El rebrote del extremismo islámico y el fortalecimiento de las mafias son graves secuelas del desmoronamiento del Estado soviético y constituyen una amenaza a la estabilidad de la región caucásica.
Los ataques aéreos rusos contra las posiciones rebeldes wahabitas en la República de Daguestán pusieron en alerta a Chechenia -que todavía no se recupera de la guerra que la azotó en diciembre de 1994-, Kirguiztán, Uzbekistán y Tadjikistán y significaron una intervención de Rusia para defender sus intereses petroleros.
También significan el debut en la escena política del primer ministro Vladimir Putin tras la proclamación de una república estrictamente islámica por la guerrilla dirigida por Shamil Basaiev, en guerra con el comandante Jattab por controlar dicho Estado.
En tanto, la prensa rusa anunció como inminente una nueva guerra en Chechenia y evocó la destitución del ministro ruso de Defensa Igor Sergueiev, incapaz según ésta de enfrentar la amenaza de un conflicto regional.
Moscú considera que la República independentista de Chechenia es un refugio para los rebeldes islamitas acusados de una serie de atentados que provocaron 292 muertos en Rusia en agosto y septiembre.
La decisión del ministro de Defensa, el mariscal Igor Sergueiev, de anular una visita a Suiza "no deja lugar a dudas sobre los planes de los militares", afirma el cotidiano Izvestia. Por su parte, Sivodnia evocó una posible destitución del mariscal Sergueiev y su reemplazo por el jefe del Estado Mayor Anatoli Kvachnin.
El diario acusa a Sergueiev de ser incapaz de enfrentar "las amenazas locales": "Los bandidos han invadido Rusia y han mostrado que siguen siendo una amenaza real mientras Sergueiev se ocupaba de las maniobras anti-OTAN Occidente 99", subraya el periódico.
"Los acontecimientos en Daguestán y en Chechenia han cuestionado los talentos del ministro" que consagra 90% del presupuesto militar a las fuerzas de misiles estratégicos y no da al ejército los medios de mostrarse eficaz en las operaciones en esas repúblicas.
Esta desestabilización del Cáucaso puede costarle caro a Rusia, donde más de un tercio de la población vive en la pobreza, pues hace vacilar su ambición de participar en el boom petrolero del Mar Caspio haciendo transitar el crudo de Azerbaiján por territorio ruso.
"Daguestán forma parte de la federación rusa. Moscú no puede quedarse sin actuar. No puede permitirse retirarse pura y simplemente de este territorio", estimó Antol Lieven, del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) de Londres.
"Es el mismo problema que tuvieron los británicos con Irlanda del Norte. La mayoría de la población de Daguestán no apoya lo que sucede actualmente. Si Rusia se retira, Daguestán se vendrá abajo en una guerra civil, y se producirá una situación a la libanesa", añadió el experto del Cáucaso.
Daguestán acoge más de una treintena de minorías étnicas. Las tres principales son los avaros (cerca de 500 mil), los darguines (unos 270 mil) y los lezguines (200 mil). Los rusos no representan más de 10% de la población de esta República de dos millones de habitantes.
La mayor parte de los expertos estima que la ocupación de varios pueblos del sur de Daguestán por grupos islamistas radicales constituye el desafío más serio a las autoridades de Moscú en esta región desde la guerra ruso-chechena (diciembre de 1994-agosto de 1996).
Los lezguines de Azerbaiján (cerca de 170 mil) ya reivindicaron en el pasado la constitución de una entidad estatal con los lezguines de Daguestán.
El enfrentamiento de esta república del Cáucaso corre el riesgo de "arruinar los planes de Rusia de convertirse en el principal circuito de transporte del petróleo azerbaijanés" dado que esta ruta pasa por Daguestán, afirmó el experto en petróleo Euan Craik.
En el gran juego petrolero que enfrenta a rusos y estadounidenses en Transcaucasia, los rusos propusieron un nuevo trayecto de oleoducto que rodearía Chechenia y pasaría por Daguestán.
Es la razón por la cual, paralelamente al lanzamiento de la ofensiva, Putin anunciaba que Rusia atacará las bases de los islamitas "en todos los lugares donde se encuentren, incluyendo Chechenia".
Pero, además de afectar los intereses financieros de Rusia, esta crisis podría igualmente provocar una debilitación de la influencia de Rusia en las ex repúblicas soviéticas en esta región, sobre todo Azerbaiján.
Y mientras Yeltsin se compromete a solucionar el problema de Daguestán que reconoció como "uno de los más complejos, junto con Chechenia" entre los que debió enfrentar, reaparece en el terreno una vieja pesadilla de Moscú: el jefe de guerra checheno Shamil Basaiev fue nombrado comandante "todopoderoso" de los combatientes islamistas.
Confrontado a su primera crisis, Vladimir Putin no podía sino declarar que "la situación en Daguestán volverá a la normalidad dentro de una semana y media a dos semanas".
Después de restablecer la calma -agregó- será necesario "consolidar al poder local y eso tomará más tiempo".
Su predecesor, Serguei Stepachin, fue destituido en realidad porque no supo imponer el orden en el Cáucaso ruso. Pero los observadores se preguntaban a principios de agosto, cuando se proclamó el Estado estrictamente islámico de Daguestán, sobre la estabilidad de Rusia y la credibilidad de sus primeros ministros, tan efímeros como "mediocres". Stepachin es el cuarto primer ministro ruso destituido por Yeltsin en 17 meses.
En conclusión, Rusia pasa por un momento difícil pues no ha podido hacer frente a los fenómenos del extremismo islámico y la mafia a unos cuantos meses de la realización de sus elecciones legislativas y con Yeltsin acusado de corrupción.
Verónica Valenzuela González, periodista egresada de la Universidad Iberoamericana, es reportera de El Financiero.
El Consejo Consultivo Muyahidin dice en un comunicado colocado en internet: "Les decimos a los adoradores de la cruz que continuaremos nuestra Yihad y nunca nos detendremos hasta que Dios nos avale para cortar su cuello y enarbolar la bandera del Islam hasta gobernar en todos los pueblos y naciones" Sólo entonces lo único aceptable será la conversión o la muerte por la espada".
La Lección (no aprendida) de Kosovo
Hace apenas algo más de 10 años, a los dirigentes occidentales (Unión Europea + Estados Unidos) no se les ocurrió mejor idea que la de destrozar y humillar a un digno país como Yugoslavia porque su gobierno tuvo el coraje de defender su soberanía nacional y la vida de sus ciudadanos contra la agresión del violento separatismo albanokosovar y el terrorismo islámico.
Este imperdonable "crimen" le valió a Yugoslavia (en esa época, poco más que Serbia), país europeo, cristiano y de gran cultura, ser puesto en la picota y ser tratado como un paria entre las naciones de la tierra, y al pueblo serbio, el elemento más valioso y civilizado de los Balcanes, ser machacado impiadosamente por la maquinaria bélica de la OTAN, la organización militar más poderosa de todos los tiempos.
Por primera vez en la historia, un grupo terrorista dispuso de la aviación de un ejército internacional creado para la defensa de la libertad y la democracia (!!). Y eso en defensa de los objetivos independentistas de los albanokosovares, un pueblo de bandidos, el elemento más atrasado e incivilizado del continente, los afganos de Europa.
Esto lo sabemos muy bien los españoles (y los demás europeos), ya que por nuestras calles pululan cientos de grupos criminales albanokosovares que han hecho de nuestro país (y de Europa en general) el escenario de sus fechorías, sin duda para agradecernos la sin precedente campaña de solidaridad de la sociedad española (y europea) con ellos en aquella guerra. Si tenemos en cuenta que la población albanesa de Kosovo alcanza apenas 1.800.000 personas, tendremos una cabal idea de las "cualidades" de este pueblo, que no obstante su reducido número ha logrado llenar a Europa entera, desde Andalucía hasta Laponia y desde Grecia hasta Escocia de una legión de bandas de criminales y de mafias de todo tipo.
Kosovo es hoy una entidad criminal bajo la tutela de la OTAN, un territorio fuera de la ley, un agujero negro en el mapa, un cáncer mafioso en los Balcanes, una pista de aterrizaje en Europa del terrorismo islámico. Los gobiernos que apoyaron y protagonizaron aquella agresión ilegítima y cobarde contra Yugoslavia se equivocaron de bando en aquella guerra y crearon un engendro peligroso.
Kosovo camina a marchas forzadas hacia la independencia con el beneplácito de la U.E y el apoyo de los EE.UU, y la alegría inconmensurable del mundo islámico que no puede menos que felicitarse de la increíble inepcia de los occidentales que trabajan contra sus intereses ofreciendo ventajas al Islam en su propio patio trasero. El siguiente paso será sin duda admitir a un Kosovo islámico en el seno de la U.E.
Kosovo es un "acierto" más de la política europea, tan faltada de cerebros como sobrada de prepotencia. Cuando los marroquíes, argelinos y demás muslines de todo pelaje sean mayoría en alguna regiones de España, Francia, Bélgica u otro país cualquiera de Europa, y reclamen la propiedad de esos territorios, basándose en la fuerza numérica y en la violencia de sus reclamos, veremos qué cara se les pondrá entonces a aquellos que no quisieron aprender a tiempo la lección de Kosovo.
Esta visión de la cuestión kosovar es cada vez más la de muchos que se han dado cuenta (aunque no siempre lo digan en público) del error cometido. Es el caso de un destacado militar canadiense que estuvo al mando de las tropas de la OTAN en la zona en aquella época.
Lo que sigue es un artículo de un periódico canadiense de hace unos años.
El general Lewis Mackenzie ha mandado tropas en Gaza, Chipre, Vietnam, Egipto, América Central. En Sarajevo, en plena guerra civil tenía bajo su responsabilidad a contingentes de 31 países.
Este militar canadiense fue el comandante en jefe de las fuerzas occidentales en Bosnia. Actualmente retirado, hoy denuncia lo que la OTAN hizo en Kosovo y contra Yugoslavia.
El antiguo comandante de la OTAN habla de Kosovo.
-"Hemos bombardeado el bando equivocado."
-"¿Genocidio?" Nada de 100.000 víctimas, sino 2.000 ("entre todas las etnias").
-"Fueron los albaneses quienes empezaron el conflicto, y los hemos considerado víctimas."
-"Milosevic no hizo otra cosa que reaccionar a la agresión."
-"La OTAN ha entregado Kosovo a la mafia."
-"Hemos ayudado a la UCK a crear un Kosovo étnicamente puro."
-"Hemos favorecido a los terroristas del mundo entero."
Entrevista al general Mackenzie (abril 2004).
Hace 5 años, las pantallas de nuestras televisiones desbordaban de imágenes de albaneses que huían de Kosovo a través de las fronteras para buscar refugio en Macedonia o en Albania. Informes alarmistas decían que las fuerzas de seguridad de Slobodan Milosevic llevaban a cabo una campaña genocida, y que por lo menos 100.000 albaneses de Kosovo habían sido masacrados y enterrados en fosas comunes a lo largo y a lo ancho de la provincia.
La OTAN entró rápidamente en acción, aunque ninguno de los miembros de esta alianza había sido amenazado, y se puso a bombardear no sólo Kosovo sino también las infraestructuras y la población misma de la propia Serbia sin que esta acción fuera autorizada por una resolución de las Naciones Unidas.
Se criticó duramente a aquellos de nosotros que advertimos a Occidente contra el hecho que este se estaba dejando arrastrar al costado de un movimiento independentista albanés extremista y sectario. Se olvidó oportunamente que la organización que lideraba la lucha por la independencia, el Ejercito de Liberación de Kosovo (UCK), estaba considerada universalmente como una organización terrorista y era conocida por estar apoyada por el movimiento Al Qaeda de Osama Bin Laden.
Después de la intervención de la OTAN y de la ONU en 1999, Kosovo se ha convertido en la capital europea del crimen organizado. El comercio de esclavos sexuales florece en este territorio. La provincia se ha convertido en el mayor centro de distribución de drogas en dirección a toda Europa y América del Norte. Y para colmo, la mayoría de esas drogas proviene de otro país "liberado" por Occidente: Afganistán. Los miembros de la UCK, que fue desmovilizada pero no desmantelada, participan tanto de ese tráfico como del gobierno.
La policía de la ONU arresta de vez en cuando a algunos de los que están implicados en este tráfico y los lleva ante una jurisdicción ineficiente, además de permisiva ante la corrupción y sometida a presiones.
"El fin último de los albaneses es de purgar Kosovo de todos los no-albaneses, incluidos los representantes de la comunidad internacional, y de fusionarse con la madre-patria Albania, creando crear así la "Gran Albania". Su campaña comenzó a principio de los años 1990 con ataques a las fuerzas de seguridad serbias; lograron convertir la reacción enérgica de Milosevic en una simpatía universal hacia su causa. El genocidio proclamado por Occidente nunca existió; los 100.000 muertos supuestamente enterrados en fosas comunes han resultado ser unos 2.000, entre todas las etnias, incluyendo a aquellos que perecieron en los combates.
"Los albaneses de Kosovo nos han manejado a su antojo. Hemos financiado y apoyado indirectamente su campaña por la independencia de un Kosovo étnicamente puro. Nunca les hemos reprochado de ser responsables de las violencias de los primeros años 90, y seguimos pintándolos como víctimas todavía hoy a pesar de las pruebas que establecen lo contrario.
Cuando hayan alcanzado su objetivo de independencia, ayudados por los dólares de nuestros impuestos añadidos a los de Bin Laden y Al-Qaeda, nos podremos imaginar qué señal de animo significará esto para los otros movimientos independentistas del mundo entero sostenidos por el terrorismo.""¿Nuestro empecinamiento en cavar nuestra propia tumba no es acaso cómica?"The National Post, 6 de abril 2004.
The National Post, 6 de abril 2004.
Traducción: Alain
Noticias Relacionadas
Conflictos étnicos,
Guerra en los Balcanes.
El sufrimiento de los cristianos bajo la ley islámica
La introducción de la ley islámica, o «sharia», en muchos de los estados del norte de Nigeria ha causado serias dificultades a los cristianos. Durante un reciente viaje al país, el arzobispo anglicano de Canterbury, George Carey, declaró que el cristianismo está en declive en el estado septentrional de Zamfara desde la adopción de la ley islámica. Según informaba la BBC (5 febrero), el arzobispo Carey indicó que muchos cristianos han abandonado el estado desalentados, ya que no podían construir iglesias o enseñar religión en las escuelas.Zamfara fue el primer estado nigeriano que impuso el código islámico, a finales de enero del año pasado. En la sharia se incluyen penas tales como el apedreamiento hasta la muerte, la amputación y los azotes. El intento de introducir la ley islámica en el vecino estado de Kaduna, que tiene mucha más población cristiana (más del 40% del total), condujo a un terrible baño
de sangre el año pasado. Al menos dos mil personas murieron en los enfrentamientos entre cristianos y musulmanes.
Nigeria es el país más poblado de Africa y las estimaciones oscilan entre los 80 y los 120 millones de personas. La etnia dominante en los dos tercios del país, al norte, son los hausa-fulani, muchos de los cuales son musulmanes. El pueblo yoruba es predominante en el sudoeste. En torno a la
mitad de los yorubas son cristianos y la otra mitad musulmanes. Los igbo, predominantemente católicos, son la etnia que habita en el sudeste del país.
Cerca de la mitad de la población nigeriana practica el Islam, un 40% es cristiana y en torno a un 10% sigue las religiones tradicionales autóctonas. La rama predominante del Islam es la sunnita. Dentro de la población cristiana, hay católicos, anglicanos, baptistas, metodistas y un número creciente de seguidores de los grupos pentecostales evangélicos. Sin embargo los católicos son la mayor denominación cristiana.
Tras 15 años de régimen militar, en febrero de 1999, Olusegun Obasanjo, del Partido Democrático Popular (PDP), centrista, fue elegido presidente y tomó posesión en mayo de ese año. El PDP consiguió también una clara mayoría tanto en el Senado como en el Congreso. Desde la independencia, el Gobierno ha estado alternativamente en manos de civiles ineptos e incompetentes y brutales dictadores militares. Gran parte de la enorme riqueza petrolífera
ha sido derrochada y la renta per capita ha descendido a la mitad en los últimos veinte años.
Norte y Sur, divididos
Según indicaba un artículo en el «Telegraph» (27 diciembre), los conflictos entre musulmanes y cristianos coinciden con el acceso a la Presidencia de un cristiano de la etnia yoruba, Obasanjo. Durante los últimos 40 años, la mayor parte de los gobernantes de Nigeria procedían del norte musulmán, todos de la etnia hausa-fulani.
En parte, las divisiones entre norte y sur, musulmanes y cristianos, se deben a factores históricos. En 1914, se creaba Nigeria como entidad política, mediante la fusión de los territorios del norte y del sur, que de este modo se ofrecían juntos a los grupos independentistas. El poder
colonial británico dio a las tribus hausa y fulani, predominantemente musulmanas, autoridad sobre las otras etnias, en su mayoría cristianas.
En sus boletines de enero y febrero, la agencia Compass Direct ha proporcionado amplia información sobre los conflictos entre cristianos y musulmanes. Entre 1980 y 2000, se han registrado 30 importantes conflictos entre los dos grupos en el norte de Nigeria. Durante estos choques, miles de cristianos y musulmanes perdieron la vida y cientos de iglesias fueron
destruidas.
A comienzos de febrero, Zamfara celebró el primer aniversario de la sharia y según la agencia France Presse, AFP (4 febrero), los cristianos dijeron que habían sido degradados a un rango de «segunda clase».
Zamfara ha sido el estado más celoso en exigir la observancia de los preceptos musulmanes. A comienzos del año pasado, la justicia amputó la mano a un hombre convicto de ser un ladrón de ganado. El mes pasado, fue azotada con 100 latigazos una joven que se había quedado embarazada antes del matrimonio. La joven alegó que había sido obligada, pero ningún hombre
fue juzgado por ello.
AFP citaba al padre Linus Awehe, presidente en el estado de Zamfara de la «Christian Association of Nigeria» que afirmaba: «La Iglesia en Zamfara tiene muchos problemas que se pueden atribuir a la marginación y segregación religiosa». «Aquí, en Zamfara, los cristianos son tratados como ciudadanos de segunda clase. No se nos permite participar en el Gobierno.
No se nos permite enseñar en las escuelas. No se nos deja aparecer en la radio», añadió.
Un reciente reportaje de la «Panafrican News Agency» (7 febrero) anunciaba que el estado septentrional de Borno ha creado una comisión de 25 miembros para determinar el modo de introducción de la sharia. La agencia indicaba que el total de estados del norte que han adoptado la ley islámica son más de una docena de un total de 19 estados en el norte musulmán.
Reacción de los líderes cristianos
Ante la actual tensión religiosa en el país, los líderes eclesiales han advertido que existe un límite al aguante de la persecución por parte de los cristianos. El arzobispo católico de Lagos, Olubunmi Okogie, declaró que no se puede poner en práctica un sistema legal dual y que «Nigeria no
es un país islámico».
Por su parte, el reverendo Sunday Mbang, dijo: «Nosotros como habitantes de este país perteneciente a la fe cristiana hemos decidido que el cristianismo es nuestra religión y no se nos puede forzar de la noche a la mañana a cambiar nuestra fe. Seguiremos firmes y pediremos respeto a nuestra libertad religiosa».
El obispo Mike Okonkwo, presidente de «Pentecostal Fellowship of Nigeria» manifestó: «Resistiremos a todo lo que pueda obstruir en Nigeria un ambiente de culto y libertad, reconocido en la Constitución, con todo el poder que nos ha dado Jehová Todopoderoso».
Se agudiza la persecución
Según informaba la agencia Compass el 16 de febrero, los cristianos fueron atacados por los musulmanes en varias ocasiones recientemente. En el estado de Sokoto, extremistas musulmanes han buscado deliberadamente a las mujeres cristianas para raptarlas, desde la introducción del código islámico en mayo del año pasado, dijeron líderes cristianos del lugar.
«Hay una intimidación contra los cristianos y pastores dentro de las metrópolis de Sokoto que se expresa de diferentes maneras, tales como el desahucio de las casas con o sin aviso previo, persecución y el aumento de casos de rapto, especialmente de mujeres cristianas», declaró el pastor Momo James.
El pastor Elisha Nmeribe añadió que la Agencia de Planificación Urbana estatal y regional de Sokoto ha destruido propiedades de la Iglesia.
Agentes gubernamentales demolieron edificios eclesiales en Mabera, Mujaya y en la zona conocida como el viejo aeropuerto. La amenaza de muchas demoliciones eclesiales despertó el temor de las comunidades cristianas en estas zonas.
Mientras tanto, en diversos estados septentrionales de Nigeria, se produjeron desmanes por parte de grupos de extremistas musulmanes el 9 de enero pasado. Atacaron a cristianos y edificios eclesiales, según las noticias, a causa de un eclipse lunar. Los asaltos tuvieron lugar en las ciudades de Adamawa, Yobe, en los estados de Sokoto y Borno, donde turbas integristas islámicas acosaron y atacaron a cristianos, destruyeron edificios eclesiales y realizaron actos vandálicos contra propiedades cristianas. Testigos presenciales dijeron que las turbas gritaban que el eclipse lunar se produjo por los pecados de los no musulmanes, especialmente los cristianos.
Y en Zamfara el gobernador se propone convertir por la fuerza una iglesia católica en Dashi en una escuela islámica. El gobernador Alhaji Ahmed Sani anunció su intención después de que él y algunos de sus seguidores irrumpieran en la iglesia católica de Santo Domingo, el viernes 19 de enero
Según Compass Direct, los testigos confirmaron que el gobernador Sani, tras ayudar a invadir la iglesia, ordenó derribar el púlpito, declaró «Allahu Akbar» (Alá es grande), y dio instrucciones para que la iglesia fuera inmediatamente usada como escuela islámica.
Zenit 19-02-01
Un motín deja cientos de muertos en Nigeria por conflicto entre cristianos y musulmanes
En la nación africana de Nigeria la calma regresó tras varios días de sangrientos enfrentamientos entre cristianos y musulmanes. Sin embargo los hospitales siguen desbordados por los heridos.
Cristianos y musulmanes chocaron tras las elecciones locales en la ciudad de jos, ubicada en el centro del país. En sólo dos días de enfrentamientos perdieron la vida cuatrocientas personas entre hombres, mujeres y niños. Unos 12 mil han buscado albergue en campamentos de refugiados.
La violencia inició con una disputa entre los dos principales partidos políticos. Muchas casas, iglesias y mezquitas fueron incendiadas y al menos cuatro pastores perdieron la vida. Víctor Oladokun, director del ministerio “Worldreach” de CBN en Nigeria comenta la situación la situación en su país.
“Esto fue un ataque premeditado que comenzó durante la madrugada y fue coordinado desde varias locaciones resultando en la muerte de cientos de cristianos. Lo que debemos hacer como cristianos es seguir orando por Nigeria y seguir orando por la comunidad cristiana en Jos. Estuve hablando con el obispo de la Iglesia de Nigeria y él pide a los televidentes que oren por ellos. Hay pastores que han fallecido, muchas iglesias han sido quemadas y nada de esto no ha sido reportado en los medios”.
Siempre en África, una pareja de misioneros fue detenida en la nación de Gambia bajo supuestos cargos de sedición. David Fulton, de 60 años y su esposa Fiona de 46, son acusados de escribir y enviar cartas con criticas al gobierno. Sin embargo la señora Fulton aseguro que la acusación es falsa y que, por el contrario, ellos aman al país. La pareja, de origen británico, ha vivido en Gambia durante 12 años. El señor Fulton servia como capellán del ejercito antes de ser arrestado.
Mundo Cristiano – Nigeria
.
La misión del ejército español en Irak.
Después de leer una sarta de mentiras vertidas por algunos fundamentalistas Zapaterianos que pululan por nuestra prensa, me veo con la obligación de hacer justicia a nuestro ejército, así como lavar la imagen de nuestros soldados, puesto que se les tilda de “asesinos” injustamente.
La actitud de algunos periodistas es vergonzosa, la mentira, la ignorancia y los deseos de criticar Aznar, es tan desmesurada que no tienen reparo en desprestigiar a todos los españoles que no pertenezcamos al club de los progresistas.
Nunca España ha estado tan crispada como en estos momentos, debemos agradecer a ZP su gran talante para llevar a cabo esta misión.
“Divide et vinces” “Divide et impera"
Los detalles de la misión y las circunstancias de la retirada
Hablan los militares de Irak
Los militares españoles han acumulado durante años fama internacional por su participación como fuerzas de paz o en labores de reconstrucción en diferentes crisis en multitud de escenarios. Ninguna actuación anterior, sin embargo, había sido tan discutida como la de Irak. En este primer capítulo ellos mismos explican cómo se produjeron algunos hechos controvertidos.
Hay una guerra de Irak contada por los medios de comunicación occidentales y otra por los medios árabes.
Hay una guerra de Irak interpretada por el Gobierno de Estados Unidos y otra por la mayoría de los Gobiernos de Europa.
Existen diferentes guerras según la cuenten chiíes, suníes, kurdos, habitantes del norte, del centro o del sur de Irak, incluso del norte, del centro o del sur de Bagdad.
En España hay una versión de la guerra de Irak, de su origen y sus efectos, construida por la izquierda y otra por la derecha.
Ningún acontecimiento internacional desde la caída del muro de Berlín ha despertado tanta controversia, crítica tan feroz y defensa tan apasionada, como la decisión norteamericana de invadir Irak dando lugar a una larga tragedia cuyo final apenas se comienza a vislumbrar tras las elecciones del pasado mes de enero.
Durante varios meses, entre los mejores testigos de esa tragedia estuvieron los militares españoles enviados por el Gobierno de José María Aznar pese a la masiva contestación popular. Ellos tienen también su propia versión sobre la guerra de Irak y ahora, cerca de cumplirse un año desde su salida de aquel país, la cuentan por primera vez.
EL PAÍS ha hablado con los principales jefes militares destinados a Irak durante los 10 meses que duró lo que, unánimemente, ha sido descrito por ellos mismos como la más compleja, peligrosa y polémica misión exterior en la que ha participado nunca el Ejército español.
Los militares recuerdan con orgullo su actuación en ese conflicto, no discuten las razones por las que fueron enviados ni las razones por las que se les ordenó retirarse, y aunque saben que su actuación estuvo rodeada de una enorme polémica en España, defienden su trabajo en Irak y, en términos generales, preferirían haber seguido allí.
No participamos en una guerra
La guerra de los generales y mandos españoles en Irak, en primer lugar, no fue una guerra : "Lo que hicimos allí sirvió para algo: dimos seguridad a los ciudadanos, reconstruimos fábricas, mejoramos la situación sanitaria, la energía eléctrica, el reparto de combustible, apoyamos para crear una estructura de poder local... Hicimos muchas cosas y bien".
Todos destacan su extensa contribución a la reconstrucción del país, una vez que las tropas invasoras habían tomado formalmente control de la situación, pero niegan cualquier implicación suya en las operaciones militares propiamente dichas y en la represión del posterior alzamiento rebelde.
El teniente general Luis Feliu, que fue el representante de España en la Autoridad Provisional de la Coalición (CPA, en sus siglas en inglés), vivió muy de cerca los momentos en los que se tomó la decisión de actuar en Irak. "Siempre estuvo muy claro", opina, "que nuestra labor iba a ser de reconstrucción".
"El Gobierno intentó desde el principio mantenerse alejado de los focos más conflictivos. De hecho, su intención inicial era la de enviar soldados únicamente a Diwaniya, pero los norteamericanos nos pidieron que nos ocupáramos también de Nayaf, que sabíamos que era más peligroso". El Gobierno de entonces trataba de satisfacer el deseo de los norteamericanos de contar con un aliado más en Irak y, al mismo tiempo, de evitar cualquier riesgo para los soldados españoles.
El general Alfredo Cardona, a quien Trillo encargó el viernes 11 de julio, después del Consejo de Ministros, mandar la primera expedición de 1.300 hombres y mujeres a Irak, asegura que la misión que recibió era muy clara: "Mantener la estabilidad en la zona y contribuir a la vertebración del sistema político local". "La estructura militar que llevamos era para una operación de tipo humanitario. Nunca estuvo contemplada la posibilidad de entrar en una guerra", añade el general José Manuel Muñoz, último jefe de las tropas españolas.
Papel de contención de EE UU
Los oficiales españoles se expresan en todo momento conscientes del uso y valoración política que pueden haberse dado a su misión, pero no perciben su presencia en Irak, en el plano estrictamente técnico-militar, como un respaldo a la guerra o a Estados Unidos. El general Feliu, que asistía cada día a reuniones con el máximo responsable militar de la Coalición, el general norteamericano Ricardo Sánchez, y el jefe de la CPA, Paul Bremer, no oculta la decepción y malestar que le causaban la desorganización e improvisación de que era testigo.
En privado, los oficiales españoles critican los métodos empleados por sus colegas estadounidenses en el campo de batalla y creen que, durante su estancia allí, el Ejército español no sólo no intervino de forma ofensiva en los combates, sino que contuvo algunas acciones desproporcionadas por parte de los norteamericanos y consiguió mantener estable y en calma la zona bajo su control.
La misión española en Irak tuvo un conocido y abrupto final que -sin que ninguno de los mandos en activo quiera emitir juicios que desborden los límites de disciplina a los que están obligados- no fue bien entendido por los militares.
Antes que las razones políticas esgrimidas por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero para decidir la salida de las tropas, los militares tienen en cuenta a los cientos de iraquíes entrenados como soldados allí y previsiblemente expuestos desde el repliegue español a la sangrienta represalia de los insurgentes, valoran el revés que su salida supuso para la supervivencia de los soldados centroamericanos con los que habían convivido durante meses y perciben, en general, el daño sufrido por la imagen del Ejército al dejar sin concluir la misión a la que se habían comprometido.
Una salida precipitada, argumentan los generales, siempre genera una cierta frustración, sobre todo cuando se tenía la percepción de que la misión era positiva. "Lo que hicimos allí sirvió para algo: dimos seguridad a los ciudadanos, reconstruimos fábricas, mejoramos la situación sanitaria, la energía eléctrica, el reparto de combustible, apoyamos para crear una estructura de poder local... Hicimos muchas cosas y bien", recuerda el general Cardona, que hoy está al frente del Mando de Operaciones Especiales.
Las tropas españolas reconstruyeron más de cien escuelas, una veintena de hospitales y otros tantos edificios municipales, detuvieron a algunos peligrosos delincuentes y destruyeron más de 60.000 bombas, minas y artefactos explosivos. "Cumplimos nuestro contrato en medio de grandes riesgos, pero con la satisfacción de todos. Y nos fuimos únicamente porque nos dieron la orden de irnos", opina el general Fulgencio Coll, que sucedió a Cardona en el mando de las tropas españolas como jefe de la brigada Plus Ultra II.
Toda la labor en Irak quedó, sin embargo, oscurecida por las dudas sobre su legitimidad y, sobre todo, por el extraordinario debate que provocó su conclusión. El general Muñoz, que mandó la operación de repliegue, no manifiesta ninguna frustración por el hecho mismo de la retirada, sino por la situación en que quedó Irak.
"La misión es la que es, se cumple y punto. Lo más difícil fue ver a la gente iraquí que había colaborado con nosotros y que a partir de ese momento no sabíamos qué iba a ser de ellos. Y puedo asegurar que, entre la gente que yo vi, la mayoría de los iraquíes querían trabajar en paz y colaborar con la Coalición", opina Muñoz, actual jefe de la Brigada de la Legión.
"No escuché ninguna crítica"
La retirada de las tropas españolas estuvo rodeada de algunas leyendas sobre las burlas que tuvieron que soportar de parte de los otros soldados de la Coalición o de actos de boicoteo por parte de las fuerzas norteamericanas. Todos esos episodios, que no han podido ser probados por otras fuentes, han sido desmentidos por los mandos españoles.
"Nuestros mandos polacos -España estaba integrada en una división a cuyo frente estaba un general de Polonia- nos dijeron que entendían perfectamente que nos debíamos a las decisiones políticas. No escuché ninguna crítica ni de parte de los norteamericanos ni de los demás miembros de la Coalición. Lo único que preocupó a nuestros socios fue la rapidez con que lo tuvimos que hacer", recuerda el general Coll, que hoy manda la División Mecanizada Brunete número 1.
De hecho, los norteamericanos prestaron a los españoles muchas de las plataformas y contenedores que eran necesarios para el transporte de los vehículos desde la base de Diwaniya hasta Kuwait. Y contribuyeron con apoyo aéreo y suministro de combustible para garantizar la seguridad y la rapidez de la retirada, pese a que ésta supondría el retorno a la zona de los soldados del Segundo Regimiento de Caballería norteamericano, que estaba a punto de regresar a sus cuarteles en EE UU después de un año en Irak. El general Muñoz asegura que los mandos norteamericanos colaboraron y comprendieron la situación. "A nadie le gusta, pero lo entendieron", dice.
Los mayores problemas de la retirada se presentaron, probablemente, en Madrid. Según la versión de los jefes militares, el nuevo ministro de Defensa, José Bono, quería que el repliegue se efectuase cuanto antes, sin reparar en algunas dificultades técnicas que aconsejaban una actuación más cautelosa. "Tenía un cierto desconocimiento inicial de lo que tenía entre manos, quería que ese mismo lunes (la retirada se anunció el domingo 18 de abril) empezara a salir la gente", afirma el teniente general Luis Alejandre, que era entonces general de Ejército jefe del Estado Mayor del Ejército y miembro de la Junta de Jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas.
Un domingo de tensión
Aunque anteriormente se le había adelantado ya que Zapatero tenía intención de cumplir su más famosa promesa electoral sin dilación, Alejandre fue informado oficialmente el día 18 por la mañana de que el presidente anunciaría la retirada horas más tarde. Inmediatamente abandonó la isla de Menorca, donde pasaba el fin de semana, y se trasladó a Madrid. En su conversación con el ministro de Defensa, Alejandre, que meses después sería relevado por sorpresa en el mando, recordó que España tenía firmado un memorándum con 32 países por el que se comprometía a avisar de su salida de Irak al menos con un mes de antelación.
De hecho, ese mismo día, el jefe del Ejército llamó al responsable de la Coalición militar en Irak, el general Ricardo Sánchez, y a otros mandos militares de países centroamericanos para comunicarles las intenciones del Gobierno que había tomado posesión sólo un día antes. "Yo comprendía las prisas. De hecho, cuando empezamos a hablar de plazos le dije que era consciente de que el 14 de junio había elecciones [para el Parlamento Europeo]", declara Alejandre. "Pero no debía aceptar que ellos", añade, en referencia a Bono y sus colaboradores, "decidieran cómo había que hacer las cosas en el orden técnico. Nunca les pedí explicación sobre el qué. Cuando me comunicaron la retirada no moví una ceja. Pero les dije que lo lógico era que el cómo lo decidiéramos nosotros".
Cuando el repliegue fue anunciado se estaba en vísperas de la sustitución, después de los correspondientes tres meses en la zona, de los 1.300 hombres y mujeres de la Plus Ultra II por una nueva fuerza de refresco. La orden inicial del Gobierno fue que ese relevo fuese suspendido y que las tropas estacionadas en ese momento en Irak prolongaran su estancia unas semanas más para organizar la retirada.
Los mandos militares se opusieron a ese proyecto porque pensaron que cargar sobre soldados cansados y no preparados mentalmente la responsabilidad de una operación tan compleja como una retirada en un terreno hostil conllevaba un enorme riesgo. "Era imposible proceder al repliegue en esas circunstancias", afirma Alejandre.
"El general Coll me hablaba de soldados que se habían hecho a un tipo de misión y que recibían enormes presiones familiares desde España. Algunos círculos militares llegaron a aludir al desastre de Anual. Un repliegue en esas condiciones habría sido enormemente peligroso", considera Alejandre.
El general Coll coincide en que sus tropas, después de un fuerte desgaste, no se encontraban en las mejores condiciones para afrontar una operación de repliegue. Además, en el momento de ordenarse la salida, la situación de los soldados españoles en Irak había variado ya notablemente respecto a meses anteriores: las labores de reconstrucción del país habían sido reducidas y el esfuerzo principal se dedicaba ya a la autoprotección.
Múqtada al Sáder entra en escena
Desde poco antes de ese mes de abril de 2004, el Ejército del Mahdi, dirigido por el joven extremista religioso Múqtada al Sáder, había extendido su influencia en Nayaf y había comenzado a desafiar a la autoridad de la Coalición. Los militares españoles tuvieron que hacer uso a partir de ese momento de sus mejores dotes de persuasión. Las diferencias entre sus métodos y los de los norteamericanos quedaron bruscamente en evidencia.
El general Cardona había marcado desde el principio unas reglas de trato amigables con el extremismo religioso: "Les transmití a los líderes religiosos que no éramos fuerzas de ocupación, ordené a mi gente no beber ni comer en público durante la fiesta del Ramadán, prohibí utilizar perros en las patrullas y en las vigilancias -el perro es un animal que ofende la dignidad de los creyentes islámicos- y en general sacrificábamos nuestra seguridad con el fin de respetar sus costumbres".
El general Cardona comparecía una vez por semana ante las pantallas de la televisión local para ofrecer confianza a la población y mostrar interés por sus problemas. Periódicamente se reunía con líderes tribales y representantes religiosos. "Entendimos rápidamente que se trataba de un pueblo muy nacionalista. Nos advirtieron de que les parecía muy bien nuestra presencia allí en aquel momento, pero que no pensáramos en eternizarnos en Irak".
El contacto con el propio Múqtada al Sáder, verdadera pesadilla de la Coalición durante varios meses, fue más difícil. Ninguno de los mandos españoles llegó a hablar personalmente con él. Sólo pudieron enviarle mensajes a través de intermediarios, pero las relaciones fueron razonablemente cordiales hasta las últimas semanas de la estancia española en Irak. Como prueba del clima que se había conseguido crear en cierto periodo, uno de los colaboradores de Al Sáder e interlocutor de los españoles, el imán Fadel, le entregó al general Cardona un Corán de regalo al ser sustituido.
Los primeros enfrentamientos
Las primeras dificultades de importancia con las milicias chiíes se produjeron al comienzo de la primavera de 2004, cuando los soldados españoles establecieron controles para evitar el tránsito clandestino de armas. Nunca se produjeron enfrentamientos directos, pero el clima de tensión crecía cada día. El general Coll trató de tranquilizar a Al Sáder con un mensaje en el que, después de advertirle que no podía aceptar el movimiento de hombres armados por el territorio bajo su control, le daba garantías de que no tenía intención de atacar ni desmantelar al Ejército del Mahdi.
"Es cierto que en el mes de marzo el Ejército del Mahdi crecía deprisa, nosotros nos encontrábamos en medio y comenzaban a vernos como fuerzas de ocupación, pero nuestra política era la de no provocar con nuestra actuación una reacción todavía más hostil de los grupos rebeldes, y así se lo hacíamos saber a los demás miembros de la Coalición", recuerda el general Coll.
Éste fue un primer asunto de discrepancia con el mando norteamericano. "Nuestras reglas de enfrentamiento eran muy defensivas", añade Coll. "Los norteamericanos nos pedían cosas que no podíamos cumplir, porque nuestra misión no incluía ese tipo de acciones de carácter ofensivo".
"Nuestra misión era de estabilización, no de lucha contra la insurgencia", recuerda el general Feliu. Pero sus homólogos de Estados Unidos, acuciados en aquel momento por el crecimiento continuo de las bajas y el empantanamiento de un conflicto que creían haber resuelto en unas pocas semanas, no compartían esa opinión, como el tiempo se encargaría muy pronto de demostrar.
Por Antonio Caño
El País
Esta es la otra verdad sobre la tan discutida participación de nuestros soldados en la guerra de Irak.
Es indignante la manipulación, la mentita, y la farsa publicitaria a la que se ha sometido al pueblo español.
ZP deberá asumir las consecuencia de sus impulsivos actos, (no por la retirada), pero si, “por la retirada” vertiginosa, anteponiendo el pago de promesas electorales, por encima de sus obligaciones como presidente del reino de España.
Le pediremos cuentas a este pacifista de pacotilla, cuando llegue el momento no tan lejano, y comprobemos la verdadera utilidad del armamento que vende a Venezuela, muy lejos de ser utilizado con los fines que esta exponiendo.
Una de dos o es tonto y se autoengaña, o sabe perfectamente que nos esta mintiendo.
La actitud de algunos periodistas es vergonzosa, la mentira, la ignorancia y los deseos de criticar Aznar, es tan desmesurada que no tienen reparo en desprestigiar a todos los españoles que no pertenezcamos al club de los progresistas.
Nunca España ha estado tan crispada como en estos momentos, debemos agradecer a ZP su gran talante para llevar a cabo esta misión.
“Divide et vinces” “Divide et impera"
Los detalles de la misión y las circunstancias de la retirada
Hablan los militares de Irak
Los militares españoles han acumulado durante años fama internacional por su participación como fuerzas de paz o en labores de reconstrucción en diferentes crisis en multitud de escenarios. Ninguna actuación anterior, sin embargo, había sido tan discutida como la de Irak. En este primer capítulo ellos mismos explican cómo se produjeron algunos hechos controvertidos.
Hay una guerra de Irak contada por los medios de comunicación occidentales y otra por los medios árabes.
Hay una guerra de Irak interpretada por el Gobierno de Estados Unidos y otra por la mayoría de los Gobiernos de Europa.
Existen diferentes guerras según la cuenten chiíes, suníes, kurdos, habitantes del norte, del centro o del sur de Irak, incluso del norte, del centro o del sur de Bagdad.
En España hay una versión de la guerra de Irak, de su origen y sus efectos, construida por la izquierda y otra por la derecha.
Ningún acontecimiento internacional desde la caída del muro de Berlín ha despertado tanta controversia, crítica tan feroz y defensa tan apasionada, como la decisión norteamericana de invadir Irak dando lugar a una larga tragedia cuyo final apenas se comienza a vislumbrar tras las elecciones del pasado mes de enero.
Durante varios meses, entre los mejores testigos de esa tragedia estuvieron los militares españoles enviados por el Gobierno de José María Aznar pese a la masiva contestación popular. Ellos tienen también su propia versión sobre la guerra de Irak y ahora, cerca de cumplirse un año desde su salida de aquel país, la cuentan por primera vez.
EL PAÍS ha hablado con los principales jefes militares destinados a Irak durante los 10 meses que duró lo que, unánimemente, ha sido descrito por ellos mismos como la más compleja, peligrosa y polémica misión exterior en la que ha participado nunca el Ejército español.
Los militares recuerdan con orgullo su actuación en ese conflicto, no discuten las razones por las que fueron enviados ni las razones por las que se les ordenó retirarse, y aunque saben que su actuación estuvo rodeada de una enorme polémica en España, defienden su trabajo en Irak y, en términos generales, preferirían haber seguido allí.
No participamos en una guerra
La guerra de los generales y mandos españoles en Irak, en primer lugar, no fue una guerra : "Lo que hicimos allí sirvió para algo: dimos seguridad a los ciudadanos, reconstruimos fábricas, mejoramos la situación sanitaria, la energía eléctrica, el reparto de combustible, apoyamos para crear una estructura de poder local... Hicimos muchas cosas y bien".
Todos destacan su extensa contribución a la reconstrucción del país, una vez que las tropas invasoras habían tomado formalmente control de la situación, pero niegan cualquier implicación suya en las operaciones militares propiamente dichas y en la represión del posterior alzamiento rebelde.
El teniente general Luis Feliu, que fue el representante de España en la Autoridad Provisional de la Coalición (CPA, en sus siglas en inglés), vivió muy de cerca los momentos en los que se tomó la decisión de actuar en Irak. "Siempre estuvo muy claro", opina, "que nuestra labor iba a ser de reconstrucción".
"El Gobierno intentó desde el principio mantenerse alejado de los focos más conflictivos. De hecho, su intención inicial era la de enviar soldados únicamente a Diwaniya, pero los norteamericanos nos pidieron que nos ocupáramos también de Nayaf, que sabíamos que era más peligroso". El Gobierno de entonces trataba de satisfacer el deseo de los norteamericanos de contar con un aliado más en Irak y, al mismo tiempo, de evitar cualquier riesgo para los soldados españoles.
El general Alfredo Cardona, a quien Trillo encargó el viernes 11 de julio, después del Consejo de Ministros, mandar la primera expedición de 1.300 hombres y mujeres a Irak, asegura que la misión que recibió era muy clara: "Mantener la estabilidad en la zona y contribuir a la vertebración del sistema político local". "La estructura militar que llevamos era para una operación de tipo humanitario. Nunca estuvo contemplada la posibilidad de entrar en una guerra", añade el general José Manuel Muñoz, último jefe de las tropas españolas.
Papel de contención de EE UU
Los oficiales españoles se expresan en todo momento conscientes del uso y valoración política que pueden haberse dado a su misión, pero no perciben su presencia en Irak, en el plano estrictamente técnico-militar, como un respaldo a la guerra o a Estados Unidos. El general Feliu, que asistía cada día a reuniones con el máximo responsable militar de la Coalición, el general norteamericano Ricardo Sánchez, y el jefe de la CPA, Paul Bremer, no oculta la decepción y malestar que le causaban la desorganización e improvisación de que era testigo.
En privado, los oficiales españoles critican los métodos empleados por sus colegas estadounidenses en el campo de batalla y creen que, durante su estancia allí, el Ejército español no sólo no intervino de forma ofensiva en los combates, sino que contuvo algunas acciones desproporcionadas por parte de los norteamericanos y consiguió mantener estable y en calma la zona bajo su control.
La misión española en Irak tuvo un conocido y abrupto final que -sin que ninguno de los mandos en activo quiera emitir juicios que desborden los límites de disciplina a los que están obligados- no fue bien entendido por los militares.
Antes que las razones políticas esgrimidas por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero para decidir la salida de las tropas, los militares tienen en cuenta a los cientos de iraquíes entrenados como soldados allí y previsiblemente expuestos desde el repliegue español a la sangrienta represalia de los insurgentes, valoran el revés que su salida supuso para la supervivencia de los soldados centroamericanos con los que habían convivido durante meses y perciben, en general, el daño sufrido por la imagen del Ejército al dejar sin concluir la misión a la que se habían comprometido.
Una salida precipitada, argumentan los generales, siempre genera una cierta frustración, sobre todo cuando se tenía la percepción de que la misión era positiva. "Lo que hicimos allí sirvió para algo: dimos seguridad a los ciudadanos, reconstruimos fábricas, mejoramos la situación sanitaria, la energía eléctrica, el reparto de combustible, apoyamos para crear una estructura de poder local... Hicimos muchas cosas y bien", recuerda el general Cardona, que hoy está al frente del Mando de Operaciones Especiales.
Las tropas españolas reconstruyeron más de cien escuelas, una veintena de hospitales y otros tantos edificios municipales, detuvieron a algunos peligrosos delincuentes y destruyeron más de 60.000 bombas, minas y artefactos explosivos. "Cumplimos nuestro contrato en medio de grandes riesgos, pero con la satisfacción de todos. Y nos fuimos únicamente porque nos dieron la orden de irnos", opina el general Fulgencio Coll, que sucedió a Cardona en el mando de las tropas españolas como jefe de la brigada Plus Ultra II.
Toda la labor en Irak quedó, sin embargo, oscurecida por las dudas sobre su legitimidad y, sobre todo, por el extraordinario debate que provocó su conclusión. El general Muñoz, que mandó la operación de repliegue, no manifiesta ninguna frustración por el hecho mismo de la retirada, sino por la situación en que quedó Irak.
"La misión es la que es, se cumple y punto. Lo más difícil fue ver a la gente iraquí que había colaborado con nosotros y que a partir de ese momento no sabíamos qué iba a ser de ellos. Y puedo asegurar que, entre la gente que yo vi, la mayoría de los iraquíes querían trabajar en paz y colaborar con la Coalición", opina Muñoz, actual jefe de la Brigada de la Legión.
"No escuché ninguna crítica"
La retirada de las tropas españolas estuvo rodeada de algunas leyendas sobre las burlas que tuvieron que soportar de parte de los otros soldados de la Coalición o de actos de boicoteo por parte de las fuerzas norteamericanas. Todos esos episodios, que no han podido ser probados por otras fuentes, han sido desmentidos por los mandos españoles.
"Nuestros mandos polacos -España estaba integrada en una división a cuyo frente estaba un general de Polonia- nos dijeron que entendían perfectamente que nos debíamos a las decisiones políticas. No escuché ninguna crítica ni de parte de los norteamericanos ni de los demás miembros de la Coalición. Lo único que preocupó a nuestros socios fue la rapidez con que lo tuvimos que hacer", recuerda el general Coll, que hoy manda la División Mecanizada Brunete número 1.
De hecho, los norteamericanos prestaron a los españoles muchas de las plataformas y contenedores que eran necesarios para el transporte de los vehículos desde la base de Diwaniya hasta Kuwait. Y contribuyeron con apoyo aéreo y suministro de combustible para garantizar la seguridad y la rapidez de la retirada, pese a que ésta supondría el retorno a la zona de los soldados del Segundo Regimiento de Caballería norteamericano, que estaba a punto de regresar a sus cuarteles en EE UU después de un año en Irak. El general Muñoz asegura que los mandos norteamericanos colaboraron y comprendieron la situación. "A nadie le gusta, pero lo entendieron", dice.
Los mayores problemas de la retirada se presentaron, probablemente, en Madrid. Según la versión de los jefes militares, el nuevo ministro de Defensa, José Bono, quería que el repliegue se efectuase cuanto antes, sin reparar en algunas dificultades técnicas que aconsejaban una actuación más cautelosa. "Tenía un cierto desconocimiento inicial de lo que tenía entre manos, quería que ese mismo lunes (la retirada se anunció el domingo 18 de abril) empezara a salir la gente", afirma el teniente general Luis Alejandre, que era entonces general de Ejército jefe del Estado Mayor del Ejército y miembro de la Junta de Jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas.
Un domingo de tensión
Aunque anteriormente se le había adelantado ya que Zapatero tenía intención de cumplir su más famosa promesa electoral sin dilación, Alejandre fue informado oficialmente el día 18 por la mañana de que el presidente anunciaría la retirada horas más tarde. Inmediatamente abandonó la isla de Menorca, donde pasaba el fin de semana, y se trasladó a Madrid. En su conversación con el ministro de Defensa, Alejandre, que meses después sería relevado por sorpresa en el mando, recordó que España tenía firmado un memorándum con 32 países por el que se comprometía a avisar de su salida de Irak al menos con un mes de antelación.
De hecho, ese mismo día, el jefe del Ejército llamó al responsable de la Coalición militar en Irak, el general Ricardo Sánchez, y a otros mandos militares de países centroamericanos para comunicarles las intenciones del Gobierno que había tomado posesión sólo un día antes. "Yo comprendía las prisas. De hecho, cuando empezamos a hablar de plazos le dije que era consciente de que el 14 de junio había elecciones [para el Parlamento Europeo]", declara Alejandre. "Pero no debía aceptar que ellos", añade, en referencia a Bono y sus colaboradores, "decidieran cómo había que hacer las cosas en el orden técnico. Nunca les pedí explicación sobre el qué. Cuando me comunicaron la retirada no moví una ceja. Pero les dije que lo lógico era que el cómo lo decidiéramos nosotros".
Cuando el repliegue fue anunciado se estaba en vísperas de la sustitución, después de los correspondientes tres meses en la zona, de los 1.300 hombres y mujeres de la Plus Ultra II por una nueva fuerza de refresco. La orden inicial del Gobierno fue que ese relevo fuese suspendido y que las tropas estacionadas en ese momento en Irak prolongaran su estancia unas semanas más para organizar la retirada.
Los mandos militares se opusieron a ese proyecto porque pensaron que cargar sobre soldados cansados y no preparados mentalmente la responsabilidad de una operación tan compleja como una retirada en un terreno hostil conllevaba un enorme riesgo. "Era imposible proceder al repliegue en esas circunstancias", afirma Alejandre.
"El general Coll me hablaba de soldados que se habían hecho a un tipo de misión y que recibían enormes presiones familiares desde España. Algunos círculos militares llegaron a aludir al desastre de Anual. Un repliegue en esas condiciones habría sido enormemente peligroso", considera Alejandre.
El general Coll coincide en que sus tropas, después de un fuerte desgaste, no se encontraban en las mejores condiciones para afrontar una operación de repliegue. Además, en el momento de ordenarse la salida, la situación de los soldados españoles en Irak había variado ya notablemente respecto a meses anteriores: las labores de reconstrucción del país habían sido reducidas y el esfuerzo principal se dedicaba ya a la autoprotección.
Múqtada al Sáder entra en escena
Desde poco antes de ese mes de abril de 2004, el Ejército del Mahdi, dirigido por el joven extremista religioso Múqtada al Sáder, había extendido su influencia en Nayaf y había comenzado a desafiar a la autoridad de la Coalición. Los militares españoles tuvieron que hacer uso a partir de ese momento de sus mejores dotes de persuasión. Las diferencias entre sus métodos y los de los norteamericanos quedaron bruscamente en evidencia.
El general Cardona había marcado desde el principio unas reglas de trato amigables con el extremismo religioso: "Les transmití a los líderes religiosos que no éramos fuerzas de ocupación, ordené a mi gente no beber ni comer en público durante la fiesta del Ramadán, prohibí utilizar perros en las patrullas y en las vigilancias -el perro es un animal que ofende la dignidad de los creyentes islámicos- y en general sacrificábamos nuestra seguridad con el fin de respetar sus costumbres".
El general Cardona comparecía una vez por semana ante las pantallas de la televisión local para ofrecer confianza a la población y mostrar interés por sus problemas. Periódicamente se reunía con líderes tribales y representantes religiosos. "Entendimos rápidamente que se trataba de un pueblo muy nacionalista. Nos advirtieron de que les parecía muy bien nuestra presencia allí en aquel momento, pero que no pensáramos en eternizarnos en Irak".
El contacto con el propio Múqtada al Sáder, verdadera pesadilla de la Coalición durante varios meses, fue más difícil. Ninguno de los mandos españoles llegó a hablar personalmente con él. Sólo pudieron enviarle mensajes a través de intermediarios, pero las relaciones fueron razonablemente cordiales hasta las últimas semanas de la estancia española en Irak. Como prueba del clima que se había conseguido crear en cierto periodo, uno de los colaboradores de Al Sáder e interlocutor de los españoles, el imán Fadel, le entregó al general Cardona un Corán de regalo al ser sustituido.
Los primeros enfrentamientos
Las primeras dificultades de importancia con las milicias chiíes se produjeron al comienzo de la primavera de 2004, cuando los soldados españoles establecieron controles para evitar el tránsito clandestino de armas. Nunca se produjeron enfrentamientos directos, pero el clima de tensión crecía cada día. El general Coll trató de tranquilizar a Al Sáder con un mensaje en el que, después de advertirle que no podía aceptar el movimiento de hombres armados por el territorio bajo su control, le daba garantías de que no tenía intención de atacar ni desmantelar al Ejército del Mahdi.
"Es cierto que en el mes de marzo el Ejército del Mahdi crecía deprisa, nosotros nos encontrábamos en medio y comenzaban a vernos como fuerzas de ocupación, pero nuestra política era la de no provocar con nuestra actuación una reacción todavía más hostil de los grupos rebeldes, y así se lo hacíamos saber a los demás miembros de la Coalición", recuerda el general Coll.
Éste fue un primer asunto de discrepancia con el mando norteamericano. "Nuestras reglas de enfrentamiento eran muy defensivas", añade Coll. "Los norteamericanos nos pedían cosas que no podíamos cumplir, porque nuestra misión no incluía ese tipo de acciones de carácter ofensivo".
"Nuestra misión era de estabilización, no de lucha contra la insurgencia", recuerda el general Feliu. Pero sus homólogos de Estados Unidos, acuciados en aquel momento por el crecimiento continuo de las bajas y el empantanamiento de un conflicto que creían haber resuelto en unas pocas semanas, no compartían esa opinión, como el tiempo se encargaría muy pronto de demostrar.
Por Antonio Caño
El País
Esta es la otra verdad sobre la tan discutida participación de nuestros soldados en la guerra de Irak.
Es indignante la manipulación, la mentita, y la farsa publicitaria a la que se ha sometido al pueblo español.
ZP deberá asumir las consecuencia de sus impulsivos actos, (no por la retirada), pero si, “por la retirada” vertiginosa, anteponiendo el pago de promesas electorales, por encima de sus obligaciones como presidente del reino de España.
Le pediremos cuentas a este pacifista de pacotilla, cuando llegue el momento no tan lejano, y comprobemos la verdadera utilidad del armamento que vende a Venezuela, muy lejos de ser utilizado con los fines que esta exponiendo.
Una de dos o es tonto y se autoengaña, o sabe perfectamente que nos esta mintiendo.
¿Porqué una isla Asiática? "BALI"
Bali: de 'niña bonita' del turismo indonesio a isla negra
YAKARTA.- La isla de Bali, el reclamo turístico de Indonesia, está viendo truncado su sueño de seguir siendo la "niña bonita" del turismo asiático, tras producirse uno de los atentados más brutales de la historia contra un centro de vacaciones. Kuta Beach, la mayor localidad de Bali, es la zona a la que acuden más turistas y aglutina el mayor número de alojamientos, restaurantes, discotecas y clubes de toda la isla.
En los últimos años, la inestabilidad política, económica y social de Indonesia, donde el 90% de sus 210 millones de habitantes son musulmanes, provocó una significativa caída del turismo en este país, a lo que se unió la crisis del sector a causa de los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos.
Sin embargo, la isla de Bali, situada al este de Java, no ha dejado de recibir turistas pese a la inestabilidad, provocada primero por las revueltas que acompañaron la caída del dictador Suharto, en 1998, y después por la polémica presidencia de Abdurrahman Wahid y los conflictos separatistas.
Su población, de mayoría hindú, ha sido determinante para que la isla de Bali haya desarrollado una industria turística mucho más sofisticada y efectiva que la del resto del territorio indonesio, habitado en su mayoría por musulmanes. Templos hinduistas, volcanes, terrazas de arroz, museos de arte, playas de arena blanca y mares de coral son algunos de los atractivos de la isla, que goza además de una excelente infraestructura hotelera y de un aeropuerto internacional.
El Gobierno de Yakarta basa sus ingresos por turismo en las entradas de viajeros que llegan a Bali, ya que en los últimos años otras zonas turísticas de Indonesia, como las islas Célebes, Lombok o Java, se han visto salpicadas por luchas separatistas o religiosas y han dejado de recibir a los turistas de antaño. Cerca de 2,06 millones de turistas visitaron Indonesia en los seis primeros meses de 2002, cifra que representa un 1,2% menos que en el mismo periodo del año pasado.
Las autoridades reconocieron el pasado agosto que a este ritmo sería difícil lograr el objetivo de 5,4 millones de turistas para todo 2002, y con el último atentado terrorista en Bali será aún más utópico.
Aunque aún no está confirmada la autoría del atentado, fuentes diplomáticas indicaron que podría ser obra de grupos radicales islámicos, no tanto vinculados a redes internacionales terroristas, sino musulmanes que consideran la diversión y el ocio un pecado.
El pasado 4 de octubre y con motivo de una festividad musulmana, un grupo de radicales irrumpió en varios locales nocturnos de Yakarta, para evitar que la gente se divirtiese durante una jornada sagrada.
.
YAKARTA.- La isla de Bali, el reclamo turístico de Indonesia, está viendo truncado su sueño de seguir siendo la "niña bonita" del turismo asiático, tras producirse uno de los atentados más brutales de la historia contra un centro de vacaciones. Kuta Beach, la mayor localidad de Bali, es la zona a la que acuden más turistas y aglutina el mayor número de alojamientos, restaurantes, discotecas y clubes de toda la isla.
En los últimos años, la inestabilidad política, económica y social de Indonesia, donde el 90% de sus 210 millones de habitantes son musulmanes, provocó una significativa caída del turismo en este país, a lo que se unió la crisis del sector a causa de los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos.
Sin embargo, la isla de Bali, situada al este de Java, no ha dejado de recibir turistas pese a la inestabilidad, provocada primero por las revueltas que acompañaron la caída del dictador Suharto, en 1998, y después por la polémica presidencia de Abdurrahman Wahid y los conflictos separatistas.
Su población, de mayoría hindú, ha sido determinante para que la isla de Bali haya desarrollado una industria turística mucho más sofisticada y efectiva que la del resto del territorio indonesio, habitado en su mayoría por musulmanes. Templos hinduistas, volcanes, terrazas de arroz, museos de arte, playas de arena blanca y mares de coral son algunos de los atractivos de la isla, que goza además de una excelente infraestructura hotelera y de un aeropuerto internacional.
El Gobierno de Yakarta basa sus ingresos por turismo en las entradas de viajeros que llegan a Bali, ya que en los últimos años otras zonas turísticas de Indonesia, como las islas Célebes, Lombok o Java, se han visto salpicadas por luchas separatistas o religiosas y han dejado de recibir a los turistas de antaño. Cerca de 2,06 millones de turistas visitaron Indonesia en los seis primeros meses de 2002, cifra que representa un 1,2% menos que en el mismo periodo del año pasado.
Las autoridades reconocieron el pasado agosto que a este ritmo sería difícil lograr el objetivo de 5,4 millones de turistas para todo 2002, y con el último atentado terrorista en Bali será aún más utópico.
Aunque aún no está confirmada la autoría del atentado, fuentes diplomáticas indicaron que podría ser obra de grupos radicales islámicos, no tanto vinculados a redes internacionales terroristas, sino musulmanes que consideran la diversión y el ocio un pecado.
El pasado 4 de octubre y con motivo de una festividad musulmana, un grupo de radicales irrumpió en varios locales nocturnos de Yakarta, para evitar que la gente se divirtiese durante una jornada sagrada.
.
Noticias Relacionadas
Atentados islamistas,
Bali,
Terrorismo,
Yihad Islámica
Israel, víctima de atentados en el Extranjero
Los atentados del 8 Octbre del 2004 en el este de la península del Sinaí (Egipto), en los que han perdido la vida al menos 26 personas, se suma a la larga lista de los producidos contra intereses iesraelíes en el extranjero.
Los anteriores por orden cronológico fueron los siguientes:
- 5 septiembre 1972.- Un comando palestino tomó por asalto el pabellón donde se alojaba el equipo israelí que participaba en los Juegos Olímpicos de Munich. Dos atletas murieron en el ataque y otros nueve fallecieron dos días después, cuando la policía alemana frustró la huida de los terroristas.
- 3 octubre 1980.- Una bomba estalló frente a una sinagoga de París (Francia) causando cuatro muertos y 20 heridos. No se ha demostrado plenamente que fuera una acción árabe.
- 29 agosto 1981.- Tres presuntos miembros de una facción radical de la OLP, atacaron una sinagoga de Viena y murieron los dos policías que la custodiaban. Hubo 17 heridos.
- 9 agosto 1982.- Un grupo terrorista abrió fuego contra el restaurante Goldenberg, en el barrio judío de París (Francia) y mató a seis personas.
- 4 noviembre 1983.- Suicidas de Yihad Islámica lanzaron una camioneta con explosivos contra el cuartel general israelí en Tiro (Líbano) y murieron 60 personas.
- 5 octubre 1985.- La facción de la OLP Fuerza 17 asesinó en Barcelona a dos marineros israelíes, miembros de la tripulación del barco "Zim California", atracado en esa ciudad española. Según algunas fuentes, podían ser agentes del Mossad. El mismo día, un soldado egipcio disparó contra un grupo de turistas israelíes en Ras Burka, en el Sinaí (Egipto), y mató a siete de ellos.
- 27 diciembre 1985.- Murieron 18 personas en dos atentados terroristas simultáneos de Abu Nidal en las terminales de la compañía israelí El Al en los aeropuertos de Viena y Roma.
- 6 septiembre 1986.- Extremistas palestinos lanzaron un ataque con granadas y ametralladoras contra una sinagoga de Estambul, causando la muerte de 24 personas.
- 5 febrero 1990.- autobús de turistas israelíes en Egipto, en la carretera de Ismailia al Cairo, fallecieron once judíos y dos egipcios.
- 17 marzo 1992.- Veintinueve muertos y cien heridos se registraron en un atentado suicida contra la Embajada de Israel en Buenos Aires (Argentina), reivindicado por "Yihad Islami", uno de los brazos armados de Hizbulá en el Líbano meridional.
- 18 julio 1994.- Ochenta y cinco muertos y 231 heridos causó un atentado suicida con coche-bomba lanzado contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en Buenos Aires.
- 29 de julio 1994.- Veinte heridos en dos atentados perpetrados contra la embajada israelí y un centro judíos en Londres (Reino Unido).
- 13 marzo 1997.- Siete colegialas y una profesora israelíes murieron a causa de los disparos de un soldado jordano presuntamente enajenado en Naharaim (Jordania).
- 4 octubre 1998.- Cuatro personas (dos judíos y dos musulmanes) perdieron la vida en el ataque de un palestino contra una sinagoga de Bagdad (Irak).
- 11 abril 2002.- Un camión de gas se estrelló contra una sinagoga de Yerba (Túnez), causando la muerte de 19 personas, de ellas 14 alemanes y 2 franceses. Al Qaeda reivindicó el atentado.
- 4 julio 2002.- Un ciudadano egipcio disparó contra varias personas frente al mostrador de la aerolínea israelí El Al en el aeropuerto de Los Ángeles (EEUU), matando a tres de ellas.
- 28 de noviembre 2002.- Doble atentado en Mombasa (Kenia). Dieciséis muertos, de ellos tres israelíes, y 80 heridos al estallar un coche bomba en el Hotel Paraíso, de propiedad israelí. Al Qaeda reivindicó el atentado así como el intento, minutos antes, de derribar un avión israelí cuando despegaba del aeropuerto de Mombasa.
- 16 mayo 2003.- Una bomba estalló junto a un antiguo cementerio judío en Casablanca (Marruecos) sin causar víctimas. Fue uno de los cinco atentados registrados ese día en la ciudad, que causaron un total de 45 muertos.
- 15 noviembre 2003.- Dos atentados casi simultáneos con coches bomba junto a sendas sinagogas en Estambul (Turquía) causaron 24 muertos, de ellos seis judíos, y más de doscientos heridos, de los que 70 eran judíos.
- 30 julio 2004.- Un ataque suicida contra la embajada de Israel en Tashkent (Uzbekistán) causó la muerte de dos guardianes locales de esa sede. El suicida se inmoló cuando los guardianes, un vigilante y un agente de los servicios secretos israelíes le impidieron entrar.
- 7 octubre 2004.- Al menos 26 personas murieron y unas 130 resultaron heridas, muchas de ellas israelíes, en tres atentados contra alojamientos turísticos en el este de la península de Sinaí.
El Mundo.es
.
Los anteriores por orden cronológico fueron los siguientes:
- 5 septiembre 1972.- Un comando palestino tomó por asalto el pabellón donde se alojaba el equipo israelí que participaba en los Juegos Olímpicos de Munich. Dos atletas murieron en el ataque y otros nueve fallecieron dos días después, cuando la policía alemana frustró la huida de los terroristas.
- 3 octubre 1980.- Una bomba estalló frente a una sinagoga de París (Francia) causando cuatro muertos y 20 heridos. No se ha demostrado plenamente que fuera una acción árabe.
- 29 agosto 1981.- Tres presuntos miembros de una facción radical de la OLP, atacaron una sinagoga de Viena y murieron los dos policías que la custodiaban. Hubo 17 heridos.
- 9 agosto 1982.- Un grupo terrorista abrió fuego contra el restaurante Goldenberg, en el barrio judío de París (Francia) y mató a seis personas.
- 4 noviembre 1983.- Suicidas de Yihad Islámica lanzaron una camioneta con explosivos contra el cuartel general israelí en Tiro (Líbano) y murieron 60 personas.
- 5 octubre 1985.- La facción de la OLP Fuerza 17 asesinó en Barcelona a dos marineros israelíes, miembros de la tripulación del barco "Zim California", atracado en esa ciudad española. Según algunas fuentes, podían ser agentes del Mossad. El mismo día, un soldado egipcio disparó contra un grupo de turistas israelíes en Ras Burka, en el Sinaí (Egipto), y mató a siete de ellos.
- 27 diciembre 1985.- Murieron 18 personas en dos atentados terroristas simultáneos de Abu Nidal en las terminales de la compañía israelí El Al en los aeropuertos de Viena y Roma.
- 6 septiembre 1986.- Extremistas palestinos lanzaron un ataque con granadas y ametralladoras contra una sinagoga de Estambul, causando la muerte de 24 personas.
- 5 febrero 1990.- autobús de turistas israelíes en Egipto, en la carretera de Ismailia al Cairo, fallecieron once judíos y dos egipcios.
- 17 marzo 1992.- Veintinueve muertos y cien heridos se registraron en un atentado suicida contra la Embajada de Israel en Buenos Aires (Argentina), reivindicado por "Yihad Islami", uno de los brazos armados de Hizbulá en el Líbano meridional.
- 18 julio 1994.- Ochenta y cinco muertos y 231 heridos causó un atentado suicida con coche-bomba lanzado contra la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), en Buenos Aires.
- 29 de julio 1994.- Veinte heridos en dos atentados perpetrados contra la embajada israelí y un centro judíos en Londres (Reino Unido).
- 13 marzo 1997.- Siete colegialas y una profesora israelíes murieron a causa de los disparos de un soldado jordano presuntamente enajenado en Naharaim (Jordania).
- 4 octubre 1998.- Cuatro personas (dos judíos y dos musulmanes) perdieron la vida en el ataque de un palestino contra una sinagoga de Bagdad (Irak).
- 11 abril 2002.- Un camión de gas se estrelló contra una sinagoga de Yerba (Túnez), causando la muerte de 19 personas, de ellas 14 alemanes y 2 franceses. Al Qaeda reivindicó el atentado.
- 4 julio 2002.- Un ciudadano egipcio disparó contra varias personas frente al mostrador de la aerolínea israelí El Al en el aeropuerto de Los Ángeles (EEUU), matando a tres de ellas.
- 28 de noviembre 2002.- Doble atentado en Mombasa (Kenia). Dieciséis muertos, de ellos tres israelíes, y 80 heridos al estallar un coche bomba en el Hotel Paraíso, de propiedad israelí. Al Qaeda reivindicó el atentado así como el intento, minutos antes, de derribar un avión israelí cuando despegaba del aeropuerto de Mombasa.
- 16 mayo 2003.- Una bomba estalló junto a un antiguo cementerio judío en Casablanca (Marruecos) sin causar víctimas. Fue uno de los cinco atentados registrados ese día en la ciudad, que causaron un total de 45 muertos.
- 15 noviembre 2003.- Dos atentados casi simultáneos con coches bomba junto a sendas sinagogas en Estambul (Turquía) causaron 24 muertos, de ellos seis judíos, y más de doscientos heridos, de los que 70 eran judíos.
- 30 julio 2004.- Un ataque suicida contra la embajada de Israel en Tashkent (Uzbekistán) causó la muerte de dos guardianes locales de esa sede. El suicida se inmoló cuando los guardianes, un vigilante y un agente de los servicios secretos israelíes le impidieron entrar.
- 7 octubre 2004.- Al menos 26 personas murieron y unas 130 resultaron heridas, muchas de ellas israelíes, en tres atentados contra alojamientos turísticos en el este de la península de Sinaí.
El Mundo.es
.
Saddam el tirano
Las víctimas, muertas o vivas, del régimen de Saddam se cuentan a miles. Zaineb Salman Daud pasó cuatro años en la cárcel entre 1982 y 1986. Entre brutales sesiones de torturas diarias pudo ir memorizando la historia de otras reas condenadas a muerte, que fueron utilizadas como cobayas en experimentos con gases químicos y nerviosos.
Era mediados de la década de los ochenta: Saddam Hussein era considerado el paladín de Occidente en su lucha contra el Irán del imán Jomeini y países occidentales como Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania le suministraban los productos necesarios para la creación de los gases venenosos que utilizó contra los soldados iraníes y los civiles kurdos.
Reas usadas como cobayas.
Un grupo especial de investigación de armas químicas, vinculado a la industria militar iraquí y encabezado por el doctor Fahad Al Danuk, solicitaba prisioneras ya condenadas a la pena capital. En la fábrica de pesticidas de Muthana, a 40 kilómetros de Bagdad, las mujeres eran introducidas en una habitación en forma de cubo acristalado y allí se les aplicaban inyecciones con dosis letales de gas nervioso o VX.
También utilizaban sondas por donde introducían el gas en el habitáculo. Los científicos estudiaban los efectos que se producían sobre las prisioneras y después mandaban los resultados al Ministerio de Defensa para que empleasen las dosis correctas en los campos de batalla.
Las mujeres solían morir a los pocos minutos y a veces sus cuerpos quedaban tan ennegrecidos y deteriorados que era imposible entregarlos a sus familias. Para evitar las preguntas incómodas, los restos eran enterrados clandestinamente en algún lugar secreto.
Zaineb, que se encuentra exiliada en Irán desde 1997, y su esposo Abbas Abed, de 45 años, que regresó hace dos semanas a Iraq, publicaron en Irán a principios 2003 un libro llamado Memorias de una encarcelada, con los seudónimos de Fatima y Ali, donde se recogen las historias de 137 mujeres asesinadas o fusiladas entre 1980 y 1984, entre las que hay decenas de casos vinculados a estos experimentos.
Colin Powell, secretario de Estado estadounidense, aseguró en una de sus comparecencias en la ONU que había indicios de que Iraq había utilizado a prisioneros de guerra en este tipo de experimentos.
Lo que no dijo, y seguramente lo sabía, es que estos hechos habían ocurrido en los años ochenta, cuando Saddam Hussein era aliado estratégico y le visitaba en Bagdad el propio Donald Rumsfeld, el actual secretario de Defensa.
Inscripciones en la cárcel.
Cuando alguien espera la muerte suele encomendarse a Dios. Al menos, es lo que hacían los reos de la cárcel de Abugreb, a 35 kilómetros de Bagdad, cuando le quedaban horas o quizá minutos para ser ahorcados.
Por ejemplo, Ahmed Aziz, que escribió en la pared de la celda cinco con mano temblorosa: Todo el mundo morirá pero a mí me toca la muerte mañana.
O el piadoso Al Aquid, en la celda ocho: La muerte es la vida y la dignidad para el creyente.
O Al Rikabi, que tuvo el valor de insultar a Saddam Hussein antes de morir: Dios misericordioso, pedimos tu piedad y nos resistimos a la del tirano.
A pocos metros de las nueve celdas de cinco metros cuadrados donde se leen decenas de inscripciones testamentarias hay una sala cerrada, poco alumbrada por la luz natural que entra por unas rendijas.
Macabros utensilios.
Ahmed, Al Aquid y Al Rikabi, los reos que iban a morir, subieron por una rampa hasta una superficie lisa donde le esperaban las dos sogas que todavía cuelgan del techo sujetas a unas gruesas argollas.
El verdugo recibió la orden y accionó manualmente dos palancas que abrieron las dos trampillas. De dos en dos, los presos, con los ojos tapados y las manos atadas a la espalda, caían en el boquete y se asfixiaban. Unos guardianes los desataban y los metían en un cuarto oscuro, el almacén de los muertos. Eran enterrados en una fosa en el exterior.
Los mecanismos que se utilizan para ejecutar siempre producen escalofríos. Las sogas desnudas aún se mecen vacías cuando alguien las toca. La llave que inmoviliza las palancas está todavía puesta en la pequeña cerradura.
Un hombre que vendía arroz y tabaco a los presos afirma que los miércoles a las cinco de la tarde eran el día y la hora de las ejecuciones. Por la mañana se permitía una última visita de cuatro familiares durante dos horas, a veces menos, explica en el interior de una de las celdas.
Recuerda el caso de una madre que entre lágrimas ofreció el pecho por última vez a su hijo adolescente.
Los sobornos tenían un papel primordial en la prisión. Algunas personas con recursos pagaban grandes cantidades a la policía para evitar la muerte de su familiar y en algunas ocasiones el reo era sustituido por otra persona, por ejemplo un loco que encontraban en la calle antes de la ejecución.
Como cualquier prisión, está rodeada por un amplio muro reforzado por alambre de espino y con torretas de vigilancia cada cien metros. De los murales de Saddam Hussein han sido destrozados los rasgos de la cara con saña, utilizando piedras o a tiro limpio.
Por Gervasio Sánchez
La Vanguardia, 04/05/2003
Era mediados de la década de los ochenta: Saddam Hussein era considerado el paladín de Occidente en su lucha contra el Irán del imán Jomeini y países occidentales como Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania le suministraban los productos necesarios para la creación de los gases venenosos que utilizó contra los soldados iraníes y los civiles kurdos.
Reas usadas como cobayas.
Un grupo especial de investigación de armas químicas, vinculado a la industria militar iraquí y encabezado por el doctor Fahad Al Danuk, solicitaba prisioneras ya condenadas a la pena capital. En la fábrica de pesticidas de Muthana, a 40 kilómetros de Bagdad, las mujeres eran introducidas en una habitación en forma de cubo acristalado y allí se les aplicaban inyecciones con dosis letales de gas nervioso o VX.
También utilizaban sondas por donde introducían el gas en el habitáculo. Los científicos estudiaban los efectos que se producían sobre las prisioneras y después mandaban los resultados al Ministerio de Defensa para que empleasen las dosis correctas en los campos de batalla.
Las mujeres solían morir a los pocos minutos y a veces sus cuerpos quedaban tan ennegrecidos y deteriorados que era imposible entregarlos a sus familias. Para evitar las preguntas incómodas, los restos eran enterrados clandestinamente en algún lugar secreto.
Zaineb, que se encuentra exiliada en Irán desde 1997, y su esposo Abbas Abed, de 45 años, que regresó hace dos semanas a Iraq, publicaron en Irán a principios 2003 un libro llamado Memorias de una encarcelada, con los seudónimos de Fatima y Ali, donde se recogen las historias de 137 mujeres asesinadas o fusiladas entre 1980 y 1984, entre las que hay decenas de casos vinculados a estos experimentos.
Colin Powell, secretario de Estado estadounidense, aseguró en una de sus comparecencias en la ONU que había indicios de que Iraq había utilizado a prisioneros de guerra en este tipo de experimentos.
Lo que no dijo, y seguramente lo sabía, es que estos hechos habían ocurrido en los años ochenta, cuando Saddam Hussein era aliado estratégico y le visitaba en Bagdad el propio Donald Rumsfeld, el actual secretario de Defensa.
Inscripciones en la cárcel.
Cuando alguien espera la muerte suele encomendarse a Dios. Al menos, es lo que hacían los reos de la cárcel de Abugreb, a 35 kilómetros de Bagdad, cuando le quedaban horas o quizá minutos para ser ahorcados.
Por ejemplo, Ahmed Aziz, que escribió en la pared de la celda cinco con mano temblorosa: Todo el mundo morirá pero a mí me toca la muerte mañana.
O el piadoso Al Aquid, en la celda ocho: La muerte es la vida y la dignidad para el creyente.
O Al Rikabi, que tuvo el valor de insultar a Saddam Hussein antes de morir: Dios misericordioso, pedimos tu piedad y nos resistimos a la del tirano.
A pocos metros de las nueve celdas de cinco metros cuadrados donde se leen decenas de inscripciones testamentarias hay una sala cerrada, poco alumbrada por la luz natural que entra por unas rendijas.
Macabros utensilios.
Ahmed, Al Aquid y Al Rikabi, los reos que iban a morir, subieron por una rampa hasta una superficie lisa donde le esperaban las dos sogas que todavía cuelgan del techo sujetas a unas gruesas argollas.
El verdugo recibió la orden y accionó manualmente dos palancas que abrieron las dos trampillas. De dos en dos, los presos, con los ojos tapados y las manos atadas a la espalda, caían en el boquete y se asfixiaban. Unos guardianes los desataban y los metían en un cuarto oscuro, el almacén de los muertos. Eran enterrados en una fosa en el exterior.
Los mecanismos que se utilizan para ejecutar siempre producen escalofríos. Las sogas desnudas aún se mecen vacías cuando alguien las toca. La llave que inmoviliza las palancas está todavía puesta en la pequeña cerradura.
Un hombre que vendía arroz y tabaco a los presos afirma que los miércoles a las cinco de la tarde eran el día y la hora de las ejecuciones. Por la mañana se permitía una última visita de cuatro familiares durante dos horas, a veces menos, explica en el interior de una de las celdas.
Recuerda el caso de una madre que entre lágrimas ofreció el pecho por última vez a su hijo adolescente.
Los sobornos tenían un papel primordial en la prisión. Algunas personas con recursos pagaban grandes cantidades a la policía para evitar la muerte de su familiar y en algunas ocasiones el reo era sustituido por otra persona, por ejemplo un loco que encontraban en la calle antes de la ejecución.
Como cualquier prisión, está rodeada por un amplio muro reforzado por alambre de espino y con torretas de vigilancia cada cien metros. De los murales de Saddam Hussein han sido destrozados los rasgos de la cara con saña, utilizando piedras o a tiro limpio.
Por Gervasio Sánchez
La Vanguardia, 04/05/2003
Indonesia
Al menos 22 muertos y 90 heridos en Indonesia en un enfrentamiento entre cristianos y musulmanes
Queman varios edificios, entre ellos una sede de la ONU.
YAKARTA.- La violencia sectaria en las Molucas, que ya ha causado 7.000 muertes desde 1999, ha vuelto a resurgir en las islas durante un acto independentista en el que fallecieron al menos 22 personas y varios edificios fueron quemados, entre ellos una oficina de la ONU.
Unas 90 personas han sido hospitalizadas con heridas de distinta gravedad en Ambon, la capital de la provincia indonesia de Molucas del Sur, donde las autoridades ha recomendado a los vecinos que no salgan de sus domicilios excepto en caso de extrema necesidad.
La cadena privada RCTI ofrecía imágenes de la ciudad envuelta en el humo del medio centenar de edificios ardiendo y con la policía patrullando por las calles para restablecer el orden.
El sacerdote católico CJ Bohm, del Centro de Crisis de Ambon, confirmó que grupos de desconocidos quemaron al menos una iglesia y un hotel de la ciudad, situada a 2.300 kilómetros al noroeste de Yakarta.
Arrestos
La policía, que hasta el momento ha realizado una veintena de detenciones y se ha incautado de otras tantas banderas independentistas, ha reconocido que la situación en Ambon es "tensa".
El jefe de la policía de Molucas, Bambang Sutrismo, indicó que para el lunes próximo se espera la llegada de efectivos de refuerzo para controlar la situación.
La fuente señaló que la mayoría de las víctimas presentan heridas de bala excepto dos que murieron golpeadas con machetes y otras armas caseras.
Manifestación por la independencia
Los incidentes comenzaron el domingo por la mañana cuando centenares de simpatizantes del movimiento separatista República de Molucas del Sur, de orientación cristiana, se manifestaban por las calles de Ambon a favor de la independencia.
Los manifestantes fueron hostigados por grupos de musulmanes contrarios a la independencia, lo que provocó una batalla campal en la que se escucharon disparos y el estallido de una bomba.
Los incidentes fueron parcialmente abortados por la policía que hizo uso de fuego real.
7.000 muertos en 1999
Según los medios locales, el estallido de la violencia está relacionado con la disputa sectaria que enfrentó a ambas comunidades en 1999 y que causó la muerte de 7.000 personas y varias decenas de miles de desplazados.
En febrero de 2002, los dirigentes de las comunidades cristiana y musulmana firmaron un acuerdo de paz con la mediación del Gobierno, aunque después se han producido esporádicos actos violentos.
En esta ocasión, el detonador ha sido la reivindicación de independencia que también enfrenta a las dos comunidades y cuya proporción demográfica en Molucas del Sur es similar.
Un conflicto de hace 60 años
El conflicto se remonta a 1950, cuando Indonesia, donde el 90 por ciento de la población profesa la religión musulmana, se anexionó esa antigua colonia holandesa y acabó con la fugaz existencia de la República Meridional de Molucas.
En enero pasado, un tribunal indonesio condenó a penas de entre dos y quince años de cárcel a nueve independentistas, entre ellos John Rea, el jefe del brazo armado del movimiento República de Molucas del Sur.
Además, Yakarta ha pedido ha Estados Unidos la extradición de Alex Manuputy, el líder independentista huido a ese país y que se enfrenta también a un juicio por traición al Estado.
"Balcanización" de la zona
Los últimos sucesos no hacen sino acrecentar el peligro de "balcanización" del archipiélago indonesio, como alertara a su llegada al poder en 2001 la actual presidenta, Megawati Sukarnoputri.
El gigante indonesio se enfrenta a un problema similar en la provincia de Aceh (extremo norte de Sumatra), donde el Ejército desarrolla desde hace un año una ofensiva militar para acabar con los separatistas del Movimiento para la Liberación de Aceh.
Con menor intensidad, la guerrilla secesionista Movimiento para la Liberación de Papúa lucha desde la década de los años sesenta para reclamar la independencia de esta provincia rica en recursos naturales.
WILLIAM J. FURNEY (EFE)
Fecha:2004-04-26
Fuente:EL MUNDO (
Conflicto España Marruecos
LAS PRETENSIONES DE MARRUECOS SOBRE LOS TERRITORIOS ESPAÑOLESEN EL NORTE DE ÁFRICA (1956-2002)
Julio D. González Campos
Documento de Trabajo (DT) Nº 15/2004
16/4/2004
Introducción
El propósito de estas páginas es limitado, ya que sólo pretenden exponer la evolución, desde 1956 a 2002, de las pretensiones de Marruecos sobre los territorios españoles en el Norte de África. El enunciado del tema quizá pueda suscitar controversias en algunos puntos, por lo que es conveniente hacer unas breves referencias previas.
En primer lugar, para indicar que la denominación de dichos territorios aquí empleada se apoya en dos datos objetivos, como son su situación geográfica y el hecho de hallarse bajo la soberanía de España desde fechas bastante lejanas, pues van desde 1497 en el caso de Melilla a 1848 en el de las islas Chafarinas . Si bien tanto en el pasado como en fechas recientes han sido llamados los “presidios” españoles. Y, asimismo, para muchos autores, son los “enclaves” españoles en la costa norte de Marruecos. Una expresión a la que, en documentos oficiales y declaraciones de los responsables políticos marroquíes, suele agregarse un calificativo para hacer referencia a los “enclaves coloniales” bajo dominación española. Lo que hace que tal expresión sea doblemente inapropiada desde un punto de vista jurídico, pues ni son “enclaves” en el sentido ordinario del término ni tampoco territorios “coloniales”. Aunque esta última calificación pueda ponernos sobre la pista de cuál es el fundamento de las pretensiones marroquíes, pese a que este extremo quedará fuera de nuestro examen.
En segundo lugar, que al margen de la existencia de un “contencioso territorial” con España cuyo carácter, ciertamente, convendría precisar, las páginas que siguen evidencian que, en efecto, cabe hablar de claims o pretensiones del Reino de Marruecos sobre los territorios bajo soberanía de España situados en dicho espacio geográfico. Y éstas poseen un objetivo muy preciso: poner término al ejercicio de la soberanía española en todos ellos mediante su cesión a Marruecos, por haber estado en el pasado bajo la soberanía de este Estado. Aunque una precisión adicional es aún necesaria, pues el hecho es que, tras esas expresiones u otras con mayor énfasis político, el Reino de Marruecos ha reivindicado, en concreto, cinco territorios: a saber, Ceuta, Melilla, el Peñón de Vélez de la Gomera, la isla o Peñón de Alhucemas y las islas Chafarinas, sin hacer ninguna alusión concreta a la isla o islote de Perejil. Una exclusión que quizá haya estado motivada por el hecho de que la Nota verbal marroquí al Gobierno español de 5 de enero de 1987, en la que se afirmó que Perejil “no formaba parte del contencioso territorial” con España por ser un territorio del Reino de Marruecos, al parecer no recibió una respuesta por parte española impugnando esta pretensión.
Aunque ello en verdad pertenezca hoy al pasado, ya que el estatus de la isla de Perejil en la actualidad es el que ha configurado el entendimiento entre España y Marruecos al que se llegó en Washington el 22 de julio de 2002, tras los buenos oficios del Secretario de Estado de EEUU. Y dicho estatus es, ciertamente, el de un territorio en disputa entre ambos Estados. De suerte que el arreglo del conflicto suscitado por los incidentes del 11-17 de julio de ese año ha entrañado una modificación en el alcance que antes poseía la reivindicación de Marruecos.
De otra parte, si el examen se inicia en 1956 ello se debe, de un lado, a que por la Declaración conjunta de 7 de abril de 1956, España, al igual que lo había hecho Francia el 12 del mes anterior, declaró terminado el Protectorado establecido por el Tratado de Fez de 1912. Por lo que sólo desde ese momento cabe hablar de nuevo de una acción internacional propia del Reino de Marruecos. De otro lado, porque el art. 2 de dicha Declaración reconoció, junto con “la independencia” de Marruecos, “la unidad territorial” de dicho Estado, lo que también ha servido de apoyo a las reivindicaciones marroquíes.
Ahora bien, aun partiendo de 1956 han de tenerse en cuenta ciertos antecedentes. Entre ellos, de un lado, la fundación del Istiqlal en 1944 y del Frente Nacional Marroquí en 1950. Unos hechos que impulsaron las actitudes nacionalistas en este país, pues hicieron que fuera abandonada la de obtener una revisión del régimen del Protectorado que atribuyera mayores poderes a la Administración marroquí y, en su lugar, se aceptase generalmente la dirigida a la recuperación de la independencia de Marruecos. De otro lado, la actitud del Rey Mohamed V orientada hacia este mismo objetivo, que los autores marroquíes acertadamente simbolizan en su visita a Tánger el 9 de abril de 1947 y sus declaraciones con motivo de la misma.
Las pretensiones de Marruecos sobre los territorios españoles en el Norte de África se han puesto de manifiesto entre 1956 y 2002 en diversas declaraciones del Rey de Marruecos y de otros responsables políticos, así como en intervenciones de los representantes marroquíes en el ámbito de las Naciones Unidas y en documentos diplomáticos. A las que cabe agregar las posiciones adoptadas por los partidos políticos marroquíes y, asimismo, las opiniones expresadas en la prensa en apoyo de tales pretensiones.
A tales manifestaciones, que configuran claramente una actitud nacional homogénea, nos atendremos en gran medida en nuestro examen. Y si bien este no es ni pretende ser un estudio de las relaciones internacionales de Marruecos ni de las bilaterales con España, para que no predomine en el examen el dato de unas escuetas fechas y declaraciones también se han tenido en cuenta, cuando ha sido necesario, tanto el contexto interno como el internacional en el que se producen, ya que uno y otro bien acrecientan, bien disminuyen la intensidad de la reivindicación de Marruecos.
Aunque el contexto internacional posea una especial importancia, dado que sobre la reivindicación marroquí de los territorios españoles en el Norte de África han incidido, en especial, dos situaciones internacionales distintas. De un lado, como apoyo de su reivindicación, un pretendido paralelismo con la reivindicación sostenida por España frente al Reino Unido respecto a Gibraltar. Y ello pese al hecho de que la analogía sea inapropiada, pues basta reparar en que Gibraltar si es un “territorio no autónomo” según el Derecho de la descolonización de la ONU y, además, fue cedido por España en 1713, circunstancias que ciertamente no concurren en los reivindicados por Marruecos.
De otro, como factor de perturbación, la pervivencia de un conflicto respecto a la descolonización del Sahara Occidental tras la ocupación por Marruecos de este territorio en enero de 1976, pues es innegable que la ausencia de una solución definitiva y reconocida por la ONU, pese a tantos esfuerzos realizados, ha afectado en diversos momentos y sigue afectando a las relaciones de este Estado con otros Estados vecinos.
Por último, para exponer la evolución en el tiempo de las pretensiones marroquíes pueden emplearse varios criterios. El más simple, sin duda, es el cronológico, que aquí se sigue. A cuyo fin se han distinguido cuatro períodos: (a) el inicial, de los años 1956 a 1973; (b) el período de los años 1974-1975, en que tales pretensiones se formulan en la ONU y se concretan en otras medidas; (c) el de transición, desde 1975 hasta1991, en el que se suscribe un importante tratado de cooperación con España; y, por último, (d) el que va desde ese año a los incidentes del verano de 2002. Si bien es posible asimismo atender a los rasgos característicos de cada período, como se ha hecho en un estudio de las relaciones hispano-marroquíes en torno a Ceuta y Melilla, donde se han distinguido tres períodos: el de “internacionalización” (1956-1973), el de “bilateralización” (1974-1994) y el de “cooperación”, desde 1994 hasta 1998.
El período 1956-1973
Antecedentes: 1944-1956
Si se ha hecho referencia a 1944 como un antecedente, ello se debe a que en este año los fundadores del Istiqlal, Ahmed Balafrej y Mohamed Allal el-Fassi, presentaron su manifiesto nacionalista al entonces Sultán de Marruecos Mohamed V y al Residente General francés. En el documento se pidió la terminación del Protectorado y se contenía la idea, desarrollada a partir de 1956, de un Marruecos independiente “dentro de sus fronteras históricas” . De suerte que, desde este momento, el objetivo principal del nacionalismo marroquí, la recuperación de la independencia mediante la terminación del Protectorado establecido por Francia y España en 1912, está estrechamente unido a una amplia reivindicación territorial frente a estos dos Estados.
Estas ideas fueron aceptadas por Rey Mohamed V desde 1946. Aunque se expresen en otros términos: terminar con la división de Marruecos, contraria a su pasado histórico y que le fue impuesta por las potencias extranjeras. Por ello, la visita del Rey a Tánger el 9 de abril de 1947 es significativa, ya que, al cruzar los límites de las tres grandes zonas de división del país, las dos del Protectorado y la Zona Internacional de Tánger, quiso mostrar su voluntad de recuperar la unidad de Marruecos mediante la independencia. Y en el discurso pronunciado en esa fecha late esa voluntad, al afirmar que:
“Si la pérdida del derecho está en el silencio de sus dueños, entonces ningún derecho es perdido si es reclamado. El derecho de la Nación Marroquí no se pierde ni se perderá, porque Yo, con la ayuda de Dios, velo por el Estado marroquí y estoy trabajando por la garantía de su gran futuro.”
Tras el regreso de Mohamed V de su exilio, el 16 de noviembre de 1955, Marruecos recuperó su independencia mediante las Declaraciones de Paris de 2 de marzo de 1956 y de Madrid de 7 de abril del mismo año poniendo fin al Protectorado establecido en 1912. Esto abrió el camino a posteriores negociaciones para la cooperación con España mediante la firma de diversos tratados internacionales. Y respecto a Francia, para determinar, además, el contenido de la “interdependencia”. Pero a los fines de este examen interesa señalar que, antes de trasladarse a Madrid, el 3 de abril de 1956, Mohamed V declaró que:
“Sachant qu’au cours de son histoire le Maroc n’a jamais vu son sol divisé, comment ne velleirons Nous pas à réaliser l’unité naturelle et à en faire Notre premier souci?…Nous avons toujours été fermement convançu que l’indépendance n’aurait de sens que le jour où le Maroc aurait retrouvé son unité naturelle, où rien n’empêcherait les marocains de circuler librement à travers leur pays. Dans notre ésprit, Nous n’avons jamais dissocié indépendance et unité…”.
En el discurso de apertura de las negociaciones de El Pardo, el 5 de abril, el Rey de Marruecos vuelve sobre esta idea añadiendo un nuevo elemento, al aludir a “l’unité territoriale à laquelle aspire le Peuple marocain et que les traités internationaux garantissent expressément”. Lo que constituye una clara referencia al Acta General de Algeciras de 1906 y anticipa lo dispuesto en la Declaración firmada con España dos días más tarde. Y al regresar su país no sólo es significativo que lo haga visitando Tetuán, una ciudad que fue objeto de pretensiones españolas en la guerra de 1860, sino que allí critique el pasado colonial al declarar que:
“Pendant la longue période de son indépendance, le Maroc a toujours joui de son unité territoriale; c’est seulement au début de ce siècle, par suite d’un concours de circonstances malheureuses et de convoitises étrangères, dont il a été l’objet, qu’il a vu son sol divisé en zones et en enclaves, de statuts différents, séparés par des barrières artificielles”.
De este modo, la recuperación de la “unidad natural” de Marruecos se vincula con la impugnación de las “zonas” y “enclaves” creados por el colonialismo, tanto en el siglo XX como en el pasado, pues la segunda expresión alude a los territorios españoles en el Norte de África. Y pese a haber terminado el Protectorado, el 15 de mayo de 1956 se da un nuevo paso, al declarar Mohamed V que:
“Le territoire marocain est un tout indivisible… Notre objectif demeure l’indépendance du territoire marocain à l’intérieur de ses frontières historiques et sa réunification par le moyen de négociations” .
Esta actitud ya contaba con el apoyo de la Conferencia de Países No Alineados, que en su reunión de Bandung de abril de 1955 había apoyado “el derecho de Marruecos a la independencia y a su integridad territorial dentro de sus fronteras nacionales”.
Al hacer referencia a las “fronteras históricas” de Marruecos, el objetivo del Rey Mohamed V enlazaba claramente con el programa del Istiqlal. Aunque el cauce para alcanzarlo, la negociación, expresaba una mayor prudencia del Rey respecto a la futura acción exterior de su país para ejecutar tal programa. Un objetivo que, sin duda, estaba condicionado por la situación existente en Marruecos en el momento de su independencia y que, ciertamente, requería el mismo cauce, la negociación, para superarla.
En efecto, no cabe olvidar que, pese a haber logrado la independencia, Marruecos aún debía superar, para hacerla efectiva, tres obstáculos nada desdeñables. En primer lugar, poner fin al régimen de la Zona Internacional de Tánger, lo que requería no sólo el concurso de España y de Francia sino también de otras potencias. En segundo lugar, terminar con la presencia de las Fuerzas Armadas de España en las antiguas Zonas Norte y Sur del Protectorado y las de Francia en el resto del territorio de Marruecos. Y, además, hacer frente a la presencia de las fuerzas de un tercer Estado, EEUU, que, en virtud del Acuerdo de Paris de 22 de diciembre de 1950, había obtenido, a espaldas de Marruecos, la concesión por el Gobierno francés de bases en el territorio marroquí .
La primera dificultad, sin embargo, pronto fue superada tras la Conferencia celebrada en Fedala y luego en Tánger, mediante la declaración final de 29 de octubre de 1956. Y como nos muestra el análisis de J.W. Zartman , la última, tras diversos incidentes en torno a las bases, se allanó con la visita del Presidente Eisenhower a Marruecos el 22 de diciembre de 1959, en la que se acordó la retirada de las Fuerzas Armadas de EEUU dentro de cuatro años. Asimismo, la evacuación de las Fuerzas francesas se convino en el acuerdo de 1 de septiembre de 1960 y se concluyó el 30 de septiembre de 1961, aunque respecto a Kenitra solo se produjo el 1 de mayo de 1962 .Y, por último, la de las Fuerzas españolas en la antigua Zona Norte del Protectorado se culminó el 1 de septiembre de 1961. Pese a que dicho autor agregue respecto a esta retirada que “… the troops were only withdrawn to the Spanish enclaves of Ceuta and Melilla, which Morocco continues to claim”.
El comienzo de la reivindicación
Desde la independencia en marzo-abril de 1956, el Istiqlal participó ampliamente en los tres primeros Gobiernos de Marruecos. Por lo que no puede sorprender la inmediata campaña del líder del partido nacionalista, Allal el-Fassi, reivindicando las fronteras históricas de Marruecos. Contaba con el apoyo del Comité del Maghreb Árabe, que en un comunicado de ese mismo año reclamó la pronta recuperación de todos los territorios marroquíes ocupados por España.
Sin embargo, esta reivindicación no sólo se manifestó en las declaraciones de sus responsables políticos sino también en los hechos. En efecto, el Ejército de Liberación Nacional, reluctante a integrarse en las F.A.R., comenzó a actuar en 1957 en la provincia de Tarfaya, la antigua Zona Sur del Protectorado de España en Marruecos, con el doble objetivo de ocupar el territorio de Ifni al Oeste, y, yendo más allá del paralelo 27º 40’, de penetrar hacia el Sur en el Sahara y Mauritania. Hechos que provocaron enfrentamientos con las Fuerzas Armadas españolas y pronto generaron dificultades en las relaciones de Marruecos tanto con España como con Francia. Los dos Estados reaccionaron militarmente en febrero de 1958, lo que obligó al E.L.N. a desplazarse al Norte.
No obstante, cabe estimar que la actividad del E.L.N. en la provincia de Tarfaya fue un hecho que hizo avanzar la transmisión de la administración de la antigua Zona Sur del Protectorado, tras el Acuerdo de Cintra de 1 de abril de 1958 entre los Gobiernos de España y Marruecos, donde fue fijada para el 10 del mismo mes. Acuerdo al que siguió una Nota verbal española de 15 de abril de 1958 a todos los miembros de la ONU en la que se declaró que, con la transmisión de la administración en dicha Zona, España había cumplido con todos los compromisos asumidos en la Declaración de 1956. Y es de señalar, de otra parte, que la ocupación de la antigua Zona Sur del Protectorado generó ciertas dificultades al Gobierno de Marruecos, desluciendo el viaje a Tarfaya del Principe Heredero, Muley Hassan. Dificultades a las que se añadieron las surgidas por diversos incidentes en el Rif en 1958-1959.
En atención a los datos anteriores, no puede sorprender que el representante de Marruecos ante la IV Comisión de la Asamblea General de la ONU manifestase el 14 de octubre de 1957 que, junto a Mauritania, “el Sahara español y el enclave de Ifni” eran “partes integrantes del territorio marroquí” . A lo que siguieron dos discursos del Rey Mohamed V. El primero en M’hamed el-Gozlan, de 25 de febrero de 1958, en el que declaró:
“Que los presentes informen a los ausentes de nuestra decisión de seguir trabajando con toda nuestra fuerza para recuperar nuestro Sahara y todo lo que pertenece a nuestro Reino, de acuerdo con la historia y el deseo de los habitantes.”
En el segundo, pronunciado en Rabat el 10 de abril de 1958, el Rey Mohamed V manifestó que:
“Hemos afirmado en varias ocasiones y seguimos afirmando que Marruecos no tiene intenciones expansionistas y de dominación, sino que espera recuperar partes que han sido suyas durante siglos y que les fueron arrancadas en circunstancias excepcionales o de acuerdo con tratados secretos.”
El objetivo central de la reivindicación de Marruecos en esas fechas, ciertamente, estaba centrado en Ifni, el Sahara occidental y Mauritania. Aunque el alcance de sus pretensiones, como se desprende de la ultima declaración, era en realidad mucho más amplio. Un dato que se corrobora posteriormente, pues tras la comunicación del Gobierno español al Secretario General de la ONU de 10 de noviembre de 1958 manifestando que no transmitiría información sobre “territorios autónomos” conforme al art. 73 e) de la Carta dado que sus territorios africanos eran “provincias españolas”, el Gobierno de Marruecos reaccionó el siguiente día 20, manifestando al Secretario General de la ONU, de un lado, “sus más expresas reservas” sobre dicha declaración, e indicándole además, de otro, que Marruecos “reivindica ciertos territorios africanos actualmente bajo control español que son parte integrante del territorio nacional”.
Asimismo, el alcance de la reivindicación territorial de Marruecos también puede apreciarse cuando el Gobierno español, modificando su actitud anterior, comunica a la ONU en 1960 que transmitirá información sobre Guinea, Sahara e Ifni. Pues el Representante del Gobierno de Marruecos, en una intervención ante la Cuarta Comisión de la Asamblea General de la ONU, el 7 de octubre de 1960, no sólo alude a la ocupación extranjera de estos territorios sino también de Ceuta y Melilla, afirmando que:
“Estas ciudades y territorios son parte integrante de Marruecos y los estatutos que actualmente las rigen son contrarios al derecho internacional e incompatibles con la soberanía e integridad de Marruecos”.
Una particularidad merece subrayarse: que en su réplica a estas manifestaciones, los representantes de España en la ONU primero afirman que el tema debe examinarse en un marco bilateral y, más tarde, aluden a aquellos “territorios objeto de controversias jurídicas por parte de países amigos para quienes está abierta la puerta a negociaciones bilaterales”. Esto implicaba admitir un cauce de arreglo, la negociación, que coincidía con el propuesto por el Rey de Marruecos desde 1956 y al que, además, se deba un alcance general sin tener en cuenta la posición española sobre el distinto carácter jurídico de unos y otros territorios. Aunque cabe destacar que si bien Ifni y el Sahara español fueron incluidos en la lista de “territorios no autónomos” en la Resolución 1542 (XV) de la Asamblea General de la ONU, de 15 de diciembre de 1960, en ese momento el Gobierno de Marruecos no planteó la inclusión en dicha lista de ninguno de los territorios españoles del Norte de África.
Desde octubre de 1960, pues, la reivindicación territorial de Marruecos se proyecta de forma expresa no sólo sobre Ifni y el Sahara Occidental sino sobre las ciudades de Ceuta y Melilla. Y la llegada al trono de un nuevo Rey en febrero de1961, Hassan II, va a confirmar este planteamiento, pues aunque en la Ley Fundamental de 2 de junio de 1961 su art. 2 proclamó que “Marruecos, en los límites de sus verdaderas fronteras, es uno e indivisible”, lo que suponía asumir unas genéricas reivindicaciones territoriales, no era esta la actitud de autores como Allal el-Fassi en ese mismo año.
Por ello, no puede extrañar que tales reivindicaciones vuelvan a concretarse unos meses más tarde, al declarar el Rey Hassan II en la Conferencia de Jefes de Estado de los Países No Alineados celebrada en Belgrado en septiembre de 1961 que:
“… au Maroc, les colonistes espagnols continuent d’occuper des régions entières au Sud de notre territoire, Seguia El Hamra, Ifni, Rio de Oro, et mantiennent des enclaves et des bases dans le Nord, à Ceuta et Melilla”.
En atención a la fecha de esta declaración cabe pensar que el motivo determinante de una reivindicación por Marruecos de los territorios españoles del Norte de África quizá fuera el de introducir una “pieza de recambio” en sus aspiraciones nacionalistas, tras el fracaso de la reivindicación marroquí sobre Mauritania, admitida como miembro de la ONU en 1961. Aunque cabe descartar esta hipótesis dado que el Gobierno de Marruecos también suscitó ese mismo año otra reivindicación territorial: la relativa a las fronteras con Argelia en el Sahara, como evidencia el protocolo de acuerdo firmado en Rabat el 6 de julio de 1961 por Ferhat Abbas, Presidente del G.P.R.A, estableciendo una Comisión para el estudio del problema. Esto no impidió a Marruecos, tras la independencia de Argelia, ocupar ciertos puestos fronterizos en la zona disputada, hechos que dieron lugar a un conflicto armado entre los dos Estados.
En todo caso, en 1961 y 1962 se registran en la Asamblea General de la ONU y su Comité sobre la Descolonización algunas intervenciones de los representantes de Marruecos en las que, apoyándose en los Acuerdos de Evian que condujeron a la independencia de Argelia, manifiestan que España debería hacer otro tanto sobre “los territorios marroquíes aun bajo dominación colonial”, con una referencia expresa a Ceuta y Melilla. Aunque estas manifestaciones, sin embargo, no fueron objeto de una comunicación formal para que los territorios españoles en el Norte de África fueran incluidos en la lista de territorios no autónomos de las Naciones Unidas. Y, por tanto, las sucesivas Resoluciones de la Asamblea General de la ONU adoptadas entre l962 y 1966 sólo hacen referencia a los territorios no autónomos de Ifni y Sahara Occidental.
En estos dos territorios, ciertamente, estaban centrados los objetivos inmediatos de Marruecos. Lo que hacía que la reivindicación respecto a los territorios españoles del Norte de África, por no ser prioritaria, solo fuera por el momento simbólica. Si bien en este año se registra una cierta crisis en las relaciones entre España y Marruecos ya que, de un lado, este Estado reitera su reivindicación de los territorios españoles en el Norte de África en una declaración de 29 de junio, y, de otro lado, el 30 de junio de 1962 adopta un Dahír extendiendo el mar territorial marroquí de seis a doce millas. Esto afectó negativamente a los intereses pesqueros de España, presentes en dicho espacio desde finales del siglo XVIII, y provocó incidentes que dieron lugar a la presencia de buques de guerra españoles frente a las costas marroquíes.
No obstante, el agravamiento de la crisis pudo evitarse con la visita del Sr. Balafrej a Madrid a finales de octubre y sus conversaciones con el Ministro Sr. Castiella. A la que siguió una visita a Rabat del vicepresidente del Gobierno español, Sr. Muñoz Grandes, con un comunicado conjunto de 23 de noviembre de 1962 en el que se anunciaban “negociaciones ulteriores sobre los problemas existentes” entre los dos Estados. Lo que se estimó por Allal el-Fassi como un gesto positivo para volver a iniciar el diálogo sobre el Sahara Occidental, “le seul qui intéresse le Maroc pour le moment”.
Y, en todo caso, se reconoce de forma general que, desde finales de 1962 y, en especial, tras la entrevista de Barajas de 6 de julio de 1963 de los dos Jefes de Estado, a la que siguió otra visita del Rey de Marruecos a España el 12-13 de febrero de 1965, se crea un clima de distensión entre España y Marruecos. Los contactos se potencian tras la salida del Istiqlal del Gobierno de Marruecos y el papel determinante que adquiere el Consejero Real Reda Guedira. Por lo que no puede sorprender que si bien no desaparecen las referencias a Ceuta y Melilla en los años siguientes en la ONU por parte de los representantes de Marruecos, sí poseen menor acritud y siempre van acompañadas del deseo de resolver los problemas por la vía de la negociación, como corresponde a “países tradicionalmente amigos”.
De 1964 a 1973
Si este período es de calma en relación con las pretensiones marroquíes sobre los territorios españoles en el Norte de África, ello quizá se deba, como ya se ha señalado, a la reunión de Barajas entre los dos Jefes de Estado. Aunque también estaban presentes otros factores. Entre los que merecen ser indicados, de un lado, la grave crisis social y política de Marruecos en 1964-1965, que conduce a la proclamación de estado de excepción en el país y a una importante pérdida de protagonismo de los partidos políticos a favor del Palacio y, en parte, del Ejército. De otro, la imposibilidad de Marruecos de llegar a un acuerdo sobre la frontera con Argelia en estos años, pues tras varias intervenciones de la O.U.A. en el conflicto y diversas reuniones bilaterales, el acuerdo firmado en Rabat en 1972 no fue ratificado.
A lo que se agrega un hecho nuevo que afectaba a la reivindicación de Marruecos sobre el Sahara Occidental: que, a partir de 1964, las Resoluciones de la Asamblea General separaron sus pronunciamientos sobre Ifni y aquel territorio, estableciendo además dos vías distintas para su descolonización. Respecto al de Ifni, la de la “negociación” entre España y Marruecos para la retrocesión del territorio a este Estado, de conformidad con el párrafo 6 de la Resolución 1514 (XV). Para el del Sahara Occidental, la de la organización de un referéndum para que la población saharaui pudiera ejercer su derecho a la libre determinación. Una diferenciación que, ciertamente, estaba justificada por el diferente estatuto de uno y otro territorio en el Derecho de la descolonización. Pero es significativo que el representante del Gobierno de Marruecos afirmara en 1966 en el Comité especial de la ONU en relación con el Sahara Occidental que:
“Le Gouvernement marocain a estimé que les territoires marrocains encore sous domination espagnole doivent être, en tout état de cause, liberés. Etant donné que leur libération par la voie de négociations et selon la formule de la restitution pure et simple au Royaume de Maroc ne semble pas, pour le moment, recevoir l’accord du Gouvernement de Madrid, le Gouvernement marocain propose que l’indépendance leur soit accordée dans les plus brefs délais”.
Por tanto, Marruecos consideraba una vez más que la vía preferente para alcanzar sus reivindicaciones territoriales era la de la negociación con España. Una posición que también se manifestó en la carta de 10 de junio de 1966 del ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Mohamed Cherkaui, a su homólogo español, el Sr. Castiella. Aunque no fue aceptada por éste en otra del 30 de junio, en la que se afirmó que, de admitirse solo tal cauce, todo el proceso de descolonización quedaría situado bajo el apartado 6 de la Resolución 1514 (XV).
Lo que nos conduce a un tercer dato relevante de este período: la vinculación por Marruecos del caso de Gibraltar con sus reivindicaciones sobre los territorios españoles en el Norte de África. Una actitud, conviene señalarlo, que va a prolongarse hasta 1987 en un amplio número de declaraciones de los responsables políticos marroquíes, pero que se inicia el 14 de diciembre de 1966, al manifestar el Delegado de Marruecos en la Cuarta Comisión de la Asamblea General de la ONU su apoyo a la reivindicación de España sobre Gibraltar al declarar que:
“… la descolonización de Gibraltar es una buena cosa para Marruecos, pues el caso de Gibraltar en España refleja exactamente dos casos en Marruecos: tenemos dos ciudades marroquíes que se encuentran en la misma situación que Gibraltar… resuelto el problema de Gibraltar en el sentido de la descolonización… será ocasión de demostrar el carácter irrefutable de los argumento de Marruecos en lo que concierne a estas dos ciudades, argumentos que son exactamente los utilizados por España para hacer valer sus derechos sobre Gibraltar”.
A lo que cabe agregar, por último, que en 1967 el ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos manifestó en la Asamblea General de la ONU la esperanza de resolver “toutes les autres questions de décolonisation” con España. Actitud moderada que no compartía el Istiqlal, que en su Congreso de noviembre de 1967 hizo un llamamiento para la pronta liberación de todos los territorios marroquíes ocupados, incluidas Ceuta y Melilla. Aunque incluso un autor marroquí reconoce que, tras el Tratado hecho en Fez el 12 de octubre de 1969, por el que España reintegró a Marruecos el territorio de Ifni, las pretensiones de este Estado sobre otros territorios españoles no vuelven a suscitarse en el ámbito de la ONU hasta 1974, pues sus objetivos estarán dirigidos exclusivamente desde entonces hacia el Sahara Occidental. Lo que no obsta que el Rey de Marruecos, en un discurso a las poblaciones del Rif y de la región de Taza de 8 de octubre de 1973, aluda a “nos villes… à Sebta et à Melillia” y también se haga referencia a una obra que va a incidir sobre esta última, la construcción del puerto de Nador.
El período 1974-1975: una reivindicación frustrada en la ONU
Si entre 1966 y 1973 la actitud de Marruecos respecto al Sahara occidental revela una clara ambigüedad, sin embargo su actitud se modifica cuando en la segunda de estas fechas comienza en la ONU la preparación del referéndum para el ejercicio del derecho a la libre determinación del pueblo saharaui. En efecto, su Gobierno deja de ser favorable a la organización del referéndum, que había admitido en 1966, orientando ahora su actitud hacia la reivindicación de dicho territorio. Y sin duda para reforzarla políticamente, en 1975 el Gobierno de Marruecos emprende tres acciones: (a) llevar a la ONU su reivindicación de cinco territorios españoles del Norte de África; (b) buscar el apoyo de otras instituciones internacionales a esa pretensión; y, por último, (c) excluir la soberanía española sobre los mismos en la delimitación de su mar territorial en el Estrecho y en el Mar de Alborán.
La reivindicación de Marruecos en la ONU
La acción del Gobierno de Marruecos en la ONU relativa a los territorios españoles del Norte de África de 1975 sin duda estaba vinculada con su reivindicación sobre el Sahara Occidental, quizá con la finalidad de que aquella sirviera de apoyo a ésta. Lo que se corrobora no solo por el momento en que dicha acción se produce sino por la posición adoptada por el Rey de Marruecos ante otros Estados, según se verá más adelante. Lo que aconseja hacer una breve referencia a los hechos esenciales de 1974-1975 relativos al territorio del Sahara Occidental, entonces bajo administración española.
En primer lugar y como antecedente, Marruecos logró una previa concertación con el otro Estado vecino del Sahara occidental, Mauritania, cuyo territorio también había reivindicado sin éxito en 1960. Y en atención a los hechos posteriores, es presumible que también contase con el previo apoyo político de otros Estados. En segundo término, el paso inicial de la acción política del Gobierno de Marruecos fue la conferencia de prensa celebrada por el Rey Hassan II el 17 de septiembre de 1974, en la que afirmó la existencia de un “conflicto territorial” entre Marruecos y España sobre el Sahara y, para resolverlo, propuso que fuera sometido al “arbitraje” de la Corte Internacional de Justicia. Lo que a su juicio “aclararía” cual era la vía que la ONU debía “recomendar a Marruecos y España”. Propuesta que se formalizó mediante una carta del ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos de 23 de septiembre de 1974 al de España, para someter el conflicto al “arbitraje” de la Corte.
El paso posterior fue la propuesta que los Gobiernos de Marruecos y de Mauritania sometieron a la Asamblea General y que llevó, no sin un extenso debate y las reservas de cuarenta y tres Estados a su texto, a la adopción de la Resolución 3292 (XXI), de 13 de diciembre de 1974. En ella, dicho órgano de la ONU solicitó un dictamen consultivo a la C.I.J. sobre dos cuestiones que, como se desprende de su formulación, estaban claramente vinculadas con la soberanía territorial de Marruecos sobre el Sahara “en el momento de la colonización por España” . Con la particularidad de que en el curso de dicho debate claramente se expresa el objetivo del Gobierno de Marruecos de modificar la vía para la descolonización del territorio establecida por diversas Resoluciones de la Asamblea General de la ONU y que antes había admitido, pues su Representante afirmó que la intervención de la Corte Internacional de Justicia
“… permettra de savoir si la thèse marocaine est fondée. Si elle ne l’est pas, l’Espagne aura eu raison de vouloir établir une différence entre le cas de Gibraltar et celui du Sahara. Mais si les thèses marocaine et mauritanienne se vérifient devant la Cour, il n’y aurait pas de véritable raison de traiter différemment les deux situations”.
Por último, tras el dictamen de la C.I.J. de 16 de octubre de 1975 en el asunto del Sahara Occidental y pese a la conclusión negativa para Marruecos del párrafo 162 del mismo, al que aquel se remite expresamente, es suficiente recordar dos hechos. El primero es que, tras una singular interpretación de las conclusiones del dictamen por el Rey de Marruecos, se produce el anuncio de la “marcha verde”, ya preparada presumiblemente antes de que se conociera el pronunciamiento de la Corte. El segundo radica en que, que favorecido por diversas circunstancias internas de España en ese momento, la acción del Gobierno de Marruecos culminó con los llamados Acuerdos de Madrid de 14 de noviembre de 1975, concertados por España con Marruecos y Mauritania, cuya Declaración de Principios trató de prestar cobertura jurídica a la entrega del territorio del Sahara occidental. Aunque un análisis jurídico puede poner de relieve que tales acuerdos no eran conformes con la Carta de la ONU y el Derecho de la descolonización. Al igual que cabe estimar que, políticamente, fortalecieron la tesis marroquí que atribuye preferencia a la vía de la “negociación” para el logro de sus objetivos territoriales.
Ahora bien, antes se ha dicho que el Gobierno de Marruecos quiso reforzar en 1975 su reivindicación territorial sobre el Sahara Occidental extendiéndola a otros territorios españoles del Norte de África y, conviene subrayarlo, bajo el mismo fundamento: el apartado 6 de la Resolución 1514 (XV). Lo que llevó a cabo el Representante de Marruecos ante la ONU al solicitar del Presidente del Comité de los Veinticuatro, mediante carta de 27 de enero de 1975, que los “enclaves coloniales” de Ceuta, Melilla, el islote de Alhucemas, el Peñón de Vélez y las Islas Chafarinas fueran incluidos en la “lista de territorios no autónomos”. Una petición respecto a la que cabe observar que no incluía a la isla de Perejil, lo que suponía implícitamente que el Gobierno de Marruecos consideraba que dicha isla se hallaba bajo su soberanía (66). Y a la que siguió, el 7 de marzo, la distribución en la ONU de una “Memoria sobre los puertos e islas de la costa Norte de Marruecos aún bajo dominación colonial, llamados
Esta acción de Marruecos en el ámbito de la ONU fue acompañada de una carta del Rey de Marruecos, enviada a “todos los Jefes de Estado y de Gobierno” mediante emisarios reales, donde no sólo se planteaba el problema del Sahara occidental sino también el de Ceuta y Melilla, según manifestó Hassan II en una entrevista de prensa de 17 de septiembre de 1974. Aunque el Rey precisó que:
“… la prise de position est une chose et le
Este planteamiento del tema por parte del Rey, pese a implicar una preferencia por la cuestión del Sahara Occidental, fue apoyado por el Istiqlal en su IX Congreso, por el U.S.F.F.P. y el Bureau del Consejo Nacional Provisional de Antiguos Resistentes y Miembros del E.L.N.
Las acciones del Gobierno de Marruecos, sin embargo, dieron lugar a una enérgica reacción española. De un lado, frente a Marruecos, con el envió de unidades navales y otras fuerzas armadas a Ceuta y Melilla. Lo que hizo que el Rey Hassan II, en su discurso del Trono de 3 de marzo de 1975, hiciera referencia a la actitud del Gobierno español en estos términos:
“Il n’a trouvé d’autre réponse que le recours à la menace, à l’intimidation, à la concentration des troupes et à la mobilisation de ses unités navales et aériennes.Il a brandi le spectre de la violence, méthode devenue de nos jours désuète et demodé… Et si le Gouvernement espagnol persiste dans son attitude au Sud et au Nord de notre Royaume…nous ne cesserons, quant à nous, plus determinés que jamais, à revendiquer nos droits legitimes dans ces deux régions”.
De otro, la reacción se manifestó en la ONU, mediante las comunicaciones del Representante Permanente de España de 12 de febrero y 22 de abril de 1975, distribuidas a los Estados miembros. Y el resultado fue, en definitiva, que la solicitud del Gobierno de Marruecos de enero de 1975 al Comité de los 24 quedó sin respuesta. Un silencio que, ciertamente, entrañaba el fracaso de la acción emprendida por Marruecos para que la ONU admitieran el carácter “colonial” de los territorios españoles en el Norte de África.
La búsqueda de apoyo internacional a la reivindicación
No obstante, entre febrero y agosto de 1975, el Gobierno de Marruecos había buscado apoyo a su pretensión en otras Organizaciones y conferencias internacionales. En primer lugar, en la O.U.A., suscitando el tema de los territorios españoles en el Norte de África en la reunión del Comité de coordinación para la liberación de África celebrada en Dar Es-Salam en enero y, el 15 de febrero, en la reunión del Consejo de Ministros, donde el Ministro Ahmed Laraki hizo una larga intervención, incluyendo datos históricos, donde afirmó que:
“Nul doute que Sebta, Malilla, les ilôts d’ Alhuceima et de Velez et Iles Jasfarines, dernières enclaves coloniales sur la côte méditerranéenne du Maroc ne doivent plus figurer sur la carte de notre continent, leur maintien constituant un danger permament pour la sécurité de l’Afrique toute entierre et une grave menace pour la paix internationale.”
Esta declaración fue apoyada por 21 de los miembros de la O.U.A. y, por tanto, no puede sorprender que el Consejo de esta Organización regional adoptara el 21 de febrero de 1975 una resolución manifestando su “completa solidaridad con el Reino de Marruecos para la recuperación de los enclaves coloniales de su costa Norte” y que instara a España a “acelerar el proceso de descolonización” de dichos enclaves y a iniciar negociaciones a este fin con Marruecos.
En segundo término, el Gobierno de Marruecos se dirigió a la Liga de Estados Árabes, obteniendo su apoyo en una resolución de 26 de abril de 1975 cuyos términos son similares a la anterior. Términos que igualmente se reiteran en la resolución de 15 de julio de 1975 del Consejo Islámico de Ministros de Asuntos Exteriores, aunque en ella también se aluda a “la represión y las expulsiones colectivas” así como a las “provocaciones militares” efectuadas por España en respuesta a las pretensiones de Marruecos. Una acción diplomática que, por último, se cierra con una declaración de la Conferencia Ministerial de los Países no alineados de 30 de agosto de 1975, igualmente de apoyo a las pretensiones marroquíes y en la que se solicita de España “que entre en negociaciones directas con Marruecos para la inmediata restitución de los enclaves”. Un objetivo que es el que desde ahora perseguirá Marruecos.
Contando con este apoyo internacional y pese a que el Comité de Descolonización de la ONU no hubiera dado respuesta a su petición, Marruecos insistirá en 1975 en la reivindicación de Ceuta y Melilla. El 7 de octubre de 1975, en efecto, su representante ante la O.N.U. pidió la apertura de negociaciones directas entre Rabat y Madrid sobre las dos ciudades españolas, manifestando que “España no puede rechazar este diálogo en el momento en que pide lo mismo para resolver el problema de Gibraltar”. Un interesado paralelismo de las dos situaciones que se reitera en la conferencia de prensa del Rey de Marruecos de 25 de noviembre de 1975, al afirmar que:
“Creo que algún día, en el futuro, lógicamente Inglaterra devolverá Gibraltar a España y esta última también nos devolverá Ceuta y Melilla… Tenemos tiempo y no tenemos prisa, Ceuta y Melilla nos pertenecen y volverán… (como debe volver Gibraltar a España)”.
Y poco más tarde, en un libro, Le défi, el Rey dirá:
“Estoy contento de que, finalmente, ha triunfado la justicia en lo que respecta a la cuestión en nuestro Sahara, tengo grandes esperanzas de que algún día se reconocerá que Ceuta y Melilla y las islas de la costa rifeña también son marroquíes. Nosotros, lejos de las amenazas y en consideración al buen sentido, a la razón y a la amistad tampoco hemos dejado ni dejaremos de dirigir este llamamiento.”
El “Dahír” de 1975 sobre líneas de base rectas en las costas de Marruecos
Por último, el 21 de julio de 1975, el Gobierno marroquí adoptó el Dahír núm. 2-75-311 “determinando las líneas de cierre de las bahías en las costas marroquíes y las coordenadas geográficas del límite de las aguas territoriales y de la zona exclusiva de pesca marroquíes”. Y si se proyectan en una carta marina las coordenadas indicadas en sus arts.1 y 2 en relación con el art. 5, el resultado es el siguiente: de un lado, que las líneas de base rectas para el trazado del límite exterior del mar territorial encierran a los territorios españoles en el Norte de África, privándoles así de espacios marítimos. De otro, que tales líneas bien parten de estos territorios o terminan en ellos, como si se tratara de territorios bajo soberanía marroquí.
Esta delimitación marítima, por tanto, no sólo se corresponde enteramente con sus pretensiones de enero de 1975 sino que el Gobierno de Marruecos adoptó tal medida como si sus pretensiones ya se hubieran alcanzado. Lo que afectaba, ciertamente, a la unidad e integridad territorial de España dado que tanto los espacios marítimos como los espacios en la tierra se hallaban bajo su soberanía. Pero, al haber sido la delimitación marroquí objeto de una protesta española de 5 de febrero de 1976, en la que se manifestó que las líneas trazadas en el Decreto de 21 de julio de 1975 no son oponibles a España tanto por las consecuencias antes indicadas como por su invalidez según el Derecho internacional del mar, es indudable que los actos de los dos Gobiernos pueden entenderse como la expresión de una controversia jurídica.
Si bien debe agregarse que, aunque en rigor se trate de un desacuerdo sobre delimitaciones marítimas, susceptible de ser resuelto mediante la aplicación del Derecho internacional, no cabe olvidar que esta controversia está directamente vinculada con la situación de los territorios españoles en el Norte de África, pues la medida marroquí ignora la soberanía española sobre ellos. De manera que, como se ha dicho justamente, “sería… un contrasentido negociar la delimitación de espacios marítimos cuando se impugna la presencia de la otra parte en el territorio terrestre del que se proyecta la soberanía y la jurisdicción marítimas”.
Y la consecuencia ha sido que, desde 1975, la controversia ha seguido abierta, dado que no cabe iniciar una negociación sobre ella ni menos someterla a un procedimiento internacional de arreglo, jurisdiccional o arbitral, salvo que Marruecos reconozca el presupuesto de la soberanía de España sobre sus territorios en el Norte de África, lo que no parece previsible.
El período entre 1976 y 1991
El período anterior fue sin duda el que registra la mayor crisis entre España y Marruecos en relación con los territorios de aquella en el Norte de África. Sin embargo, desde 1976 Marruecos no vuelve a plantear formalmente sus pretensiones sobre dichos territorios en el ámbito de la ONU. Quizá por el resultado negativo de su petición el año anterior o porque su interés prioritario volvía a ser el Sahara Occidental, donde tuvo que emprender, tras la retirada de las Fuerzas y Autoridades españolas de este territorio, una lucha armada contra el Frente Polisario. Y aunque luego aceptó el “Plan de Arreglo” de 1988, que llevó al alto el fuego de 1991 y, más tarde, a los Acuerdos de Houston de 1997, que abrían la vía para un referéndum en el territorio en diciembre de 1998, sin embargo, el posterior resultado negativo para sus intereses de la identificación para incluir a los solicitantes en la lista de votantes de la MINURSO ha determinado que, hasta ahora, el Gobierno de Marruecos se haya opuesto al ejercicio del derecho a la libre determinación por el pueblo de este territorio.
No obstante, pese a que su interés prioritario fuera el Sahara occidental, en este largo período se registran varias declaraciones de los responsables políticos marroquíes sobre los territorios españoles en el Norte de África. Aunque también destaque, en contrapartida, el silencio de Marruecos respecto a las amplias referencias en la Constitución española de 1978 a Ceuta y Melilla. Asimismo, se ha hecho referencia a dos eventuales acciones del Gobierno de Marruecos en el marco de la Comunidad Europea. Y finalmente, una propuesta del Rey de Marruecos a España encaminada a un examen bilateral del conflicto.
Las actitudes marroquíes
En cuanto a lo primero, cabe citar diversas declaraciones del Rey Hassan II, comenzando por la hecha en Paris el 29 de noviembre de 1976, en las que afirmó que:
“El asunto de Ceuta y Melilla es para mi un asunto solucionado. El día que España tenga Gibraltar ninguna potencia del mundo permitirá a España la posesión de las dos puertas del Estrecho. Es imposible. Ningún país posee las dos orillas de un Estrecho y, en este momento, lógicamente, España nos remitirá Ceuta y Melilla. Este asunto, pues, se ganará. Es inútil gastar nuestras energías y ensombrecer unas relaciones que apenas acaban de salir de las nubes”.
Una actitud de moderación que se reitera el 15 de noviembre de 1978 en una Conferencia de prensa del Rey en Washington. Aunque subsista el paralelismo de la situación de los territorios españoles en el Norte de África con la de Gibraltar, manifestada en otra entrevista a la prensa árabe en el Palacio de Skhirat de 2 de abril de 1980, en la que afirmó que “Al reivindicar Gibraltar, España trabaja para Nosotros. España lo sabe y no se lo hemos ocultado”, animando a las dos ciudades para que, al recuperarlas Marruecos, “no se entre en un desierto sino en ciudades activas y vivas”. Una actitud que tiene su reflejo en noviembre de 1981 cuando el Primer Ministro de Marruecos, Maati Buabid, presenta su programa de gobierno, al manifestar que:
“La unidad territorial de Marruecos no puede ser total ni íntegra sin la recuperación de Ceuta, Melilla y las islas mediterráneas: recordarán Vds. la declaración que S.M. el Rey hizo a este respecto, en la cual el Soberano subrayó el lazo lógico que existe entre la restitución de Gibraltar a España y nuestra recuperación de Ceuta y Melilla”.
Con posterioridad a la llegada al poder en España del Gobierno de Felipe González, el Rey de Marruecos volvió a plantear su reivindicación de forma bilateral, con motivo de la vista del ministro de Asuntos Exteriores Sr. Morán a Rabat del 2l-23 de diciembre de 1982, manifestando que “deseaba una solución pacífica, en la amistad”. Agregando que “nunca emprendería una acción violenta contra las ciudades y que el tiempo, la amistad y la flexibilidad darían la solución” (78). Aunque en el discurso de la Fiesta del Trono de septiembre de 1984 volvería a aludir a “las ciudades del Norte todavía ocupadas”, lo que provocó reacciones en la prensa española y en la marroquí, en respuesta a las primeras.
Ello no supuso, sin embargo, un abandono por Marruecos de su reivindicación de los territorios españoles del Norte de África en foros multilaterales. Como fue el caso, de un lado, de la Conferencia Islámica y, de otro, de la Unión Parlamentaria Árabe, que el 10 de febrero de 1983 adoptó una resolución en su tercer Congreso celebrado en Rabat en la que se manifestó que “ha llegado el momento de encontrar una solución definitiva y justa a la cuestión de Ceuta y Melilla”, haciendo un llamamiento a España para que “inicie negociaciones urgentes con Marruecos con vistas al retorno de la soberanía marroquí sobre las dos ciudades, las islas Chafarinas y las rocas costeras”. A lo que se agrega, asimismo, una declaración del Consejero Real, Reda Guedira, en la XX Cumbre de la O.U.A. de noviembre de 1984, en la que afirmó que:
“La independencia de Marruecos en 1956 no tuvo, como todos saben, por efecto automático la liberación de la integridad de sus territorios .Una gran parte de éstos permanecieron en efecto bajo la dominación española, concretamente las ciudades de Ceuta y Melilla en el Norte, las provincias de Ifni, Tarfaya y Sakiet el Hamra y Rio de Oro en el Sur. Por ello, nunca hemos dejado de exigir su vuelta a la madre patria, de la que no fueron separados más que por el hecho colonial. Y de hecho una parte nos fue restituida.”
Las acciones de Marruecos ante la C.E.E.
En una entrevista de 6 de enero de 1985, el Rey de Marruecos, manifestó que
“Pour Sebta et Mellilia, la solution ne peut être que politique”. Pero agregó un nuevo elemento al afirmar que “Il convient, à cet égard de souligner que la Communauté européenne a exprimé des reserves au sujet des
Esta incorporación de Ceuta y Melilla al territorio comunitario ha sido, sin duda, un hecho negativo para las pretensiones marroquíes sobre los dos territorios españoles en el Norte de África. Lo que tal vez pueda explicar, según un autor marroquí, que el 14 de abril de 1988 la Representación Permanente de Marruecos ante las Comunidades Europeas manifestase al Secretario General del Consejo la posición de Marruecos sobre “los enclaves” españoles, en el contexto de la adhesión de España a la CEE que entró en vigor el 1 de enero de 1986. Y dicho autor también ha sostenido que el 28 de mayo de 1988, al firmarse el Protocolo al Acuerdo de cooperación entre la C.E.E. y Marruecos, así como el Acuerdo sobre las relaciones de pesca marítima con la C.E.E., el Gobierno marroquí había manifestado a la Comunidad que “nada en los compromisos suscritos por el Reino de Marruecos en dichos acuerdos puede ser interpretado, bajo ningún título, que entraña consecuencias jurídicas sobre la posición del Reino de Marruecos respecto a Sebta (Ceuta) y Mellilia (Melilla)”.
En ambos casos, sólo se trata de declaraciones unilaterales de Marruecos frente a la Comunidad Europea, en las que expone su posición sobre dichos territorios, con la finalidad de mantener abierta su reivindicación sobre ellos. Pero tales declaraciones, ciertamente, no se compadecen con las previsiones de la citada Acta de adhesión de 1985 sobre Ceuta y Melilla en cuanto territorios bajo soberanía de un Estado miembro y, por ello, cabe presumir que no han tenido respuesta por parte de la Comunidad Europea.
Algunos hechos y una iniciativa marroquí: la creación de una “celula de reflexión”
Al margen de lo anteriormente expuesto, durante la década de 1980 se registran varios hechos con incidencia sobre la reivindicación marroquí que conviene indicar, así como una propuesta del Rey de Marruecos para buscar una solución al conflicto con España sobre los territorios españoles en el Norte de África.
En cuanto a los hechos, ha de tenerse presente, en primer lugar, que tras la firma del Tratado de Uxda entre Marruecos y Libia el 18 de agosto de 1984, la creación de la “Unión Árabe-Africana” sirvió a Marruecos para que Libia apoyara su reivindicación ante España. Y en la primera reunión del Parlamento de la Unión, que tuvo lugar en Casablanca el 10 de julio de 1985, para que se adoptara una resolución solicitando “la liberación de los territorios marroquíes de Ceuta y Melilla aun bajo dominación colonial”. Aunque esta alianza entre Marruecos y Libia, que generó cierta preocupación en nuestro país, no tuvo mañana.
En segundo término, cuando el 26 de febrero de 1986 se publican en el Boletín Oficial de las Cortes los primeros proyectos de Estatutos de Autonomía de Ceuta y Melilla, el art. 2 del relativo a la primera de estas ciudades incluyó al islote de Perejil y al Peñón de Vélez de la Gomera en su territorio municipal. Lo que dio lugar a una reivindicación marroquí de la soberanía sobre Perejil que se manifestó en la Nota verbal de 5 de enero de 1987, a la que antes se ha hecho referencia. Siendo de señalar que en el texto definitivo del Estatuto, aprobado por la Ley Orgánica 1/1995, de 13 de marzo, se suprimieron las referencias a Perejil y al Peñón.
Lo que pudo estar motivado no solo por el deseo del Gobierno español de evitar un escollo en sus relaciones con Marruecos sino también porque el proceso de autonomía de las dos ciudades fue excesivamente dilatado en el tiempo, ya que se inició en 1981 y culminó en 1995, y en él se registraron diferentes actitudes de los partidos políticos españoles al respecto así como aspiraciones muy diversas de sus habitantes.
En tercer lugar, la aplicación de la Ley 7/1985, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España, así como de su Reglamento de ejecución, suscitó problemas en Ceuta y Melilla, dado el considerable número de musulmanes residentes en estas ciudades que carecían de documentación para justificar cual era su nacionalidad, española o extranjera. Lo que provocó manifestaciones de estos desde noviembre de 1985 en las que se registraron algunos incidentes, magnificados por la prensa marroquí y, en particular, por los medios del Istiqlal.
Si bien la tensión cedió tras el acuerdo entre el Ministerio del Interior y la comunidad musulmana de Melilla de febrero de 1986, que abrió el camino para una generosa concesión de la nacionalidad española entre esa fecha y la de 1989. Un hecho que, sin duda, marcó un punto de inflexión en la situación de la comunidad musulmana en ambas ciudades, pues multiplicó por tres el número de los musulmanes con nacionalidad española. Un estatus que ha permitido a los miembros de dicha comunidad que lo obtuvieron no solo el acceso a los servicios públicos sino también a los cargos públicos, propiciando así la creación de un partido que los agrupara. A lo que se une que su obtención les facilitaba la emigración dentro de la Comunidad europea, al tiempo que, como ocurre con muchos de los “fronterizos”, podían mantener, si así lo querían, sus vínculos con el país de origen.
El segundo elemento significativo en este período es que, si en la Nota verbal antes mencionada de 5 de enero de 1987 el Gobierno de Marruecos hizo referencia al “contencioso territorial subsistente entre los dos países respecto a los enclaves aun bajo ocupación española en la costa Norte marroquí”, unos días más tarde, con motivo de la visita a Rabat del ministro español del Interior, el Rey Hassan II le presentó una nueva propuesta destinada a resolver los problemas de los territorios españoles del Norte de Africa, para que fuera comunicada al Rey de España: la constitución de un Comité oficioso mixto o “célula de reflexión”, encargado de “estudiar y proponer soluciones dentro del marco de los derechos imprescriptibles de Marruecos y de los intereses vitales de España”, a partir del análisis de todos los “componentes” del problema y teniendo en cuenta “las experiencias, más o menos similares vividas por otros países”. Lo que entrañaba una clara alusión a los acuerdos alcanzados por China con el Reino Unido y Portugal sobre Hong Kong y Macao respectivamente.
Ahora bien, al presentar su propuesta, se ha dicho que el Rey de Marruecos también hizo una referencia a los incidentes en Melilla derivados de la aplicación de la Ley de Extranjería. Pues indicó que era de temer que estos pudieran dar al traste con la “política de prudencia seguida hasta ahora” y así se lo había indicado a los Imanes, para que lo hicieran saber a los fieles en la oración del viernes. Lo que entrañaba una clara alusión a su carácter de Jefe no solo político sino religioso de Marruecos.
Unos incidentes, de otra parte, que fueron magnificados por la prensa marroquí, motivando una intervención del Presidente del Gobierno español ante las Cortes en febrero de 1987 centrada en Melilla, en la que negó su carácter colonial. Lo que anticipaba que la propuesta de establecer una “célula de reflexión”, a la que hizo alusión Hassan II en su discurso del Trono de 3 de marzo de 1987, no sería aceptada por el Gobierno español. Una actitud que el Ministro de Asuntos Exteriores confirmó al manifestar que “Ceuta y Melilla son dos ciudades españolas y seguirán siéndolo, de modo que la creación de un organismo de estas características no se justifica”. Esta respuesta creó irritación en Marruecos no solo por su contenido negativo, sino porque al parecer se esperaba, con olvido de la posición constitucional del Rey de España, una contestación de éste y no del Gobierno.
El Rey Hassan II recordó una vez más su propuesta en el mes de marzo de 1987. Pero cabe destacar que el 11 de abril de este mismo año introduce un giro significativo en su planteamiento del tema, al abandonar el “paralelismo” de la situación de Ceuta y Melilla respecto a la de Gibraltar. Pues el Monarca declaró que:
“Mi actitud hacia Ceuta y Melilla es que se trata de una actitud anacrónica que no pude ser comparada a la de Gibraltar, ya que Gibraltar está en Europa, Gibraltar está en poder de una potencia europea, aliada a través de la CE y de la OTAN de España y entre ellos se trata de una desavenencia, de un malentendido”.
Posición que se reitera en una entrevista del Rey de Marruecos de 13 de julio de 1987 en la que se afirma que “el problema no es de la misma naturaleza”. Al igual que en otra posterior de 22 de enero de 1989, pues al ser preguntado si había tratado del tema de Ceuta y Melilla, contestó afirmativamente, agregando que:
“En définitive, le problème de Sebta et Melillia est un problème clair. La situation, comme on pourrait le dire, est une situation anachronique, Je ne veux dire plus. Il est donc qu’un jour elle se fonde dans le contexte historique de l’évolution mondiale”.
De la existencia de una “situación colonial” en los territorios españoles en el Norte de África se pasa, pues, a afirmar que se trata de una “situación anacrónica”. Aunque una y otra calificación, sin embargo, tengan la misma finalidad: la revisión del estatus actual de dichos territorios por no acomodarse a la evolución y al estado actual de la sociedad internacional.
Desde 1991 al incidente de la isla Perejil de julio de 2002
Algunas constantes de la reivindicación marroquí
En relación con esta última fase, es conveniente, en primer lugar, partir de ciertas constantes que se derivan de las actitudes de Marruecos. Para exponer, en segundo termino, ciertos hechos de la década de 1990 y, por último, examinar el incidente de la isla de Perejil de julio de 2002.
Respecto a lo primero, cabe estimar que la propuesta del Rey de Marruecos de 1987, pese al carácter “oficioso” de la “célula de reflexión”, en realidad constituía un primer paso que quizá permitiera lograr una solución negociada de la cuestión de los “enclaves coloniales” a partir de las eventuales sugerencias de dicho grupo de trabajo . De manera que tal propuesta no modificaba sustancialmente el objetivo de este país frente a España, mantenido durante largos años pero siempre fracasado por la actitud del Gobierno español: el de lograr que España aceptase un examen bilateral de la “situación anacrónica” de los territorios españoles en el Norte de África, para que las relaciones de amistad entre los dos Estados y los mutuos intereses permitieran lograr acuerdos al respecto.
A lo que se une un segundo dato significativo: en las declaraciones del Monarca marroquí se ha manifestado reiteradamente que la cuestión relativa a dichos territorios sólo puede resolverse por vías de arreglo pacífico y no por la fuerza. Una actitud que se corrobora en atención a otros datos. Entre ellos, la falta de apoyo del Gobierno marroquí a las iniciativas de los partidos políticos u otras organizaciones que han preconizado que el Gobierno de Marruecos debía mantener una actitud más enérgica frente a España, adoptando medidas de presión o incluso acciones de fuerza. Como propugnara, por ejemplo, el Movimiento Marroquí para la Liberación de Ceuta y Melilla.
Y la misma actitud se evidencia, asimismo, en la declaración del Rey Hassan II de que “Nuestra marcha verde es la de la paciencia”. A lo que cabe agregar, por último, la abstención de dichas medidas así como de acciones, directas o indirectas, en un momento significativo: el de la aprobación de los Estatutos de Autonomía de Ceuta y Melilla, pese a que suponían un paso irreversible en la posición española, pues este hecho solo dio lugar a la que se ha calificado como una “respuesta tibia”. Aunque si se han auspiciado, en cambio, distintas campañas de prensa, muchas veces como respuesta a declaraciones de responsables políticos españoles o a hechos ocurridos en Ceuta y Melilla, así como otras incluso frente a opiniones en la prensa española.
Estas dos actitudes, en lo esencial, han partido de decisiones del Rey de Marruecos, aun cuando quizá también reflejen el peso que han tenido en dichas decisiones ciertos factores, internos y externos. En cuanto a los primeros, cabe pensar en las periódicas crisis políticas en Marruecos, por los tímidos intentos desde 1962 de lograr una Monarquía parlamentaria y un régimen democrático.
Asimismo, en la existencia de graves problemas económicos y sociales, en especial en la parte Norte del Reino, donde existe una menor vinculación al Trono por parte de su población bereber y una fuerte dependencia de la actividad económica de Ceuta y Melilla. A lo que se une, significativamente, una falta de confianza de la población marroquí más joven en su futuro en el país pese al importante desarrollo de la educación, dado que una mayoría anhela la emigración a Europa.
Finalmente, en la amenaza del islamismo radical, que últimamente ha conducido a acciones terroristas en Marruecos provocando una fuerte represión, al tiempo que se registra un amplio y creciente apoyo popular a un partido islamista moderado.
En lo externo, el hecho determinante es que Marruecos ha asumido de forma creciente una posición “pro-occidental”, de manera que su política se ha orientando hacia estrechas relaciones de cooperación con EEUU. Habiendo llegado incluso a participar en la coalición contra Irak en 1990, pese a las críticas a que dio lugar en Marruecos esta acción contra un Estado árabe. Al igual que ha tratado de conseguir un constante apoyo de Francia, dada la importancia de los intereses franceses en Marruecos. Así como a intentar mejorar, con el apoyo de dicho Estado, su situación económica, mediante un acuerdo de asociación con la Comunidad europea y su participación en programas de ayuda euromediterránea. Lo que produce un inevitable entrecruzamiento de tales orientaciones con España, aliada también de EEUU y miembro de la OTAN y de la Unión Europea. Una situación que puede explicar que el Rey de Marruecos declarara el 24 de marzo de 1986 en una entrevista a un periódico árabe que:
“Comme nous l’avons toujours affirmé, si le Maroc a ses racines nouricières en Afrique, il tire son oxygène de l’Europe et l’Espagne constitue pour nous un pasage obligé vers le continent.Tous ces facteurs nous obligent ainsi que l’Espagne à nous entendre sur Sebta et Melillia. Notre Marche Verte pour la libération de Sebta et Melillia consiste en la patience, la détermination, la pondération et la persuasión” .
Los hechos de la década de 1990
Los factores que se acaban de indicar sin duda han influido en el objetivo político del Gobierno de Marruecos de ampliar las relaciones de cooperación con España. Un proceso que ya comenzó en la década de 1980 en materia de defensa y que se manifestó tanto en la realización de maniobras conjuntas en 1985 como en la adquisición de buques de guerra y material militar a empresas españolas. Y pese a que los problemas derivados de la renovación del acuerdo de pesca, del tránsito de productos agrícolas marroquíes a la Comunidad Europea, de la exigencia de visados a los marroquíes y de la emigración ilegal han creado ciertas sombras en esas relaciones de cooperación, estas sin embargo continuaron y se incrementaron, como evidencian varios hechos.
En primer lugar, la concesión por el Gobierno español al de Marruecos de un importante crédito para infraestructuras y financiación de exportaciones industriales en junio de 1988. En segundo término, tras la visita del Rey Hassan II a Madrid a finales de septiembre de 1989, las relaciones con España reciben un nuevo impulso con la firma de varios acuerdos sobre cooperación militar, la protección de inversiones y la realización de un estudio de viabilidad de la construcción de un enlace fijo entre los dos países en el Estrecho de Gibraltar. A lo que se agrega el acuerdo de celebrar anualmente reuniones de alto nivel entre los dos Gobiernos, lo que situaba políticamente a Marruecos en relación con España al mismo nivel que otros Estados europeos.
Esta situación culmina, en tercer lugar, con la firma el 4 de julio de 1991 del Tratado de Amistad, Buena Vecindad y Cooperación, ratificado en 1993. Un instrumento que sin duda constituye el fundamento general de las relaciones entre los dos países, dado que no sólo se reiteran, con algunas variantes, los principios básicos de las relaciones de paz y amistad consagrados en la Resolución 2625 (XXV) de la Asamblea General de la ONU sino que establece mecanismos para incrementar la cooperación en diferentes áreas. A lo que se agrega, por último, la firma el 30 de abril de 1993 de un acuerdo bilateral para el desarrollo del Norte de África y, en 1996, el encaminado a reemplazar parte de la deuda de Marruecos en participaciones empresariales, con el compromiso de emplear otra parte de la deuda para la supresión de las plantaciones de cannabis en la región del Rif.
Este clima de cooperación entre España y Marruecos no ha entrañado, sin embargo, un abandono de la reivindicación marroquí sobre los territorios españoles del Norte de África. Ni podía serlo, puesto que el Rey de Marruecos se enfrentaba a una campaña de los partidos de la oposición vinculada a la aprobación de los Estatutos de Autonomía de Ceuta y Melilla, en la que se pedía al Gobierno marroquí que adoptase una actitud más enérgica.
Por ello, no puede sorprender que el 16 de septiembre de 1994 el Primer Ministro de Marruecos declarase ante la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento marroquí que usaría todos los medios a su alcance para protestar ante la negativa española a dar una respuesta al tema de los “enclaves coloniales” y crear una comisión de expertos .Y con ocasión de la reunión de alto nivel celebrada en Rabat el 31 de octubre, dicho tema vuelve a suscitarse al Presidente del Gobierno español. Aunque este insistiera en su posición al declarar que no tenía dificultades en hablar sobre dichos territorios con el Gobierno de Marruecos siempre que solo se limitasen a sus relaciones de cooperación con los territorios vecinos.
A lo que sigue, tras la formación de un nuevo Gobierno en Marruecos presidido por Adelatif Filali, una declaración de éste del 5 de marzo de 1995 manifestando que la cuestión de la “integridad territorial” era su principal prioridad y que su permanente preocupación estaba en la consolidación del retorno del Sahara Occidental y en la “recuperación de las dos ciudades usurpadas, Ceuta y Melilla, y las islas vecinas”. Una actitud que reiteró en su intervención en la Asamblea General de la ONU en septiembre de 1995, aludiendo a “las últimas colonias en Africa” y ofreciendo, tras su retorno a Marruecos, el respeto de los intereses españoles. De suerte que tal reivindicación seguía subsistiendo pese a las relaciones de cooperación, como también se aprecia en algunas declaraciones del Rey Hassan II entre 1993 y 1996.
Pero al margen de tales declaraciones, el clima de cooperación seguía inspirando las relaciones entre los dos Estados. A las que se unían las abiertas con la Europa comunitaria por la Declaración Euro-Mediterranea suscrita en Barcelona en 1995. Lo que quizá pueda explicar la débil reacción del Gobierno de Marruecos a la aprobación de los Estatutos de Autonomía de Ceuta y Melilla en vísperas de dicha Declaración, pese a las críticas de esta actitud por parte del Istiqlal y otros partidos marroquíes. Y que tras la reunión de alto nivel celebrada en Rabat el 5 de febrero de 1996 se buscara potenciar la cooperación en materia de emigración ilegal.
Al igual que se acordaran varias medidas que, pese a su carácter aparentemente “neutral” respecto a la reivindicación marroquí de los territorios españoles en el Norte de África, sí podían tener cierta incidencia: la creación de un “teléfono rojo” y, más tarde, la constitución en marzo de 1997 en Sevilla del “Comité Averroes”, integrado por personalidades independientes de los dos países, que contó con la asistencia de A. Filali y el ministro español de Asuntos Exteriores. Lo que podía ser interpretado como un cierto acercamiento de España, aunque tardío, a la propuesta marroquí de una “Célula de reflexión”.
Por último, el mismo clima de entendimiento subsiste hasta la muerte del Rey Hassan II el 23 de julio de 1999. Como puede apreciarse con ocasión de la celebración del Quinto Centenario de Melilla en septiembre de 1997, pues pese a ser vista desde Marruecos como una “provocación”, el Gobierno trató de reducir el alcance de las protestas. Aunque A. Filali no dejara de reiterar su reivindicación en la Asamblea General de la ONU ese año, calificando a Ceuta y Melilla como “ciudades marroquíes bajo ocupación española”. Una actitud que se reitera por el nuevo Primer Ministro, Abderrahman Youssoufi en abril de 1998.
Si bien ello no impidió una nueva reunión de alto nivel ese mismo mes, con la presencia del Presidente del Gobierno español y la adopción de nuevos acuerdos económicos. Lo que suponía, en los hechos, marginar la reivindicación en las relaciones bilaterales, a favor de la cooperación. Pues, como afirmara el Presidente Aznar, “Tenemos posiciones diferentes. Sabemos cuales son y continuamos hablando”. Una posición que, expresada en otros términos, parecía compartir A. Youssoufi al decir que “los únicos problemas entre nuestros dos países son históricos” mientras que existe “total acuerdo” respecto al presente y al futuro.
Los incidentes del 11-17 de julio de 2002 en la isla de Perejil
Los hechos del Gobierno de Marruecos en julio de 2002 respecto a Perejil son bien conocidos, aunque no lo sean tanto sus razones determinantes ni los objetivos perseguidos. Es suficiente pues, en cuanto a aquellos, recordar que se inician a finales del año anterior con la retirada del Embajador de Marruecos en Madrid. Esto creó un clima de cierta tensión en las relaciones bilaterales que se acrecentó con las declaraciones del nuevo Rey de Marruecos, Mohamed VI, en el año 2001 y, más tarde, con el discurso del Trono de 31 de julio de 2002. En él se reiteran, aunque en un lenguaje más enérgico, las posiciones anteriores de reivindicación de los territorios españoles del Norte de África y se afirma la existencia de una “falta de confianza” en las actitudes españolas sobre este tema.
Pues bien, en este clima de relativa tensión tiene lugar la ocupación de la isla de Perejil por fuerzas marroquíes el 11 de julio de 2002. Un hecho, conviene subrayarlo, que fue realizado con publicidad, dado que la agencia oficial Maghreb Arab Presse difundió ese mismo día una nota en la que un alto responsable del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rabat manifestó, tras hacer referencia a la “liberación” de Perejil en 1956 y a su inclusión en las aguas jurisdiccionales marroquíes, que su finalidad era establecer un puesto de vigilancia para luchar contra la emigración y el terrorismo. Pero tal hecho, por si solo, es relevante en la evolución de la reivindicación marroquí, al margen de que las razones para que se produjera puedan ser varias.
En efecto, bien pudo tratarse de un error político de los nuevos consejeros del Rey Mohamed VI, del celo de las autoridades locales, lo que es menos previsible, o de la decisión de un joven Monarca al comienzo de su reinado tratando de buscar un perfil propio respecto a su predecesor, entre otras causas.
Pero la realidad es, en todo caso, que la acción realizada en esa fecha no solo es nueva sino cualitativamente distinta en la reivindicación por el Gobierno de Marruecos de los territorios españoles del Norte de África. Y al respecto basta reparar en que esta acción no puede considerarse, a diferencia de las numerosas declaraciones del Rey y de otros responsables políticos marroquíes a las que antes se ha hecho referencia, e incluso de la Nota verbal de 5 de enero de 1987, como una simple pretensión política y diplomática no seguida de hechos en su apoyo. Pues constituía, sencillamente, la ocupación mediante el empleo de las Fuerzas Armadas de un territorio sobre el que existían pretensiones marroquíes y españolas.
Las primeras, basadas en diferentes hechos del siglo XIX. Las segundas aún más lejanas en la Historia, pues se remontan a la consideración de Perejil como “dependencia” de la Ceuta portuguesa en el siglo XVI. Con la particularidad de que tales pretensiones, salvo una breve presencia de fuerzas marroquíes en Perejil en 1956, no fueron seguidas, a mi conocimiento, de ningún otro hecho por una u otra parte desde entonces, por lo que podía hablarse de una situación de statu quo en las reivindicaciones sobre dicha isla.
En todo caso, y con independencia del mayor fundamento de los títulos de soberanía sobre Perejil de una u otra parte, desde un punto de vista político es claro que con la acción de 11 de julio de 2002 se modificaba una posición tradicional del anterior Rey de Marruecos: la de no emplear, ni apoyar indirectamente, medidas de fuerza para la reivindicación de los territorios españoles en el Norte de África. Un abandono tanto más significativo dado que, desde un punto de vista jurídico, Marruecos no sólo estaba obligado por la Carta de la ONU al arreglo pacífico de las controversias internacionales y a abstenerse de la amenaza o el uso de la fuerza incluso para resolver los conflictos territoriales, como ha precisado la Resolución 2625 (XXV) sino también, en el ámbito bilateral, dado que el párrafo 5 de los principios generales contenidos en el Tratado de Paz, Buena Vecindad y Cooperación de 1991, reitera aquella obligación.
Por lo que era evidente para el Gobierno de Marruecos que, al realizar tal acción en Perejil, estaba alterando el marco político anterior del conflicto y desviándose del texto básico de sus relaciones con España, lo que ponía en peligro las relaciones de cooperación mantenidas en las dos últimas décadas por los dos países.
En segundo término, si con la ocupación de Perejil en julio de 2002 Marruecos solo quería preludiar, con mayor énfasis, una acción ante la ONU como la realizada en enero de 1975, sin embargo es claro que la ocupación de Perejil es un hecho desproporcionado con dicha finalidad. Como también lo es si el Gobierno de Marruecos solo pretendía, en relación con el “Marco de Arreglo” para el Sahara Occidental presentado por el Enviado Especial del Secretario General de la ONU, que el Gobierno español modificase su posición en torno a dicho territorio y apoyase plenamente sus tesis de integración en Marruecos con una cierta autonomía; pues conocía que el Gobierno español, por sostener que el pueblo saharaui debía ejercer su derecho a la libre determinación, no podía prestárselo.
Y, por último, también resulta desproporcionado si la ocupación de Perejil se enlaza con las negociaciones entre España y el Reino Unido para establecer una “soberanía compartida” en Gibraltar, en cuanto medida que recordase las reivindicaciones marroquíes en la otra orilla del Estrecho y la posibilidad de lograr una solución similar, pues era obvio que las negociaciones entre España y el Reino Unido no iban a culminar de inmediato.
De otra parte, si para la acción del 11 de julio de 2002 se eligió la isla de Perejil por ser un territorio inhabitado, cabe estimar que tal medida fue tácticamente inapropiada, pues minusvaloró la reacción española. Ésta, cierto es, encontró algunas dificultades diplomáticas en las instituciones europeas y en la OTAN, dada la actitud de Francia, logrando tan sólo simples declaraciones de preocupación por los hechos y de apoyo a España.
Pero las dificultades desaparecieron cuando el Gobierno español suscitó el tema ante el de los EEUU, solicitando los “buenos oficios” de su Secretario de Estado para llegar a una solución del conflicto. Y si se examinan los resultados de esta intervención, esto es, el understanding alcanzado, así como los términos de las Cartas del Secretario de Estado a los dos ministros de Asuntos Exteriores, de 22 de julio de 2002, y el Comunicado conjunto de éstos, de igual fecha, en el que se contiene dicho acuerdo, la realidad es que la acción marroquí en Perejil no le fue favorable.
Las partes, en efecto, acordaron mediante dichos actos “restablecer y mantener la situación respecto a la isla de Perejil/Toura que existía con anterioridad al mes de julio de 2002”. Y, además, su “neutralización”, mediante el compromiso mutuo de no enviar a la isla cualquier tipo de fuerzas y retirar las existentes, así como los símbolos de soberanía. Lo que ha supuesto, como antes se ha dicho, que los hechos de los últimos siglos han quedado soslayados y, en su lugar, se ha establecido un estatuto internacional para Perejil que lo configura como “territorio cuya soberanía está en disputa”, cuando el Gobierno de Marruecos pretendía ser su exclusivo soberano.
Este entendimiento, finalmente, ha permitido la apertura de “un diálogo franco y sincero con objeto de reforzar sus relaciones bilaterales”, como se expresa en el Comunicado conjunto de 22 de julio de 2002. Lo que se produjo, tras un gesto amistoso hacia el Rey de España del monarca marroquí el 12 de octubre, en la reunión de los ministros de Asuntos Exteriores del 11 de diciembre, en la que se acordó hacer un inventario de las “dificultades y cuestiones pendientes” y dar un enfoque positivo a las relaciones bilaterales, reforzando la confianza entre los dos países mediante la creación de tres Comisiones ( para asuntos políticos, sociales y de emigración y cuestiones marítimas) constituidas a comienzos del año actual y ya en funcionamiento. A lo que se agregó, finalmente, otro gesto amistoso de Marruecos el 13 de enero al ofrecer sus caladeros a la flota gallega afectada por la catástrofe del Prestige y el retorno de los Embajadores a Rabat y Madrid el 2 de febrero de 2003.
Previsiones para un futuro inmediato
De lo anteriormente expuesto sólo se desprende, como conclusión general, que el conflicto entre España y Marruecos derivado de las pretensiones de este Estado sobre los territorios españoles en el Norte de África sigue abierto. Siendo previsible, asimismo, que continúe en la misma situación, pues se trata de un conflicto político en el que las posiciones de las partes han sido y son antagónicas. De suerte que los próximos años pueden traernos, al igual que ha ocurrido en las últimas décadas, alternativas de conflicto y de cooperación en las relaciones entre los dos Estados ribereños del Estrecho de Gibraltar.
Las primeras pueden surgir por hechos de muy distinta naturaleza o por simples declaraciones, como ya ha ocurrido en el período 1956-2002. Pues es claro que la prolongación durante muchos años de un conflicto territorial en el que existen actitudes muy enfrentadas de dos Estados inevitablemente acarrea una pérdida de confianza en sus relaciones mutuas y un fuerte recelo ante un hecho de uno de ellos. Y al margen de la posible incidencia de factores exteriores, como la pervivencia del conflicto en el Sahara Occidental y las divergencias con Argelia respecto al mismo que frenan el desarrollo de la Unión del Maghreb Árabe, la alternativa basada en el conflicto quizás pueda incrementarse por otros factores internos, si Marruecos no consolida un régimen democrático hacia el que hasta ahora ha avanzado lentamente, no logra paliar los efectos del abandono del campo hacia las ciudades y, en general, alcanzar un progreso sustancial en su desarrollo económico y social, pues estas circunstancias pueden potenciar las actitudes islamistas, bien moderadas o más radicales. Algo que ciertamente no desean ni quienes sienten afecto hacia este país ni quienes miran, con ojos más fríos, a un futuro de estabilidad en el área y, como cauce para conseguirla, a la necesaria cooperación de Europa con el Maghreb.
Sin embargo, aun a riesgo de pecar de optimista, cabe estimar que la otra alternativa quizá tenga mayor peso en un futuro inmediato, en atención a dos razones principales. De un lado, porque es difícil que el Gobierno de Marruecos prescinda de la cooperación económica con España, el segundo país inversor en dicho Estado. Una cooperación que le ha dado indudables frutos en las dos últimas décadas y es previsible que se incremente en los próximos años, una vez superada la crisis de Perejil. Al igual que no puede prescindir de las ayudas que recibe de la Unión Europea, de la que España es miembro. De otro, porque el examen de la reivindicación del Gobierno de Marruecos en el período 1956-1995 pone de relieve que, aunque hoy pervivan las actitudes del nacionalismo marroquí que se hallan en su origen, la evolución de los hechos, especialmente a partir de 1986, no ha sido favorable a sus pretensiones.
Al respecto basta reparar, en primer lugar, en que si el Gobierno de Marruecos pretende alterar el estatus actual de Ceuta y Melilla sosteniendo que se trata de una situación “anacrónica”, la dificultad surge en atención a que el Derecho internacional no consagra el derecho de los Estados a revisar las situaciones territoriales existentes sino que, por el contrario, sus normas aseguran la estabilidad de las fronteras estatales consolidadas. Y si lo hace invocando el carácter “colonial” de dichas ciudades, la dificultad es aun mayor. Pues es claro que hoy Ceuta y Melilla no solo cuentan con un régimen de autonomía política dentro de España y una plena igualdad de derechos de sus habitantes con el resto del territorio nacional, sino que, además, las dos ciudades forman parte del espacio de la Unión Europea y en ellas existe una mayoría de personas que son tanto nacionales españoles como “ciudadanos de la Unión Europea”. Participando así, periódicamente, en las elecciones autonómicas, a las Cortes Generales y al Parlamento Europeo. De suerte que la reivindicación marroquí no sólo se enfrenta con elementos consolidados del Estado que ha configurado la Constitución española de 1978, sino con el ámbito territorial de la integración europea, que a través de las dos ciudades españolas se ha extendido al Norte de África desde el 1 de enero de 1986.
En segundo término, Marruecos mantiene, al igual que España, relaciones estrechas con los EEUU. Esto es, con una potencia que, por tener una perspectiva global de las relaciones internacionales, ha de intervenir en distintos espacios con mayor o menor intensidad. Y, por ello, no desea en modo alguno que se acrecienten las áreas de inestabilidad en el planeta. Como se puso de relieve en julio de 2002 al prestar sus buenos oficios para el arreglo de la crisis de Perejil o al apoyar en los últimos años el “Plan Baker” para el Sahara occidental.
De lo que se desprende con claridad que la cooperación de Marruecos con España y la Unión Europea en el ámbito no solo económico sino en otros muchos, desde el de las comunicaciones al cultural, pasando por la ayuda para resolver problemas sociales, constituye un evidente factor de estabilidad en un área tan sensible desde un punto de vista geopolítico como la del Estrecho de Gibraltar y el Mediterráneo Occidental. Contribuyendo además, más allá, a la estabilidad del Maghreb, un espacio más amplio y en el que existen importantes intereses tanto para Europa como para los EEUU.
En este contexto internacional cabe estimar, pues, que una confrontación prolongada o que registre hechos graves con España, derivada de los territorios que reivindica, puede entrañar más riesgos que ventajas para Marruecos. Y ello puede conducir, en definitiva, a que para este país sea preferible en un futuro inmediato seguir manteniendo abierta la reivindicación y, al mismo tiempo, proseguir la cooperación. Algo que el examen anterior ha mostrado que no es inconciliable si aquella no se traduce en hechos que afecten gravemente a dichos territorios españoles. Y, de este modo, Marruecos puede esperar, con la perseverancia, la paciencia y la persuasión a las que aludiera el Rey Hassan II en 1987, unas circunstancias más favorables que tal vez puedan producirse en los años venideros.
Ha de tenerse presente, de un lado, que aunque las viejas fronteras entre Estados subsistan como elementos de su identidad histórica, de hecho pueden pasar a tener un simple valor simbólico en virtud de una mayor integración dentro de una región y el reconocimiento de unos valores y objetivos comunes, como nos muestra el ejemplo europeo; de otro, que los territorios españoles en el Norte de África que Marruecos reivindica no son todos idénticos en cuanto a su situación y perspectivas, lo que quizá pueda abrir vías para un entendimiento en el futuro entre los dos países.Julio D. González Campos
Profesor Emérito de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro del Institut de Droit International.
Real Instituto Elcano de estudios internacionales y extratégicos
Noticias Relacionadas
Conflicto España Marruecos
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
