Atentado en la localidad egipcia de Dahab

Al menos 22 muertos y 150 heridos en un triple atentado en la localidad egipcia de Dahab


Las explosiones se han producido en un hotel, un restaurante y un mercado.-

Tres potentes explosiones registradas esta tarde en un área comercial de la ciudad turística egipcia de Dahab han dejado al menos 22 muertos y más de 150 heridos, según han informado fuentes de la seguridad y la televisión pública egipcia.

Aunque algunas agencias elevan ya a una treintena el número de víctimas mortales, el Ministerio del Interior ha rebajado la cifra de muertos a diez. Mientras, el presidente egipcio, Hosni Mubarak, ha asegurado que los responsables del "acto terrorista" recibirán "todo el peso de la ley".

Bush condena el atentado

Los ataques, cuya autoría se desconoce por el momento, han tenido como objetivo un hotel, un restaurante y un mercado, y se han producido en pleno periodo de vacaciones para los egipcios, según la cadena qatarí Al Yazira. "Hay humo saliendo de la zona y mucha gente corriendo", ha dicho uno de los testigos citados por Reuters.

El Ministerio del Interior egipcio ha ofrecido a primera hora de esta noche un primer balance oficial que rebaja la cifra de fallecidos a diez, entre los que habría cuatro extranjeros cuyas nacionalidades no ha precisado. En el mismo comunicado se asegura que la primera explosión ocurrió delante del bar Nelson, la segunda ante la cafetería Ala el Din, y la tercera en el supermercado Ghazala.

En cambio, el director del equipo de emergencias para la península del Sinaí, Said Essa, ha indicado poco antes a la agencia AFP que todas las víctimas se habían producido en el hotel El Khaleeg. Asimismo, ha asegurado que había heridos en los escenarios de las otras dos explosiones, pero no muertos. Decenas de vehículos de socorro se han trasladado a los lugares afectados por las explosiones, donde un gran número de personas heridas están siendo atendidas por los servicios de emergencia y por decenas de personas que se encontraban en la zona.

Como primera medida de urgencia, las fuerzas de seguridad egipcias han prohibido la salida de los turistas de la localidad y han cerrado las fronteras del país con Israel para evitar la fuga de los presuntos autores. La embajada española en El Cairo ha informado de que, por el momento, no tiene constancia de que se hayan producido víctimas españolas.

La península del Sinaí, objetivo terrorista

La península del Sinaí ha sido escenario en los últimos 18 meses de varios ataques perpetrados por grupos vinculados con la red terrorista Al Qaeda. Las autoridades egipcias investigan este repentino auge del terrorismo en esta tradicional zona de recreo y apuntan a que milicias islámicas podrían haberse trasladado a la península, pero todavía intentan determinar si tienen relación con Al Qaeda u otros grupos terroristas internacionales.

El atentado se produce cinco días después de la detención de un miembro del grupo islamista Taifa Al Mansura, que amenazó, a través de Internet, con responder al arresto con "ataque en zonas turísticas".


Dahab está situada en el golfo de Aqaba, en el lado este de la península de Sinaí, a unos sesenta kilómetros al norte del balneario turístico de Sharm el Sheij, donde el pasado julio un triple atentado con coche bomba acabó con la vida de 88 personas y dejó más de 200 heridos. El brutal ataque a orillas del mar Rojo fue reivindicado por Al Qaeda.

Israel decreta el estado de emergencia

El Ministerio de Exteriores israelí ha decretado el estado de emergencia en el país como consecuencia de esta nueva oleada terrorista. La península del Sinaí comparte fronteras con el Estado de Israel y a ella acuden miles de israelíes por vacaciones. Itzik Jai, director del paso fronterizo de Taba, ha confirmado que en la última semana unos 25.000 israelíes han cruzado la frontera hacia territorio egipcio.

La Policía israelí y la Estrella de David Roja han declarado el nivel 3 de emergencia en la ciudad fronteriza de Eliat, y se preparan para recibir a los israelíes heridos o a cualquier otro que las autoridades egipcias soliciten transferir. Por el momento, se ignora si hay israelíes entre las víctimas y la agencia Nazrin Tours, uno de los operadores que más trabaja en esa zona de Egipto, trata de averiguar si alguno de sus viajeros se encontraba en las zonas atacadas. Dahab es uno de los puntos turísticos de mayor atracción para los jóvenes israelíes, que viajan allí para practicar el buceo.

Condena de la ANP

Pocas horas después de los atentados, el Gobierno palestino de Hamás ha calificado los hechos de "ataque criminal contra inocentes". El Ejecutivo, dirigido por Hamás -que figura en la lista de organizaciones terroristas de la UE y de EE UU- ha emitido un comunicado de condena.

REUTERS - 24-04-2006

Después de la Guerra Fría

"La historia nos enseña que el terrorismo sólo puede operar en sociedades libres o relativamente libres. No había terrorismo en la Alemania nazi o en la Rusia de Stalin, no lo había ni lo hay en dictaduras más benévolas. Lo que significa que, bajo ciertas circunstancias, si al terrorismo se le permite operar con demasiada libertad y se convierte en algo más que un inconveniente, hay que pagar un precio muy alto en las restricciones a la libertad y a los derechos humanos para erradicarlo".

Con la conclusión de la Guerra Fría en 1989 tras el desmantelamiento del muro de Berlín, la recuperación de la independencia de los países de Europa Oriental y la desintegración final de la Unión Soviética, el mundo entero tuvo la sensación de que, por fin, la paz universal había descendido sobre la Tierra. El temor a una guerra en la que se utilizarían armas de destrucción masiva había desaparecido. Uno de los principales científicos políticos escribió una obra titulada The End of History (El fin de la historia), que evidentemente no sostenía que la historia se hubiese detenido, sino más bien que los conflictos serios entre los países habían cesado y que, en torno a ciertas cuestiones esenciales, había ahora un consenso general.

Fue un momento hermoso pero la dicha fue corta. Los escépticos (entre los que me cuento) tenían la sospecha de que en el mundo quedaban todavía bastantes conflictos que anteriormente fueron eclipsados o suprimidos por la Guerra Fría. Dicho de otra manera, mientras duró la confrontación entre los dos bandos, no afloraron otros tipos de conflictos pues en ese momento eran considerados conflictos menores. La Guerra Fría había tenido el efecto inverso de ser el principal responsable de la preservación decierto orden mundial; en resumen, había sido un factor estabilizador.

También es cierto que la amenaza de una nueva y terrible guerra mundial fue probablemente exagerada. El terror estaba equilibrado por la disuasión mutua— precisamente porque existía un amplio arsenal de armas devastadoras. Y puesto que ambos bandos del conflicto actuaban con sensatez, ya que entendían las consecuencias de semejante guerra, la paz se había mantenido.

¿Seguiría en pie la disuasión mutua una vez finalizada la Guerra Fría? ¿Tendría como secuela una nueva era de disturbios mayores? La Guerra Fría no había puesto fin a la proliferación de armas nucleares y a otros medios de destrucción masiva, pero ciertamente la había frenado. Lo mismo no sucede en la actualidad, pues ya no sólo existe el peligro de que unos cuantos países posean estas armas.

La verdadera amenaza es que la adquisición de estas armas por unos pocos países generará una carrera entre sus vecinos para conseguir las mismas, porque estarán expuestos y se sentirán amenazados. Por otra parte, ¿se puede dar por sentado aún que quienes posean armas de destrucción masiva actuarán con la misma sensatez que las dos partes en la Guerra Fría? ¿Estarán sus acciones guiadas por un fanatismo religioso, nacionalista o ideológico que les hará olvidar el peligro suicida de utilizar tales armas? ¿Se convencerán a sí mismos de que quizás les sea posible utilizar impunemente, y sin dejar rastro alguno, estas armas contra sus enemigos en una guerra por terceros?

La búsqueda de liderazgo

Estas son las preguntas inquietantes que han surgido en los últimos años y que cobran cada vez más relevancia. No hay un árbitro, ni una autoridad definitiva para la resolución de los conflictos. Las Naciones Unidas tendrían que haber cumplido esta función, pero hacerlo le ha sido tan imposible como le fue a la Liga de Naciones en el período comprendido entre las dos guerras mundiales. Las Naciones Unidas está integrada por casi 200 países miembros, pequeños y grandes, democráticos y autoritarios, y todo tipo de variación entre unos y otros. Algunos respetan los derechos humanos, otros no. Tienen conflictos de intereses y carecen de la capacidad militar de intervenir en caso de emergencia. A veces pueden ayudar mediante negociaciones a lograr un acuerdo, pero son impotentes si la diplomacia se viene abajo.

Al final de la Guerra Fría, Estados Unidos surgió como la única superpotencia, hecho que acarreó enormes responsabilidades relativas a la paz mundial. Ningún otro país estaba preparado para abordar las amenazas a la paz mundial—no sólo a su propia seguridad. Pero ni siquiera una superpotencia es omnipotente, su capacidad de cumplir obligaciones internacionales tiene límites. No puede y no debe hacerlo por su cuenta, sino que debe actuar como líder de acciones internacionales mediante la persuasión y la presión, si es necesaria.

Sin embargo, las superpotencias nunca gozan de popularidad. Así ha sido desde los días del imperio Romano, y de todos los demás imperios que han existido antes y después. Son objeto del temor y la sospecha de naciones más débiles, no sólo de sus vecinos. Éste es un dilema del que no le es posible escapar. No importa cuan razonable y digno sea su comportamiento, siempre existe el temor de un cambio en el temperamento o la conducta de la superpotencia. Por eso suele haber entre las naciones más pequeñas la tendencia a atacar en conjunto al país líder.

Por mucho que se esfuerce la superpotencia, no existe una panacea para ganar popularidad—salvo la abdicación. Una vez que dejan de ser poderosas, crecen sus oportunidades de hacerse populares. Pero han sido pocas las superpotencias de la historia que han tomado ese camino.
Con el fin de la Guerra Fría, han aparecido nuevos centros de poder, principalmente China y la India. Han logrado avances económicos espectaculares que sólo hace una década eran inimaginables.
Pero hasta la fecha estos países no han dado señales de querer desempeñar un papel en la política mundial que corresponda a su fortaleza económica. Son grandes potencias regionales y, con el tiempo, serán sin duda más que eso. Pero eso puede tardar muchos años y mientras tanto no han demostrado ningún deseo de compartir la responsabilidad de mantener el orden mundial.

Durante un corto tiempo, después del fin de la Guerra Fría, parecía ser que Europa desempeñaría esa función, aunque no siempre al unísono con Estados Unidos. Algunos observadores del panorama político alegaban que el siglo XXI sería el siglo de Europa, principalmente porque el modelo europeo era muy atractivo y sería copiado por el resto del mundo. Esta era la concepción de Europa como una superpotencia civil y moral.

Estas voces optimistas han menguado recientemente en número y frecuencia. Es cierto que Europa tiene mucho que ofrecer al resto de la humanidad, y que el movimiento hacia la unidad europea después de 1948 ha sido un éxito rotundo. Pero el movimiento perdió fuerzas una vez se constituyó el mercado común y aun así la economía no funcionaba tan bien como se esperaba. No había suficiente crecimiento para financiar un estado benefactor, orgullo del continente. Muchos miembros nuevos se habían sumado a la Unión Europea, pero no había una política exterior europea y mucho menos una capacidad militar.

Durante muchos años, la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) había sido un escudo para Europa, y lo sigue siendo. Algunos sostenían que la OTAN había perdido, al menos en parte, su razón de ser debido sencillamente a que la amenaza que había motivado su origen ya había desaparecido. Pero si bien es cierto que las antiguas amenazas han desaparecido, otras amenazas nuevas han tomado su lugar.

Los que cuestionan la OTAN presentarían un caso más convincente si se hubiese realizado un esfuerzo para establecer su propia organización de defensa, pero no se ha hecho. Todo ello sumado a la debilidad demográfica de Europa—la contracción y envejecimiento de la población del continente—es señal de su flaqueza. Otro indicio de ello son sus fracasadas iniciativas diplomáticas independientes en Oriente Medio y, cuando una sangrienta guerra civil se desató a las puertas de su casa en los Balcanes, Europa fue incapaz de atender el problema sin ayuda del exterior. Es evidente que la era de la superpotencia moral, por atractiva que sea como ideal, no ha llegado todavía.

Pocos convendrían en que ha llegado el momento de abolir la policía y las fuerzas de seguridad en el ámbito nacional. Sin embargo, muchos han actuado como si no fueran necesarias las fuerzas del orden en el plano internacional, y todo ello en un momento en que la amenaza de las armas de destrucción masiva cobra más relevancia, dado que los daños y las bajas que producirían serían infinitamente mayores que en ningún otro momento del pasado.

Tensiones y terrorismo

Han sido pocos los voluntarios que se han presentado para hacer de policías del mundo—es ciertamente un empleo poco atrayente, no remunerado y nada agradecido. Es posible que sea superfluo, es posible que el orden internacional sepa cuidarse a sí mismo.

Tal vez, pero si se examina el panorama mundial no saltan motivos para sentir excesivo optimismo. Rusia no ha aceptado aún su nueva situación en el mundo; hay resentimiento, como es natural, por la pérdida del imperio. Existe una fuerte tendencia a asignar culpas a todo tipo de factores externos, y algunos ya sueñan con devolverle su antiguo poder y gloria.

También está África, con sus millones de víctimas de horribles guerras civiles que la comunidad internacional fue incapaz de prevenir.
Ante todo está Oriente Medio con su pluralidad de tensiones y terrorismo en el ámbito nacional e internacional. El terrorismo no es un fenómeno nuevo en los anales de la historia de la humanidad, es más viejo que Matusalén. Ha aparecido en muchas formas y disfraces, como nacionalismo y separatismo, y propiciado por la extrema izquierda y la derecha radical. Pero el terrorismo contemporáneo, instigado por el fanatismo religioso y nacionalista, con operaciones en estados fracasados, y a veces incitado, financiado y manipulado por los gobiernos, es ahora más peligroso que nunca.

Ha habido y hay muchos conceptos equivocados sobre el origen del terrorismo. A menudo se sostiene que la pobreza y la opresión son sus causas principales. Si eliminamos la pobreza y la opresión, el terrorismo desaparecerá. Pero el terrorismo no sólo aparece en los países más pobres y los conflictos étnicos raramente tienen fácil solución, ¿qué pasaría si dos grupos reclamaran el mismo territorio y no estuviesen dispuestos a transigir?

El verdadero peligro no es, evidentemente, la victoria del terrorismo. La historia nos enseña que el terrorismo sólo puede operar en sociedades libres o relativamente libres. No había terrorismo en la Alemania nazi ni en la Rusia de Stalin, no había ni lo hay en dictaduras más benévolas. Pero esto significa que, bajo ciertas circunstancias, si al terrorismo se le permite operar con demasiada libertad y se convierte en algo más que un inconveniente, hay que pagar un precio muy alto en las restricciones a la libertad y a los derechos humanos para erradicarlo. Naturalmente, las sociedades libres son reacias a pagar tal precio. Este uno de los grandes dilemas de nuestro tiempo y hasta ahora nadie ha encontrado una forma indolora de resolverlo.

Walter Laqueur, copreside el Consejo de Investigación Internacional del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos, un centro de investigación pública con sede en Washington D.C. Ha sido profesor en las universidades de Brandeis y Georgetown, y profesor invitado en las universidades de Harvard, Chicago, Tel Aviv y Johns Hopkins.


¿Estamos viviendo los orígenes de la próxima guerra mundial?

QUIZA SE ESTA GESTANDO LA TERCERA GUERRA Y EL MUNDO NO SE DA CUENTA.

La visión de un historiador de Harvard.
Niall Ferguson Para La Nación

¿Estamos viviendo los orígenes de la próxima guerra mundial? Por cierto, es fácil imaginar cómo un futuro historiador abordaría los recientes acontecimientos en Medio Oriente: "A medida que transcurrían los primeros años del nuevo siglo, aumentaba la inestabilidad en la región del Golfo Pérsico.

A comienzos de 2006, casi todos los ingredientes combustibles para un conflicto -de dimensiones más grandes que las guerras de 1991 o 2003- estaban en el lugar indicado.

La primera causa fundamental de la guerra fue el aumento de la relativa importancia de la región como fuente de petróleo. Por un lado, el resto de las reservas petrolíferas mundiales se agotaba rápidamente. Por el otro, el vertiginoso crecimiento de las economías asiáticas había provocado un enorme aumento en la demanda global de energía.
Cuesta creerlo hoy, pero durante gran parte de los años 90 el precio del petróleo osciló en un promedio de menos de 20 dólares el barril.

Una segunda precondición de la guerra fue demográfica. Aunque el índice de fertilidad de Europa occidental había caído por debajo del natural índice de sustitución en los años 70, la disminución en el mundo islámico había sido mucho más lenta. Hacia fines de los años 90, el índice de fertilidad en los ocho países musulmanes situados al sur y al este de la Unión Europea era dos veces y media más alto que la cifra europea.

Esta tendencia fue particularmente pronunciada en Irán, donde el conservadurismo social de la revolución de 1979 -que había bajado la edad legal para contraer matrimonio y había prohibido los anticonceptivos- se combinó con la elevada mortalidad de la guerra entre Irán e Irak y el posterior boom de nacimientos para producir, durante la primera década del nuevo siglo, una abundancia extraordinaria de jóvenes.
En 1995, más del 20 por ciento de la población de Irán tenía 14 años o menos. Esa era la generación que estaba a dispuesta a combatir en 2007.

Esto no sólo dio a las sociedades islámicas una renovada energía que contrastaba notablemente con el indolente envejecimiento de Europa.
También significó un profundo cambio en el equilibrio de la población mundial. En 1950, Gran Bretaña triplicaba a Irán en número de habitantes. En 1995, la población de Irán superó en número a la de Gran Bretaña. Aunque los occidentales trataron denodadamente de captar lo que ese cambio implicaba, inconscientemente aún pensaban que el Medio Oriente era una región a la que podían dominar.

La tercera -y tal vez más importante- precondición para la guerra fue cultural.
Desde 1979, gran parte del mundo musulmán había sido desbordado por una ola de fervor religioso, precisamente lo contrario del proceso de secularización que vaciaba las iglesias de Europa. Aunque pocos países imitaron a Irán en su teocracia a ultranza, hubo una transformación política en todas partes. Desde Marruecos hasta Paquistán, las dinastías feudales o los jefes militares que habían predominado en la política islámica desde los años 50 fueron presionados intensamente por los extremistas religiosos.

El cóctel ideológico que generó el islamismo fue tan potente como cualquiera de las ideologías extremistas que Occidente había producido en el siglo anterior, el comunismo y el fascismo.
El islamismo era antioccidental, anticapitalista y antisemita. Un momento fundamental que gravitó en la evolución de los hechos fue, en diciembre de 2005, cuando el presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, lanzó una crítica verbal a Israel y calificó el Holocausto de "mito". Previamente había declarado que el Estado de Israel era una "mancha ignominiosa" que debía ser "borrada del mapa".

Antes de 2007, los islamistas no habían considerado otra alternativa salvo combatir a sus enemigos por medio del terrorismo. Desde Gaza hasta Manhattan, el héroe de 2001 fue el terrorista suicida. Sin embargo, Ahmadinejad, un veterano de la guerra entre Irán e Irak, codiciaba un arma más poderosa que los explosivos sujetados bajo la ropa. Su determinación de acelerar el programa de armas nucleares de su país tenía como objetivo dar a Irán el tipo de poder que Corea del Norte ya forjaba en el este asiático. Un poder que le permitiera desafiar a Estados Unidos. Un poder para debilitar al más estrecho aliado regional de Estados Unidos.

En circunstancias distintas, no habría sido difícil neutralizar las ambiciones de Ahmadinejad. Los propios israelíes habían demostrado, en 1981, que tenían la capacidad para lanzar ataques preventivos contra instalaciones nucleares iraquíes. Durante todo 2006, analistas neoconservadores instaron al presidente George W. Bush a lanzar ataques similares contra Irán. Sostenían que Estados Unidos estaba en una perfecta posición para lanzarlos y tenían los datos de inteligencia que demostraban que Irán había violado el Tratado de No Proliferación Nuclear.

Pero la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, le recomendó a Bush que optara, en cambio, por la vía diplomática. No sólo la opinión pública europea, sino también la norteamericana se oponía enfáticamente a un ataque contra Irán.
La invasión a Irak, en 2003, había caído en desprestigio por la imposibilidad de encontrar las armas de destrucción masiva que Saddam Hussein supuestamente poseía, y por el fracaso de la coalición encabezada por Estados Unidos en aplastar una insurgencia sangrienta.

Los norteamericanos no querían aumentar sus intervenciones militares en el extranjero; querían reducirlas. Los europeos no querían escuchar que Irán estaba por fabricar sus propias armas de destrucción masiva. Incluso si Ahmadinejad hubiese permitido que la CNN transmitiera en vivo y en directo un ensayo nuclear, los liberales habrían dicho que se trataba de un ardid de la CIA.

De manera que la historia se repitió. Como en los años 30, un demagogo antisemita violó las obligaciones y pactos firmados por su país y se armó para la guerra. Si bien inicialmente trató de apaciguar a Irán por la vía de la disuasión, ofreciéndole incentivos económicos para que desistiera de su propósito, Occidente apeló a organismos internacionales. Sin embargo, debido al veto de China, sólo hubo resoluciones vacías de contenido y sanciones ineficaces.

Sólo un hombre podría haber endurecido la posición de Bush. Ese hombre era Ariel Sharon. Sin embargo, el premier israelí había sufrido un derrame cerebral justo cuando estalló la crisis iraní. Ante la ausencia de un líder en Israel, Ahmadinejad tenía las manos libres.

También como en los años 30, Occidente cayó nuevamente en expresiones de deseos. Quizá, decían algunos, Ahmadinejad sólo estaba haciendo ostentación de fuerza debido a que su propia posición, en el plano interno, era muy débil. Tal vez sus adversarios políticos en el clero iraní estaban a punto de deshacerse de él.
En ese caso, lo último que Occidente debía hacer era adoptar una línea dura: eso sólo reforzaría la posición de Ahmadinejad, ya que enardecería el sentimiento popular iraní.
De manera que, en Washington y en Londres, la gente cruzaba los dedos, a la espera de una providencial gestación de un cambio de régimen en Teherán.

Esto dio a Ahmadinejad todo el tiempo que necesitaba para producir uranio enriquecido apto para la fabricación de armamentos. El sueño de la no proliferación nuclear, ya quebrantado a medias por Israel, Paquistán y la India, quedó hecho trizas definitivamente.

Ahora Teherán tenía un misil nuclear que apuntaba a Tel Aviv. Y el nuevo gobierno israelí de Benjamín Netanyahu tenía un misil que apuntaba a Teherán.

Los optimistas entonces expresaban que la historia de la crisis de los misiles cubanos se repetiría en Tierra Santa. Ambas partes amenazarían con ir a la guerra, y luego las dos darían un paso atrás. Esa fue la esperanza de Condoleezza Rice -en realidad, su plegaria- mientras viajaba por Medio Oriente para tratar de resolver la crisis por la vía diplomática.

Pero no iba a ser así. La devastadora conflagración termonuclear de agosto de 2007 representó no sólo el fracaso de la diplomacia. Significó el fin de la era del petróleo. Algunos, incluso, dijeron que significó el ocaso de Occidente.
Fue una manera de interpretar la posterior propagación de la guerra cuando la población chiita de Irak se apoderaba de las bases norteamericanas que quedaban en su país y los chinos amenazaban con intervenir en favor de Teherán.

Sin embargo, el historiador seguramente se preguntará si, en realidad, la verdadera significación de la guerra 2007-2011 no fue reivindicar el primordial principio de los ataques preventivos introducidos por el gobierno de Bush.
Ya que si tan sólo se hubiese hecho valer ese principio en 2006, las aspiraciones nucleares de Irán podrían haber sido coartadas a un costo mínimo. Y por lo tanto -aunque es difícil imaginar eso ahora- la Gran Guerra en el Golfo tal vez jamás habría estallado.

Por Niall Ferguson, profesor y titular de la cátedra de historia Laurence A. Tisch, de la Universidad de Harvard.

El Derecho a la Yihad en Occidente.

Existen diversos modos de librar una guerra. Por una parte, puedes ponerte un uniforme, subirte a un tanque, dar tumbos por un campo y disparar contra el tanque de los otros colegas.
Por la otra, puedes buscar una niña de doce años, persuadirla de probarse tu nuevo cinturón de terrorista suicida, y enviarla.

La Convención de Ginebra fue diseñada para respaldar lo primero y disuadir de lo segundo. La idea principal era que, si tiene que haber guerras, es mejor si son libradas por soldados y ejércitos.
A cambio de tener un rango y un número y vestir el uniforme, serás tratado como combatiente con derechos caso de caer en manos del otro bando. Siempre habrá algunos camuflados vestidos de civil entre las poblaciones civiles, pero la idea era garantizar que no compensase -- que hubiera, en la práctica, un descenso a la hora de seguir ese camino.

La Corte Suprema de los Estados Unidos ha abierto ahora un agujero en el principio que anima la Convención de Ginebra, eligiendo elevar a un enemigo que desprecia las leyes de la guerra con el fin de facilitar la voladura de objetivos civiles y la decapitación de individuos.

El argumento hecho por el Juez John Paul Stevens es un veredicto sacado de Alicia en Yihadlandia que detiene en seco la Convención para dar a las palabras el significado diametralmente opuesto a su significado e intenciones originales.

El mismo tipo de truculenta jurisprudencia inspirada que detectó en las briznas de penumbra cómo los Padres de la Constitución norteamericana anticipaban precisamente la necesidad del matrimonio homosexual y los abortos de bebés ha descubierto hoy en la práctica el derecho a la yihad -- o, si usted es una terrorista suicida a punto de subir a un autobús israelí, el derecho de una mujer contra los judíos.

Las guerras de la vieja escuela fueron Gran Bretaña contra Alemania, Japón contra Rusia, ese tipo de cosas. Pero ya no libramos esas con tanta frecuencia como lo hacíamos antes, de modo que, de cara a la nueva escuela bélica, el Juez Stevens y sus compinches se refugiaron en el Artículo Común 3 de la Convención de Ginebra, que empieza como sigue:

En el caso de conflicto armado no de carácter internacional que tenga lugar en el territorio de una de las Partes Contrayentes...

Las "Partes Contrayentes" son estados nación firmantes de los tratados: América, Bélgica, las Fiji, Perú, y demás. ¿De modo que qué puede significar "conflicto armado no de carácter internacional"? Bien, se refiere sobre todo a guerras civiles y conflictos internos -- digamos, cuando el Ejército de Liberación del Norte de Lunatistán arremete contra el Frente Patriótico del Sur de Lunatistán. Como demuestra un vistazo rápido a Ruanda, Sudán o los Balcanes, constituyen algunos de los baños de sangre más depravados. Pero el objetivo del artículo es el mismo que el del trance total Francia contra Prusia: persuadir a las partes de emprender la guerra de modo "civilizado".

¿Y qué hizo La Corte Suprema? En primer lugar, decidieron que Afganistán es firmante de la Convención, y que así, los diversos conflictos "tienen lugar en territorio de una de las Partes Contrayentes". A continuación, decidieron que era "un conflicto armado" y no solamente eso -- aquí llega, amigos -- sino que era "un conflicto armado no de carácter internacional".

Espere un minuto. En el momento en el que la mayor parte de los detenidos de Guantánamo fueron capturados, Afganistán tenía más contingentes que el Mundial de Fútbol: estaban los norteamericanos, los británicos, los australianos, los saudíes, los paquistaníes, los yemeníes, los iraníes, los chechenos, los uzbekos, y todo tipo de amigos corriendo como locos. Pocos "conflictos armados" han tenido tantos "caracteres internacionales".
El país se encontraba en proceso de ser bombardeado por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos desde bases de la colonia británica de Diego García. Era invadido por dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.Ah, pero es que usted no es juez de la Corte Suprema.

El motivo por el que esto es "un conflicto armado no de carácter internacional" es que al-Qaeda no es una nación. De modo que un artículo diseñado para cubrir conflictos locales en estados firmantes dentro de una Convención diseñada para excluir a combatientes ilegales ha sido extendido para amparar a los combatientes ilegales no firmantes [de la Convención] en una yihad global que tiene lugar en todos los continentes -- y, en la practica, algo escondido en lo profundo del derecho norteamericano.

¡Maravilloso! ¿Por qué no añadir mientras se está en ello una provisión adicional para el matrimonio homosexual entre Osama y el mulá Omar? El juez Stevens y sus compis han ascendido ahora a todo terrorista a la categoría de soldado regular. Donde quiera que seas capturado por Estados Unidos, en cualquier parte del planeta, lo más probable es que sea "territorio de una de las Partes Contrayentes" -- Afganistán, Brasil, Singapur, todo el mundo es jauja -- y por tanto, si usted es miembro de al-Qaeda, por definición, es "un conflicto armado no de carácter internacional".

Y por supuesto, al-Qaeda nunca necesitó firmar la Convención hasta la fecha, ¿verdad? Como beneficiarios últimos de la mentalidad progre, reciben todos los beneficios, sin ninguna de las obligaciones. Nosotros estamos obligados, ellos no. Si usted es capturado con una cabeza cortada a un soldado norteamericano en su mochila, usted está amparado por Ginebra -- y, como su víctima descubrió una milla atrás en el camino, es demasiado tarde como para que él llame a su abogado.

En la imagen general, el juez Stevens y compañía, al torturar el lenguaje con el fin de explicar porqué la yihad internacional no es "internacional", paradójicamente ha conferido cuasi-soberanía a al-Qaeda y sus filiales. La pregunta obvia es pues: ¿no se aplica también a cualquier otro "actor no estado" ahí fuera? Cuando Hezbolá voló por los aires ese centro comunitario judío y asesinó a 100 personas en Buenos Aires en 1994, ciertamente eso era también (tal como lo vería el juez Stevens) un "conflicto armado no de carácter internacional que tiene lugar en el territorio de uno de los Estados Contrayentes". De hecho, bajo esta definición, ¿qué no lo es?

La consecuencia inmediata de esto es que los amigos de los Estados Unidos en la India, Australia, Singapur, Dinamarca y en todas partes concluirán simplemente que este país no es serio, y que cae en el narcisismo moral a marchas forzadas.

La consecuencia a largo plazo será la contraria a la que pretendían los jueces -- el estacionamiento y eventual abandono de la Convención de Ginebra, al menos por parte de las naciones que quieran sobrevivir a la depredación de la yihad.

En fin. No todo fueron malas noticias esta semana. En Kuwait, las mujeres votaron en las elecciones parlamentarias. En Afganistán, la Policía Nacional abría un nuevo centro de mando regional en Kandahar.

Les deseo suerte. Está bien que intenten aferrarse a algo de esta rutina social en funcionamiento, porque a largo plazo no van a recibir mucha ayuda significativa de lo que acabe quedando de civilización occidental.como Dios le dé a entender contra la pizzería más próxima.

La secta yihadista del 11-M

Takfir Wal Hijra, el club del terror más duro y clandestino, motor de la matanza de Atocha, está en España. Los servicios secretos han elaborado un primer censo confidencial de 600 mezquitas, entre las que hay seis oratorios de esta secta donde se captan nuevos acólitos. Un 10% de los centros de culto del islam propaga ideas radicales.

Junto a la estación de Atocha, Moneir Mahmoud, de 46 años, el imán de la mayor mezquita de Madrid, no había terminado un duro discurso contra los terroristas que protagonizaron el 11-M cuando observó desde el atril el rostro de Mohannad Almallah pegado a una cámara de vídeo. El sirio, al que cuatro años antes Moneir expulsó de su centro de oración, le grababa camuflado entre los manifestantes. "¿Qué haces? ¿Por qué me grabas?", le espetó el imán egipcio, doctor en Teología islámica por la Universidad Autónoma de Madrid, cuando terminó su alocución y se abrió paso entre la multitud. "Chej (jefe), no es por nada. Es un recuerdo para mí. Nada más", respondió Almallah.

La autoría intelectual del 11-M, el soporte ideológico que alimentó a los autores de la matanza de Atocha, 191 muertos y miles de heridos, tiene el cuño de una secta, Takfir Wal Hijra (Anatema y Exilio), la corriente más extremista y clandestina del salafismo, los más duros e intolerantes del movimiento yihadista que lidera Al Qaeda, según fuentes policiales. Un grupo que los informes de los servicios secretos franceses definen como "el núcleo logístico de la mayoría de los grupos terroristas islamistas que actúan en Europa".

Ideas radicales

El sirio Mohannad Almallah, de 41 años, era presuntamente uno de los miembros de este club del odio, de este núcleo duro del terror cada vez más presente en España, según el testimonio facilitado a la policía por dos testigos protegidos. "Se separó de su mujer porque no podía darle más hijos para hacer la yihad (guerra santa)", asegura de él alguien cercano a su familia. Almallah tuvo cuatro hijos con su primera mujer y uno con la segunda. Su hermano Moutaz, de 39 años, detenido en Londres y pendiente de extradición a España, tiene ocho hijos. Los dos son fervientes detractores de los anticonceptivos.

Para los agentes que investigan el 11-M, los hermanos Almallah fueron el sustento ideológico de los autores del atentado. Sin su labor de reclutamiento, adoctrinamiento y dirección, el ataque "posiblemente no se hubiera producido", dice un informe policial que destaca la cantidad de documentos sobre Takfir Wal Hijra que se encontraron en los ordenadores de los terroristas. "Los sirios jugaron en el atentado un extraordinario papel en el terreno ideológico", asegura el principal responsable de la investigación policial. "Los marroquíes, en cambio, fueron la mano de obra", añade convencido.

La secta Takfir Wal Hijra se ha implantado en España. Pese a su férrea clandestinidad, tanto la Unidad Central de Inteligencia de la policía como el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) han detectado signos inquietantes de su presencia. Fuentes de los servicios secretos aseguran que los takfiris han creado seis mezquitas donde ejercen el proselitismo y captan en secreto a nuevos adeptos. Cuatro están en Barcelona y dos en Valencia. Las dirigen imanes argelinos y marroquíes. "Su gancho es la formación religiosa", asegura un investigador. "No he visto ninguno por aquí. Son más patentes donde hay gobiernos islámicos", dice Abderrajin, imán de la mezquita valenciana de El Puerto.

Tras la matanza de Atocha, tanto la policía como el CNI trabajan en secreto en la elaboración de un censo de mezquitas y oratorios, antes inexistente, para estudiar sus corrientes y determinar si en alguna de ellas se proclaman impunemente ideas en favor de la yihad. La cifra inicial de centros de culto islámico detectados se eleva a 600, más del doble de las 272 entidades religiosas musulmanas que aparecen en el registro del Ministerio de Justicia. Sólo una docena son monumentales. La mayoría se trata de oratorios en pisos y locales fuera del control de la Administración, y algunas desconocidas para la Comisión Islámica, el órgano de representación de los musulmanes que ha mostrado su firme rechazo al terrorismo yihadista. "El registro es voluntario y no están todas las que hay", señala Ana Planet, consejera de Justicia. Desde el ministerio se apunta que las no inscritas no tienen por qué ser clandestinas.

El Gobierno estudia crear un registro oficial de mezquitas para "controlar a los imanes de las pequeñas mezquitas", según palabras de José Antonio Alonso, ministro del Interior, pero Riay Tatary, secretario de la Comisión Islámica, advierte: "No hay que victimizar a las mezquitas pequeñas. Atienden la demanda de culto, enseñan árabe a los niños y les acercan a sus costumbres".

En España predomina la corriente salafista y wahabita, según aseguran los responsables de los estudios confidenciales que elaboran los servicios de inteligencia. "Alrededor de un 10% de las mezquitas que hemos detectado propaga ideas radicales", afirma un jefe de la lucha antiterrorista. Un porcentaje demasiado alto. Rohan Gunaratna, director del Instituto de Estudios Estratégicos de Singapur, advierte de los riesgos: "El nacimiento de estas mezquitas takfiris provocará la radicalización de más musulmanes".

¿Quiénes son los takfiris cuyas ideas inspiraron a los principales autores del 11-M? "Para los takfiris todo el mundo es malo menos ellos. Antes no asistían a las mezquitas y ahora están saliendo a la luz y crean las suyas. Se refugian en la imagen de ser corriente y no grupo. Informes de servicios amigos dicen que sus miembros son irrecuperables", señala un jefe de la Unidad Central de Inteligencia de la policía.

De la oscuridad a la luz

El secretismo es la seña de identidad de los miembros de esta secta, que para pasar inadvertidos pueden fumar, beber alcohol, mantener relaciones sexuales, comer durante el Ramadán, pasear un perro o vestir ropa occidental. "Son amables, educados y maestros del disfraz. Se infiltran sin despertar sospechas", dice un agente experto en terrorismo islamista. "Si entras en la secta, ya no sales", añade.

Para Mohamed Kamel Mustafá, el imán de la mezquita de Fuengirola, "son personas ignorantes poseídas por el odio. Trabajan en la oscuridad y no les gusta contactar con los imanes. Salen a la luz cuando hay mucha presión con ellos. No se puede negar que aquí hay salafistas radicales, pero no se mueven a ese nivel. Ése es el nivel más duro. Si no piensas como ellos, te conviertes en su enemigo". La policía, en cambio, estima que unos cincuenta salafistas presos en cárceles españolas son takfiris. Además de los presuntos autores del 11-M están los hombres de Mohamed Achraf, un argelino que pretendía volar la Audiencia Nacional.

Takfir Wal Hijra figura en la lista de grupos terroristas elaborada por la Unión Europea. Nació en Egipto en 1969 bajo la dirección de Shukri Ahmed Mustafá, un ingeniero agrícola para el que las sociedades musulmanas habían renegado del islam. Mustafá lanzó un anatema contra todos los musulmanes que no comulgaban con sus ideas y pidió a sus fieles que se refugiaran en un exilio interior y exterior. Fue ejecutado en 1978 tras haber sido acusado del asesinato de Mohamed al Dhahabi, ministro de Asuntos Religiosos. Entonces el grupo contaba con unos 5.000 miembros; entre ellos, los autores del asesinato, en 1981, del presidente egipcio Anuar el Sadat. El palestino Abulkader, de 55 años, imán de la mezquita granadina de La Paz, destaca que antes del 11-S casi nadie hablaba de ellos: "Después se empezó a rebobinar para ver si tenían algo que ver, y de ahí el temor a que resurjan".

Tatary, imán de la mezquita Abu Baker, de Madrid, los describe así: "Antes no hacían nada violento. Dejaban la ciudad, se iban al campo y luchaban contra la modernidad. Cortaban con todo. Nacieron como reacción a las torturas insoportables que sufrieron los Hermanos Musulmanes detenidos en las cárceles de Egipto. Si hay algo en España, viene de fuera y son casos individuales".

La ejecución de Shukri, el fundador del grupo, no impidió que sus ideas sigan vivas. Desde Egipto, los seguidores takfiris emigraron y extendieron sus raíces por otros países hasta el norte de África, donde encontraron el apoyo del Grupo Islámico Armado (GIA) que en los años noventa exportó sus ideas a Francia. Los Renseignements Généraux son el servicio de inteligencia europeo que mejor conoce a este grupo. Uno de sus responsables en París da un dato clave: "En toda Europa, su principal vivero de reclutamiento está en la delincuencia", una seña de identidad que aparece en la mayoría de los salafistas detenidos en España, más de 200 desde 2001. Takfir legitima la delincuencia si el objetivo es la yihad. "Son más comprometidos y decididos que los salafistas", precisa Gunaratna.

En 1995, tras los atentados del GIA en París, los takfiris estrecharon su relación con este grupo terrorista argelino, de cuya escisión nació el Grupo Salafista para la Predicación y el Combate. En la reunión que Osama Bin Laden convocó en Peshawar (Pakistán) en 1998, el Takfir Wal Hijra se incorporó al Frente Islámico Mundial para la Yihad contra los Judíos y Cristianos. Tres años antes, Bin Laden había sufrido un atentado de un hombre que se sospecha era takfir. La secta mantenía entonces discrepancias con el saudí.

Meses antes del 11-S, en 2001, los takfiris criticaron a Bin Laden porque apoyaba a los talibanes que reclamaban el reconocimiento de la Organización de Naciones Unidas; para los takfiris, un organismo enemigo. El jefe de Al Qaeda pidió ayuda a Omar Mahmud Othman, Abu Qutada, el clérigo palestino, de 44 años, referente espiritual en Europa de los grupos salafistas. Desde su casa en Londres, el barbudo Qutada redactó una fetua en la que defendía a Bin Laden, a los talibanes y a la Hermandad Musulmana. Los takfiris la acataron. "Qutada y la mayoría de los dirigentes ideológicos y operativos de Al Qaeda en Europa son takfiris. Mohamed Atta también lo era", recuerda Gunaratna.

Mohannad Almallah, el sirio que grabó en vídeo al imán de la mezquita de la M-30, y su hermano Moutaz, los supuestos ideólogos del 11-M, se arrodillaban tras la túnica de Qutada. Con tanta veneración que éste llamó en agosto de 2002 a Moutaz para que dejara Madrid y se fuera a trabajar con él. El sirio, que no tenía trabajo conocido, se fue a Londres con su mujer y sus ocho hijos.

La historia de Moutaz parece calcada a la de Mustafá Setmarian, de 47 años, el sirio-español y hoy alto jefe de Al Qaeda detenido en Pakistán. Otro escudero del fanático Qutada que dirigió campos terroristas en Afganistán. Una sola frase de Qutada, hoy en libertad vigilada en Londres, define su pensamiento: "La condena de Dios sobre los no creyentes es matarlos". Los viernes, Moutaz frecuentaba la mezquita de Finsbury Park, una de las más radicales de Londres, donde los takfiris reparten folletos contra la literatura occidental. "Si los ves, no parecen fanáticos", dice un jefe de Scotland Yard.

Mohannad vivía del trapicheo y arreglaba lavadoras en un local de la calle de la Virgen del Coro, cerca del Centro Islámico de Madrid donde se levanta la mezquita M-30 del imán Moneir. "¿Se arreglan lavadoras aquí?", le preguntó una vecina a Mohannad y éste contestó: "Sí, pero no la traiga porque no han llegado los repuestos". "Aquello era una tapadera, un lugar donde se reunían para exaltar la yihad. Ponían canciones religiosas para que no se les oyera y hablaban de cometer atentados. La clave para encontrarse era 'vamos al río'. Las reuniones empezaron en 2002, durante el Ramadán. Si hablaban de Bin Laden, le llamaban el emir", ha revelado un testigo protegido. El egipcio Ayman al Zawahiri, jefe de los takfiris, era otro de sus ídolos, y también Abu Musab al Zarqawi, el líder de Al Qaeda en Irak. El local estuvo vigilado por la policía desde 2003.

Mohannad no podía pisar el Centro Islámico de Madrid ni la mezquita del imán egipcio al que grabó en vídeo tras el 11-M. "La dirección del centro ha prohibido tajantemente la entrada del señor Mohannad Almallah", decía desde el año 2000 un cartel colocado a la entrada del recinto. El sirio propinó una paliza a una mujer a las puertas de la mezquita. "La tiró al suelo y pisoteó delante de todos", asegura un testigo. La joven denunció la agresión en una comisaría. "Tiene un carácter variable y cambiante. No está bien de la cabeza", asegura una persona que convivió con él.

El sirio pidió permiso al imán para volver a entrar, pero Moneir se lo negó. Los guardias le descubrieron dentro y expulsaron del centro. "¿Qué haces aquí?", le preguntó el responsable de seguridad. "He venido a ver qué se necesita para el matrimonio", respondió Mohannad, que se acababa de separar de su primera mujer porque no le daba más hijos. "Vino aquí furioso y enfadado, pero no dijo que había pegado a una mujer", recuerda Tatary, imán de la otra gran mezquita madrileña.

Mohannad, al igual que otros protagonistas del 11-M, se alejó de las mezquitas, un comportamiento típico de los takfiris. Algo que también hicieron Sarhane Ben Abdeljamid, El Tunecino, uno de los siete terroristas que se suicidaron en Leganés, y Amer el Azizi, Othman al Andalusi, un marroquí recién llegado de los campos terroristas en Afganistán que en 2001 escapó disfrazado de mujer de una redada policial. Para su fuga utilizó el pasaporte de Mohannad. Azizi y Sarhane asistían a clases de recitación del Corán con el imán Moneir. El tunecino, de 36 años, "lloraba de emoción cuando leía. Parece increíble, pero Sarhane era un sentimental", dice una persona que le trató.

El imán de la M-30 observó la radicalización de los tres y pronto llegaron a sus oídos las críticas al centro: "No se puede rezar detrás de ese imán", decían a las puertas de la mezquita. Los discursos de Moneir contra Qutada, el referente espiritual de los Almallah, le convirtieron en enemigo.

Azizi, Sarhane y los Almallah eran adictos a Internet. El Tunecino, que estudiaba el doctorado en Económicas en la Universidad Autónoma de Madrid, iba con su portátil a cuestas y, cuando no estaban reunidos en el taller de lavadoras, se comunicaban por correo electrónico. "Sarhane quería ser el jefe de todo el que estuviera a su alrededor", ha declarado Mohannad tras ser detenido. No hablaban por sus móviles y, cuando llamaban desde cabinas, usaban lo que la CIA denomina los "códigos idiota", palabras en clave.

Tras el atentado de Casablanca, el 16 de mayo de 2003, el confidente Cartagena, un imán que confiaba a la policía datos sobre el grupo, informó de que los sirios y el resto pertenecían al club de los más duros, a los más locos entre los locos. "¿Dónde situarías a esta gente?", le preguntó un agente. Y respondió: "Por su carácter multinacional se podrían encuadrar en el movimiento Takfir Wal Hijra". "Los takfiris odian que en Marruecos existan bares, hoteles y mujeres vestidas al estilo occidental. Creo que tras el atentado de Casablanca están los takfiris", afirmó. El CNI investigaba entonces la mezquita Assalam en Melilla, donde un grupo de takfiris ayudó a varios autores de la matanza de Casablanca.

En el verano de 2003, el suicida Sarhane, hijo de un alto funcionario tunecino, se definía como takfir y sus compañeros le llamaban "el ángel blanco" por su disposición al "martirio". Uno de ellos era Rabei Osman, Mohamed El Egipcio, otro takfir, un tipo fantasioso de manos largas y afiladas que se cuida las uñas de forma obsesiva y viste pantalones arremangados en señal de orgullo. Fue detenido en Milán (Italia) tras arrogarse la organización del ataque.

Moutaz, presunto "motor intelectual" del grupo, volvió a Madrid por última vez en el verano de 2003 para entrevistarse con "el ángel blanco", que en aquellas fechas proclamaba su obsesión de castigar a España por el apoyo del Gobierno de José María Aznar a la guerra de Irak y legitimaba el tráfico de drogas para hacer la yihad.

¿Cuándo y quién decidió el 11-M? Según el escrito de acusación que redacta la fiscal Olga Sánchez, cuando el 18 de octubre de 2003 Bin Laden citó a España como objetivo por su apoyo a la guerra de Irak, "la decisión del 11-M ya estaba tomada". Al día siguiente, Youssef Belhadj, presunto dirigente del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), "la mano de obra del ataque", compró un móvil y escribió el 11 de marzo como fecha de su nacimiento. Se cree que fue este hombre, detenido en Bruselas y entregado a España, quien decidió cuándo sería el ataque, pero se ignora quién fijó el objetivo. Un terror indiscriminado, otra seña takfir. Los jefes del GIM en Europa, brazo de la red norteafricana de Al Qaeda, se habían reunido meses antes en Bélgica.

Para la fiscalía, el inicio del ataque lo marcó la reunión en Estambul (Turquía), en febrero de 2002, de los grupos yihadistas tunecinos, libios y marroquíes en la que se acordó que los "buenos musulmanes" hagan la yihad en los países donde residen. Tras ese encuentro se produjeron los ataques en Yerba (Túnez, 2002), Casablanca (Marruecos, 2003) y Madrid (en 2004).

Dos meses después del 11-M, Mohannad Almallah, que niega cualquier implicación en el ataque, se afilió al PSOE, otra táctica de camuflaje. Se había separado de su segunda mujer tangerina, a la que maltrataba, y quería pasar inadvertido. En aquellas fechas, el sirio Imad Eddin Barakat, Abu Dahdah, el jefe de Al Qaeda condenado a 27 años de prisión y amigo de Moutaz, comentó sobre el 11-M a los funcionarios de la cárcel: "Ha sido la secta Takfir Wal Hijra. Matan a mujeres y niños".

El marroquí Jamal Zougam, de 32 años, uno de los presuntos autores de la masacre, bebía alcohol, fumaba, vestía vaqueros y cortejaba a las chicas de Lavapiés. Tras su detención parece haber cambiado. "Se ha vuelto un místico y no para de rezar", afirma una fuente judicial. Lo hace de rodillas en su celda, de pie en las ruedas de reconocimiento y sentado, entre pregunta y pregunta, ante el juez Juan del Olmo y la fiscal Sánchez. "Los takfiris y gente que como Zougam no parecía radical siguen aquí, entre nosotros", dice convencido un musulmán ceutí.

EL PAÍS, 19/12/2005

Europa se equivoca


El gran logro de los europeos en las negociaciones con Irán para que ésta suspenda su programa nuclear ha sido –en palabras de uno de sus responsables– haber permanecido unidos todo este tiempo. Dos años, en realidad, donde la unidad de los europeos no ha conseguido modificar un ápice ni la ambición iraní ni sus tácticas dilatorias. Si eso es todo lo que pueden lograr los miembros de la UE como valor de su postura, los iraníes pueden estar más que satisfechos.

Irán necesita tiempo para dotarse de los elementos que su programa nuclear requiere. Y la postura negociadora de los europeos, que quieren poner todo el tiempo del mundo entre el ahora y un mañana en el que tendrían que enfrentarse a una decisión dura contra Irán, se lo están dando. Ahora se ha convocado una reunión extraordinaria de la Agencia Internacional de Energía Atómica para que se vote allí elevar la discusión al Consejo de Seguridad de la ONU. Se supone que con la idea de que éste condene la actitud iraní y se abra paso al camino de posibles sanciones.

Los europeos argumentan que Irán tiene miedo a una resolución condenatoria de la ONU. Sin embargo, ante el borrador de resolución que han hecho circular ayer miércoles, el presidente iraní no ha sido más que despreciativo. “Les haremos bajar de su torre de marfil”, ha dicho. Las sanciones tampoco parecen asustar más que las palabras condenatorias a Teherán. Más bien al contrario. No sólo contentos con amenazar a los occidentales con una subida del crudo, ahora el gobernador del banco central iraní ha avisado de que Irán podría hacer volver los petrodólares que tiene colocados en inversiones occidentales en caso de que se pongan en marcha alguna sanción en su contra. Y es que los ayatolás saben muy bien que en un pulso, son los europeos los más débiles. Y creen que Europa está jugando de farol. No hay acciones previstas si su estrategia diplomática actual fracasa.

El arma que más daño podría hacerle al régimen de Teherán –aparte de un ataque de decapitación– seria un boicot a sus exportaciones de petróleo. Son el 5% del total del crudo que se produce en un día pero le da a Irán el 90% de sus ingresos. De ahí que, al ser su fuente de riqueza su principal vulnerabilidad, Teherán haya firmado un importante contrato para suministrar crudo a China e intente influir en Chávez para que no sirva de fuente alternativa cara a los Estados Unidos y los europeos.

O sea que frente a la habilidad iraní y la impotencia europea, nosotros los europeos celebramos que estamos bien unidos en unas negociaciones que lejos de producir lo que se quiere, van por la senda opuesta. Celebraremos un Irán nuclear todos juntos, que es lo que parece que de verdad nos importa.

Libertad Digital

Bush y Eurabia

George W. Bush sigue teniendo muy mala prensa en Europa, sobre todo en España y en Cataluña en particular. Ni los analistas que fueron decididos proamericanos y otanistas durante la guerra fría se apiadan de él, incluidos los que escriben en este periódico.
Los chistes se ceban en el inquilino de la Casa Blanca, aunque suelen ser repetitivos y traspasan la demagogia. Sólo faltaba la desgracia de Nueva Orleans tras el huracán "Katrina" para atribuirle al actual presidente estadounidense una maldad adicional, la de dejar en la estacada a los afroamericanos pobres.

La animadversión contra Bush y su política se han convertido en el único pensamiento socialmente aceptable. Desviarse de esa línea o simplemente matizarla constituye un anatema en discusiones de trabajo, con la familia o los amigos.

En contraposición a esa América que encarna Bush, los europeos –y los catalanes aún más- nos consideramos civilizados, progresistas, modernos, tolerantes, pacifistas y solidarios. Y hasta sabemos comer mejor. Muchos hablan desde un conocimiento muy superficial o desde la ignorancia y la nula experiencia directa.

No importa que vivamos entre múltiples contradicciones. Solemos denostar a EE.UU. en charlas de café y no queremos darnos cuenta de que adoptamos de forma irreflexiva –y a menudo entusiasta- muchas de sus modas y formas de vida.
Nos sigue seduciendo el "soft power" yanqui, ese poder blando que penetra en los detalles de la vida diaria. Somos alegres consumistas. Nos trasladamos a vivir a casitas en los suburbios y adoramos los vehículos 4X4 que derrochan gasolina.
Celebramos los cumpleaños de los niños en locales especializados y no hacemos ascos a incorporar Halloween al calendario festivo. Nos gustan los parques temáticos horteras. Bailamos al son de su música y engullimos todo lo que produce Hollywood, hasta la bazofia más repulsiva.
Caemos incluso en la tentación de las hamburguesas y las palomitas de maíz. Copiamos en general los aspectos más negativos y despreciamos –o ignoramos- las facetas positivas de la vida y la cultura norteamericanas.
Es una relación de amor-odio digna de tratarse en el diván.

Sin ánimo de provocación, ¿alguien entre esos tan vehementes "antibushistas" se ha parado a pensar, por un casual, si el bajo tipo de interés que paga por la hipoteca de su piso o sus salidas motorizadas de fin de semana a la segunda residencia o al restaurante pueden deberle algo a la política "imperialista" de Bush para sostener el statu quo? ¿Creen que es gratuito y automático el bienestar material de un sector amplio de nuestra clase media asalariada, con vacaciones a destinos exóticos y un ritmo de vida que habría sido impensable hace sólo dos generaciones?
Es posible que la capacidad para seguir pagando la hipoteca y el coche de importación dependa mucho más de la política de Bush de lo que pensamos o de lo que nos gustaría pensar con nuestra mente tan europea, pacifista y solidaria.

La garantía del suministro de crudo a un precio razonable y la defensa de la economía capitalista globalizada pueden ser razones inmorales para invadir un país. Puede ser inmoral arrogarse determinadas hegemonías, el papel de policía mundial o el derecho transformar Oriente Medio por la fuerza.

Me temo, sin embargo, que las políticas para mantener el injusto "tinglado" no sólo sirven al núcleo de malvados "conspiradores" -Bush, Rumsfeld, Cheney y compañía- y a sus amigos de las empresas multinacionales. Somos muchos cuyo bienestar y seguridad dependen de que el "tinglado" no se derrumbe de repente. Washington puede haber cometido errores tácticos muy graves, abusos imperdonables y groseras manipulaciones en la ofensiva lanzada tras el 11-S, pero ¿alguien duda de que Al Qaeda, si pudiera, destruiría los cimientos del sistema económico occidental para avanzar sus objetivos de dominar el mundo musulmán y hacer retroceder el reloj mil años?

Ya lograron echar abajo las torres más altas de Wall Street y atacar el Pentágono. El mundo se recuperó milagrosamente rápido de tan demoledor golpe. Pero bastaría un nuevo atentado catastrófico en EE.UU. para que todo tambaleara. Podría ser el fin del actual sistema, una crisis muy profunda y duradera. ¿Qué pasaría con la hipoteca, los restaurantes y los coches importados de nuestra opulenta clase media?

En Estados Unidos preocupa mucho que a Europa le cueste tanto percibir el verdadero peligro que deriva del islamismo radical violento. Para los europeos, acostumbrados durante décadas al terrorismo de variado pelaje, se trata de un problema de orden público, policial y de política inmigratoria. El "shock" de los atentados de Londres, al descubrir que el terrorismo surgía de dentro, ha hecho cambiar las cosas. También tuvo un gran impacto el asesinato del cineasta holandés Theo van Gogh. La Administración Bush, desde el 11-S, viene sosteniendo que el islam violento es un "peligro mortal" que hay que combatir sin tregua con todos los medios al alcance.

Acaba de publicarse en EE.UU. un libro interesante y provocador de un periodista conservador, Tony Blankley, ex redactor de discursos de Ronald Reagan, bajo el título de "La última oportunidad de Occidente". En esta obra advierte del peligro de que en el curso de dos generaciones, por la afluencia de inmigración musulmana y la baja natalidad de los nativos, Europa se convierta en Eurabia (fusión de las palabras Europa y Arabia).

Advierte Blankley del riesgo del desarme moral de las sociedades europeas secularizadas, pacifistas, autocríticas y apatrióticas ante un islam muy agresivo y envalentonado. Está convencido el autor de que el multiculturalismo ha probado ser una peligrosa quimera, pues no es posible la coexistencia de culturas cuando una de ellas –o los fanáticos que la han secuestrado- pretende imponer sus principios por la fuerza y sin el respeto a los derechos humanos más elementales.

Blankley piensa que una Europa maniatada por el islam radical supondría para Estados Unidos un peligro aún mayor que el que hubiera significado una Europa totalmente controlada por los nazis en los años cuarenta. No cree el autor que EE.UU., pese a sus recursos y determinación, pudiera hacer frente en solitario a la amenaza.

"La defensa de Occidente sin el lugar de nacimiento de Occidente es casi impensable –escribe-. Si Europa se convierte en Eurabia, significará la pérdida de nuestros primos históricos y culturales, de nuestros aliados económicos y militares más estrechos, de la fuente de nuestra civilización. Sería una circunstancia que los norteamericanos deberíamos temer y tendríamos que mover montañas para evitarla.

"Es muy probable que el diagnóstico de Blankley peque de catastrofismo, pero convendría que hubiera un diálogo más fluido y con menos prejuicios entre las elites pensantes de Europa y EE.UU. sobre los problemas comunes que él apunta.

La Vanguardia 27/10/2005

Los Palestinos incendian Sinagogas

Miles de palestinos celebran la retirada israelí de Gaza e incendian varias sinagogas

El presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abás, declaró que las 19 sinagogas dejadas en pie por decisión del Gobierno de Ariel Sharón serán destruidas. Radicales palestinos ya han lanzado su primer ataque desde la retirada.
Miles de palestinos con banderas nacionales y de color verde del Islam festejaban desde primeras horas de hoy lunes la retirada del Ejército israelí, y algunos demolían a martillazos los edificios de las sinagogas vacías.

Los manifestantes quemaron ante la impotencia de la policía palestina para impedirlo, al menos cuatro de ellas nada mas comenzar la retirada de los últimos tanques israelíes en los desmantelados asentamientos judíos de Morag, Kfar Darom, Netzarim y Nevé Dekalim.

Según el presidente Abás, se trata de edificios vacíos que dejaron de servir como templos judíos pues las autoridades israelíes retiraron los Rollos de la Ley, el pergamino que contiene las Sagradas Escrituras, y los demás objetos del culto tras el desalojo de los asentamientos y los colonos judíos, en agosto último.

"Ahora se trata de instalaciones vacías que pueden ser destruidas", acotó el líder palestino, quien destacó que el repliegue israelí "es una victoria, un día de alegría y un primer paso hacia la liberación de todos los territorios ocupados", alusión a Cisjordania, separada de Gaza, y a Jerusalén oriental, donde aspira a establecer un futuro Estado independiente.


Los terroristas tardan cuatro horas en lanzar el primer ataque desde Gaza contra Israel

Después de la quema de las sinagogas, algunos activistas han lanzado un misil casero Qassam contra territorio israelí, lo que constituye el primer ataque contra Israel apenas unas horas después de completado el repliegue israelí. El misil ha caído en la población de Sderot, sin causar víctimas.

El comandante de la región del sur de Israel, general Dan Harel, que tuvo jurisdicción en Gaza hasta que esta mañana concluyó la operación Última Vigilia, ha acusado a la Autoridad Palestina de que este ataque "viola su acuerdo para mantener la seguridad". Además, ha advertido de que Israel responsabilizará a la AP por ese y cualquier otro ataque futuro de los palestinos, y que el Ejército reaccionará "aunque no lo hará siempre militarmente".

Noticias de Prensa.

Preguntas improcedentes

¿Qué habría sucedido si los Israelíes hubieran incendiado mezquitas?
¿Cómo habría reaccionado occidente contra Israel?
La imparcialidad que demuestra Europa con los desmanes de los palestinos es una vergüenza para el mundo democrático.
Paradojas de la vida, queda mas que manifestado que mientras los israelís son los culpables de todos los males, los palestinos son los que atacan, insultan, y amenazan al pueblo israelí, y para más INRI los humillados.
Detrás de la quema de Sinagogas, llegara un dia que le tocara el turno a las iglesias de los cruzados, entonces nos lamentaremos porque será demasiado tarde para detener tanta barbarie.

La red de redes del terrorismo internacional

Qué es

Al Qaeda significa La Base y es una organización terrorista. Tras más de dos años y medio desde los ataques del 11-S, según el prestigioso Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, con sede en Londres, sigue siendo el mayor peligro para EE UU y para el mundo: "Hoy está reconstituida y operando de otra manera, pero es más insidiosa y peligrosa que antes del 11 de septiembre", y sigue siendo "una potente organización terrorista internacional que puede tardar generaciones en ser desmantelada". Según un informe del IISS de mayo de 2004, "su liderazgo está intacto", mientras que aumenta el reclutamiento de militantes, en especial como consecuencia de la guerra de Irak, hasta alcanzar los 18.000 terroristas potenciales.
Jefatura

Osama Bin Laden. Multimillonario de origen saudí, curtido en las guerras afganas contra la Unión soviética, viró sus iras contra EE UU tras la retirada de la URSS.

Ayman al Zawahiri. El 'número dos', nacido en Egipto en 1951, cirujano, abandonó su país en los 80 tras haber pasado años en prisión por su relación con el atentado contra el presidente egipcio Anuar el Sadat. Condenado a muerte en Egipto por ser considerado jefe del grupo terrorista Al Yihad.

Mohamed Atef. El 'número tres'. Nacido en Quenna, Egipto, en 1958, era el jefe del comité militar de al Qaeda, el responsable de los atentados cometidos por la red. Considerado por EE UU como el organizador de los atentados contra las embajadas americanas en Tanzania y Kenia. Entrenaba a militantes y preparaba atentados. Muerto en Kabul durante la ofensiva americana contra Afganistán.

Estructura

Al Qaeda no es una organización visible con estructura definida. Se estructura como una red de redes, es decir, una red de células conectadas entre sí, controladas y financiadas por una célula de dirección encabezada por Bin Laden o sus lugartenientes. No obstante, también podría ser una colección de extremistas radicales islámicos que, en realidad, no están relacionados entre sí y que han adoptado el nombre de Al Qaeda. La opinión más extendida es que se trata de una combinación de ambas cosas. En todo caso se cree que tiene tres comités: religioso, militar y financiero. Podría tener uno más, el de prensa y propaganda.
Cómo funciona

En teoría, consta de una parte muy compacta, organizada y disciplinada, cuyos miembros se comunican a través de canales de comunicaciones codificados y hacen amplio uso de Internet, donde disponen de sitios web en los que incluyen mensajes en clave. La otra parte está compuesta de numerosos extremistas islámicos situados en todos los rincones del mundo, que se identifican como miembros de Al Qaeda cuando la verdad es que no tienen ninguna conexión real entre sí, por lo que resulta mucho más difícil la tarea de quienes intentan dar con ellos.

Financiación

Sus fuentes de financiación son variadas. Tiene negocios propios, creados en su mayoría gracias a la fortuna personal de Bin Laden, una tupida red de empresas, sociedades fantasma y cuentas en paraísos fiscales. Además, fundaciones islámicas encubiertas reciben subvenciones de los estados donde están radicadas o de personajes adinerados. Otra de sus fuentes es la extorsión. También recurre al contrabando, al tráfico de drogas, diamantes o metales preciosos para financiarse. Según el informe del IISS de mayo de 2004, las finanzas de la red terrorista se encuentran en buen estado.

Origen

Aunque no puede hablarse de una fecha oficial de fundación, Al Qaeda surge tras la retirada soviética de Afganistán, en 1988. Es entonces cuando Bin Laden crea un grupo para la “conversión de los países árabes en regímenes musulmanes”. La guerra del Golfo y una operación militar estadounidense en Somalia convencen a Bin Laden de que el enemigo es EE UU.

Capacidad

Según el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) de Londres, puede contar con unos 18.000 “terroristas potenciales”. No obstante, tras el 11-S, se dijo que hasta 25.000 terroristas habían pasado por sus campos de entrenamiento sólo en Afganistán. Se especula con que puede tener células durmientes hasta en 60 países. Según el IISS, el grupo de Bin Laden "perdió su base tras el derrocamiento del régimen radical islámico de los talibanes en Afganistán a finales de 2001, pero desde entonces se ha descentralizado y se ha hecho invisible en más de 60 países".

Lucha contra Al Qaeda

Según el director de la CIA, George Tenet, un tercio de los miembros de la dirección de Al Qaeda están muertos o han sido capturados desde que EE UU inició la guerra global contra el terrorismo tras el 11-S. Asimismo, más de 3.000 miembros de la red y de grupos afines han sido detenidos o fichados en más de 100 países. Otra de las ramas de la lucha contra Al Qaeda es la financiera. Miles de cuentas con miles de millones de dólares han sido intervenidas y bloqueadas en todo el mundo.

En España, el juez Garzón ordenó en noviembre de 2001 la detención de 11 personas en Madrid y Granada, con lo que se desarticuló una red terrorista muy vinculada a los ataques del 11-S, que podrían haber sido planeados en España.

Tras los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, 25 personas fueron detenidas y otros siete activistas se inmolaron con explosivos al ser rodeados en un piso de Leganés (Madrid).
Recompensa

EE UU ofrece 25 millones de dólares para aquél que suministre información que conduzca a la detención de Bin Laden.

Principales acciones

11 de marzo de 2004.
11 mochilas cargadas de Goma 2 explotan en cuatro trenes de cercanías de Madrid, causando la muerte de 192 personas y heridas a más de 1.500 en el peor atentado terrorista de la historia de España.


 20 de noviembre de 2003
 Dos atentados simultáneos contra el Consulado General británico y el banco británico HSBC en Estambul.   27 muertos.

15 de noviembre de 2003.
Dos atentados suicidas contra sendas sinagogas en Estambul. 25 muertos.

17 de agosto de 2003.
Ataque contra la sede de Naciones Unidas en Bagdad. 24 muertos, entre ellos, el enviado especial de la ONU a Irak, Sergio Vieira de Mello.

7 de agosto de 2003. Coche bomba contra la embajada de Jordania en Bagdad. 11 muertos.

5 de agosto de 2003. Atentado contra un hotel de Yakarta (Indonesia). 13 muertos.

17 mayo 2003. Cinco atentados sincronizados en Casablanca (Marruecos). 45 muertos.

13 mayo 2003. Oleada de atentados contra barrios residenciales en Riad (Arabia Saudí). Al menos 34 muertos.

30 de diciembre de 2002. Ataque a tiros contra el hospital Baptista de Yibla (Yemen). 3 muertos estadounidenses, dos de ellos mujeres.

29 noviembre 2002. Atentado contra el hotel Paraíso en Mombasa (Kenia). 16 muertos y 80 heridos, en su mayoría turistas israelíes.

12 de octubre de 2002. Atentado con coche bomba contra una discoteca en Kuta, al sur de la isla indonesia de Bali. 191 muertos y más de 300 heridos.

8 de octubre de 2002. Atentado suicida al norte de Kuwait. 1 muerto (marine estadounidense).

6 octubre 2002. Atentado contra el petrolero francés Limburg en Yemen. 12 marineros heridos y un desaparecido.

2 octubre 2002. Atentado en Zamboanga (Filipinas). 2 muertos (1 soldado estadounidense y 1 filipino).

5 septiembre 2002. Atentado en Kabul (15 muertos) y atentado contra el presidente de Afganistán en Kandahar, Hamid Karzai, que escapa ileso.

8 mayo 2002. Atentado con coche bomba en Karachi (Pakistán). 14 muertos (11 de ellos, expertos navales franceses).

11 de abril de 2002. Un camión bomba estalla junto a una sinagoga en la isla de Yerba (Túnez). 19 muertos.

11 septiembre de 2001. Dos aviones pilotados por suicidas derriban las Torres Gemelas en Nueva York, otro se estrella contra el Pentágono, en Washington, y otro se estrella en Pensilvania. Casi 3.000 muertos en el peor ataque terrorista de la historia.

12 octubre de 2000. Una lancha cargada de explosivos se lanza contra el destructor estadounidense ‘USS Cole’ en Yemen. 17 marineros muertos y al menos 40 heridos.

7 agosto de 1998. Atentados contra las embajadas de EE UU en Kenia y Tanzania. 262 muertos y más de 5.000 heridos.

Otros nombres

Jalid Sheikh Mohamed, el 'número cuatro', el hombre que ideó y planificó los atentados del 11-S, detenido en Pakistán en una operación conjunta entre la policía de ese país y agentes del FBI, aunque la captura había sido montada enteramente por la CIA.

Mohamed Atta, el hombre que pilotaba el primer avión que se estrello contra las Torres Gemelas, el vuelo 11 de American Airlines. Definido como amable, decidido, sistemático, estudió aviación en Miami y estuvo ocho años matriculado en la Universidad Técnica de Hamburgo. Pasó por España dos veces poco antes de los atentados del 11-S.

Mohamed Mamduh Salim, de origen sudanés, detenido en 1999 y acusado por Estados Unidos de ser el 'cerebro' financiero de la red terrorista de Osama Bin Laden.

Mustafa Ahmed Hawsawi, considerado tesorero de los atentados del 11-S, detenido junto a Jalid Sheikh en marzo de 2003.

Imaz Edin Barakat, alias Abu Dahdah, español de origen sirio, considerado como el representante en España de la organización de Bin Laden.

Mohamed Alí Hasan Sheich el Mojad, considerado como administrador de finanzas de Bin Laden, detenido en Alemania en enero de 2003.
Curiosidades

Bin Laden es millonario. Su fortuna personal se estima en 300 millones de dólares, fruto de los negocios inmobiliarios de su padre. Tiene 51 hermanos y es ingeniero.


JAVIER SALVATIERRA
El País.com 25/05/2004

.

Terroristas jihadistas con una visión del mundo y designios contra el Reino Unido y contra otras democracias.

Muy lentamente, quizá más lentamente que lo que las necesidades estratégicas sugieren, los líderes de EE.UU. y Gran Bretaña han pasado por fin de designar al enemigo como “terrorismo” a identificarlo sólo como “una ideología malvada”. En Washington y Londres, los políticos pronuncian las palabras “ideología criminal”. Según los estándares históricos, esto es un salto significativo. Lo próximo es aclarar la naturaleza de esta ideología y su relación con la Jihad de los extremistas musulmanes contra Occidente.

“Debemos esperar y ver si estos incidentes están vinculados con el terrorismo”. Cuando escuché esta frase pronunciada por presentadores citando a funcionarios de Gran Bretaña tras las explosiones del jueves en el metro de Londres, me dije: los instintos occidentales aún están entumecidos, incluso aunque el progreso en la movilización popular esté claro.

En diversos programas de radio durante la mañana de ayer, comparé la presente lógica legalista en la guerra contra el terror con declaraciones extrañas que los británicos nunca habrían hecho allá por los bombardeos de 1940. Imaginemos solamente que tras cada oleada de bombarderos Nazis, los funcionarios de la ciudad hubieran advertido a los medios de no sacar conclusiones rápidas, diciendo: ¡no sabemos si éstas eran bombas o explosiones de gas! O: ¡Llamémosles bombarderos, pero no Nazis, antes del que mostremos realmente las esvásticas en una sala de tribunal!

En pocas palabras, incluso si vemos el creciente conocimiento acerca de la naturaleza del terrorismo entre la gente corriente, la élite aún nos lastra en el conflicto con el jihadismo. De hecho, o estamos en guerra o no lo estamos. Uno no necesita siete horas tras la segunda oleada de ataques jihadistas de Londres para “atreverse” a describirlos como “de naturaleza terrorista”. ¿Qué más podría ser?

Mientras Occidente peleaba con esta “crisis” de definición, los principales comentaristas del mundo árabe ya exploraban qué grupo jihadista era responsable, mientras, por supuesto, culpaban a Gran Bretaña y a Estados Unidos de los atentados. Irónicamente, hay una zona horaria mental entre Londres y el este del Mediterráneo. Por la mañana, las salas de chat y los cibercafés salafíes ya estaban celebrando la segunda “ghazwa” (incursión) en Londres. Sin importar las muertes, los jihadistas celebraban la “penetración” del sistema británico: “Lan yanjahu fi darb el mujahidín” (no acertarán a golpear a los mujahidin, sic) lanzaba un usuario. Esto era muy indicativo de la ecuación: los presuntos terroristas, al no lograr una muerte en masa, quisieron anotarse un punto; es decir, están en ofensiva. Mientras tanto, sus enemigos infieles estaban ocupados reconstruyendo las evidencias.

Por supuesto, tales investigaciones son obligatorias y normalmente llevan al descubrimiento de información esencial acerca de nuestros enemigos islamistas, pero educar al público en la psicología del odio jihadista es igual de importante. Desafortunadamente, el nivel de análisis en el Reino Unido no está aún al nivel de Occidente. En lugar de pensar estratégicamente y gastar un tiempo público precioso en investigar la infiltración y penetración reales en Occidente de los jihadistas, Reino Unido incluido, empleamos el 80% del espacio en antena y en prensa en sensacionalismo a cámara lenta.


Sí, es importante descifrar si el último ataque es un “copión” del anterior, pero comprender el mensaje detrás de este terrorismo y ser capaces de proyectar futuros atentados es más importante. Deben dedicarse mayores esfuerzos a determinar los planes del enemigo, sus prácticas de reclutamiento y la amplitud y profundidad de sus redes en Gran Bretaña. Por decirlo llanamente, la seguridad nacional de Su Majestad tiene un problema significativo.

No se deriva de la debilidad de los sistemas de seguridad del Reino Unido; se encuentran entre los mejores del mundo. El cáncer terrorista de Inglaterra es el resultado de políticas británicas pasadas respecto al fundamentalismo islámico. Esto no es nada nuevo para los expertos en la jihad. Las puertas de la "Troya británica" estaban abiertas de par en par para los "salafíes troyanos".


Durante años, el influjo de multitudes jihadistas, material doctrinal y libertad de reclutamiento fueron abrumadores. Por supuesto, Bakri y al Masri, los líderes islamistas con base británica, no autorizaron “ghazwas” previas o atentados terroristas. Durante más de una década, al Muhajirun, los diversos grupos “ansar” y los aprendices de Afganistán rondaron por el país de Ricardo Corazón de León sin supervisión y sin contención. En algún momento, estaba escrito que iba a tener lugar un conflicto. Y los recientes intentos de Gran Bretaña por ponerse a nivel de su propia seguridad nacional llevaron a su gobierno a desmantelar el enemigo nacional. Eso a su vez incitó a las células a actuar.

Pero una revisión exhaustiva de las estrategias jihadistas globales nos da otra visión profunda de la confrontación. Al Qaida y la directiva internacional salafí apuntaban a Gran Bretaña incluso antes de que Londres apuntase como objetivo a al Muhajirun y compañía a comienzos del 2005. Es más probable, en mi análisis, que los jihadistas abrieran fuego contra el gobierno de Tony Blair antes de que ordenase desmantelar las redes de Londonistán. Estaba bien entendido por parte de los islamistas radicales y sus aliados que el aliado más precioso de Estados Unidos en la guerra global contra el Terror es el Reino Unido.

Allá por marzo del 2004, al Qaida tumbó a un aliado de Washington. El gobierno del presidente Aznar. En los días posteriores a la “victoria jihadista” de entonces, la retórica salafí y wahabí – en al Yazira y en muchos chats — se centró en lo que llamaron entonces el siguiente capítulo, que es intentar derrocar al gobierno de Blair. La principal discusión en la época fue la ineludible ofensiva contra Gran Bretaña. Pero dado que “los intereses jihadistas” dentro de la ciudad eran grandes, los planificadores jihadistas confiaron en la creciente oposición nacional a la Guerra.


Al Qaida proyectó una posible derrota de Blair en sus elecciones después de la derrota de Bush en sus propias elecciones: una especie de efecto dominó de un lado a otro del Atlántico. Pero esto no ocurrió: en su lugar, Bush, Blair e incluso Howard, de Australia, fueron reelegidos. Lo que es peor, tuvo lugar un realineamiento occidental (incluyendo Washington y París) contra la ocupación del Líbano por parte de Siria y contra las armas de Hezbolá, por no mencionar a Irán. Además, Gran Bretaña se movió contra sus propios islamistas igual que Irak logró celebrar elecciones con éxito el pasado enero.

Por lo tanto, se tomó una decisión a los más altos niveles del jihadismo internacional: ofensiva abierta en Gran Bretaña hasta que el gobierno Blair salga. Pero para los jihadistas, éste no es un tema de tener éxito todo el tiempo. Esa no es la lógica de los jihadistas. Es un tema de persistencia ideológica. Un terrorista suicida no sobrevive para ver el resultado. Y los que toman las decisiones detrás de los atentados no se juegan su credibilidad en el resultado. Quieren romper el sistema de seguridad británico a cualquier precio. En sus mentes, algunas operaciones tendrán éxito y otras no.

Este mes apuntaron al sistema de trenes subterráneos y a un par de autobuses; mañana construirán otros espacios para la violencia. Igual que en Estados Unidos, la seguridad nacional británica debe saltar el vacío de los terroristas. Debería desarrollar una cultura de conocimiento libre de tabús. Las autoridades británicas tienen que bautizar a la ideología detrás de estos atentados para que el público pueda dar forma a sus instintos. Esto no son sólo terroristas que maten a civiles inocentes en fechas concretas.


Estos terroristas son terroristas jihadistas con una visión del mundo y designios contra el Reino Unido y contra otras democracias. Investigar la naturaleza de los explosivos es un proceso normal, pero poner al descubierto la ideología letal y sus ramificaciones en la sociedad es el centro de la batalla. Las noticias relativamente buenas son que tanto el primer ministro británico como el presidente norteamericano, sorprendentemente, se mueven en esa dirección.

Muy lentamente, quizá más lentamente que lo que las necesidades estratégicas sugieren, ambos líderes han pasado por fin de designar al enemigo como “terrorismo” a identificarlo sólo como “una ideología malvada”. En Washington y Londres, los políticos pronuncian las palabras “ideología criminal”. Según los estándares históricos, esto es un salto significativo. Lo próximo es aclarar la naturaleza de esta ideología.

Sólo entonces comenzaremos a comprender las intenciones de los terroristas en Gran Bretaña y en el resto del mundo libre. Sólo entonces seremos capaces de entender que cada “operación” es parte de la constelación global del jihadismo.


El 7 de Julio de Londres, el 11 de Septiembre de Nueva York y el 11 Marzo de Madrid, todos son ataques “tras la línea de fuego de los infieles”. Cuando comencemos a pensar según la lógica jihadista, no sólo comprenderemos los objetivos últimos de estos actos terroristas, exitosos o no; puede que hasta comencemos a proyectar su camino, y en última instancia los evitemos.

Por Walid Phares.
Más artículos del autor