

La política de Londonistán -el asilo político concedido a los ideólogos islamistas radicales a cambio de convertir el Reino Unido en santuario- ha quedado definitivamente enterrada: Omar Bakri, el extravagante sirio fundador del grupúsculo Al Muhayirun, aficionado a ensalzar a Osama bin Laden y los "219 magníficos" -los terroristas del 11 de septiembre-, se fue a Líbano, después de dos décadas en Inglaterra, para pasar unas vacaciones rápidamente convertidas en destierro por el ministro de Interior británico.

Otro espantapájaros de la prensa sensacionalista, el egipcio Abu Hamza, nacionalizado británico, está en la cárcel, a la espera de que puedan acabar arrebatándole su ciudadanía y le extraditen a Estados Unidos.

El jordano-palestino Abu Qatada, al que los británicos consideran "el embajador de Al Qaeda en Europa", se encuentra preso y aguarda una extradición a Jordania que todavía no es más que hipotética debido a las numerosas vías de recurso jurídico posibles, como se ha podido ver en el caso de Rachid Ramda, un ciudadano argelino cuya extradición reclama en vano París desde hace 10 años para interrogarle sobre su intervención en los atentados de 1995, y que Blair calificó de caso "completamente inaceptable" al hablar de la necesidad de "cambiar las reglas del juego".

Las medidas anunciadas son, entre otras, la expulsión por decreto de los predicadores que alteren el orden público (como en Francia o España), la criminalización de la apología del terrorismo, el cierre de los lugares de oración en los que "se fomente el extremismo" y una política de integración voluntarista, que sustituya al generoso laissez-faire reinante hasta ahora.

Todo ello ha suscitado un gran sobresalto en los medios liberales británicos, que han denunciado unas maneras militaristas y unas medidas liberticidas. Sin embargo, más allá de la polémica y el efecto publicitario, destinado a tranquilizar a una opinión pública que vive traumatizada por la perspectiva de un tercer atentado, el abandono de la política de Londonistán suscita interrogantes más profundos y complejos sobre el modelo de sociedad multiculturalista, que el Reino Unido simbolizaba en Europa junto con los Países Bajos (donde se puso en tela de juicio tras el asesinato del realizador Theo van Gogh, apuñalado por un joven islamista de origen marroquí en otoño de 2004).

Londonistán representaba la punta del iceberg multiculturalista, hasta el punto de haberse convertido en su caricatura. Suponía que, al ofrecer asilo a los ideólogos extremistas, éstos ejercerían una influencia favorable sobre la juventud tentada por el islamismo radical y la violencia y le disuadirían de actuar contra un Estado y una sociedad que habían permitido resplandecer a los Abu Hamza, Abu Qatada y Omar Bakri.

Es cierto que, durante un decenio, Gran Bretaña estuvo a salvo, pero a cambio de quitar importancia al discurso radical, que se consideraba lícito siempre que no se tradujera en violencia y entre cuyos elementos estaban la falta completa de identificación de los jóvenes -pese a ser ciudadanos británicos- con el Reino Unido y el exacerbamiento de una identidad islamista transnacional puntuada por las hazañas de la yihad en todo el mundo, cada vez más accesibles a través de Internet.

A medida que los héroes online de la yihad, a partir del 11 de septiembre, fueron cometiendo atentados en los cuatro puntos cardinales, los ideólogos de Londonistán, que ladraban pero no mordían, fueron quedando mal y perdiendo su valor y su influencia en los sectores más radicales, a los que no preocupaba en absoluto su bienestar londinense. En ese sentido, las medidas jurídicas que hoy se les aplican no tienen más que un efecto simbólico a posteriori.

En cambio, queda aún sin resolver en absoluto la cuestión del cimiento intelectual que hizo posible Londonistán, es decir, un multiculturalismo en el que lo que distingue a las comunidades religiosas, étnicas y de otro tipo, proclamadas como tales dentro de una sociedad concreta, se considera fundamental, mientras que lo que une a los individuos, por encima de la raza o la fe, como ciudadanos de una misma sociedad, se ve como algo secundario.

Toda sociedad tiene sus diferencias, sobre todo por los conflictos permanentes de los grupos sociales que la habitan, y no existe sociedad sin conflicto más que en las utopías totalitarias. Ahora bien, la peculiaridad del multiculturalismo es que piensa que los individuos están determinados por una "esencia" cultural inamovible, propia de cada "comunidad", y que el orden político, e incluso el jurídico, deben juzgarlos siempre a través del prisma comunitario al que pertenecen.

Existen defensores de esta teoría tanto entre los partidarios -reconocidos o no- del apartheid como entre los liberales o los libertarios. En el Reino Unido, el multiculturalismo ha sido objeto de un consenso implícito entre la aristocracia social, salida de las public schools y encerrada en los clubes, y la izquierda laborista: el desarrollo separado de los musulmanes permitía a los primeros administrar con el menor coste posible la mano de obra paquistaní inmigrante y a los segundos captar su voto a través de los líderes religiosos en el momento de las elecciones. Ése es el consenso que los atentados de julio hicieron saltar por los aires.

Porque el multiculturalismo sólo tiene sentido si conduce a una especie de paz social, en la que los dirigentes comunitarios controlen a sus fieles, les inculquen valores religiosos o morales específicos pero garanticen su sumisión al orden público general.

Y, en ese sentido, el trauma sufrido por la sociedad británica es más profundo que el de la sociedad estadounidense tras el 11 de septiembre, aunque el número de muertos haya sido muy inferior: en Estados Unidos, los 19 piratas aéreos eran extranjeros, mientras que, en el Reino Unido, los ocho individuos involucrados son hijos de la sociedad multicultural.

Lo que se sabe de ellos les muestra profundamente imbuidos de religión -transmitida no sólo en las mezquitas sino, tanto o más, a través del vídeo e Internet-, pero sin fidelidad alguna a los dirigentes comunitarios cooptados por el sistema político.

Después de los atentados, el sistema social británico se ha encontrado con sectores enteros que se definen, ante todo, a partir de una identificación comunitaria religiosa que, sin embargo, no puede prevenir derivas violentas contra la sociedad "impía" ni la imitación de Al Qaeda.

Dado que el multiculturalismo practicado en Gran Bretaña ha dejado de servir como defensa del orden público, la prensa y la red se llenan de debates sobre cómo salir del punto muerto, igual que sucedió en Holanda tras el asesinato de Theo van Gogh.

Además del desmantelamiento de Londonistán y la panoplia de medidas antiterroristas que auguran largas batallas jurídicas, enuna de las páginas web más respetadas de la red, openDemocracy, David Hayes -uno de sus editores- ha calificado lo que se juega la sociedad como una elección draconiana entre dos modelos, el laicismo radical y el multiculturalismo radical.

Es una alternativa válida no sólo para el Reino Unido sino para toda Europa, en la medida en que los problemas son equiparables, aunque se planteen a partir del contexto histórico concreto de cada país de la Unión.

El secularismo radical -que, en el Reino Unido, empezaría por la abolición del carácter oficial de la Iglesia Anglicana- tendría como objetivo redefinir el pacto entre el nuevo Estado laico y el conjunto de los ciudadanos, sobre la base de una Constitución redactada por consenso.

Por el contrario, el multiculturalismo llevado al extremo desembocaría en la creación de un "Parlamento musulmán" autónomo, elegido por su comunidad, encargado de legislar para ella y dotado de medios para aplicar la ley y hacer respetar el orden público, como ocurría en el Imperio Otomano con las minorías judías o cristianas.

Estas dos opciones pueden parecer excesivas, pero permiten fijar con claridad los límites entre los que las sociedades europeas tendrán que definir su vía, e indican, sobre todo, la urgencia con la que es preciso entablar el debate en el Viejo Continente.

En Europa, Francia, criticada cuando la comisión Stasi recomendó prohibir los signos de afiliación religiosa en la escuela, despierta interés ahora entre quienes destacan que es el país con la población de origen musulmán más numerosa, muy por delante de Alemania y Gran Bretaña, y que el control social que ejerce el efecto combinado de la laicidad, la integración voluntarista y la política de seguridad preventiva ha permitido -con arreglo a unas modalidades inversas de multiculturalismo- evitar los atentados durante la pasada década.

Cuando dos periodistas franceses secuestrados en Irak fueron amenazados de muerte si no se retiraba la ley sobre la laicidad en la escuela, la movilización de los ciudadanos franceses de origen musulmán contribuyó no poco a su liberación.

Sin embargo, tampoco la República laica puede dar todo por descontado: la marginación social de demasiados jóvenes de origen magrebí o africano, el hecho de que se quite importancia a las páginas yihadistas en Internet y la marcha de algunos hacia los frentes candentes de Irak o Pakistán, suministran los ingredientes del mismo cóctel que se halla en otros lugares. Pero no se ha llegado a la fatalidad del atentado, y, hasta ahora, los que lo predicaban no han tenido éxito.

Ni en Londres, ni en París, Roma, Madrid, Bruselas o Amsterdam conviene ocultar la cabeza debajo del ala: el problema terrorista, aparte de medidas simbólicas como la erradicación de Londonistán, plantea la pregunta de qué queremos que sea la identidad europea, junto con nuestros conciudadanos de origen musulmán y de todas las confesiones o no religiones.

Ha llegado la hora de que la Unión Europea, tras el fracaso de la Constitución, aborde de frente este asunto, en el que se juega una parte de su futuro.

Por Gilles Kepell

El Antiamericanismo signo de identidad Europeo.

Fustigador de los tópicos del pensamiento dominante en Francia, el ensayista e historiador liberal Jean-François Revel acaba de publicar 'La obsesión antiamericana', donde vuelve a la carga para desmontar, con precisión, los tópicos del antiamericanismo de los europeos.

El antiamericanismo es una de las obsesiones intelectuales de Jean-François Revel. Francia es, en su opinión, el país europeo más antiamericano. Una actitud que forma parte de un complejo mejunje que podríamos llamar la ideología francesa, muy influenciada por la izquierda y por una tradición comunitarista de la derecha. Un viaje al fondo del antiamericanismo marca el recorrido de esta entrevista.

- Para usted, el antiamericanismo es la gran coartada para la irresponsabilidad.

Si los americanos tienen la culpa de todo, los europeos estamos libres de toda responsabilidad.

- ¿Por qué Estados Unidos se ha convertido en una superpotencia mundial?

Porque Europa se hundió en el siglo XX por sus propios errores. Los europeos han desencadenado dos guerras que han sido guerras civiles europeas antes de convertirse en mundiales.
Las dos veces, los americanos han tenido que acudir en su ayuda. Las dos veces, los americanos han sido los arquitectos de la paz.
Y han sido ellos los que nos han garantizado la protección frente al imperialismo soviético.
Además de desencadenar dos guerras, Europa inventó el totalitarismo.
Tanto el nazismo como el comunismo son inventos europeos, además de ciertas dictaduras no totalitarias de carácter fascista, el franquismo entre ellas.

La ascensión de Estados Unidos viene de la caída de Europa, y los europeos no quieren reconocerlo. La misma idea de la Unión Europea fue patrocinada desde el origen por Estados Unidos. Este mismo razonamiento vale para América Latina. Evidentemente, los americanos desempeñan allí un gran papel.
Pero el antiamericanismo en América Latina ha sido un fracaso: la manera de no querer afrontar sus problemas de ineficiencia, de corrupción, de violencia.

- A pesar de que allí los americanos han hecho de las suyas y han patrocinado dictaduras execrables.

-Sí, pero esto es otra cosa. También Francia o el Reino Unido han apoyado dictaduras aquí y allá. Todos tenemos ciertos aliados que no siempre han demostrado adhesión ni disposición a la democracia. Hay muchas cosas en América Latina que no se han explicado de un modo exacto. No fue Estados Unidos el que desencadenó el golpe de Estado contra Allende.

- La complicidad activa en este caso fue manifiesta.

-Al final. En realidad, Allende había sido elegido con apenas un tercio de los votos. No tenía ningún mandato para transformar la sociedad chilena. Si hubiese habido en Chile un sistema presidencial con elección en dos vueltas, como en Francia, Allende no habría sido elegido en la segunda vuelta.

Leon Blum lo comprendió en 1936 en Francia: sabía que había sido elegido minoritariamente y entendió que no tenía derecho a cambiar por completo el sistema económico y social.

-La falta de sentido de la responsabilidad que usted denuncia, ¿es una enfermedad reciente en Europa o es una enfermedad antigua?

- No es sólo un problema europeo. Se da también en América Latina y en el mundo árabe-musulmán. El fracaso de la civilización islámica se remonta al siglo XV. Allí perdieron el contacto con la evolución científica y con el racionalismo.
Tampoco han sabido crear las condiciones del desarrollo económico, al no separar el poder político y religioso del poder económico.

En vez de analizar las causas de su fracaso, lo atribuyen a la maldad de los occidentales en general, y de Estados Unidos en particular. Estados Unidos debe ser la única gran potencia que nunca ha tenido colonias en el mundo árabe.

El antiamericanismo es una enfermedad universal, aunque más sofisticada y matizada en Europa. El general De Gaulle decía que no podía aceptar la gran potencia americana, pero no iba más lejos porque tenía enfrente al gran peligro soviético y sabía muy bien que Francia sola era incapaz de protegerse.

-Hay una tradición de antiamericanismo de izquierdas, pero también de derechas. En España, el franquismo era ideológicamente antiamericano, a pesar de que Estados Unidos le dio muchísimo apoyo.

-Y se puede encontrar la misma actitud en Mussolini y en Hitler. Por encima de todo, estaban contra el liberalismo. En 1969, en Berlín, ante un gran grupo de estudiantes izquierdistas, leí un texto largo que condenaba el capitalismo y el parlamentarismo. Aplaudieron mucho.
Y yo les dije: desgraciadamente, estas palabras son de Mussolini. Actualmente, la extrema derecha -Le Pen en Francia, pero también en otros países europeos- produce documentos contra la globalización y contra la economía de mercado que podrían ser firmados por un trotskista.
Del mismo modo que hemos visto en la extrema derecha y en la extrema izquierda un amor inmoderado por Sadam Husein simplemente porque era antiamericano.

- El antiamericanismo, ¿es una ideología más bien de las élites o es de base popular?

R. En Francia, quizá el país más antiamericano de Europa, los sondeos muestran que hay un 60% de franceses que tiene simpatía por Estados Unidos. Lo cual tiene mérito porque los medios de comunicación son obsesivos.
El antiamericanismo es sobre todo un fenómeno de los medios políticos y periodísticos, y de los profesores. En cada país tiene características propias.
En Italia, por ejemplo, es distinto, porque todo el mundo tiene algún pariente o conocido que emigró a América.

- Paradójicamente, siendo un país que tuvo el partido comunista más fuerte y más influyente, Italia es menos antiamericana que Francia.

-Sí, ciertamente. En Francia, para la izquierda, el antiamericanismo era un corolario del anticapitalismo, y además siempre hemos tenido un antiamericanismo de derecha fuerte; mientras que en Italia, la Democracia Cristiana era proamericana, y el socialismo italiano, también.

- Según usted, el antiamericanismo esconde un rechazo del liberalismo.

-Sí, o el rechazo al liberalismo viene del antiamericanismo. Las dos cosas se dan. Y la vez, la admiración por Estados Unidos es grande. Es todo muy ambiguo. En el plano cultural, vemos la obsesión por poner barreras al cine americano. Evidentemente, Estados Unidos es muy fuerte en la producción de un cine muy
popular.
Pero ¿qué se gana protegiéndose de ello con barreras artificiales? Es contrario a la lógica más elemental de la difusión y el intercambio cultural. ¿Qué habríamos ganado si en el siglo XVI hubiésemos puesto dificultades para la circulación en Francia de la pintura italiana?
Nada, habríamos perjudicado a la propia pintura francesa. Sin libertad de circulación de las obras de arte no hay cultura. Los grandes novelistas ingleses han tenido su máxima difusión entre las dos guerras y en la posguerra sin ninguna conexión con el poder diplomático americano.

- Sin embargo, es una gran ventaja tener la lengua de comunicación universal. Otras consideraciones aparte, si cuantificáramos el ahorro que ello significa para Estados Unidos daría una cifra importante.

R. Es cierto, pero hemos llegado hasta aquí por la fuerza de las cosas. No hay que confundir el hecho de que mucha gente se comunique en inglés con el hecho de conocer la cultura anglosajona.

- La Administración de Bush es una buena cantera para el antiamericanismo.

- Hay una cierta tendencia a incriminar y a caricaturizar la figura del presidente de Estados Unidos. Reagan, por ejemplo, y en realidad fue quien hizo posible la caída del muro de Berlín. Los del Este son conscientes de ello: en Varsovia, la antigua plaza de la Constitución es ahora plaza de Ronald Reagan.

Todos los presidentes son susceptibles de ser criticados. Veremos al final cómo juzgar a Bush. Decir que Irak e Irán son países peligrosos es la pura verdad.

- Pero Bush ofrece varios flancos de crítica: de un lado, ha recuperado una dimensión religiosa de la política que choca con la laicidad europea.

-No hay religión de Estado en Estados Unidos. En España, en Francia, en Italia la ha habido. Y la reina de Inglaterra es la jefa de la religión anglicana. Es cierto que Bush ha hecho una opción personal muy religiosa. Pero no sé en qué va a influir en su política.

- Por otra parte, se ha opuesto al reconocimiento de instancias de ordenación internacional como el Tribunal Penal Internacional y el Protocolo de Kyoto.

- Hay mucha hipocresía. Yo no veo al Gobierno francés obligando a los automovilistas a circular a sesenta por hora por las autopistas. Reducir el gasto de energía no se hace firmando protocolos. La izquierda es contradictoria: está contra el nuclear y está contra un gasto excesivo de petróleo.

En cuanto al TPI, está muy claro por qué lo rechazan: no quieren que cualquier país lleve arbitrariamente ante a los tribunales, por puro antiamericanismo, a cualquier ciudadano americano.

-En este caso, la perversión se invierte. El antiamericanismo sirve de coartada a los propios americanos.

- En un momento en que las Naciones Unidas sitúan a Libia al frente de la Comisión de los Derechos Humanos, no es para escandalizarse que América quiera evitar determinadas actuaciones contra sus dirigentes y militares.

-Los americanos están rompiendo el orden internacional que ellos mismos construyeron después de la II Guerra Mundial. Estamos pasando de unas reglas del juego compartidas a una forma de decisionismo: ellos tienen la fuerza, ellos determinan la ley según su idea de las cosas.

-Sí, el unilateralismo. Aquí nos volvemos a encontrar con la indecisión europea. Cuando hablas con los americanos -con Powell, especialmente-, te dicen: los europeos no tienen ninguna propuesta que hacernos.
Los franceses, ¿qué proponían en el conflicto de Irak? Negociar. Pero ya se hizo y Husein engañaba.

- ¿Usted cree que Chirac se equivocó con su posición durante la guerra?

- Chirac puede estar legítimamente en contra de la guerra preventiva. Pero la política es muy simple. La actitud de Francia, a partir de un momento, ha sido interpretada como un apoyo a Husein.
Como usted sabe, los países árabes propusieron a Sadam Husein que se fuera con la promesa de que se podría llevar dinero y que no sería perseguido internacionalmente. Esto hubiera permitido evitar la guerra. Yo no estoy seguro de que Husein hubiese aceptado.
Pero, sin duda, al ver la posición de Francia, de Alemania y de Rusia pensó que tenía una oportunidad de seguir. Francia tenía derecho a oponerse a la guerra preventiva, pero hizo más que esto. Y asumió una posición mucho más marcada que De Gaulle cuando decidió salirse del comando integrado en la OTAN. Marcó distancias, pero no abandonó la OTAN. Simplemente no quería que el ejército francés fuera mandado por un general americano.


- ¿Hasta qué punto los americanos son ellos también responsables del antiamericanismo?

- Estados Unidos ha sido la primera potencia verdaderamente mundial tanto entre las dos guerras como después de la caída del comunismo. El Imperio Romano, España, Gran Bretaña
dominaban una parte del mundo y en muchos casos había contrapesos. Además, todos los dirigentes cometen errores.
Los americanos, también.

Francia, por ejemplo, tiene una enorme responsabilidad en el genocidio de Ruanda. Los que se manifiestan por la paz podrían tenerlo en cuenta. Siempre están en contra de Estados Unidos. Muy bien, pero en África ha habido millones de personas masacradas; en Sudán, por ejemplo. Y la culpa no era de los americanos.
Todo gobernante es criticable, pero hace falta que las críticas sean buenas. Cuando se parte del principio de que en cualquier caso los americanos están equivocados, vamos mal.

- Sin embargo, es perfectamente normal que si Europa avanza tenga conflictos de intereses y de valores y tensiones con Estados Unidos.

- Sí, por supuesto. Aunque Europa no ha sido creada contra Estados Unidos. Ha sido creada contra ella misma, para evitar que la guerra civil continuara indefinidamente. Los padres fundadores lo tenían muy claro. Pero es evidente que hay rivalidades; económicas, por ejemplo. Y en este terreno, una vez más, los antiglobalización son inconsecuentes.
Su primera manifestación fue en Seattle. ¿Qué había allí? Una reunión de la Organización Mundial de Comercio, que tiene precisamente como objetivo regular el comercio internacional y
conseguir que la economía de mercado no se desboque. Son éstas las contradicciones del antiamericanismo.

- Es evidente que Europa y Estados Unidos representan modelos de desarrollo capitalista diferentes.

- Sin duda, pero, al mismo tiempo, no olvidemos que Estados Unidos es una emanación de Europa. Estados Unidos ejerce una forma de dominación que viene más de los fracasos de los otros que de sus propios éxitos.

En el siglo XIX, el antiamericanismo en Francia era sobre todo cultural. Stendhal se reía de ellos porque no tenían ópera. En cambio, en los medios políticos, más bien había admiración por América, contrariamente a lo que ocurre ahora.
La Constitución americana era como un ideal. Y evidentemente ha tenido éxito, porque después de la guerra civil que la implantó sobre todo el territorio no ha habido ni un golpe de Estado. Hay mucho a criticar, pero hay que hacerlo bien.
Cuando se dice: no hay seguridad social en Estados Unidos,
¿quién universalizó la idea de Estado de bienestar si no Roosevelt?

- ¿Usted cree realmente que se puede hablar del islam como una totalidad?

- No, de Nigeria a Malaisia hay países muy diversos. Pero, atención: el islam subsahariano está entre los más radicales. Basta ver Nigeria. En general, ha habido un endurecimiento del islam en todas partes.

- Algunos especialistas -Olivier Roy, por ejemplo- piensan que lo que está viviendo el mundo islámico es una crisis de paso a la modernización.

- Esperemos que así sea. Yo no estoy muy convencido. Veo signos de regresión. Por ejemplo, el rechazo a la laicidad y el combate contra cualquier separación entre poder religioso y poder político. Si han fracasado en su acceso a la modernidad ha sido por la dificultad en reconocer el derecho del pensamiento científico y racionalista a ser independiente del pensamiento religioso.

- Los europeos se mataron mucho para llegar hasta aquí.

-Es cierto, pero finalmente se impuso el racionalismo y la ciencia. En Francia, por ejemplo, no se puede aceptar que los islamistas quieran introducir cambios incluso en los programas educativos.
No se puede enseñar Voltaire porque criticó a Mahoma, no se puede enseñar determinada biología porque pone en duda verdades religiosas.

Los franceses no hemos luchado trescientos años para conseguir una enseñanza independiente respecto al cristianismo para que ahora venga el islam y nos imponga sus normas.

- El modelo republicano francés, ¿es el bueno?

-
Lo que hay que defender es la tradición democrática occidental que ha conducido a la separación entre lo religioso, que es del dominio de lo privado, y lo político, que tiene sus formas de legitimidad autónomas. Y en este marco es fundamental la libertad de expresión y de pensamiento. Esto es valido para Occidente y para el mundo en general.

En la India, por ejemplo, ahora hay un cierto proceso de radicalización en todas las partes, pero durante cuarenta años ha coexistido un gran número de religiones diferentes y un poder político independiente de ellas, legitimado por las urnas.

- ¿El antiamericanismo es, finalmente, un fracaso intelectual?

- Cuando es obsesivo, sí. La crítica a Estados Unidos ha de existir; todos los países, y más todavía cuando son muy potentes, cometen disparates. Cuando la crítica consiste en decir cosas de Estados Unidos que no son verdad o en hacerle reproches injustificados es un fracaso intelectual.
Por ejemplo, cuando Simone de Beauvoir dijo, después de la guerra, que la ocupación americana era como la ocupación nazi. Ante estos disparates, los americanos ríen, no se nos toman en serio.